Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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lunes, 4 de noviembre de 2019

[Reunión en Valladolid]

(Lucha, 17 de julio de 1908, p. 2)

Leemos que en una reunión de representantes de las fuerzas vivas de la ciudad, celebrada en el Ayuntamiento de Valladolid para tratar de sus próximas ferias, se dio cuenta de un proyecto de celebración de La Fiesta de Castilla, que constará de los siguientes puntos:

1.º Celebrar una Asamblea castellana, cuyo objeto sería:

a) Definir el regionalismo castellano.

b) Redactar el programa de las sanas medidas que se han de adoptar en beneficio de Castilla, tanto en el orden político como en el económico y en el intelectual.

2.º Realizar un acto de solidaridad de los asamblistas [sic], que puede consistir en una reunión íntima, terminada con un banquete.

3.º Fiestas populares castellanas.

a) Gran cabalgata alegórica.

b) Juegos florales y gran velada en honor a Castilla.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Desde la altura


Por Andrés Torre Ruiz


(nació en Munilla, 1882)

(La Rioja, diario político, 6 de octubre de 1908, p. 1) 

He subido a la cumbre bien amada / y he pisado la nieve inmaculada / que besa el sol cuando despunta el día / con temblor palpitante,/ como un recién nacido besaría / la patriarcal melena de un gigante.

Aquí es donde las águilas veloces / cruzan el cielo con las alas combas,/ y son murmullo las airadas voces,/ y son susurro ls revueltas trombas.

Aquí en la altura se arrodilla el alma,/ y escucha el hombre con fervor contrito,/ el ritmo eterno, la implacable calma,/ y la sublime voz de lo infinito.

He subido a la cumbre./ El Padre Sol en el cenit se inflama,/ y son sus hebras de dorada lumbre / inmenso mar de creadora llama.

Cuando su luz desciende,/ pone un fulgor sobre las pardas rocas,/ y la tierra fecunda se abre y hiende / en grietas mil como anhelantes bocas.

En la falda del monte que se eleva,/ como un misal abierto / sobre el augusto altar de la llanura,/ corre por las encinas savia nueva,/ y hay un confuso temblador concierto / entre los pliegues de su sombra oscura. 

En cada verde rama florecida,/ todo nido es un cáliz milagroso,/ donde se obra el misterio prodigioso / y el amor se hace carne y se hace vida. / El monte guarda amor: en su penumbra / rompe la plenitud de tod germen,/ y el polvo de oro de la luz alumbra / secretas ansias que en los seres duermen. 

Cada tronco jugoso,/ cada insecto que vuela rumoroso,/ cada brote fecundo, cada extendida fibra,/ es la cuerda de un arpa donde vibra / el alma universal madre del mundo.

Desde las altas cumbres de la tierra / y desde la granítica y segura / cumbre del pensamiento,/ todo se modifica y transfigura:/ la muerte es la sombra que no aterra / todo luchar una armonía
encierra,/ y todo tiene vida y movimiento.

Ante mis mudos ojos asombrados, / las azules montañas se aparecen / como tropel de monstruos encantados / los verdes montes que en su falda crecen,/ son cámara fecunda y recatada,/ por el amor bendita,/ y la parda llanura dilatada,/ por los surcos cruzada,/ ¡es una frente inmensa que medita!

¡Hosca llanura de mi tierra hidalga! / ¡Solemne panteón de glorias viejas! / ¡Dejad que a su recuento el verso salga como un enjambre zumbador de abejas!

¡Ay! ¡Cuántas veces al morir la tarde,/ cuando la última luz palpita y arde / con rojizo fulgor de oro fundido,/ tu voz severa, paternal y augusta,/ ha puesto sus palabras en mi oído,/ y la fe de mi poder ha revivido / amplia, triunfante, juvenil, robusta!

Porque tú eres la cuna de los fuertes,/ y en tus canciones viertes / como una llamarada de consuelo,/ la contextura recia de tu suelo,/ el severo rumor de tus crepúsculos,/ y el callar de tus noches bien serenas...

¡Eres la madre de las almas buenas,/ de los hombres austeros todo músculos,/ y de las hembras arrogantes, plenas!

El torbellino de la lucha, atrajo / tu espíritu en pretéritas edades.

¡Hoy eres un inmenso Tiberiades / calmado por el Cristo del Trabajo!

¡Página que recuerda eterna gloria! / ¡Manantial de purísima belleza! / ¡Eres un yunque!¿Sobre ti la Historia / fundió 
el alma española en una pieza.

Al arrancar en el cordaje tenso / de la lira, mi canto a lalla nura,/ vigoroso e inmenso,/ no, no es de más si la pasión fulgura,/ si la voz tiembla y la mirada brilla,/ porque ella es la mansión de mis amores,/ y el vetusto solar de mis mayores donde quiero morir ¡Ella es Castilla!

Castilla, sí. Cuando su nombre brota / como vibrante nota / hay un fuerte temor de orgullo sano, y en comunión altruista y secreta / se abrazaban mis ensueños de poeta / con mi austero pensar castellano 

¡Hogar de profundas rebeliones! / ¡Cuna de las arraigadas convicciones! / ¡Vestal de las sublimes libertades guardadas a través de las edades por su espíritu audaz, noble y entero!... / 

¿Qué césar osaría esclavizarte,/ si cada castellano por guardarte,/ lleva en su corazón un comunero?

En el glorioso y secular camino / que recorriste con segura planta,/ con palio de laurel te ornó el destino,/y fuiste en el ayer tres veces santa.

Madre de un pueblo enérgico y valiente,/ fundiste a España en un brazo ardiente;/ y tu entereza, que jamás se doma,/ llevó a un virgen remoto continente,/ el fuego de tu Dios y el de tu idioma.

Hoy, nuevo Prometeo encadenado,/ encuéntrese tu espíritu enclavado / en la meseta, corazón de España,/ y no te falta un hijo que te ofenda / y como buitre mísero pretenda hundir su pico en tu sangrienta entraña.

Pero no te acobardes ni te asombres,/ y sobre las miserias de los hombres,/ vierte el agua lustral de tu cariño / que purifica y que redime todo... 

¡Tu nombre pasa sobre el sucio lodo / impoluto y trunfal, como el armiño!

Piensa en lo porvenir, descorre el velo / que en su eterna labor forman las horas; / ¡en el ancho horizonte de tu cielo aun brillan para ti muchas auroras!

Oidme, peregrinos soñadores,/ los que traéis al mundo la sagrada / misión de convertir en gayas flores / todas las inquietudes y dolores / que cruzan vuestra frente atormentada;/ los que adoréis en la belleza pura,/ y a su armoniosa desnudez eurítmica,/ ponéis como flotante vestidura / el gran tesoro de la forma rítmica; / los que sabéis sondar en los futuro / con ojos de condores o profetas:/ ¡Escuchad mi consejo y mi conjuro!/¡A vosotros os hablo!¡Oid, poetas!:

No rindais parias a la musa exótica / que cruza los jardines autumnales / como una sombra pálida y clorótica rememorando ensueños virginales.

Sea vuestra rotunda poesía / como el acero vibrador y terso / y poned en la médula del verso / restallidos y chispas de energía.

¡Que haya en ella pasión! ¡Ritmar la estrofa / al compás de la sangre en vuestras venas; / y despierte doquier placeres, penas,/
odio, alegría, compasión y mofa!

¡Para los gritos que en el mundo oísteis / tened siempre una nota de consuelo,/ y alentad la esperanza y el anhelo / en la tierra bendita en que nacisteis!

Fundid el alma de Castilla entera, / y cincelada con martillos de oro,/ como Dios creador quiso que fuera:/ noble, meditativa, amplia y severa,/ todo arrogancia y material decoro.

Y aunque su historia es grande y ensalzada,/ no la orienteis hacia la edad pasada,/ -siempre todo pasado es algo muerto / -ni la dejéis vivir petrificada / como la muda Esfinge del desierto.

¡Ponedla cara al sol! Que haya en su frente / esa luz increada,/ a cuyo resplandor tiembla el creyente,/ y el ansia de avanzar en su
mirada,/ que todo lo adivina y lo presiente.

¡Orientadla hacia mundos ideales / donde todos los hombres son iguales,/ y la justicia en maternal abrazo / duerme a la humanidad
en su regazo;/ donde libre y tranquila la conciencia / bebe en las puras aguas de la Ciencia / la Verdad que la ensalza y la redime,/ donde nadie tiene hambre y nadie gime,/ donde la luz del bien crece y se aviva,/ donde el amor, excelso soberano,/ teje una universal guirnalda viva / con los hombres cogidos de la mano!

¿Hipótesis o ensueño? ¡quien lo sabe! / Acostumbraos a guiar la nave,/ como Colón hacia inseguros puertos;/ sed como nuestro padre don Quijote,/ y para desfacer torpes entuertos / llevad siempre la lanza en estricote.

¡Luchad, que nunca lucharéis en vano!/ y pensad en el vate castellano,/ que nos dejó al morir la rica ofrenda / de sus más adoradas ilusones; / pensad que aún vive y sin cesar os grita:

¡Sursum corda! Elevad los corazones / hijos nacidos de mujer.La senda / es escabrosa, pero no infinita.

jueves, 26 de octubre de 2017

En defensa de Castilla

(El Imparcial, 29 de junio de 1908, p. 2) 

MEETING EN SEGOVIA

Tiempo hace que la opinión castellana deseaba que de algún modo se hiciera constar en públicas reuniones su protesta contra la acusación catalanista y contra los denuestos de que la han hecho víctima la solidaridad y sus colaboradores.

El meeting celebrado esta tarde es el principado de una campaña de reivindicación y resurgimiento del espíritu castellano. Gran entusiasmo ha despertado en esta capital.

El meeting a las tres y media de la tarde comentó el meeting. Poco antes había llegado con automóvil el Sr. D. Santiago Alba con algunos de sus amigos. Se le hizo un caluroso recibimiento.

Preside el acto el senador D. Raimundo Ruiz. En el escenario están numerosas representaciones de los pueblos de la provincia y caracterizados elementos del partido liberal de Segovia.

El presidente saluda a los huéspedes y propone que se cree una Junta que defienda incesantemente las intereses de Castilla.

El Sr. Pedrazuela presenta al Sr. Alba, expresando la gratitud de los segovianos por su cooperación al acto. Dice que Segovia será enérgica y leal en la batalla emprendida.

D. Mariano Matesanz demuestra con ejemplos históricos el vigor de todos los segovianos en las empresas nacionales.

D. Enrique Gavilán, diputado provincial de Valladolid, saluda en nombre de aquella comarca a los segovianos, y ofrece el concurso constante de ella para todos los esfuerzos que conduzcan a la integridad de la patria y al mejoramientio del pueblo castellano.

Pronunciaron luego discursos muy elocuentes y aplaudidos e inspirados en los mismos ideales D. Vicente Gay, catedrático de Valladolid; D. Luis Carretero, concejal republicano; el Sr. Zaballa, catedrático de la Universidad de Madrid; D. Félix Gil, director del
Diario de Avisos; D. Higinio Arrivas, diputado provincial; D. Victoriano Llorente, y D. Manuel Torrequiza. Todos son muy aplaudidos.

Discurso de Santiago Alba

El Sr. Alba pronuncia excelente discurso, en el que aparecen condensadas las aspiraciones de Castilla, enfrente de la invasión predominante y absorbente halagada por todos los favores oficiales del movimiento catalanista.

Recuerda que hace tres meses, desde Palencia, en un acto público como el de ahora, pidió que en Barcelona se le concediera una tribuna en que defender la gran verdad castellana y española. El tiempo ha pasado, y aquella solicitud no ha sido acogida. Recuerda que al terminar una conferencia que dio hace poco en el Círculo Mercantil de Salamanca propuso a aquel Centro que invitase mpuso al Sr. Cambó a hablar en defensa de sus ideas en aquel mismo Centro. La iniciativa fue aceptada, y el Sr. Cambó habló en Salamanca, dicen que no como lo hace en Cataluña, y fue oído con respeto y hasta con aplauso. Véase la diferencia entre lo que se hace aquí y en lo que allí se ejecuta. Aunque sea menos gallardo y memos caballeresco, es más cómodo el prodedimiento de alejar al adversario, de evitar que se le conozca y de impedir que con su presencia y sus palabras se desvanezcan sus posiciones mentidas en que se funda toda una campaña.

Demuestra luego el Sr. Alba que el señor Maura, en su afán desmedido de atraerse a la derecha de la solidaridad, ha abandonado por entero la tradición gamacista, que tuvo a Castilla por cuna y que era la concreción parlamentaria y política de un estado de opinión de las muchedumbres campesinas.

Proclama luego el orador la reconstitución de la meseta distinguiendo lo que debe ser fruto de la acción privada de lo que hay derecho a pedir al Estado. Dice que en la ley de administración local que se discute, se ha olvidado por completo al Municipio secular y clásico, que es el pequeño Municipio rural, labrador y ganadero, para no ocuparse, mirando á Barcelona, sino del gran Ayuntamiento capitalista y urbano. Y mientras a éste se le brinda con facilidades y desenvolvimientos que pueden ser y son ya un principio de disociación y un comienzo de regresión medioeval, en la lengua y en la cultura. Se hace tabla rasa de usos y costumbres patriarcales, que a través de los siglos nos habían trasmitido la austera y democrática función de los gloriosos Concejos de Castilla. 

El orador protesta de que se suponga a esta región falta de toda iniciativa, petitificada dentro de su costra de tantos siglos. Señala el resurgir asombroso de la agricultura, abierta ya hoy en varias províncias a todas las novedades del cultivo moderno, y en el otden industrial cita, entre otros datos, el de que mientras Castilla va aprovechando todos los saltos de agua de que dispone, trasportando la energía a grandes distancias, el capital catalán repugna estas aventuras, los grandes estupendos saltos de la provincia de Lérida continúan inexplotados y Barcelona y su provincia consumen enormes cantidades de carbón y la crisis últinaa de sus finanzas salvadas al auxilio, no de los Bancos catalanes, sitio del Banco del Estado, del Banco de España, prueba cómo en el orden de la organización del crédito falta mucho camino que andar a los que protectoramente nos brindan su hegemonía.

El Sr. Alba hace después una crítica serena y documentadísima con cifras y datos de lo que ha signiflcado nuestra política económica en los últimos años. El pueblo -dice- mira con ceño torvo a políticos y generales a quienes supone causantes de la pérdida de las colonias. Y no se fija en la inspiración de todo nuestro régimien colonial salía no tanto de Madrid como de Barcelona. Al mantenimiento de una exportación artificiosa, desarrollada no por la bondad del producto ni por la baratura del precio, sino por medidas de Gaceta, se sacrificó todo, hasta la seriedad de la forma del Estado. La famosa ley de relaciones comerciales con Cuba no llegó a cumplirse. Y los que entonces para esto se envolvieron en la bandera española, hoy truenan contra el régimen, cuya principal culpa consiste en haberse preocupado más de eilos que de hacer a España querida y respetada, por la libertad política y económica, en Cuba y en Filipinas.

(...)

lunes, 5 de diciembre de 2016

La Tuberculosis en Castilla

(Revista médica salmantina, nº 10, octubre 1908)

Muchas de las cosas que apuntaré en este trabajo se refieren se refieren a regiones que no son Castilla únicamente; otras
constituyen modos de ser del pueblo castellano que tiene su psicología normal y patológica propias. En Castilla, más que en otra parte quizás, repercuten usos y costumbres, vicios y rutinas exóticos. No investigo ahora si estas corrientes de endosmosis
moral responden a otras inversas exosmóticas; consigno hechos y procuro buscar sus entresijos y raigambre. Y a juzgar por lo que
veo en el teatro de mi observación, estoy dispuesto a afirmar que existe un análisis intelectual y moral, a través de la cual llegan a Castilla, al corazón de Castilla, más lo aparente de las virtudes y lo real y efectivo de las enfermedades y viciosde la civilización moderna, que sus beneficios y ventajas. Podría repetirse con Bravo Murillo: que allí seguimos "viviendo a la antigua y pagando a la moderna... Lo que ocurre con la tuberculosis como plaga social en la región patria a que aludo, me parece probar lo asentado.

La tuberculosis no es una enfermedad indígena de los campos de Castilla, sino esencialmente ciudadana. Ha ido a los campos por emigración de los misinguines de las capitales más o menos populosas. En el campo de Castilla, repito, no brota espontáneamente: necesita bisabuelos sifilíticos, abuelos escrofulosos o padres dartrosos, pues yo la reconozco una tan alta prosapia. Y entre los que tienen toda o parte de esa parentela, se descubre quién se llevó tal recuerdo... ¿cómo diré? somático, de la ciudad. En los que no tienen esos ancestros,
apenas si hay tuberculosis. A menos que llevasen del mercado de Madrid, quiero decir, de una capital,alguna vaca lechera con bacilos deKoch.

La tuberculosis es una enfermedad social. Lo aparente es el microbio; solo lo aparente. Su etimología verdadera es el pan a 35 céntimos, la carne a dos pesetas, los huevos y la leche y el pescado inasequibles, el hacinamiento fácil, las aguas potables sembradas de gérmenes, el drenaje de las urbes infecto e infestante, los baños materia de lujo, las tabernas sinecuras de comercio, el fraude y la mistificación de los alimentos sin castigo nacional ni remordimiento de condición.

La tuberculosis es el tributo de las "doradas medianías" de posición social o de posición orgánica. Abate a los pobres empleados que "tienen, que vivir en el centro, que tienen que vestir con decencia, que están obligados a alternar con los jefes y compañeros. 

Abate lo mismo al obrero que por estar junto al taller o la fábrica se mete en zaquizamies indecentes, buhardillas o zahurdas, y es cliente seguro de la cantina del domador, por no decir dominador, patrón o arbitrista.

Abate, por fin, al infeliz caza-premios o conquista-becas de las Universidades que ayuda a sus padres llevándoles para casa en las vacaciones un diploma y un germen de tisis familiar.

viernes, 14 de octubre de 2016

El Problema castellano (XI y último)

(Heraldo de Zamora, 16 de noviembre de 1908, p. 1)

Por Carlos Rodríguez Díaz

No he tratado de hacer en estos trabajos disertaciones luminosas y elocuentes que, leídas juntamente con el arte de la elocuencia, pudieran pesar los floridos trabajos parlamentarios con algo de relumbrón y hojarasca.

Claro y sencillo como es el carácter castellano he expuesto mis opiniones sobre algunos puntos del problema planteado por Castilla son indiscutible oportunidad, no desdeñando intercalar cifras y datos, que si hacen pesado el conjunto, le dan, en cambio, algo de autoridad, ya que son cifras y datos basados en observaciones e investigaciones, ajenas más que propias, reservándome yo el mero papel de seleccionador y coleccionador.

De todo lo dicho en los particulares anteriores, que por su insignificancia no me atrevo a llamar capítulos, creo que fácilmente puede deducirse a lo que debe quedar reducido y lo que debe ser el regionalismo castellano.

Este carecería de interés si fuera solo un anticatalanismo creado para hacer una guerra civil moral lamentable para todos, como lo son siempre las guerras civiles.

El regionalismo castellano debe ser un movimiento salvador en el que se aúnen y hermanen todos los elementos políticos sin distinciones ni preeminencias, todos los elementos productores e industriales, el comercio y la intelectualidad, para laborar social y colectivamente por el engrandecimiento de Castilla, enviando a las Cámaras, Diputaciones y Ayuntamientos los hombres sanos y rectos; llevando al campo los progresos y las enseñanzas de la ciencia agronónica; matando la usura, el origen del empobrecimiento y establecimiento del humilde productor; defendiendo denodadamente aquellas disposiones arancelarias que nos son favorables, y combatiendo las que abusivamente, puedan lesionar nuestros derechos, arrollando sin contemplaciones el caciquismo político; procurando el fomento de las obras públicas, bien sean de iniciativa del Estado, bien sean iniciativa de las provincias; trabajando por la hegemonía merecida y justa de nuestro hermoso lenguaje, que oficialmente se habla en veintiuna naciones, y procurando hacer una labor de cultura y moralidad que, seguramente, hallará campo abonado en los espíritus castellanos.

Ortega Munilla ha dicho hace poco en Vigo: "Para que España prospere es necesario que cada comarca tenga su programa de mejoras, programa variable según las circunstancias; pero que no puede menos que acordar con las demás, formando la consecuencia de todos ellos el gran problema de la nación". 

Y las elocuentes palabras determinan precisamente el carácter nacional de todos los movimientos regionalistas sanos, como lo es el movimiento regional castellano.

Por esto no debemos atacar con fratricida tesón las aspiraciones de las regiones hermanas, en cuanto nos dicte un espítitu absorbente y exclusivista; antes, por el contrario, debemos apoyarlas, y de esto tenemos un ejemplo halagüeño viendo ir juntas a Cataluña y Castilla en la campaña de oposición contra una reciente ley de Alcoholes.

Más sintético que cuanto nosotros pudiéramos decir sobre lo que debe ser el regionalismo castellano, sobre sus aspiraciones justas y salvadoras, está expresado este anhelo en las siguientes conclusiones acordadas recientemente por la Federación Agrícola de Castilla la Vieja.

"Solicitar del gobierno dé a la ganadería y a la agricultura representación en la Junta de aranceles y valoraciones; hacer suyo el proyecto de Reforma arancelaria de la Diputación de Soria; recabar la negociación de tratados que permitan la salida de los productos agrícolas; reforma de la ley de Alcoholes; realización de las obras hidráulicas; liquidación de créditos de los pueblos; venta de los bienes propios; desaparición del impuesto de transporte y otras de menor transcendencia, aunque no de escasa importancia".

Expuestas estas consideraciones sobre lo que debe entenderse por movimiento regionalista castellano, como complemento debemos estudiar también lo que este regionalismo no debe ser, los extremos de que debe huir para mantener su autoridad y prestigio en el Parlamento y en la Nación.

Ya lo apuntamos ligeramente en párrafos anteriores: el castellanismo, ante todo, no debe ser un anticatalanismo, a la manera que se deduce del discurso de Grandmontagne en los Juegos florales de Valladolid, ya que muchas veces el catalanismo ha sido un anticastellanismo no muy piadoso; en tierras hidalgas estamos, y la hidalguía dicta el perdón.

Las luchas por cuestiones arancelarias, que son las que más nos distancian de Cataluña y las provincias vascas, deben mantenernos fríos y razonadores, porque el calor de la pasión mata todo discernimiento y cordura.

El castellanismo debe huir de todo exclusivismo político, y sobre esto no creemos necesario insistir y razonar más.

El castellanismo no debe ser exclusivamente colectivista ni exclusivamente individualista; un sistema mixto de esfuerzo individual aislado y propio, unido a los esfuerzos corporativos, daría el resultado anhelado para la prosperidad regional.

El labrador que moderniza un cultivo mejorándolo, es tan castellanista como el disputado que logra del Estado una concesión para Castilla.

Y, finalmente: el castellanismo debe laborar por el engrandecimiento patrio sin contar sin confiar única y exclusivamente en el esfuerzo de otras regiones que se crean hoy grandes y capacitadas, según frase del señor Silio, para abrir camino a la corriente de aire puro que debe llegar hasta la Meseta Central.   

No esperamos, como el maná del cielo, en desbordamientos de la cultura ajena; el regionalismo debe ser todo esfuerzo propio, y si alguien nos dijera que esto es orgullo, le diríamos que es este orgullo santo del castellano leal que ama a España sobre todo y que amando a España ama a Castilla; orgullo de hidalgo moderno que lejos de explotar esterillmente su hidalguía, la realza con el trabajo.