Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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lunes, 28 de octubre de 2019

Ferrocarril diagonal de Castilla: Béjar-Ávila-Segovia-Soria

Por Gregorio Fernández Díez

(El Adelanto, diario político de Salamanca, 17 de noviembre de 1929, p. 4)

Con los ferrocarriles denominados complementarios que actualmente se están construyendo (unos dos mil quinientos kilómetros), la verdad es que la estructura geográfica de España quedará alterada, ya que afectan a las comarcas, a los grandes espacios que carecían todavía del más eficaz medio de transporte en la vida moderna.

Las grandes masas de productos y las grandes distancias se han de transportar, se han de salvar económicamente, y por ello, las maderas, los carbones, los abonos, ladrillos, cementos, granos, bocoyes, etcétera, sin contar los ganados, volvamos a repetir que especialmente a grandes distancias no podrá aspirarse a que porte en camiones automóviles, cuyo radio de acción es limitado, y, por ello, hay que volver la vista al ferrocarril, hay que dejar de soñar en autopistas, lujo innecesario para nuestro país y convenir en que por otra parte, los automóviles y las carreteras no son, n pueden ser consideradas, sino como medio auxiliar de los caminos de hierro.

Para la construcción en España de nuevas líneas férreas es preciso tener en cuenta no los que necesita por su extensión territorial, sino los que son indispensables por su tráfico y por su número de habitantes, y, entonces, se deduce la necesidad de que los diecisiete mil kilómetros actuales lleguen, siquiera sea en un par de lustros, a veintidós mil, tanto porque todavía hay comarcas deficientemente servidas o apartadas de las líneas actuales, como porque el progreso nacional, lento, pero evidente y continuo, está marchando ahora con ritmo más acelerado, sin contar con que la agricultura, especialmente, ha de acrecer en términos insospechados a consecuencia de las obras y posterior irrigación a que darán lugar las Confederaciones hidrográficas constituidas o que en lo sucesivo puedan surgir.

Por ello considero que es llegado el momento de que cuatro provincias de Castilla se apresten a solicitar un ferrocarril común a todas, de alta conveniencia para las mismas: el ferrocarril diagonal de Castilla, por llamarle de alguna manera, el ferrocarril, digámoslo claro, de Béjar-Piedrahita, Ávila, Segovia, Riaza, San Esteban de Gormaz y Soria, o es su enlace con el de Santander-Mediterráneo, si es que no se quiere prolongarle hasta Logroño.


Tal ferrocarril, o cuando menos tal trayectoria, porque algunas secciones del mismo figuran incluidas en el plan de ferrocarriles regionales, le propuse yo, tres años hace, en mi libro "El Valor de Castilla", y consideré no solo que no es ningún disparate, sino lógico y conveniente para Castilla, y que es de tal naturaleza que las provincias interesadas deberían contar, y seguramente contarían, con el apoyo de las limítrofes, de las provincias hermanas, esto es,
de sus organismos provinciales, para recabar del Gobierno la construcción del mentado ferrocarril.

Esta línea férrea está plenamente justificada, porque numerosas comarcas de cada una de tales provincias, precisan comunicación de tan naturaleza con la capital, y, especialmente, la necesitan directa Ávila y Segovia con Soria, porque provincias hermanas es posible, no es lógico, que a estas alturas vivan unas de espaldas a las otras, sin trato, desconociéndose o poco menos.

Es presumible, claro está, que el gobierno accediese a la construcción, bien que condicionándo la seguramente a la colaboración, al apoyo económico de las provincias y de las localidades interesadas en su ejecución, sacrificio obligado, y desde luego, reproductivo, porque si la construcción es trabajo y alivio a la crisis campesina, una vez construido sería vida y actividad para los respectivos pueblos.

El ferrocarril Soria, San Esteban de Gormaz, Riaza, Segovia, Ávila, Piedrahita y Béjar, es preciso que se piense en llevarlo a vías de realización, aun cuando fuera de los denominados de carácter económico, como los del Norte de España, para reducir su coste, lo cual no sería difícil si los pueblos, las comarcas, las provincias a quienes afecta solidarizasen su esfuerzo, dejando a un lado la indiferencia, la apatía castellana, que es, acaso, la máxima dificultad para el logro de dicha aspiración.

Poner sobre el tapete este pequeño problema regional es lo que nos proponemos. Ahora, otros tienen la palabra.

martes, 5 de marzo de 2019

Deuda en pie

(Tempestad (Segovia), 24 de abril de 1890, p. 1) 

En esta fiesta, a la cual concurrieron respetables personalidades de Valladolid y Zamora y la ilustrada prensa de ambas capitales, pronunció el Sr. Alcalde de Villalar D. Fermín Vidal Rodríguez un discurso apologético de los comuneros:

"Si hay actos en la vida de los pueblos -decía el digno Sr. Alcalde, con tono velado con la emoción-, que dejan imperecedero recuerdo, seguramente uno de ellos será, para esta mi querida Villa, la construcción del modesto obelisco que tenemos la dicha de solemnizar hoy; el cual monumento, aunque pequeño y humilde como nuestros escasos recursos, no será por eso meses exacto símbolo conmemorativo de la gloriosa epopeya, cuyo teatro fueron los campos y Plaza de Villalar el 23 y 24 de abril del año 1521.

Hoy hace 368 años que derramaron su sangre y dieron su vida por la libertad patria, los valientes castellanos D. Juan Bravo, D. Juan de Padilla y D. Francisco Maldonado. ¿Y sabéis por qué delito les condenaron? ¡Ah, señores! Pues precisamente porque pedían y querían lo mismo que ahora piden y quieren también los diputados de Castilla, cuando clamen por la baja de tributos, por la equidad en el reparto de las contribuciones, que todos pechen por igual"
.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Los mil y un días: Castilla y Madrid

S.f.

(El Porvenir Castellano (Soria), 4 de setiembre de 1930, p. 2)


Este pequeño grupo de catalanes herméticos incionados e irreflexivamente impulsivos que en una confusión muy peligrosa hablan indistintamente de Castilla y de Madrid constituyen el escollo perturbador en todos los caminos de concordia nacional. Es necesario pues destruirlo. Realmente el empeño no es nada difícil. Basta con manejar el verdadero ariete contra el reductor de la incompresión fanática de este grupito.

No, no... Castilla no es Madrid. Y no solo Castilla es Madrid, si no que tiene en un feroz como Barcelona. En realidad Madrid lo es de toda España. Pero ni el tiempo cabe inculparle de alguna responsabilidad.

Madrid ha incurrido en el desdén contra el resto del territorio en que incurren inevitablemente las ciudades capitalizadas que personifican la centralización.

Ese desdén de Madrid hacia las provincias españolas es el mismo de París hacia las propias francesas. A lo que parece la absurda actutud es una mácula de nuestro latinismo porque en realidad no se produce en las nacionalidades de otros orígenes y es evidente que tuvo en Roma su exaltación más inflamada. Pero es latinidad nuestra es entre nosotros muy poco visible y solo conserva Madrid unos de sus aspectos. El más irritante. El que pudiéramos llamar "metropolitanismo".

Pero Castilla por su propia condición de pueblo con raíces en la tierra es opuesto a él. Castilla oh, amigos catalanes! es la víctima inmediata de Madrid, que no es un trozo de Castilla, pero es de la Mancha.

A Valladolid, que no tiene otra mácula en su historia que la de ser cuna de Felipe II, el rey más tristemente célebre le despojó Madrid de su capitalidad a virtud de un capricho de un versátil. A Alcalá de Henares de la que el Cardenal Cisneros anticipándose a una visión que es hoy universal, hizo la primera Ciudad Universitaria lo despojó de lo mejor de la historia. Estos desafueros no 
han sido nunca comentados, constituyen dos ofensas fundamentales que ha recibido Castilla de Madrid. En cuanto a los políticos no deben olvidar Cataluña y más concretamente Barcelona, que si frente a los derechos catalanes hubo un Felipe IV frente a los castellanos hubo un Carlos I y un verdugo en Villalar.

El campo germinará la renovación, pan de nuestro espíritu como germina el trigo, pan de nuestros manteles. El arado y la hoz y sus hombres, es lo único que conserva incorrumptible [sic]. Si los gobernantes viejos se hubiesen ocupado de enseñar a los campesinos a leer y a escribir, otra hubiera sido la linea de nuestra ruta.

Pero hacían lo contrario, porque es más fácil gobernar a gente analfabeta que a gente iniciada en el saber elemental. En Rusia fueron posibles los autócratas porque los campesinos lo ignoran todo. Y en España es posible por la misma razón la impureza del sufragio nuestro, modo nacional de autocracia.

Hay un escritor reciamente castellano y aún castellanista que como escribe bajo la finaza que le da su cultura y su vocación, pasaría naturalmente en Madrid por un desconido. Se llama D. Gregorio Fernández Díez. Yo, aun sin participar de algunos de sus puntos de vista, sigo la huella de su pluma con mucho interés. Me parece por otra parte un escritor representativo de los modos de Castilla "que crea a los hombres y los desgasta".

Posiblemente no hay tierra en el mundo con gentes más individualizadas, es decir con menos tendencia al contacto. Yo que soy de Valladolid, crecí en Segovia y seré enterrado en Alcalá de Henares, no tengo en Valladolid más lector que un ahijado mío (espiritualmente, mi hijo único) en Segovia algún compañero de mi adolescencia y en Alcalá algún cura que tenga prisa por dejar caer sobre mí su responso. Mi ferviente amor a Castilla, mi inflamado amor a Castilla se consume en la soledad, pero es más fuerte que el desdén y la ausencia.

jueves, 26 de octubre de 2017

En defensa de Castilla

(El Imparcial, 29 de junio de 1908, p. 2) 

MEETING EN SEGOVIA

Tiempo hace que la opinión castellana deseaba que de algún modo se hiciera constar en públicas reuniones su protesta contra la acusación catalanista y contra los denuestos de que la han hecho víctima la solidaridad y sus colaboradores.

El meeting celebrado esta tarde es el principado de una campaña de reivindicación y resurgimiento del espíritu castellano. Gran entusiasmo ha despertado en esta capital.

El meeting a las tres y media de la tarde comentó el meeting. Poco antes había llegado con automóvil el Sr. D. Santiago Alba con algunos de sus amigos. Se le hizo un caluroso recibimiento.

Preside el acto el senador D. Raimundo Ruiz. En el escenario están numerosas representaciones de los pueblos de la provincia y caracterizados elementos del partido liberal de Segovia.

El presidente saluda a los huéspedes y propone que se cree una Junta que defienda incesantemente las intereses de Castilla.

El Sr. Pedrazuela presenta al Sr. Alba, expresando la gratitud de los segovianos por su cooperación al acto. Dice que Segovia será enérgica y leal en la batalla emprendida.

D. Mariano Matesanz demuestra con ejemplos históricos el vigor de todos los segovianos en las empresas nacionales.

D. Enrique Gavilán, diputado provincial de Valladolid, saluda en nombre de aquella comarca a los segovianos, y ofrece el concurso constante de ella para todos los esfuerzos que conduzcan a la integridad de la patria y al mejoramientio del pueblo castellano.

Pronunciaron luego discursos muy elocuentes y aplaudidos e inspirados en los mismos ideales D. Vicente Gay, catedrático de Valladolid; D. Luis Carretero, concejal republicano; el Sr. Zaballa, catedrático de la Universidad de Madrid; D. Félix Gil, director del
Diario de Avisos; D. Higinio Arrivas, diputado provincial; D. Victoriano Llorente, y D. Manuel Torrequiza. Todos son muy aplaudidos.

Discurso de Santiago Alba

El Sr. Alba pronuncia excelente discurso, en el que aparecen condensadas las aspiraciones de Castilla, enfrente de la invasión predominante y absorbente halagada por todos los favores oficiales del movimiento catalanista.

Recuerda que hace tres meses, desde Palencia, en un acto público como el de ahora, pidió que en Barcelona se le concediera una tribuna en que defender la gran verdad castellana y española. El tiempo ha pasado, y aquella solicitud no ha sido acogida. Recuerda que al terminar una conferencia que dio hace poco en el Círculo Mercantil de Salamanca propuso a aquel Centro que invitase mpuso al Sr. Cambó a hablar en defensa de sus ideas en aquel mismo Centro. La iniciativa fue aceptada, y el Sr. Cambó habló en Salamanca, dicen que no como lo hace en Cataluña, y fue oído con respeto y hasta con aplauso. Véase la diferencia entre lo que se hace aquí y en lo que allí se ejecuta. Aunque sea menos gallardo y memos caballeresco, es más cómodo el prodedimiento de alejar al adversario, de evitar que se le conozca y de impedir que con su presencia y sus palabras se desvanezcan sus posiciones mentidas en que se funda toda una campaña.

Demuestra luego el Sr. Alba que el señor Maura, en su afán desmedido de atraerse a la derecha de la solidaridad, ha abandonado por entero la tradición gamacista, que tuvo a Castilla por cuna y que era la concreción parlamentaria y política de un estado de opinión de las muchedumbres campesinas.

Proclama luego el orador la reconstitución de la meseta distinguiendo lo que debe ser fruto de la acción privada de lo que hay derecho a pedir al Estado. Dice que en la ley de administración local que se discute, se ha olvidado por completo al Municipio secular y clásico, que es el pequeño Municipio rural, labrador y ganadero, para no ocuparse, mirando á Barcelona, sino del gran Ayuntamiento capitalista y urbano. Y mientras a éste se le brinda con facilidades y desenvolvimientos que pueden ser y son ya un principio de disociación y un comienzo de regresión medioeval, en la lengua y en la cultura. Se hace tabla rasa de usos y costumbres patriarcales, que a través de los siglos nos habían trasmitido la austera y democrática función de los gloriosos Concejos de Castilla. 

El orador protesta de que se suponga a esta región falta de toda iniciativa, petitificada dentro de su costra de tantos siglos. Señala el resurgir asombroso de la agricultura, abierta ya hoy en varias províncias a todas las novedades del cultivo moderno, y en el otden industrial cita, entre otros datos, el de que mientras Castilla va aprovechando todos los saltos de agua de que dispone, trasportando la energía a grandes distancias, el capital catalán repugna estas aventuras, los grandes estupendos saltos de la provincia de Lérida continúan inexplotados y Barcelona y su provincia consumen enormes cantidades de carbón y la crisis últinaa de sus finanzas salvadas al auxilio, no de los Bancos catalanes, sitio del Banco del Estado, del Banco de España, prueba cómo en el orden de la organización del crédito falta mucho camino que andar a los que protectoramente nos brindan su hegemonía.

El Sr. Alba hace después una crítica serena y documentadísima con cifras y datos de lo que ha signiflcado nuestra política económica en los últimos años. El pueblo -dice- mira con ceño torvo a políticos y generales a quienes supone causantes de la pérdida de las colonias. Y no se fija en la inspiración de todo nuestro régimien colonial salía no tanto de Madrid como de Barcelona. Al mantenimiento de una exportación artificiosa, desarrollada no por la bondad del producto ni por la baratura del precio, sino por medidas de Gaceta, se sacrificó todo, hasta la seriedad de la forma del Estado. La famosa ley de relaciones comerciales con Cuba no llegó a cumplirse. Y los que entonces para esto se envolvieron en la bandera española, hoy truenan contra el régimen, cuya principal culpa consiste en haberse preocupado más de eilos que de hacer a España querida y respetada, por la libertad política y económica, en Cuba y en Filipinas.

(...)

sábado, 29 de julio de 2017

Un libro de Julián Torresano

Por Ángel Dotor

(Argamasilla de Alba, 1898-1986)

(Adelanto: diario político de Salamanca, año 48, número 14871, 13 de octubre de 1932) 

La bibliografía de espíritu e intención genuinamente castellanistas enriquécese hoy con la interesante monografía titulada “Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino”, por el gran escritor Julián Torresano, que acaba de salir de las prensas de "El Adelantado de Segovia". El articulista se complace en señalar su aparición, subrayando, aunque concisamente, el significado y mérito de tal obrita, cosa para él inexcusable dado lo dilecto del tema y su simpatía devota hacia el autor.

El tópico referente al desconocimiento que se tiene del sentido vital del alma española, del proceso histórico de la misma y obligadas directrices en el decurso del tiempo, manifestándose patente, en nuestro sentir,suscitado por la lectura de libros como el del señor Torresano. Subsiste, desgraciadamente, esa supina ignorancia acerca de lo que es y representa el pueblecito provinciano, sustrato del alma de la raza, y subsiste no sólo en el aspecto concretamente histórico, monumental o artístico, de costumbrismo, etc., sino en el otro, no menos amplio y representativo, que podríamos llamar concretamente sociológico,
de evocación de formas de la vida pretérita, perfectamente encajadas en resultantes del Derecho. En España se ha llegado, efectivamente, a olvidar tanto en este orden, que para los pocos que hoy muestran sincera curiosidad adentrándose en el estudio integral del pasado, el acontecimiento de la realidad del mismo constituye verdadera revelación. Esto en cuanto respecta al país y la raza en general, pues polarizando el leimotivo a Castilla, núcleo y solera de los mismos, nuestra apreciación resulta más concluyente toda vía.

La tan decantada renovación que opérase en el mundo, renovación a la que no se sustrae España, a juzgar por los radicales cambios en su organización colectiva, tiende, según proclaman tantos los cerebros dirigentes como sus ilusionados turiferarios, a elevar el nivel de cultura de la masa, haciéndola entrar en una era de indudable progreso mediante el desarrollo de las teorías democráticas. La sensación que ofrece el actual alborozo con que un sector tan considerable del pueblo español emprenda la que se tiene por nueva era reconstructiva, esta de no haberse tenido hasta ahora el concepto de verdaderas instituciones, y eso prueba paulatinamente ese desconocimiento de lo que fue y es en parte todavía Castilla, cuya vida pretérita -con sus Comunidades, con sus otras organizaciones comarcales, con su ejemplaridad de costumbres, etc.- constituyó un modelo de esa armonía de clases, de esas libertades tan ansiadas, las cuales allí subsisten en parte y cuya pujante supervivencia debería alumbrarse nuevamente, fomentándolas, con la convicción de que no resultarían anacrónicas, adunadas a los avances discursivos de la época.


Pero nos vamos apartando del comentario concreto “Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino”, monografía admirable tanto por su modo original como su autor sintetiza dentro de su reducido marco verbal cuando el pintoresco pueblo castellano evoca de su pasado y ofrece en su presente digno de ser narrado, como por su amenidad e interés en el orden puramente literario.

Julián de Torresano, destacado escritor que con tan meritísimas campañas sostiene en el libro y en la prensa el gonfalón del renacimiento castellano, propugnado porque se reconozca el valor insuperable de la región genitora como verdadera "alma mater" de la raza, ha conseguido en pocos años destacar su personalidad demostrando poseer valioso temperamento que le hace figurar hoy como uno de los más esforzados y meritísimos paladines del Castellanismo. Su manera, su estilo peculiares rebosan preparación y honradez profesional, pues no hay ninguno de sus escritos en el que no se manifieste haber precedido a la redacción del mismo un hondo y reposado análisis del tema, por virtud del cual los juicios y las apreciaciones que proclama con firmeza rotunda resultan tan certeros. Concretamente, en las cuestiones regionales es una de las contadas figuras que hoy día destacan, empero su juventud, en la cruzada exaltadora del sueño genitor de la nacionalidad y del verbo hispánicos, tan necesitado de comprensión amorosa hacia su significado y destino.

Hasta aquí, Torresano nos ha venido ofreciendo trabajos de varia índole, que se acreditan unos como cronista ameno, otros cual crítico jugoso y los más como sociólogo docto. No es de extrañar, pues, que en uno nuevo, como este que nos ocupa, haya sabido aliar tan admirablemente esos diversos aspectos y cualidades. "Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino" no ofrece, con efecto, todas las sugestiones que caben exigir en la exposición del asunto. La reconstrucción del pasado brillante del vetusto lugar se ha trazado, si bien siguiendo riguroso método cronológico, sólo por momentos a la luz de testimonios fidedignos, ofreciendo, en otros constitutivos de verdaderas lagunas históricas, aquel resultado posible de lograr únicamente a quien se halla compenetrado con el ambiente, posee gran cultura y se consagra tanto a considerar el valor del documento y la tradición como a apoyarse en reposadas deducciones. Dada la oscuridad de los orígenes fundacionales, y aun de grandes periodos remotos del pueblo segoviano de referencia, otrora Corte de Castilla por algunos años, un historiador erudito como Torresano ha de sentar apreciaciones originales, basadas en esa serena y entusiasta labor depuradora de que hemos hecho mención. Concretamente cabría citar varias muy interesantes, que contradicen juicios vertidos por sesudos varones de fama generalmente basada en el convencionalismo, tan corriente en España, apreciaciones como son las relativas al verdadero hombre de Cantespino; al verdadero emplazamiento de la célebre ciudad romana de "Clunia"; a famosas contiendas seculares libradas en su campo, etc., etc., en todas las cuales resplandece la gran limpidez hermenéutica peculiar de este escritor.

Un gran tributo patriótico, cultural y castellanista, en suma, es el que representa el nuevo libro de Julián de Torresano, verdadero modelo de esa bibliografía de vulgarización histórico-descriptivaque tanto se debiera intensificar, como fundamento no ya sólo de la necesaria corriente turística a infinidad de lugares poseedores de valioso patrimonio ancestral, sino del prístino concepto del patriotismo, o sea del amor al propio solar, que nunca tendrá realización efectiva sin basarse en el amplio, en el verdadero conocimiento del mismo.

Igual que la región norteña de Castilla la Vieja y la meridional o Mancha, la Alcarria, de los declives suaves y la riqueza de los solícitos insectos cuya producción de néctar es émula de la que la que criaba Himeto. Y también la selva de Cuenca, inmensa un día, atravesada por el manso Júcar, con sus millones de seculares pinos. 

jueves, 15 de diciembre de 2016

Castilla se desconoce a sí misma

(El Debate, 3 de diciembre de 1918, p. 3)

En el manifiesto que varios jóvenes segovianos han suscrito se dice admirablemente que por medio del estudio y del amor a la región [Castilla deja de desconocerse a sí misma], pues para amarla es necesario conocerla.

Castilla es uno de los pueblos que viven más olvidados de su propio ser. A ello ha contribuido en los últimos años una literatura funesta, que simbolizaba a Castilla en unos cuantos hechos militares y unos cuantos nombres gloriosos; y eso no es toda Castilla. Hay que estudiar a Castilla en sus costumbres, en sus instituciones privadas, en la gran literatura, en sus organizaciones democráticas, en sus gremios, en sus luchas contra el poder de los Reyes en favor de las libertades populares, en su gran cultura política, en su comunismo agrario.

Hay que comenzar por conocer el pueblo castellano, porque del conocimiento surgirá el amor. Pero no creáis que esta obra es de biblioteca, ni de investigación. Hay que buscar la parte material, el efectivo económico de la vida castellana. Descuidad la parte material, y nunca obtendréis nada práctico.

El primer paso de Cataluña, según Prat de la Riba, fue solicitar autorización para comerciar con América. Ni el regionalismo vasco, ni el catalán es de navieros ni industriales; pero sin la
prosperidad económica de ambas regiones no existiría ni la pujanza política ni el espíritu idealista que se ha creado entre algunas gentes.

El espíritu práctico es común a todos los pueblos. Así, en el romance de "Mío Cid" se dice que el Cid Campeador guerreaba para obtener ganancias para su país; y cuando conquistaba lo hacía no sólo porconquistar nuevas perlas para la Corona de Castilla, sino porque los hijos del reino encontraran, en la tierra ocupada, rica herencia.

martes, 6 de diciembre de 2016

¡También Castilla!

(La Tierra de Segovia: diario independiente, 11 de junio de 1919, p. 1)

Por Juan Monje

Ya se realizó la farsa. El tinglado de las polichinelas dejó caer su telón y allá quedó como único recuerdo de su paso un vaho de pestilencia.

En tanto que los muñecos se movían, yo soñaba, y, en en el sueño, mi imaginación me llevó en loca carrera a contemplar como en un panorama la Castilla de las Comunidades.

Veía admirablemente a aquéllos segovianos, ínclitos varones, aprestarse a defender con tenacidad y valor sin igual sus fueros, de antiguo reconocidos; pretestaban contra el intrusismo, que hollaba sus sagrados derechos.

Contemplaba, admirándolo el tesón de Juan Bravo y sus insignes compañeros que, hasta para morir, tuvieron un gesto hidalgo y caballeroso, y ante tal espectáculo mi alma se ensanchaba al grifo de ¡Castilla y libertad!

Pero desperté, y entonces la amargura me hizo sonrojar. Ya no había hidalgos ni caballeros amantes y defensores de sus libertades; no había ni aún pecheros que siguiensen al caudillo. Únicamente una turba desordenada y loca corría en pos de los intereses despreciables y mezquinos. Como indignos mercachifles iban sin valor y abrumados por el peso de su conciencia.

Traicionaron su fe y se convirtieron en apóstatas ante el fugaz resplandor de un falso ídolo. Que a tales extremos llega el hombre cuando intereses falsos le guían.

Puede la farsa continuar; pero tengan cuidado los farsantes; aten bien los hilos de su trama no sea que el tinglado arda y con el tinglado los polichinelas.