Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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sábado, 22 de febrero de 2025

¿Cómo afectaría a Tierra de Campos la creación de una comunidad autónoma uniprovincial leonesa?


Por Sandra P.R.

La creación de una comunidad autónoma uniprovincial en la actual provincia de León tendría implicaciones significativas para la comarca de Tierra de Campos, ya que esta se encuentra dividida entre las provincias de León, Palencia, Valladolid y Zamora. Algunos de los efectos sería: 

1. División administrativa y territorial

.  Tierra de Campos quedaría dividida entre dos comunidades autónomas: la nueva Comunidad de León y la actual  Castilla y León.

. Esto podría generar dificultades en coordinación de políticas de desarrollo rural , infraestructuras y gestión de recursos.

2. Impacto en la identidad y en la cohesión comarcal

. Tierra de Campos es una comarca con identidad propia basada en su historia, cultura y economía agraria.

. La división entre dos comunidades podría dificultar proyectos comunes y debilitar la cohesión comarcal.

3. Gestión de infraestructuras y servicios públicos

. Servicios como la sanidad, la educación, y el transporte podrían verse afectados por la nueva delimitación administrativa.

. Infraestructuras como carreteras comarcales que conectan municipios ded diferentes provincias podrían enfrentar dificultades de mantenimineto ksi dependen de administraciones distintas.

.Podria haber diferencias en la inversión pública y en la atención a las necesidades de la población según la comunidad autónoma.

4. Economía y desarrollo rural

. Tierra de Campos es una zona eminentemente agrícola y ganadera, por  lo que los fondos europeos, y las políticas agrarias podrían gestionarse de forma diferente en cada parte de la comarca.

. La existencia de dos marcos legislativos distintos podrían generar desigualdades en ayudas y normativas aplicadas al sector primario.

. La competitividad ded los agricultores y ganaderos podría verse afectada si las regulaciónes o impuestos cambian entre una comunidad y otra.

5. Posibles beneficios o perjuicios según la nueva configuración

. Dependiendo de la capacidad de gestíon de la hipotética comulnidad de León, los municipios leoneses de tierra de campos podrían recibir más atención y recursos que en la actual Castilla y León.

. Sin embargo, tambien podria haber ddificultades iniciales en la organización de la nueva administración, lo que podría ralentizar inversiones y proyectos en la zona.

En definitiva, la creación de una comunidad autónoma uniprovincial para León tendría un impacto importante en Tierra de CAmpos, al dividir administrativamente una comarca históricamente unida y generar retos en la gestión de infraestucturas, servicios y políticas económicas.

    

martes, 23 de junio de 2020

Un proyecto industrial para Castilla y León


Por Félix García de Pablos

(Doctor en Derecho)

(Diario de Ávila, 12 de noviembre de 2018)

Castilla y León a lo largo de su reciente historia no ha podido o sabido integrarse en un proyecto industrial que permita un desarrollo económico de la región. Eliminada su industria textil por la presión fiscal de los Austrias y la competencia extranjera, Castilla se vio marginada del desarrollo derivado de la libertad comercial de los siglos XVII y XVIII y no pudo incorporarse a la Revolución industrial del siglo XIX, quedando marginada para siempre.
 
Tampoco las autoridades estuvieron prestas a su desarrollo, veamos como ejemplo la potencialidad hidroeléctrica de nuestra región. En efecto, la producción de electricidad se desarrolló en el siglo XIX, situándose las “fábricas de luz” dentro de las ciudades en un principio, produciendo electricidad a través de calderas de carbón o de gas, o bien mediante la utilización de motores diesel. Sin embargo, la hidroelectricidad tenía la ventaja del combustible, la simple fuerza del agua, la “hulla blanca”, las ventajas de las centrales hidroeléctricas derivan de la utilización de la fuerza motriz del agua, por lo que surgió la posibilidad del uso de le energía eléctrica para mover la maquinaria industrial de las provincias vascas y de Cataluña en España.

Situación que debió ser aprovechada en Castilla a comienzos del siglo XX, para generar un desarrollo de la industria en nuestra Comunidad mediante la utilización del potencial hidroeléctrico del río Duero. Por el contrario, este aprovechamiento iba ser otorgado injustamente a la burguesía vasca, a través de las empresas ligadas a los bancos Bilbao y Vizcaya.
 
En efecto, el 19 de julio 1901 se fundó en Bilbao Hidroléctrica Ibérica, con la finalidad de atender la creciente demanda de energía eléctrica en las regiones industriales del Norte de España, comenzando con la explotación de la riqueza hidroeléctrica de la Cabecera del Duero para su envío a los puntos de consumo del Norte de España.
 
El desarrollo de la empresa Hidroléctrica Ibérica vino determinado por la explotación de los Saltos del Duero, con el salto de Ricobayo en primer lugar, así el 3 de julio de 1918 se constituyeron por una parte la “Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos” y por otra “el Consorcio de los Saltos del Duero” (aportando el Banco Bilbao el 50%, el 25% la Sociedad General de Transportes Eléctricos y el 25% restante D. Horacio Echevarrieta), con el objeto de llevar a cabo el aprovechamiento hidroeléctrico integral del río Duero. Dado que en el tramo inferior del río Duero, destaca la estrechez de su cañón y su desnivel, un gran tesoro energético, aunque las concesiones estaban situadas en el tramo internacional del río, en la frontera con Portugal.
 
No obstante, el 12 de diciembre de 1924, los derechos del “Consorcio “Saltos del Duero” se integraron en la Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos, naciendo la “Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos-Saltos del Duero”. Aunque el punto culminante de la citada operación vino cuando el día 23 de agosto de 1926 la Dictadura de Primo de Rivera otorga la concesión definitiva a la citada Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos-Saltos del Duero del aprovechamiento global del Duero y sus afluentes el Esla, Tormes y el Huebra. El planteamiento final creaba el salto del Ricobayo en el Esla (Zamora), una fuente de energía que era cinco veces superior al consumo nacional de entonces, e incluía posteriormente el aprovechamiento integral del Duero y sus afluentes, con una previsión de producción anual de 10.000 millones de kilovatios hora. Las obras de construcción del salto de Ricobayo sobre el Esla comenzaron en mayo de 1929 y el 4 de enero de 1935 comenzó el suministro desde este salto al Norte de España por la línea “Esla-Alonsótegui a 138.000 voltios, teniendo como primer destinatario al mercado de Bilbao y como primer cliente a Hidroeléctrica Ibérica.
 
El proceso culminó el 16 de septiembre de 1944, cuando se fusionaron las sociedades Hidroeléctrica Ibérica y Sociedad Hispano Portuguesa de Transportes Eléctricos-Saltos del Duero, para dar lugar al nacimiento de Iberduero, dedicada a la producción de energía hidroeléctrica bajo la protección inestimable del Régimen de Franco.
En efecto, el apoyo del Régimen de Franco permitió la fusión de las Compañías citadas y el aprovechamiento de la Cuenca del Duero, un sistema hidroeléctrico con más de un centenar de centrales en el Duero y sus afluentes, en definitiva uno de los más espectaculares del mundo. Así en el año 1942 comenzaron las obras del salto de Villacampo, en 1943 el Salto de Castro y en 1948 comenzaron las obras del Salto de Saucelle.
 
El punto culminante de las obras constructoras de Iberduero fue “el aprovechamiento hidráulico de mayor potencia de Europa Occidental”, el salto de Aldeadávila, con una potencia total de 718.200 kilovatios en 1962. Aldeadávila supuso doblar la capacidad de producción de Iberduero, que al final se fusionó con Hidroeléctica Española en 1991, con el nacimiento de Iberdrola.
 
Esta situación de marginación de Castilla permanece en la actualidad, y en este sentido debemos recordar que las concesiones de los Saltos del Duero se concedieron el día 28 de agosto de 1926, bajo la Dictadura de Primo de Rivero, y los plazos de estas concesiones son eternos:
 
APROVECHAMIENTO FECHA CONCESIÓN FECHA DE FINALIZACIÓN
 
Villarino 23 de agosto de 1926 24 de febrero de 2045
 
Aldedávila-I 23 de agosto de 1926 23 de diciembre de 2037 

Aldedávila-II 23 de agosto de 1926 28 de septiembre de 2061 

Saucelle-I 23 de agosto de 1926 23 de noviembre de 2031
 
Saucelle-II 23 de agosto de 1926 28 de noviembre de 2031
 
Ricobayo -I 23 de agosto de 1926 14 de diciembre de 2039
 
Ricobayo -II 23 de agosto de 1926 14 de diciembre de 2039
 
Villalcampo I 23 de agosto de 1926 10 de octubre de 2024
 
Villalcampo II 23 de agosto de 1926 10 de octubre de 2024 
 
Castro I 23 de agosto de 1926 22 de julio de 2028 
 
Castro II 23 de agosto de 1926 22 de julio de 2028 
 
Por ello, los ciudadanos de Castilla y León debemos exigir el final inmediato de las concesiones hidroeléctricas del río Duero y concedidas antidemocráticamente bajo la Dictadura de Primeo de Rivera, de forma que su explotación revierta de forma directa y urgente en el desarrollo de nuestra región. No hay excusa que valga, nuestra Comunidad necesita que esa producción de energía verde y limpia impulse el desarrollo de Castilla.

martes, 21 de mayo de 2019

El Estatuto castellano

Por ELE

(Heraldo de Zamora, 22 de mayo de 1936, p. 1)


Se va haciendo ambiente regionalista en las provincias castellano-leonesas, espoleadas por la iniciativa de don Mauricio García Isidro.

Castilla, "la de las pardas onduladas cuestas", la cuna de las libertades que tuvieron en epílogo en Villalar, viene resultando la víctima de las demás regiones.

Y al amparo de la Constitución, lo que ha logrado Cataluña y van a pedir los vascos y Galicia y Aragón y Valencia, Castilla puede obtenerlo.

El artículo 11 de la Carta Magna de la República española, dice que si una o varias provincias limítrofes, con características históricas, culturales y económicas comunes, acordarán organizarse en región autónoma para formar un núcleo político-administrativo, dentro del Estado español, presentarán su Estatuto con arreglo a lo establecido en el artículo 12, pudiendo recabar para sí, en su
totalidad o parcialmente la defensa sanitaria en cuanto afecte a intereses extrarregionales, la policía de fronteras, inmigración, emigración y extranjería y fiscalización de la producción y el comercio de armas, sin perjuicio en el segundo caso de que puedan recabar todas, o parte de las restantes, por el mismo procedimiento establecido en el Código fundamental.

La iniciativa del señor García Isidro ha tenido la virtud de despertar la conciencia de Castilla, que estaba amodorrada. Precisamente, coincidió con la asamblea de Caspe y el surgimiento de los anhelos regionalistas de los vascos y de los gallegos. Los primeros, desaparecida la aspiración de un Estatuto vaticanista de los nacionalistas han sumado en favor de su causa a los elementos de izquierda.

Todas las regiones van siguiendo el ejemplo de Cataluña. El Estatuto es un privilegio y la Constitución reconoce la igualdad de todos los españoles ante la ley.

Sin embargo mucho nos tememos que aquí no cuaje la idea. Somos demasiado individualistas y extremadamente apegados al terruño.

Ya verán ustedes como se repetirá el cuento de la lechera. Gastaremos mucha pólvora en salvas y al final echaremos todo a rodar por la elección de la capitalidad o por otra futesa por el estilo.

De todas suertes, convienen iniciar el movimeinto regionalista castellano-leonés. Y ya se sabe que el movimiento se demuestra andando. Queremos decir que no basta con lanzar una idea. Hay que arrojar la semilla en el surco. Preparando el terreno lo está. Falta la propaganda activa. ¿No sería el propio señor García Isidro el más indicado para encauzarla?

Colaboradores eficaces, han de sobrarle. Entre ellos nosotros.

Madrid, 20-5-1936

martes, 5 de marzo de 2019

Deuda en pie

(Tempestad (Segovia), 24 de abril de 1890, p. 1) 

En esta fiesta, a la cual concurrieron respetables personalidades de Valladolid y Zamora y la ilustrada prensa de ambas capitales, pronunció el Sr. Alcalde de Villalar D. Fermín Vidal Rodríguez un discurso apologético de los comuneros:

"Si hay actos en la vida de los pueblos -decía el digno Sr. Alcalde, con tono velado con la emoción-, que dejan imperecedero recuerdo, seguramente uno de ellos será, para esta mi querida Villa, la construcción del modesto obelisco que tenemos la dicha de solemnizar hoy; el cual monumento, aunque pequeño y humilde como nuestros escasos recursos, no será por eso meses exacto símbolo conmemorativo de la gloriosa epopeya, cuyo teatro fueron los campos y Plaza de Villalar el 23 y 24 de abril del año 1521.

Hoy hace 368 años que derramaron su sangre y dieron su vida por la libertad patria, los valientes castellanos D. Juan Bravo, D. Juan de Padilla y D. Francisco Maldonado. ¿Y sabéis por qué delito les condenaron? ¡Ah, señores! Pues precisamente porque pedían y querían lo mismo que ahora piden y quieren también los diputados de Castilla, cuando clamen por la baja de tributos, por la equidad en el reparto de las contribuciones, que todos pechen por igual"
.

domingo, 24 de febrero de 2019

Mauricio García Isidro

Por Mauricio García Isidro

(1891-Madrid, 1984) 

(El Adelanto, diario político de Salamanca, 19 de mayo de 1936, p. 1)

 
"Castilla y León, a estos efectos, es una sola región con idénticos problemas y exactas características y no existe nada que nos haga encerrar en el hermetismo de las tres provincias, León, Zamora y Salamanca. Puede extenderse la base del Estatuto a un territorio integrado por más, incluyendo a Santander, salida al mar de Castilla, donde se puede crear el puerto franco, que evite la tenebrosa actuación del homólogo barcelonés y nos dé la zona textil de Cabezón de la Sal, condenada a muerte en plena juventud, por la prepotente influencia catalana, cegadora de toda competencia peligrosa para su industria depauperada por el abandono y la crisis que tanto la ha hecho retroceder ...".

jueves, 21 de febrero de 2019

Movimiento político

(El Liberal (León), 17 de julio de 1881, p. 2)

El Independiente Zamorano, ocupándose del manifiesto aprobado en las reuniones de la gran manifestación proteccionista del día 26 de junio, escribe las siguientes líneas:

"Por lo mucho que interesa a todos, y especialmente a las provincias de Castilla, insertamos a continuación el gran manifiesto que al país dirige el Fomento de la Producción Española.

Llamamos a la atención de nuestros lectores, y cuerpo electoral de la provincia, para que fijandose en el espíritu a que aquel obedece,
no sean sorprendidos incluso los derechos que les corresponden.

Ha llegado la hora de pensar y obrar seriemente sobre el porvenir de Castilla: si Cataluña necesita de la justa protección de su industria, Castilla no necesita menos para la suya, para sus granos y caldos, así que la unión se hace indispensable por la igualdad de intereses. Hoy estamos a tiempo de evitar males, y como mañana seria tarde preciso es que, los electores y las influencias del país se
preparen a la lucha con patriotismo y con el interés que cuestión tan vitual en sí mismo entraña".

Con razón dice nuestro colega la Gaceta de Cataluña:

"Ya no se bastará a El Liberal hablar de catalanismo.

El castellanismo entra en juego."

sábado, 4 de marzo de 2017

Para el Estatuto Castellano

(1936)

Mi gracias a todos por tan generosa y hospitalaria acogida como han dispensado a mi escrito del 15 de mayo último, publicado en los periódicos "Correo" y "Heraldo de Zamora" del 20 y 22 respectivamente y mi sincero agradecimiento a don Julio de la Higuera, por su artículo publicado el "La Tarde" del 23, por la preferencia en que quiere colocarme.

Nada pretendo para mí, señor Higuera; si algo ganare, que será poca cosa, porque poca cosa soy, lo cedería gustoso a quien lo desee; nunca disputaré en este campo. Mis aspiraciones son, únicamente, las de lograr el disfrute de la satisfacción del deber cumplido, entre el bienestar del goce de todos los bienes a que tiene derecho a usufructuar nuestra amada patria.

Mucho se escribe y mucho se habla ya del Estatuto Castellano:; el ambiente cada vez es más cálido, inspirando halagadoras esperanzas de optimismo; por ese camino el Estatuto será pronto una realidad y convertidos en hechos todos nuestros deseos y todas nuestras aspiraciones.

Siempre hay que resolver dificultades en toda empresa y apartar tropezones. Hasta ahora no he visto más que alguna expresión antiestatutaria y un pequeño tropiezo.

A los antiestaturistas les recordamos:

El colosal imperio de los zares en Rusia, se derrumbó en dos horas; cosa que no hubiera ocurrido, si aquel imperio hubiera estado constituido por muchos estados autónomos federados, porque su despotismo y corrupción no hubieran llegado a donde llegaron. Por idénticas causas se destruyeron en Roma su gran república y su gigantesco imperio. Y no por distintos motivos fuimos perdiendo trágicamente los extensísimos dominios que, a España, dejaron los Reyes Católicos, cuya monarquía terminó en el reinado de Alfonso XIII, aquella buena tarde de abril de 1931, con aquel famoso ultimátum a todos aquellos poderes. "Si antes de ponerse el sol, no nos entregáis el poder, saldremos a la calle a recoger lo que el pueblo ha pedido". Aquella misma tarde se implantó la República en España.

¡Si, señores antifascistas!: tenemos que ser republicanos; y, para defender la República, el arma que más garantía nos ofrece, es la de ser regionalista. Además, en el fondo de este escrito, veremos lo inútil y perjudicial que para España y de una manera especial para Castilla, ha sido el poder estatal. España única, sí; pero regionalista-autónoma y autonómicos sus municipios.

Vamos al tropiezo:

En "Heraldo de Zamora" del 26 de mayo, aparece un artículo que firma V. Velasco, titulado "Acerca del Estatuto Castellano-Leonés".

No se ve, que el articulista se proponga otra cosa, más que echar agua fría a este fuego sagrado que arde ya en el corazón de Castilla en pro de su Estatuto. Compendiado refereido artículo, se reduce a lo siguiente:

Que ignora si Castilla ganaría o perdería con su autonomía; que en último término Castilla debía ser la última que lo pidiera; que antes había que conocer si Castilla tiene o no elementos propios para vivir; que primero hay que decidir por la extensión que debe comprender la región Castellano-Leonesa; que si ya, con alegatos picapleitos lugareños, haya quien reclame para sí la capitalidad de la región; que si la capitalidad debe ser para la región y no la región para la capitalidad; y que no ve la urgencia para pedir este Estatuto.

¡Oh, carísimo amigo Velasco!¡Qué pena nos produce verte pensar así!

Castilla tiene un tesoro de incalculable valor y es inagotable. Este tesoro, el estado unitario, apenas sí se ha ocupado de su explotación; y cuando se ocupa, lo hace muy lenta y perezosamente; forma que perjudica más que beneficia. Cuando desplegando las mayores actividades, en su explotación, sería no solo el porvenir de Castilla sino también el de toda España. Este tesoro es el río Duero con todos sus afluentes, que, pantanizadas suficientemente sus aguas y canalizados los terrenos que estas aguas pudieran regar, resultaría que Castilla la Vieja y León, no tendrían que envidiar nada a ninguna parte del mundo en producción agrícola, forestal y ganadera. Y después de regar toda esa gran zona quedarían aguas para producir energía eléctrica para satisfacer todas las necesidades industriales que España pudiera precisar.

En minas, cuenta la región Castellano-Leonesa con los filones más importantes de España en hierros y carbones, también los tiene de los demás metales, contando con abundantísimas canteras de yeso, piedras calizas, margas para cementos además de la diversidad y abundancia de silíceas, cuarzos, granitos y pizarras como también mármoles. En aguas minero-medicinales, nada tiene que desear.

Castilla constituida en estado autónomo, no tomaría menos interés en desarrollar estas fuentes de riqueza, luego nunca perdería por ser autónoma. En sus manos estaría desarrollar aquellas hasta el máximo de su producción.

Con este emporio de riqueza (hasta hoy abandonado), por la posición geográfica de Castilla y sus tradiciones, ésta no debe ser la última, debió ser la primera en reclamar su autonomía, para ejemplo de las demás regiones.

¿Qué más elementos necesitaría el señor Velasco, para concederle vida propia a Castilla, cuando, a simple vista, se ve que podría
tenerlos para suministrar todas las necesidades de España?

Si no fuera porque tenemos que respetar el nombre de Castilla, que es el título sagrado de nuestra lengua y la evocación de nuestras tradiciones, ningún nombre más apropiado para esta región que el de "El Duero y su cuenca".

Como la cuenca del Duero es indivisible, mientras el aprovechamiento de sus aguas no esté perfectamente distribuido y reglamentado, forzosamente, la región Castellana, tiene que ser constituida por todas las provincias comprendidas en la cuenca,  que son: Soria,Logroño, Burgos, Santander, León, Palencia, Valladolid, Zamora, Salamanca, Ávila y Segovia.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Inocencio Haedo, el labrador de las canciones castellanas

(Ritmo: revista musical ilustrada, nº 16, 30 de junio de 1930, p. 4-6)

Por Juan Manuel Prieto

Una sorpresa, una gran sorpresa me aguardaba en el Teatro de la Zarzuela. Era nada menos que la revelación Castilla cantora, de Castilla la madre, el solar de la raza, la mil veces gloriosa, sufrida y valiente, hoy más que nunca, por sufrir resignada las necedades que de ella dicen y escriben gentes que no la conocen y por recibir hidalgamente a pintores que tan mal la retratan, llevando por el mundo una visión anémica y tétrica quien ni fue ni puede ser como esos visionarios quieren que sea.

En el escenario de la Zarzuela, un ramillete maravilloso de gentiles damiselas bonitas, vestidas de blanco, y un grupo de muchachos jóvenes, correctos dentro de su traje de etiqueta; y al frente de ellos un hombre fornido, alto, de hirsuta barba -amalgama de oro y plata- y ojos azules, dominantes y sugestionadores.

En la sala, el alma de Castilla, creciendo, entrándose en todas las almas, poniendo honda emoción en todos los pechos y mostrando, al conjunto de sus raciales canciones populares, que vive y siente, alienta y ama, diciendo en las melodías de tierras llanas, que no es decrépita ni agoniza, como han pretendido muchos que de ella hablaron.

Los cantores -formidables cantores- las muchachas bonitas y los jóvenes correctos, han sido la prueba más rotunda de lo mucho que a Castilla se la desconoce; tanto, que hasta se ha lanzado la horrenda blasfemia de que Castilla no cantaba.

El paladín defensor de la llanura, cruzado intrépido de una cruzada de arte, se llama Inocencio Haedo. Es cántabro, nacido allá por los días de 1878, en la única provincia de Castilla que se asoma al mar, en Santander, y son sus huestes unos cuantos muchachos y unas cuantas señoritas, que, caballeros de un noble ideal, van a hacer que a Castilla se la conozca, y al conocerla se la rinda justicia.

Yo hubiera querido hablar en Madrid con el director de la Real Coral Zamorana, pero la casquivana casualidad se empeñó en lo contrario, y quieras que no, hube de ir a Zamora para interviuvar a este hombre, figura hasta hoy casi desconocida, pero interesantísima, reveladora de lo que pueden un espíritu y una voluntad al servicio de un ideal elevado.

Y heme en Zamora, una ciudad a la que la historia conoce con el nombre de "la bien cercada", plena de evocaciones y sugerencias, guardadora de magníficos monumentos románicos, cuyas piedras viejas parecen coágulos de sol, y en cuyas calles vetustas el tiempo parece no existir.

Inocencio Haedo y yo marchamos por una carretera recta, rayo de inquietud que rasga la llanura de castos colores en la hora silenciosa del véspero.

A los lados, tierras de labor cubiertas con el oro promesa de las mieses; lejos, los puntitos perezosamente movibles de unas yuntas, y al fondo, unos pueblos en silueta, que parecen ocultarse tímidos tras las lomas de tierra, mostrando sólo el rubor de sus tejas.

Avanzamos calmosamente. En uno de los frecuentes altos con que, para discutir, interrumpimos la caminata, mi acompañante me dice:

-Perdóneme que le haga pasear para logar su propósito de interviuvarme; pero no me ayuda otro remedio. Es mi única hora libre y la aprovecho para tomar un poco de aire y saturarme de Castilla, el gran amor de mis amores.

Y charla que te charla y anda que te andarás, mi interlocutor, en una conversación ingeniosa, salpicada

con frecuencia de pintorescos y humorísticos comentarios, me ha contado su vida.

-Dígame, D. Inocencio.

-No, por Dios -me ataja, llevándose las manos a la cabeza-, D. Inocencio sólo me llaman las monjitas y los sacerdotes; Haedo, simplemente, la mayor parte de la gente, y maestro los muchachos de la Coral y mis amigos. Usted puede llamarme como quiera, menos D. Inocencio.

-Pues bien, en maestro le dejamos, ¿quería usted decirme cómo nació la Real Coral Zamorana?

-No crea que fácilmente. La Coral es un producto de largas cosechas, he tenido que sembrar y seleccionar mucho para poder conseguir un fruto en razón.

-¿Entonces, es ya el logro de una labor premeditada y llevada sin titubeos y directamente a la práctica?

-Tampoco crea esto. La actual Coral es hija de un orfeón titulado "El Duero", que yo fundé hace unos veinte años, y con el cual recorrí triunfalmente algunas capitales españolas, consiguiendo con él clamorosos éxitos en Madrid, Barcelona y Salamanca. En esta última población, en certamen de Orfeones, obtuvo el primer
premio. En Madrid logré que una de nuestras canciones castellanas, "Tierras llanas" se titulaba, obtuviera también un primer premio.

-La Coral es, puede decirse, la continuación del Orfeón "El Duero", ¿verdad, maestro?

-Ni mucho menos -responde prestamente Haedo-. Entre aquél y ésta media un abismo. Aquellos eran unos muchachos artesanos, que cantaban solamente por el placer de cantar, y los componentes del coro actual son muchachos mucho más cultos, empleados en su mayor parte, industriales, ingenieros, médicos, pintores, periodistas, etc., que sienten todos la satisfacción de hacer arte, y amantes de Castilla, obedecen gustosos cuanto les mande, por ver triunfar la tierra nativa envuelta en los ropajes de sus canciones.

-Su labor de ahora ha de ser, por tanto, menos ingrata que la de antes.

-Cierto, cierto. Hoy en la Coral hay mucha gente que sabe música, sobre todo las señoritas, entre las cuales tango algunas profesoras de piano.

Como yo hiciese un elogio del prodigioso dominio de matiz y empaste que es la Coral de Zamora, Haedo me arguye:

-Eso es fruto de un ensayo constante ininterrumpido. Todos los días ensayamos dos horas; tal es nuestro secreto.

Calla mi interlocutor. Sus ojos, del mismo color del cielo vespertino, miran vagamente a lo lejos; y así caminamos en silencio, hasta que una nueva pregunta mía lo distrae de su cavilar.

-Dígame, ¿usted es castellano?

-Sí, señor; nacido en Castilla la Vieja, en Santander, donde estuve hasta los catorce años, en que vine a Zamora y a la cual no he vuelto a abandonar. Por cierto que de Santander tengo un recuerdo imborrable; mire. Al decir esto me muestra una profunda cicatriz que cruza su frente y me explica:

-Jugaba yo en el muelle y contemplaba con curiosidad de chico el incendio del vapor "Machichaco", que ardía en la bahía, cuando sobrevino la explosión, y uno de los cascotes me alcanzó; pero lo más desagradable fue que al volver a mi casa, me encontré con que ésta había desaparecido a consecuencia de la misma explosión. Y en Zamora -agrega riéndose- me hirió otra aún más grave, la del amor, causándome tales lesiones que sólo pude curarlas con el matrimonio.

-Según eso, y parodiando a Gabriel y Galán, ella y el campo le hicieron a usted músico.

-No pudieron ni una ni el otro hacerme músico, porque ya lo era. Yo fui músico desde el mismo momento de nacer, pues cuando vi la luz entoné un aria a la vida, que según mis familiares duró en un crescendo rabioso y consecuente varias horas.


-¿Su primer profesor de música fue...?

-Mi padre, que entonces era fundador y director de la Banda municipal de Santander, y en la que yo ingresé por oposición a los once años como flautín, simultaneando estos estudios con los de violín y piano. A los doce años, con mis compañeros de juegos, fundé un orfeón, del cual me erigí director, y así he continuado, amando el arte sobre todas las cosas, y del arte la música, y de la música las canciones populares.

Las últimas palabras de D. Inocencio -perdón, Haedo, se me ha escapado, despiertan en mí unos furiosos deseos de averiguar, y las preguntas brotan en tropel de mi mente pudiendo, al fin, no
sin gran trabajo, ponerlas en orden.

-Usted dice, maestro, que ama el arte sobre todas las cosas. ¿Qué concepto tiene de él?

-Es tan vario, tan complejo y tan poco corpóreo como puede ser el arte mismo. Creo que las impresiones de arte no pueden expresarse, sino que lo único que cabe es sentirlas, y por eso mismo no creo en moldes nuevos ni viejos, únicamente creo en el arte mismo, y allí donde exista, triunfará, sean modernos o sean
antiguos los procedimientos que se emplearon para lograrlo. Lo que sí cabe es educar a los niños en el ambiente artístico, para hacer más sensible su espíritu. Créame -termina- si nuestras escuelas marcharan al unísono el abecedario y los signos musicales, habríamos resuelto, sin proponérnoslo, muchos grandes problemas. Sobre todo enseñar a cantar, para que cantando se aprenda a conocer la tierra donde nacimos y para que los cantos del pueblo, alma de su alma, no se pierdan.


-De acuerdo con sus ideas, su vida tiene que haber sido un verdadero apostolado musical.


-Puede asegurarlo. Yo en Zamora he fundado cuartetos, orquestas; organicé la Banda provincial, hice funciones teatrales de zarzuela de aficionados, conseguí que se trajeran grandes orquestas, como la Filarmónica; fundé en esta ciudad la Asociación de Cultura Musical y conseguí que grandes músicos fueran conocidos.

-Estará usted ya un poco fatigado de tan ruda labor.

-Todo lo contrario; siento los mismos bríos y las mismas ilusiones que en mis mejores días. Tanto, que ahora estoy tratando de organizar "La Sociedad Filarmónica Zamorana", patrocinada por la revista Ritmo, y, además, me alienta el haber logrado la mayor ilusión de mi vida: el triunfo de la canción castellana y haberlo obtenido con un intérprete como la "Coral Zamorana".

-Magnífico intérprete, maestro, del cual no sólo usted, sino todo Castilla, puede estar satisfecho. De ellos y de usted, descubridor de las canciones del llano.

-Descubridor, no, pues antes que yo Ledesma, Olmeda y otros varios, hicieron excelentes, maravillosos, cancioneros castellanos, a los cuales, el único defecto que les encuentro es el no estar armonizados, para que después todas las sociedades corales pudieran cantarlos y divulgarlos y no sucediera lo que sucede con ellos, que son casi en absoluto desconocidos.

Tiene razón este hombre alto y erguido que marcha junto a mí. No sólo es labor de buscar y recopilar; también lo es de divulgar y de dejar que todos puedan saborear los finos manjares que el arte del pueblo creó. Y siguiendo el hilo de estos pensamientos, pregunto a Haedo cómo busca y pule sus canciones hasta convertirlas en esos cuadros de color, que en la Zarzuela hechizaron a los oyentes.

-No soy yo sólo -me responde- quien busca las canciones, aunque la mayor parte son recogidas por mí de boca de las mismas gentes aldeanas, en excursiones que realizo por los pueblos más apartados de la provincia; son también elementos extraños al coro, como D. Nicolás Rodríguez, beneficiado tenor de nuestra Catedral, o componentes de la Coral, como Manuel Crespo y el solista barítono de ella y excelente pintor Gallego-Marquina, los que verifican excursiones artísticas por la provincia y buscan canciones, que aprenden al oído y que yo después transcribo a notación musical y armonizo. Lo demás lo hace el amor al arte y el cariño a Castilla de los elementos de la Coral.

Calla el maestro su labor tenaz, de nervio vital, de esta magnífica entidad artística; y mis preguntas, para llevarle a este terreno, se estrellan contra su modestia.

-¿A qué cree que se debe la actual preponderancia de las masas corales y qué importancia supone que puedan desempeñar en el desenvolvimiento musical español?

-En cuento a lo primero -me contesta- es fácilmente explicable, puesto que para cantar no se necesitan estudios previos ni condiciones especiales: cualquiera puede hacerlo, y el ejemplo de un individuo que canta, arrastra a los demás. Prueba de ello es que, a raíz de nuestra actuación en León, Palencia, Salamanca y Cáceres, se fundó en cada una de estas ciudades una masa coral. Respecto a lo segundo, no cabe dudar en una beneficiosa influencia, puesto que el individuo que comprende y ama la sencillez de la música popular, lo mismo ama y comprende la belleza de las costumbres o el tipismo de los trajes de esos rincones ignorados que tanto abundan en nuestra península.

No creo que sólo; también, como en los coros se canta la música clásica, el espíritu de los cantantes se afina y sensibiliza.

Nosotros, en este sentido, no hacemos más que seguir lo que ya han hecho otras naciones, Alemania, por ejemplo, donde todas las canciones populares están armonizadas y donde se canta en escuelas, liceos y universidades. Esto que debemos hacer nosotros, se hace ya en algunos Centros, como en la Residencia de señoritas estudiantes en Madrid, y así lograremos salvar el tesoro folklórico nacional, tan rico y tan vario.

-¿No ha investigado usted más que cuestiones musicales?

-Algo más, pues también reúno romances antiguos, de los que tengo una bella colección.

-Por cierto -continúa- que esta afición se despertó en mí por un caso curioso que presencié; verá usted. Vino a Zamora D. Manuel Manrique de Lara buscando romances antiguos, y yo le acompañé por los barrios viejos y arrabales de la ciudad. Encontramos bastantes; mas juzgue usted mi asombro cuendo me dijo que uno que le había comenzado una sefardita en Rumanía y lo había dejado incompleto, terminaba de completárselo una de las mujeres con quienes habíamos estado hablando.

-¿No le ha sucedido nunca nada curioso en la búsqueda de canciones por los pueblecillos de la provincia?

-¡Hombre, sí! -me contesta Haedo, tras unos instantes de reflexión. Fui a un pueblecillo en busca de canciones; en compañía del pintor Gallego-Marquina, y como éste, mientras yo visitaba a las autoridades, extendiera el caballete y se pusiera a tomar unos apuntes de color, las gentes del lugar nos tomaron por funcionarios del Catastro; y creyendo que si cantaban les iban a subir la contribución, se negaron en absoluto. Y a no ser porque el señor cura desvaneció desde el púlpito, al día siguiente, sus injustificados temores, me vengo si recoger unas cuantas tonadas deliciosas que allí encontré.

Veo en el pecho de mi interlocutor lucir el botoncito de caballero de la orden de Alfonso XII y le pregunto si fue ésta su mayor alegría.

-No; la mayor alegría la obtuve con los triunfos de la canción castellana en lugares como Barcelona, y últimamente en el Ateneo madrileño; y mi mayor pena, si es que le interesa saberlo, la muerte de dos de mis hijos varones, en los cuales cifraba la esperanza de continuar mi labor en pro de las tierras de Castilla.

Hace rato que hemos emprendido el regreso. Del pueblo lejano suben hasta el cielo plegarias del humo. Flotante en el ambiente todos los ruidos de la tranquilidad y suenan de una manera deliciosa los trigos mecidos por la brisa y el río, que escurre blandamente por la azuda y canta su canción en las aceñas. Los gañanes, que vuelven jinetes sobre el lomo de la "Mohina" o de la "Cariñosa", nos saludan corteses. Muy dulcemente suena en mi mente la copla del solo de "Pardalas", una de las más bellas canciones de la Coral Zamorana:

"Dice mi morena

que al ir de arar,

la alegría del campo vuelve al lugar"

El maestro ha vuelto a soñar, perdida la mirada dominadora entre las tierras de labor, y en mí toma cuerpo la última pregunta:

-¿Piensa dar a conocer su labor en el extranjero?

-Difícil es esto, pues los elementos de la Coral no pueden abandonar sus ocupaciones mucho tiempo; pero no pierdo la esperanza de cantar en Lisboa, París, Berlín y acaso en América. Aunque es difícil, muy difícil; ahora en Madrid, me ofrecían un contrato por cien conciertos para las principales naciones europeas y americanas; hube de resignarme a no aceptar, y solo les enviaremos nuestra voz en conserva y en unos discos que hemos impresionado hace dos meses.

Estamos nuevamente en la ciudad. El maestro Haedo vuelve a su meritoria y heroica labor de educar voluntades y enaltecer a Castilla, y yo de regreso a la Corte. Un apretón de manos, de esas manos que parecen hacer malabarismos con las voces de sus cantores, y nos despedimos.

Ya en el tren, solo en mi departamento y mientras el convoy cruza la llanura que comienza a ser devorada por las sombras, entono una salve a Castilla, a mi Castilla, la tierra sana y joven, que canta y que ríe, que goza y que ama y que se adorna con los colores más bellos, más suaves y más castos, aunque escritores necios y pintores neuróticos la sientan de otro modo.

















jueves, 1 de diciembre de 2016

Aspectos castellanos: el gran acto de Palencia

(Heraldo de Zamora, 28 de abril de 1930, p. 3)

Por Gregorio Fernández Díez

Las sucintas informaciones publicadas por la prensa castellana relativas a la Asamblea agraria celebrada en Palencia de Castilla, como ahora se le llama, nos parecen en verdad demasiado
escuetas atendida la importancia del gran acto al que vamos a dedicar un comentario.

En primer término, respecto del acto hay que hacer una afirmación y es que tuvo una doble significación, agrarista y al propio tiempo castellanista, agrarista, porque a la defensa de los
intereses agrícolas iba rectamente encaminado fundamentalmente pero también castellanista por la tendencia en el mejor sentido de la palabra puesto que logró reunir la plena representación de todas
y cada una de las provincias leoneso-castellanas en abreviación más efusiva: de Castilla, de la histórica Castilla.

Fueron a Palencia representaciones de los sindicatos agrícolas de "once" provincias asistidas del concurso de sus entidades agrarias, de sus ayuntamientos, de sus diputaciones, de las fuerzas vivas, en suma, de las mismas, han de lograr, no lo dudemos, cuando se propongan si se proponen con entereza, si la solidaridad es entre ellas efectiva, como no cabe ninguna duda que lo es.

Hoy el problema primordial de Castilla que es eminentemente agrícola pero también en su conjunto industrial acaso más de los que se cree, es el de su crisis agrícola y en particular el de su
crisis triguera, aunque no sea el único y por no ser el único no estaría de más que se plantearan solidariamente otras cuya solución afecta a la prosperidad o a la ruina de Castilla. Todo problema que afectase a "tres" de sus provincias cuando menos, deberíamos acostumbrarnos a plantear la vitícola sino que en todas las provincias interesadas el concurso de "toda" Castilla: ese es el camino del triunfo.

La gran cuestión del momento es la de la crisis triguera que afecta a casi todas las provincias castellanas aunque en distinto grado de intensidad. El lector ya lo sabe: hay exceso de trigo y por ello no solo se ha envilecido el precio sino que los mercados por falta de demandas se hallan encalmados y todo a consecuencia de haber consentido el Gobierno de la Dictadura grandes e innecesarias importaciones.

Pero el problema cada vez más agudizo lleva ya medio año sin que el antiguo ni el novísimo régimen, el anterior ni el actual ministro de Economía nos den, esto es, den a Castilla, no la solución, sino la ayuda, el auxilio necesario para que la solución apuntada antes de ahora sea tangible para la agricultura castellana.

En Palencia se ha hablado recio, enérgicamente, en una forma poco
corriente en Castilla que no vocea, que no es estridente, que medita siempre sus actos que no crea problemas artificiosos, pero que cuando toma actitudes y resoluciones no retrocede; en Palencia se ha dicho en alta voz que si es preciso dimitirán todos los ayuntamientos y diputaciones de Castilla y estamos seguros de que lo cumplirán si no se busca remedio a la crítica situación agraria de Castilla.

El problema triguero fue tema esencial de la discusión en la Asamblea, pero recayeron también conclusiones afectas al problema vinícola a instancias de Logroño, otras afectas a la ganadería e industrias lácteas por indicación de Santander y finalmente otras en solicitud de que se derogue el infamante Consorcio Resinero a instancias de Segovia.

La unanimidad fue absoluta, pero estará detrás de más que lo
concerniente a esos "tres últimos aspectos" no se descuide,
tanto para no romper la solidaridad de las once provincias, el "bloque castellano", como porque casi toda es ganadera y León en sus montañas tiene idéntico problema que Santander; porque no es solo la castellana Rioja la que tiene que resolver el problema -provincias de la Cuenca del Duero, la vid tiene su importancia y el problema estaba planteado por Salamanca y finalmente porque el Consorcio Resinero afecta no solo a Segovia, sino a Soria, a Burgos, a Ávila, en fin, puede decirse que es una cuestión exclusiva casi de Castilla.

Al principio hemos dicho que el acto había tenido significación
castellanista y lo corroboramos. En Palencia se han puesto en contacto once provincias castellanas, once provincias "hermanas", que hacía ya bastantes años que no se reunían y abrazaban sin duda porque sólo lo hacen en momentos de peligro refugiándose cada una después en su propio hogar.

Fue en diciembre de 1918 cuando se reunieron en Burgos y en enero de 1919 en Segovia esas mismas once provincias representadas por sus diputaciones y sus represntantes en Cortes para firmar solemnemente que no consentirán que se mermase un ápice la soberanía nacional otorgando autonomías integrales a ninguna región y como excepción menos. Castilla presentó entonces su Estatuto. Castilla cuando se muestra unida siempre vence. Por eso cuando pocas semanas atrás el jefe del Gobierno manifestaba a cierto político a cierto político republicano catalán que determina región era evidente que necesitaba trato especial, nos pareció que no "no era tan evidente", que la apreciación era una ligereza, y que Castilla gubernamental por principios de patriotismo, no consentirá nunca que se gobierne sin ella ni contra ella.

Por eso el acto de solidaridad castellana de Palencia, así desde el punto de vista agrario, económico, como político ha sido trascendente y lo ha sido porque a la vez que una voz reclamando atención y justicia también se dijo que en las próximas elecciones no podrán ser candidatos aquellos políticos que no
se solidaricen con la actitud de Castilla.  

miércoles, 2 de noviembre de 2016

El castellanismo de Unamuno

(Heraldo de Zamora, 10 de abril de 1930. p. 4)

Por Gregorio Fernández Díez

Me propongo trazar un breve y sencillo trabajo dedicado a expresar con efusivo elogio, mi admiración y simpatía hacia un grupo numeroso de intelectuales vascos que a su vez tienen a Castilla devoción, que la quieren y comprenden, cosa excepcional en los intelectuales catalanes a pesar de los líricos actos de estos días y de cuya eficacia hay que dudar en razón a que los actores especialmente los barceloneses más tenían de políticos que de intelectuales.

Mas, hoy, deseo solamente hacer un comentario en relación al título con que encabezo este breve artículo; quiero hacer constar la satisfacción que me produjo el hecho de que el Maestro Unamuno en su discurso de Irún a la vuelta de su expatriación proclamase que comparte el maor a Vizcaya que le vio nacer con el amor a Castilla; quiero poner de relieve el contento que me invadió al conocer sus nostalgias al verse lejos de la austera Castilla, de las riberas del Tormes, sin poder prodigar sus excursiones a Gredos, a Ávila de los Caballeros, que con Larreta ha exaltado como nadie en las páginas de su libro Por tierras de España y Portugal, a Segovia, a Zamora, en fin a todos los rincones donde la historia y el arte invitan a filosofar, porque las nostalgias son un puro amor a Castilla, a nuestra humilde tierra.

Sí; Unamuno ama a Castilla. En uno de sus libros nos lo dice él mismo. "En el aspecto íntimo del arte para el que busca sensaciones profundas, para el que tiene el espíritu preparado, os digo que lo mejor de España es Castilla".

En su "En torno al casticismo", aprendí yo mucho a parar atención en esta mi tierra cuna, como en su "Vida de Don Quijote y Sancho Panza", me penetré de las virtudes y defectos de la raza y en sus poesías se ha confortado mi espíritu castellano, mi acendrado amor a Castilla madre, a la gloriosa nacionalidad que perdió su libertad en Villalar a manos de un emperador extranjero y tirano.

No pretendo ahora hacer méritos de sus obras o escritos, ni siquiera de aquellas en que aborda el inagotable tema de Castilla; solo quiero patentizar dos casos del momento en que la personalidad del maestro, es olvidada voluntariamente y discutida precisamente por la vivacidad de sus sentimientos hacia Castilla.

Uno es éste; "La Gaceta literaria", de Madrid, semanario vanguardista de ecléctica y pésima literatura, ha dedicado un extraordinario al vasco, al gran castellano; allí desfila su personalidad; Unamuno filósofo; Unamuno políglota; Unamuno orador; Unamuno y Vizcaya; Unamuno y América...No recuerdo los títulos exactos, pero es igual, todos son por ese tenor; diez, doce, quince artículos.

Más falta uno, uno que no ha debido faltar y cuya omisión hacemos recaer en el deliberado propósito del intelectualista director del semanario: falta el siguiente: Unamuno y Castilla. Cuidado que hay motivos para el tema! Seguramente que el Maestro lo habrá advertido y lo habrá sentido. No obstante el agravio, en tal caso no es para él; es para Castilla. Hay que reconocer el periódico.

Pero el caso, hasta cierto punto se explica, "La Gaceta Literaria", puede decirse que se edita para Barcelona y en Barcelona, el maestro no es precisamente donde cuenta ni con amigos ni con admiradores. Allí se le discute como se discutía al Dictador. Y se le discute por su castellanismo precisamente, vamos a verlo.

Un escritor de los más ponderados e inteligentes de allí "Gaziel", director de "La Vanguardia", aun siendo de los pocos que guardan respeto a Castilla, a la que en nuestro concepto no interpreta a fondo, nos decía pocos días hace en el referido periódico al desaire del tema relativo al estrechamiento de las relaciones entre los intelectuales catalanes y los castellanos (la inmensa mayoría no lo son), nos dice, repito, refiriéndose al maestro, "que el problema general hispánico no hay que considerarlo con el corazón, sino con la cabeza; por no haberlo hecho con el entendimiento, sino con su sentimiento, Unamuno nunca ha entendido nada del problema catalán, como el catalanismo exclusivista tampoco entendió la otra faceta que es la posición de Castilla. Pero el gran maestro de castellanismo, de españolismo a la manera radical castellana no ha sido nunca una inteligencia lúcida con un alto y apasionado corazón".

Es posible que Unamuno sea apasionado, pero también y en ello no cabe duda, es un profundo observador, un analítico que suele acertar en los juicios. mas la defensa contra ese juicio de "Gaziel", apasionado a su vez, voy a contestar con palabras del propio ilustre profesor vertidas muchos años hace en "La Nación", de Buenos Aires, y luego reproducido en uno de sus libros.

Hablaba en él del problema catalán, desmentía lo del carácter absorbente de Castilla y decía al terminar "sé que si estas líneas caen poder de cualquier catalán dirá que no lo entiende", "no se ha enterado". "Son -decía- frases que dicta la jactancia y el ensimismamiento colectivo, Cataluña padece megalomanía colectiva". Y ahora preguntamos nosotros: ¿No es verdad? Vea el lector cómo el Maestro, por conocer el paño se curó en salud.

Y vamos a terminar. Si el castellanismo del vasco Unamuno y de otros vascos molesta en Cataluña, el catalanismo de algunos intelectuales no catalanes quizá sea también molesto en Castilla por principio de reciprocidad y por lo mismo que "Gaziel" puede decir que tampoco esos intelectuales, no saben nada de Castilla, que también tiene su problema.

Maestro; sírvale de consuelo de consuelo saber que Castilla le admira y le quiere de corazón.

viernes, 14 de octubre de 2016

El Problema castellano (XI y último)

(Heraldo de Zamora, 16 de noviembre de 1908, p. 1)

Por Carlos Rodríguez Díaz

No he tratado de hacer en estos trabajos disertaciones luminosas y elocuentes que, leídas juntamente con el arte de la elocuencia, pudieran pesar los floridos trabajos parlamentarios con algo de relumbrón y hojarasca.

Claro y sencillo como es el carácter castellano he expuesto mis opiniones sobre algunos puntos del problema planteado por Castilla son indiscutible oportunidad, no desdeñando intercalar cifras y datos, que si hacen pesado el conjunto, le dan, en cambio, algo de autoridad, ya que son cifras y datos basados en observaciones e investigaciones, ajenas más que propias, reservándome yo el mero papel de seleccionador y coleccionador.

De todo lo dicho en los particulares anteriores, que por su insignificancia no me atrevo a llamar capítulos, creo que fácilmente puede deducirse a lo que debe quedar reducido y lo que debe ser el regionalismo castellano.

Este carecería de interés si fuera solo un anticatalanismo creado para hacer una guerra civil moral lamentable para todos, como lo son siempre las guerras civiles.

El regionalismo castellano debe ser un movimiento salvador en el que se aúnen y hermanen todos los elementos políticos sin distinciones ni preeminencias, todos los elementos productores e industriales, el comercio y la intelectualidad, para laborar social y colectivamente por el engrandecimiento de Castilla, enviando a las Cámaras, Diputaciones y Ayuntamientos los hombres sanos y rectos; llevando al campo los progresos y las enseñanzas de la ciencia agronónica; matando la usura, el origen del empobrecimiento y establecimiento del humilde productor; defendiendo denodadamente aquellas disposiones arancelarias que nos son favorables, y combatiendo las que abusivamente, puedan lesionar nuestros derechos, arrollando sin contemplaciones el caciquismo político; procurando el fomento de las obras públicas, bien sean de iniciativa del Estado, bien sean iniciativa de las provincias; trabajando por la hegemonía merecida y justa de nuestro hermoso lenguaje, que oficialmente se habla en veintiuna naciones, y procurando hacer una labor de cultura y moralidad que, seguramente, hallará campo abonado en los espíritus castellanos.

Ortega Munilla ha dicho hace poco en Vigo: "Para que España prospere es necesario que cada comarca tenga su programa de mejoras, programa variable según las circunstancias; pero que no puede menos que acordar con las demás, formando la consecuencia de todos ellos el gran problema de la nación". 

Y las elocuentes palabras determinan precisamente el carácter nacional de todos los movimientos regionalistas sanos, como lo es el movimiento regional castellano.

Por esto no debemos atacar con fratricida tesón las aspiraciones de las regiones hermanas, en cuanto nos dicte un espítitu absorbente y exclusivista; antes, por el contrario, debemos apoyarlas, y de esto tenemos un ejemplo halagüeño viendo ir juntas a Cataluña y Castilla en la campaña de oposición contra una reciente ley de Alcoholes.

Más sintético que cuanto nosotros pudiéramos decir sobre lo que debe ser el regionalismo castellano, sobre sus aspiraciones justas y salvadoras, está expresado este anhelo en las siguientes conclusiones acordadas recientemente por la Federación Agrícola de Castilla la Vieja.

"Solicitar del gobierno dé a la ganadería y a la agricultura representación en la Junta de aranceles y valoraciones; hacer suyo el proyecto de Reforma arancelaria de la Diputación de Soria; recabar la negociación de tratados que permitan la salida de los productos agrícolas; reforma de la ley de Alcoholes; realización de las obras hidráulicas; liquidación de créditos de los pueblos; venta de los bienes propios; desaparición del impuesto de transporte y otras de menor transcendencia, aunque no de escasa importancia".

Expuestas estas consideraciones sobre lo que debe entenderse por movimiento regionalista castellano, como complemento debemos estudiar también lo que este regionalismo no debe ser, los extremos de que debe huir para mantener su autoridad y prestigio en el Parlamento y en la Nación.

Ya lo apuntamos ligeramente en párrafos anteriores: el castellanismo, ante todo, no debe ser un anticatalanismo, a la manera que se deduce del discurso de Grandmontagne en los Juegos florales de Valladolid, ya que muchas veces el catalanismo ha sido un anticastellanismo no muy piadoso; en tierras hidalgas estamos, y la hidalguía dicta el perdón.

Las luchas por cuestiones arancelarias, que son las que más nos distancian de Cataluña y las provincias vascas, deben mantenernos fríos y razonadores, porque el calor de la pasión mata todo discernimiento y cordura.

El castellanismo debe huir de todo exclusivismo político, y sobre esto no creemos necesario insistir y razonar más.

El castellanismo no debe ser exclusivamente colectivista ni exclusivamente individualista; un sistema mixto de esfuerzo individual aislado y propio, unido a los esfuerzos corporativos, daría el resultado anhelado para la prosperidad regional.

El labrador que moderniza un cultivo mejorándolo, es tan castellanista como el disputado que logra del Estado una concesión para Castilla.

Y, finalmente: el castellanismo debe laborar por el engrandecimiento patrio sin contar sin confiar única y exclusivamente en el esfuerzo de otras regiones que se crean hoy grandes y capacitadas, según frase del señor Silio, para abrir camino a la corriente de aire puro que debe llegar hasta la Meseta Central.   

No esperamos, como el maná del cielo, en desbordamientos de la cultura ajena; el regionalismo debe ser todo esfuerzo propio, y si alguien nos dijera que esto es orgullo, le diríamos que es este orgullo santo del castellano leal que ama a España sobre todo y que amando a España ama a Castilla; orgullo de hidalgo moderno que lejos de explotar esterillmente su hidalguía, la realza con el trabajo.

miércoles, 15 de junio de 2016

Acción castellanista: nuestra autonomía regional


(Heraldo de Zamora, 1 de octubre de 1932, p. 1)
Por Gregorio Fernández Díez


Es una lástima, pero también una realidad. La aprobación del Estatuto de Cataluña no ha producido la menor efusión. Ese hecho, fuera de Cataluña y descontando, desde luego ciertos antiprotocolarios actos en San Sebastián celebrados, algunos de los cuales casi recuerda la firma de tristes tratados de paz, no ha producido ni frío ni calor en ninguna parte.

La nota dominante ha sido ausencia de comentarios en la prensa. Así, el pretendido magno hecho histórico, cimiento de la nueva España, se ha consagrado, en medio de tan glacial indiferencia, que categóricamente puede afirmarse, visto el síntoma, que España, o cuando menos Castilla, no habiéndose conmovido ahora, no habría de conmoverse, por nada pasara lo que pasase, ni aunque fuera una catástrofe.

Si un día cualquiera, pues, Cataluña quiere ir más allá, ha de poder hacerlo tranquilamente. Y ello por una razón: porque en Europa hay otro pueblo tan comprensivo y tan cercano como Suecia y aun superior al país escandinavo por su conducta, que es Castilla, esta antigua y gloriosa "exnación" que tendrá que volver a ser la "nación castellana".

He dicho superior a Suecia, porque ésta, siquiera, le dijo a Noruega: tu libertad política requiere mi libertad aduanera, Castilla no ha dicho nada; pero lo habrá pensado.

Mas, por si no fuera así, los castellanistas tenemos el deber de orientarla, indicándole el camino a seguir. Ese camino es el que
puede conducirla rectamente a restaurar "nuestra" economía, a industrializar nuestra tierra y al propio tiempo a tratar de gobernar nuestra casa, nuestra región, nuestros hombres.

Castilla no gobernaba a nadie; no ejercía hegemonía alguna sobre nadie. Es más, ni siquiera se gobernaba a sí misma. Pues ahora nuestra interés y conveniencia están en que se nos otorgue la autonomía, "nuestra autonomía". Aquí, en la meseta Norte, hay una región con características propias en todos los órdenes; región histórica y geográfica; la gran cuenca del Duero que tiene derechos que yo estimulo.


No; no ha habido efusión con motivo de la concesión del Estatuto de Cataluña, porque no podría haberla. Y no podría haberla porque el Gobierno y las Cortes han resuelto un pleito en forma tan parcial que constituye una verdadera vejación para Aragón y Castilla. A la aspiración de Cataluña en cuanto significaba una autonomía, plena libertad de acción político-administrativa, nadie se oponía. Así se proclamó sinceramente en la Asamblea Palencia. Más allí transcendía el temor de que la nueva estructura política de España consistiere y acabara en otorgar a Cataluña un régimen de excepción y en ampliar a las Vascongadas el que ya está gozando. Y, ciertamente, la consagración de tal desafuero impulsa la repugnancia que nuestro país siente hoy contra quienes pasivamente han consentido la instauración de un régimen autonómico que eleva a unas regiones a la categoría de señoras y rebaja a otras a la servidumbre. 

Esto me recuerda que en los Estados Unidos del Norte de América la organización política divide al país en Estados con su asamblea y Gobierno propio y "territorios" de esos Estados regidos despóticamente por gobernadores dependientes del Poder federal. Aquí, los Estados, por lo que se ve, van a ser Cataluña y Vasconia y los "territorios", Castilla, Aragón, Extremadura y demás pueblos meseteños. Recordemos que en los Estados Unidos los territorios son países donde han sido acorralados los "indios". Añadimos ya que el centralismo de Madrid, regido por los políticos de la periferia está visto que van a intentar someter a las regiones de las mesetas a trato de territorios, como si sus gentes "fuesen indios". 

Para que tal no suceda, ha de ser preciso , castellanos, que recabemos "nuestra" autonomía. De otra suerte, preparaos a ser gobernados por otros hombres, por unos políticos que no sienten ni aman a Castilla, y por unos gobernadores que procederán de Galicia, de Cataluña o de Vasconia. 

Ya en la actualidad aquellas regiones tienen, en cambio, gobernadores gallegos, catalanes y vascos. Si ese trato excepcional es o no una afrenta para Castilla, el lector lo dirá.

A Castilla se la lleva a un régimen de colonato por los políticos arribistas de Madrid, en servicio de las economías de los pueblos "fuertes". Y si no basta, se irá al despedazamiento y reparto de Castilla que, por lo visto, es la Polonia peninsular.

Para que tal no suceda, es necesario que el pueblo castellano, contra los políticos nefastos, se apreste a defender su derecho de autodeterminación, solicitando su autonomía. Todavía es hora oportuna. Así como así, por estos días anda estimulando don Indalecio Prieto a Vasconia para que aproveche el momento. Los vientos han cambiado. El señor Prieto, en 1918, arremetía furioso contra el nacionalismo catalán y vasco y se encaraba violento con Aranzadi y Cambó.

Todavía es hora de que Castilla solicite un trato de igualdad. Los Estatutos de Vasconia y Galicia serán tangible y acaso el de Valencia, que también se agita.

Castilla no debe quedar rezagada. Levante su voz y proclame que quiere vivir, pobre o rica, su vida; que quiere mandar en su casa, porque también tiene personalidad. Una personalidad que había querido borrar, fundiendo su alma en la de las demás regiones. Pero ante su estéril sacrificio, debe volver a su solar y reclamar con dignidad todos sus derechos.

Castilla, rectora de pueblos, ha demostrado tener gran capacidad política. En cuanto la ejercite de nuevo, volverá a ser ejemplo luminoso. Todavía en el debate constitucional nos recordaba su capacidad política don Fernando de los Ríos y asentía el señor Sánchez Albornoz, aunque éste como diputado ni aquel como ministro hayan defendido la generalización de las autonomías.

Si España se ha de desmoronar, ello ha de suceder pida o deje de pedir Castilla su autonomía. Y aun estoy por decir que hay más probabilidades de que otros pueblos vayan a la secesión si Castilla no la logra, porque si no la obtiene, el desequilibrio económico hoy existente entre Cataluña y Vasconia y otras regiones se ha de acentuar. Después de todo, este distinto grado de riqueza, esa superioridad burguesa ha sido la causa de que se plantearan estos problemas. 

Yo espero que al reconcentrarse Castilla en sí misma, en orden a su desarrollo económico diera un salto. Riquezas naturales que explotar tiene muchas. Y vida propia también la tiene. Será más intensa o menos; pero desde luego, la gama de sus actividades es más variada de lo que se ha supuesto. Esto no lo saben muchos de nuestros inmerecidos parlamentarios ni la colección de detentadores de la intelectualidad castellana.

Porque tiene Castilla elementos suficientes para vivir su vida y capacidad política para regirse (aunque los derrotistas lo nieguen y los traidores traten de impedirlo); nuestra región, hoy avasallada, tiene el derecho y el deber de presentar su Estatuto y solicitar la autonomía que le devuelva "su libertad".

miércoles, 12 de agosto de 2015

Castilla, región estatutaria

(Artículo en Heraldo de Zamora, 12 de junio de 1936, p. 1)


Por Francisco de la Iglesia Pinilla


He leído en este mismo diario, la noble repulsa que hace el señor Royo Villanova de la tendencia ya muy fortalecida, de pretender ya para Castilla, un estatuto que la individualice en España, como región autónoma.

Esa repulsa es muy favorable. Sin embargo, no será obstáculo para impedir esa iniciativa jubilosa, ni su conveniente realización.

La unidad nacional está ya quebrantada. Constitucionalmente, no; pero sí la unidad, al menos en el orden espiritual, ha de ser
homogeneidad sentimental, Cataluña, Euskadi, no son fracciones de identidad emocional patriótica, especialmente desde que la excusas y perforaciones abiertas por los geniales arbitristas e innovadores de la mentalidad multitudinaria (Relativa), les permitió el chorro hirviendo del cauterio nacionalista y separatista (Pacto de Donostia).

Ni "Els Segadors", ni el "Gernikako arbola", se originaron, ni se cantan para honrar y solidarizarse con el interior español. No es lírica de simbiosis, sino cantos litúrgicos de centripetismo local, a juro fonético de diversidad racial.

Pero ya pasó la hora de estos análisis; es más oportuno y menos cándido contemplar el espectáculo creciente de dos regiones españolas (histórica, geográfica, política e internacionalmente españolas) que se automizan para caracterizarse como zonas territoriales de vida colectiva propia, de poder público independizado, con leyes y hacienda de su singularidad y... provecho.

No es bastante con ser algo la disidencia del señor Royo y Villanova para que olvidemos totalmente las prerrogativas de nuestra dignidad castellana. Con muy elemental esfuerzo, podemos poner a nuestro estatuto letras jurídicas consaguíneas de la literatura de Las Partidas, páginas de codificación tan virtuales, como la de otros cuadernos estatutarios. Es decir, que sabremos elevar sobre le solar ibérico, un edificio de tantos pisos y servicios regionales y autonómicos, como el de nuestros aventajados convecinos.

La presbicia de muchos viajeros por tierras de Castilla, ven páramos, donde hay barbechos y a pesar de la diafanidad del cielo, que ilumina lejanías, no advierte que van igualando las chimeneas al número de campanarios y que unas aguas canalizadas en el retazo terminal de la cuenca de un solo río castellano, acumula tanta energía industrial, como el carbón de todo el continente. Bastan los granos de una espiga para imponer solidaridades ingentes, que obligan a postular el abastecimiento, si la espiga adiestra su administración y circulación, pues solo sabiendo y controlando lo que cada cual tiene y vale, se realizan las solidaridades ofensiva y defensivas, pero antes hay que construirse y Castilla mientras se fundió en la unidad nacional, se olvidó de sí misma, y hoy se ve obligada a reconstruirse y a ponderarse.

No le queda otro camino, que hacer y reclamar un estatuto.