Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).

sábado, 24 de diciembre de 2016

El movimiento regional castellano

(1932)

Yo quiero quiero ver en este movimiento -porque es una visión rayada por zig-zags de optimismos y valentías- una vibración enérgica de la ancha meseta contra los egoísmos nacionalistas catalán y vasco. Yo no niego facultades administrativas a las regiones competentes, porque soy autonomista; pero negaré y combato la avaricia y el ansia de las regiones que sin haber llegado a una competencia plena, pretenden no un pacto con el Estado, pues esto significaría osadía o error, ambas cosas fáciles de domeñar o corregir, sino una simulación de acatamiento envolviendo un bajo y ruin contenido rebelde.

Castilla, ante ese falso muestrario de suficiencias que son los Estatutos, y en las que nos quieren hacer creer con un empeño de imposición, se resuelve herida y, con el austero orgullo de sus hidalgos, muestra sus caudales consumidos por tanta dádiva, sacrificados más de una vez por exigencias del país vasco y de la ciudad de los condes, núcleo de la célula catalana. Pero estos caudales no están agotados como para darlos por fenecidos; están mermados, sí; pero aun suman lo capaz para rehacer el valor perdido. Y para recuperar este valor se ha fundado el Instituto Económico Castellano. Su presidente, un hombre de rancio castellanismo, nos dice:

-Nosotros, como reza la circular que hemos repartido, pretendemos fomentar el trabajo en Castilla, promoviendo y secundando, objetivamente, todas las iniciativas que puedan incrementar los bienes materiales de nuestra región; intervenir cerca del Gobierno y dependencias oficiales en pro de cuantas gestiones interesen a la vida económica de las provincias castellanas, y organizar un archivo estadístico y arancelario para divulgar sus
estudios, y poner su documentación al servicio de los distintos elementos asociados.

-¿Y el proyecto de hacer de Santander el puerto de Castilla?

-Es un proyecto decidida, imperativa, categóricamente aprobado -nos contesta remachando las palabras-. Y tan es así que sin ese puerto fortificado por una zona industrial castellana nuestros propósitos se anquilosarían, pues todos ellos son radios de él, que lo hemos adoptado como centro, como objetivo de nuestros estudios.

-¿Probabilidades de éxito?

-Todas.

-¿Sólo esto?

-Por ahora solo esto. ¿Le parece poca la afirmación?

-Volvemos a Santander -le digo invitándole a rasgar velos.

-No; por ahora nada más. En este momento, no juzgo discretas unas declaraciones amplias; tenga en cuenta que solo hemos celebrado dos reuniones, porque es mi propósito -y mis propósitos no los quebranto-, hacerlas desde la tribuna. La tribuna será Santander y el título de mi conferencia, "Ideal castellano".

Cariñosamente me tiende la mano y me dice:

-¡Por Castilla!

Y yo, recogiendo el apretón de manos, le contesté:

-¡Por Castilla!






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