Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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sábado, 3 de noviembre de 2018

Mensaje

(Castilla, revista regional ilustrada (Toledo), nº 23 (25 de febrero de 1919), p. 27)



Al Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros y a las Cámaras de Comercio e Industria de Castilla la Nueva, Castilla la Vieja y León.




La Cámara de Comercio de Toledo, reanudando la historia de las reivindicaciones castellanas, aspira a preparar un movimiento de opinión, distinto del de las Comunidades y de la Unión Nacional, dos intentos malogrados, por falta de conciencia colectiva. El primero tuvo tres mártires y el segundo uno, que murió sólo, porque los apóstoles, que hace 20 años le seguían, hipotecaron el credo castellano a la corrupción, que anatematizaban. Esos apóstoles viven. ¡Y cómo viven!. Con escarnio, con vilipendio del propio decoro y del decoro nacional; en comandita de publicidad y de orgía, para frustrar los movimientos sanos de opinión, incorporándose a ellos con las más impuras intenciones.


Las colectividades, que en Castilla defienden intereses tan santos como los de la cultura y de la riqueza del pueblo castellano, no deben consentir, ni un minuto más, que los falsos redentores, que
llevan en la conciencia salpicaduras de lodo y en sangre impuros mestizajes, se arrogan la representación de Castilla, después de haberla entregado de pies y manos atada, a quien le impuso nuevamente el yugo.

Nuestra misión es pedirle al Poder cuáles son sus deberes, para con la Nación y para Cataluña, y hacer un examen de conciencia pública de los derechos y fueros castellanos. Para eso pedimos una Asamblea magna, con la colaboración de las Cámaras de Comercio de las tres Regiones castellanas y con la representación del Gobierno, convocada en esta ciudad de los Concilios, en esta ciudad, cuyo escudo, hay un águila, cuyas alas simbolizan el ideal para volar por el cielo, y en cuyas garras está la fuerza, para defender su derecho a la vida, base y condición de todos los derechos y deberes cívicos. En la plaza de Padilla, de la ciudad de Toledo, sembrada de sal, retoñaron estos brotes de espíritu castellano.

La Cámara de Comercio de la Imperial ciudad se cree obligada a esparcir por la tierra y por la conciencia castellana, esta simiente de libertad, santificada con la sangre del pueblo y de sus caudillos
en Villalar.

Venimos, pues, a continuar la historia de las reivindicaciones castellanas, ante el Poder central, recogiendo las necesidades, los problemas vivos del pueblo castellano. Queremos reivindicar nuestra
libertad plena; pero puesto que España y la Nación son hijas del esfuerzo de nuestros padres, no hemos de consentir, que se despedace un patrimonio espiritual y territorial, común, del cual, por espacio de cinco siglos, nos alimentamos todos como hermanos, cobijados al amparo de una madre única y de una tradición idéntica. (...)

viernes, 28 de septiembre de 2018

Horizontes castellanos

Por Ángel Ledesma

(+1919)


(Castilla, revista regional ilustrada (Toledo), 10 de mayo de 1918, p. 45)



(Noticiero de Soria, 31 de mayo de 1923, p. 1)
 


Una tarde de invierno benigno, cabalgaba acariciado por el sol. En torno mío el silencio del campo este silencio amigo -rumoreaba sones múltiples, de referencias imprecisas. En la ancha plana del paisaje, poseídos de la fervorosa contemplación de la tierra callada y desnuda, atendían mis ojos toda esta silueta austera del horizonte castellano. Por la asociación inevitable de recuerdos, dentro del pecho martilleaba el corazón gozoso. Y marchaba con él, midiendo sus latidos, el compás infatigable del tiempo, que hacía declinar el sol tras la sierra.

Cuando iba a adentrarme bajo los encinares, al ahuyentar su vuelo una bandada, fui madurando estas meditaciones que después he trascrito.

La tierra

Al hablar de la tierra, tomada aquí en el sentido de patria chica, y apego al terruño nativo, no podemos menos de pensar eso que pudiera calificarse de amor geográfico, tan desatendido por los españoles. Los sentimientos de todas estas patrias chicas forman, aunados, el sentimiento nacional, que corre a lo largo de la Historia extensa y se posa, principalmente en la literatura erudita, que ha contribuido a forjar el celo patriótico. Pero otro sector, más importante y representativo, la llamada literatura clásica apenas si refleja ese conocimiento y ese amor de la tierra, de la geografía, cuya falta hoy notamos. 

Nuestros clásicos -excepción de Santillana, de Fray Luis, de Cervantes, de Lope, de Góngora y algún otro muy contado- hicieron pocas o ninguna vez alusión a lugares y parajes realmente conocidos por ellos. De aquí que hoy se diga, como hasta ahora no se había creado el sentimiento artístico del paisaje. Y otras cosas por el estilo. 

Todo esto, para concluir, que hemos sido poco amantes de nuestras cosas con conciencia de amor, es decir, con reflexión de hombre. Por esto, el nombre de Castilla, como el hombre de casi toda España, ha sido y seguirá siendo, ¡sabe Dios hasta cuándo!, de la tierra, y no de la tierra del hombre. En ciertas condiciones de libertad -le parecía a Ibsen- el hombre puede ser, no mucho más feliz, pero sí más noble. Condición primera de libertad es el conocimiento de la tierra sobre la que se vive; sin ese conocimiento, que es amor, el hombre sigue amarrado a ella.

Porque ligado a este problema de sentimiento, que parece sencillo, siendo en realidad muy complejo, marcha a su paso el problema económico de la tierra misma. Ambos caminan por idénticas rodadas. La carencia de sentido estimativo, el desconocimiento de las cosas de casa, de nuestro valer propio, nos ha traído horrendos males. Mejor dicho, un solo mal: la desconfianza en nosotros mismos. Y desconfianza en desamor, cualidad de negación que desliga y aísla, que engendra dolores y odios. Es preciso y urgente conocer nuestra tierra para atizar el rescoldo de nuestro cariño hacia ella. Conseguir esto, es trabajar por ella. 


Salamanca, 1918

viernes, 11 de mayo de 2018

En los lugares cervantinos


Para Don Santiago Camarasa

Por Leoncio Martín

(El Adelanto, diario político de Salamanca, 2 de junio de 1932, p. 3)

En efecto, señor Camarasa este pueblo manchego que se llama Madridejos, y cuya catalogación provincial ignoran hasta algunos autores de Geografías, no ha celebrado el día de Cervantes: lo está celebrando todo el año, y la memorable fecha universitaria ha coincidido con una brillante semana infantil, organizada bajo los auspicios de un buen alcalde socialista (don Alejandro Merino), y con la entusiástica cooperación del profesorado del Instituto y de los maestros nacionales. ¿Qué mejor homenaje, que mayor devoción al 
Ilustre Manco que el despertar en estos manchegos la apetencia de cultura para que puedan comprender más tarde el valor simbólico de los dos héroes cervantinos? Por aquí anduvieron; quizá hicieron escala en este pueblo que dista de Consuegra seis kilómetros,distancia que hoy acorta el magnífico edificio destinado a Instituto y que se asienta al extremo de esta villa, mirando a la polvorienta carretera y a los campos verdes que hoy, desde el magnífico torreón del edificio docente, parecen un mar herbáceo,
en cuyo fondo y como fauna pelégica habita el grillo, entonando su monorrítmico cri, cri. Desde aquí sedivisan, salpicados en la extensa llanura que tienen su límite enfrente con sierras comunales, los cuadriláteros dedicados al cultivo del azafrán y que en la segunda quincena de octubre presentan su color morado, como si fuesen el producto de un beso azul de este cielo castellano a las amapolas rojas que hoy se cobijan en los trigales exuberantes. Desde aquí también se divisan los típicos molinos de la fotografía que ilustraba su bello artículo, molinos madridejenses y no consaburenses, como se viene diciendo en la prensa erróneamente, y que yo he visitado con verdera emoción. Cerca del cementerio, no muy lejos de la carretera de Andalucía.

Estas gentes rústicas, a las que durante una gran parte del año le servimos el pan espiritual de la cultura, pan que no está falto de peso ni adulterado, reverencian ciertamente al "gran loco"; difícilmente podríamos hablarles en nuestras conferencias sin sacar a colación algún refrán de Sancho Panza o alguna hazaña de don
Alonso.

Es cierto, respetable señor Camarasa, que todos los días y a todas las horas las horas, estos manchegos, con quienes convivo hace tres años, viven en constante veneración el día de Cervantes. Yo quisiera que mis paisanos salmantinos viviesen en constante reverencia el día de Gabriel y Galán, que paseó por estos campos charros sin escudero y creó otro tipo inmortal: "El Alma".

¡Si viera usted con qué pena escuché anoche desde Unión Radio una canción salmantina, cantada por la Coral Vallisoletana! Me acordaba de nuestros Coros Charros, de don Dámaso Ledesma, de don Cándido Rodríguez Pinilla,de don Bernardo García Bernalt, y lamentaba que no estuviéramos en mi tierra en constante veneración por lo que es muy nuestro.

martes, 27 de febrero de 2018

Debate sobre el regionalismo en Toledo

Por Gamero [¿Celestino Gamero Bejarano?]

(El Eco toledano, 2 de febrero de 1918, p. 1).

“El verdadero regionalismo, éste hay que dilatarle a toda Castilla, según ejemplo de otras regiones”.

domingo, 25 de febrero de 2018

Por tierras de Castilla


Por José Aguilera 



(La Acción, 27 de marzo de 1920, p. 3)

A medida que el tren avanzaba hacia Mora, la salve de Ricardo León de "El amor de los amores", acudía sin cesar a mi memoria ante el hermoso y rico panorama de la fértil llanura manchega, a media legua de la estación férrea, en el fondo lejano de la lozana campiña, compacta de robustos y copiosos olivares, se destaca el pueblo con sus calles rectas y sus casas blaquecinas de pulquérrimo aspecto.

El pueblo moracho, con Almonacid, Villaminaya y otros, fue entregado por el rey moro como regalo de bodas cuando su hija Zaida contrajo matrimonio con Alfonso VI.

El desarrollo agrícola e industrial alcanzado por Mora ha dado margen a que sus habitantes puedan ser propietarios en una proporción de un 85 por 100, y este repartimiento ejemplar de la riqueza, fruto de sacrificio, trabajo y celo persistente da al pueblo una caraterística de independencia conservadora que desafía a todos los tópicos manidos sobre le reparto de las tierras.

No faltan en esta población del jabón, del aceite y del vino, producciones artísticas de valía, atesoradas por el origen moracho de sus inspirados autores.

En tal sentido, merece detenido examen, que lamento no encaje en la brevedad de estas líneas, la magnífica cúpula de la iglesia de la Antigua, pintada por el famoso Benedito, a quien ayudó brillantemente el marqués de Victoria de las Tunas, autor también de un cuadro representativo de la aparición de la Virgen a los pastores, de valioso y reconocido mérito. 

También visité el estudio del pintor don Aquilino M. Maestro, en el que vimos obras de arte, como un retrato natural de una monja, copias de Velázquez y Goya, de Juan de Juanes, etc., tan acertadas como vistosas.

Simpáticos elementos de la población, objeto de estas líneas, me acompañaron animosamente en mi tarea de estudiar y reseñar industrias y comercios, usos y costumbres.

Mucho me honró la amistad del prestigioso acaudalado y eminentemente popular juez municipal don Juan Laveissieve, cuyas orientaciones iluminaron brillantemente mis caminos de lucha en aquel ambiente laberíntico de sordo y apacible vivir.

Tuve el gusto de hablar con mi querido amigo don Manuel Cañaveral, médico que goza de acrisolada fama en esta comarca, y que acaba de instalar su clínica con arreglo a los más notables adelantos de la moderna Cirugía.

Juntamente con la solícita complacencia de nuestros acompañantes hemos disfrutado de un tiempo espléndido.

Por fin, el sol, sin hipocresías, sin tapujos se ha asomado a este pueblo caliguroso y constante, como un anticipo bienhechor de la inmediata primavera.

Me acompaña en esta excursión mi íntimo amigo el culto almeriense Rafael Rumí, y al pergeñar estas cuartillas estamos rodeados de amigos tan amenos y simpáticos como Zalabardo y Cañaveral, Larrazabal y Abad, que con sus gratísima compañía hen hecho deliciosa nuestra estancia en este magnífico pueblo, espejo de costumbres y pletórico de nobles e intensos anhelos de resurgimiento.