Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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sábado, 23 de febrero de 2019

Bloque Regionalista Castellano

(Eco del Tormes (El Barco de Ávila), 13 de enero de 1918, p. 3)

El martes tuvo lugar en Arévalo el anunciado mitin, que las Juntas locales constituidas celebraron los elementos organizadores del Bloque Regionalista, atento a los intereses de la tierra y que tremola la bandera de la autonomía municipal, el mejoramiento de las haciendas locales, política agraria, ganadera e hidráulica, consecueción de vías de comunicación y fáciles transportes y aranceles beneficiosos para la agricultura.

Nos dicen de la vecina ciudad que todos los pueblos comarcanos se reciben noticias dando cuenta del gran entusiasmo reinante con motivo de este acontecimiento y en Arévalo todas las impresiones convienen en que el acto ha sido importante.

Los oradores muy aplaudidos y Basilio Álvarez el querido maestro de "El Parlamentario" recibido con entusiasmo y ovaciones.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Horizontes castellanos

Por Ángel Ledesma

(+1919)


(Castilla, revista regional ilustrada (Toledo), 10 de mayo de 1918, p. 45)



(Noticiero de Soria, 31 de mayo de 1923, p. 1)
 


Una tarde de invierno benigno, cabalgaba acariciado por el sol. En torno mío el silencio del campo este silencio amigo -rumoreaba sones múltiples, de referencias imprecisas. En la ancha plana del paisaje, poseídos de la fervorosa contemplación de la tierra callada y desnuda, atendían mis ojos toda esta silueta austera del horizonte castellano. Por la asociación inevitable de recuerdos, dentro del pecho martilleaba el corazón gozoso. Y marchaba con él, midiendo sus latidos, el compás infatigable del tiempo, que hacía declinar el sol tras la sierra.

Cuando iba a adentrarme bajo los encinares, al ahuyentar su vuelo una bandada, fui madurando estas meditaciones que después he trascrito.

La tierra

Al hablar de la tierra, tomada aquí en el sentido de patria chica, y apego al terruño nativo, no podemos menos de pensar eso que pudiera calificarse de amor geográfico, tan desatendido por los españoles. Los sentimientos de todas estas patrias chicas forman, aunados, el sentimiento nacional, que corre a lo largo de la Historia extensa y se posa, principalmente en la literatura erudita, que ha contribuido a forjar el celo patriótico. Pero otro sector, más importante y representativo, la llamada literatura clásica apenas si refleja ese conocimiento y ese amor de la tierra, de la geografía, cuya falta hoy notamos. 

Nuestros clásicos -excepción de Santillana, de Fray Luis, de Cervantes, de Lope, de Góngora y algún otro muy contado- hicieron pocas o ninguna vez alusión a lugares y parajes realmente conocidos por ellos. De aquí que hoy se diga, como hasta ahora no se había creado el sentimiento artístico del paisaje. Y otras cosas por el estilo. 

Todo esto, para concluir, que hemos sido poco amantes de nuestras cosas con conciencia de amor, es decir, con reflexión de hombre. Por esto, el nombre de Castilla, como el hombre de casi toda España, ha sido y seguirá siendo, ¡sabe Dios hasta cuándo!, de la tierra, y no de la tierra del hombre. En ciertas condiciones de libertad -le parecía a Ibsen- el hombre puede ser, no mucho más feliz, pero sí más noble. Condición primera de libertad es el conocimiento de la tierra sobre la que se vive; sin ese conocimiento, que es amor, el hombre sigue amarrado a ella.

Porque ligado a este problema de sentimiento, que parece sencillo, siendo en realidad muy complejo, marcha a su paso el problema económico de la tierra misma. Ambos caminan por idénticas rodadas. La carencia de sentido estimativo, el desconocimiento de las cosas de casa, de nuestro valer propio, nos ha traído horrendos males. Mejor dicho, un solo mal: la desconfianza en nosotros mismos. Y desconfianza en desamor, cualidad de negación que desliga y aísla, que engendra dolores y odios. Es preciso y urgente conocer nuestra tierra para atizar el rescoldo de nuestro cariño hacia ella. Conseguir esto, es trabajar por ella. 


Salamanca, 1918

martes, 27 de febrero de 2018

Debate sobre el regionalismo en Toledo

Por Gamero [¿Celestino Gamero Bejarano?]

(El Eco toledano, 2 de febrero de 1918, p. 1).

“El verdadero regionalismo, éste hay que dilatarle a toda Castilla, según ejemplo de otras regiones”.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Castilla se desconoce a sí misma

(El Debate, 3 de diciembre de 1918, p. 3)

En el manifiesto que varios jóvenes segovianos han suscrito se dice admirablemente que por medio del estudio y del amor a la región [Castilla deja de desconocerse a sí misma], pues para amarla es necesario conocerla.

Castilla es uno de los pueblos que viven más olvidados de su propio ser. A ello ha contribuido en los últimos años una literatura funesta, que simbolizaba a Castilla en unos cuantos hechos militares y unos cuantos nombres gloriosos; y eso no es toda Castilla. Hay que estudiar a Castilla en sus costumbres, en sus instituciones privadas, en la gran literatura, en sus organizaciones democráticas, en sus gremios, en sus luchas contra el poder de los Reyes en favor de las libertades populares, en su gran cultura política, en su comunismo agrario.

Hay que comenzar por conocer el pueblo castellano, porque del conocimiento surgirá el amor. Pero no creáis que esta obra es de biblioteca, ni de investigación. Hay que buscar la parte material, el efectivo económico de la vida castellana. Descuidad la parte material, y nunca obtendréis nada práctico.

El primer paso de Cataluña, según Prat de la Riba, fue solicitar autorización para comerciar con América. Ni el regionalismo vasco, ni el catalán es de navieros ni industriales; pero sin la
prosperidad económica de ambas regiones no existiría ni la pujanza política ni el espíritu idealista que se ha creado entre algunas gentes.

El espíritu práctico es común a todos los pueblos. Así, en el romance de "Mío Cid" se dice que el Cid Campeador guerreaba para obtener ganancias para su país; y cuando conquistaba lo hacía no sólo porconquistar nuevas perlas para la Corona de Castilla, sino porque los hijos del reino encontraran, en la tierra ocupada, rica herencia.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Por Castilla

(El Noticiero de Soria, 5 de marzo de 1918, p. 1) 

Por Noti

Un día son los periódicos, otro día otros los que suelen hablar de Castilla en son de que se despierte y ande. 

Despereza y movimiento, que en verdad a nosotros que además de ser periodistas desde hace casi medio siglo en activo y castellanos de vida y muerte con entraña y corazón de la propia madre Castilla la Vieja, nos obliga y nos eleva muy alto a decir: O nos unimos de una vez todos los castellanos con menos palabras y más hechos para tratar de salvar y engrandecer a nuestra Patria chica, o no pensemos tan sólo, la parecer, en mostrarnos unos valerosos Quijotes, degerando en acabar por tontamente unos Sancho Panza.

A cuento viene esto, de que acabamos de leer con serenidad, pero ya más espoleados en el caso, otro artículos del buen periodista redactor de ABC, don José M. Salaverría, titulado "Castilla, aspectos españoles".

Entre los párrafos más sabrosos, dice los que a continuación copiamos:

"La zurda predilección que se ensaya contra Castilla es una infamia y una locura que no se quiere delatar y combatir bastante. Ciertas comarcas actualmente ricas dicen: "No queremos ser gobernadas y mandadas por Castilla" ¿Pero es cierto que Castilla manda, en el sentido feo de la expresión? ¿Manda como Inglaterra a Irlanda, como Austria a los países yugo-eslavos, como Rusia mandaba a numerosas regiones? Nadie puede afirmar esto, porque Madrid, la política española y el Gobierno español están abiertos a todos los españoles, y por que Castilla cuenta menos que nadie políticamente. En cambio, Castilla manda por la tradición, por la literatura, por el idioma, por el arte; Castilla es el nexo y el cauce de la substancia española. ¿Se quiere ir contra Castilla para quitarle que sea el nexo, el cauce y la razón expresiva de España...?

Si queremos la pervivencia de una nación peninsular, debemos trabajar porque Castilla su cualidad de cabeza de España. El dilema no admite evasivas: o es Castilla la Cabeza; o no existe España. La conveniencia de que no exista España creo que solo a las mentes cerdudas de ciertos sectarismos puede placer.

Está construida España sobre la base de Castilla. La Historia, la cultura, el ser de España han tomado irremediablemente el tono castellano. Castilla, por su uniformidad, por su situación geográfica (en alto y en el centro), está hecha para dominar y para unificar. En tal sentido, es un caso tal vez único en Europa, de manera que Castilla no ha dominado España por virtud de una oportunidad dinástica ni por la lacería de una raza arbitraria y absorbente (como Inglaterra sobre las islas, Prusia sobre Alemania, Austria y la misma Francia del Norte): Castilla ha sido naturalmente, geográficamente, providencialmente, cabeza de España. Desprestigiar y raer a Castilla es igual que raer los cimientos de la casa que habitamos."

Está bien, de acuerdo. Son acentos los del señor Salaverría, que no deben tener tan solo vibración en el periódico, hay que consecuenciarlos en la práctica.

Y a este efecto, recordamos que el día 8 de febrero próximo pasado, ya publicamos el manifiesto que La Unión Castellana nos remitió, firmado por la Junta de Organización, del que se enterían nuestros habituales lectores.

A pie de nuestro manifiesto decíamos lo que juzgamos hoy oportuno reproducir con tanto o más motivo, cuanto que no hemos obtenido contestación alguna de aquella Junta e ignoramos si sigue viviendo o que convencida de esterilidad, haya dejado de existir.

Nuestra opinión en el asunto, la manifestamos así:

"Ojalá que todo lo que expone esa Junta Organizadora de La Unión Castellana no resulte un intento más, que en tal caso habría que sumar a los muchos realizados distintas veces en pro de Castilla la Vieja.

Si la unión de todos los castellanos, al fin fuera un hecho, mejor estaríamos de lo que lo estamos.

Vengan pues los hechos y así seríamos -aunque de los más pequeños- no de los menos resueltos a la defensa de los generales intereses de Castilla.

Esperamos a ver en lo que esto para, y si se han de juramentar todos los castellanos, que se sumen al pensamiento para consecuenciarlo firmemente."   

martes, 1 de noviembre de 2016

Disección necesaria de un idearium moderno

(El Porvenir castellano, 9 de mayo de 1918)

Por Juan López Alonso (Ambrona (Soria))

Cuando escribí mi artículo anterior todavía ignoraba que en una provincia castellana se había creado un partido que enarbola la enseña mil veces gloriosa del regionalismo castellano. Castilla, que por un heroísmo, por sus virtudes cívicas por su laboriosidad y claras dotes de intelectualidad y saber logró conquistarse el aprecio y sano y pacífico predominio sobre las demás regiones, no puede presenciar indiferente a movilización de huestes políticas y sociales que aun sin quererlo esgrimen la espada del regionalismo para herir en el rostro a esta madre patria de arrugada frente, pero de corazón rejuvenecido, de gloriosísima historia y risueño porvenir.

Corresponderá al gobierno, a la nación entera la defensa del ideal de una patria común, con idénticos fines, con comunes destinos, con un solo corazón y una sola alma que expresen sus patrióticos sentimientos en un solo lenguaje; pero tiene el regionalismo otros muchos aspectos que no son ni el nacionalismo ni el separatismo. Hay intereses opuestos entre varias regiones, cuyo pleito no ha de resolverse con las manifestaciones patrióticas de centralización.

Es forzosamente necesaria e inaplazable la formación de un gran partido regionalista castellano que condense las nobles aspiraciones que se encuentran diseminadas en todos los amantes de la hidalga tierra, que refleje el agradecido cariño de las demás regiones hacia la Patria común, simbolizada en estos momentos por Castilla; que rechace toda afirmación insidiosa de embozado separatismo, que impulse las corrientes de vida de la región y lleve como enseña la defensa de los intereses vitales de las clases sociales en ella más numerosas, que llegue, en fin a fijar en su suelo el desarrollo de todo progreso que hasta ahora parece ha sido monopolio de las regiones audaces y egoístas.

Pero alguien dirá que sería suficiente la afirción centralista para contrastar las antipatrióticas exposiciones del nacionalismo conque matizan de color separatista su bandera varias regiones de España, orgullosas por un despertar tal vez funesto, aunque para ellas parezca risueño como coloreado con el carmín y grana de la libertad. Más no debemos olvidar que si por un impulso patriótico se nos defiende en la inmensa mayoría de las regiones españolas como a un simbolismo histórico, como a un ideal de unificación nacional, esa defensa sin embargo, no abarca todas las aspiraciones legítimas que debe sintetizar en su programa un sano regionalismo castellano. Esa defensa por ser algún tanto egoísta, es insuficiente para la total reivindicación de los derechos de Castilla como región.

Por otra parte no es el centralismo un sistema político incontrovertible y racional que podamos sin avergonzarnos acogernos a él para la vindicación de las justas aspiraciones de Castilla frente a las audaces pretensiones de otros organismos regionalistas. Hagamos la disección harto sutiles de que forma el programa regionalista, y nos encontramos con el espectro imponente de un campo de operaciones en el que un sano regionalismo castellano ha de conseguir gloriosas victorias para el resurgimiento de la región y de la Patria.

Ambrona y abril de 1918.