(El Noticiero de Soria, 5 de marzo de 1918, p. 1)
Por Noti
Un día son los periódicos, otro día otros los que suelen hablar de Castilla en son de que se despierte y ande.
Despereza y movimiento, que en verdad a nosotros que además de ser periodistas desde hace casi medio siglo en activo y castellanos de vida y muerte con entraña y corazón de la propia madre Castilla la Vieja, nos obliga y nos eleva muy alto a decir: O nos unimos de una vez todos los castellanos con menos palabras y más hechos para tratar de salvar y engrandecer a nuestra Patria chica, o no pensemos tan sólo, la parecer, en mostrarnos unos valerosos Quijotes, degerando en acabar por tontamente unos Sancho Panza.
A cuento viene esto, de que acabamos de leer con serenidad, pero ya más espoleados en el caso, otro artículos del buen periodista redactor de ABC, don José M. Salaverría, titulado "Castilla, aspectos españoles".
Entre los párrafos más sabrosos, dice los que a continuación copiamos:
"La zurda predilección que se ensaya contra Castilla es una infamia y una locura que no se quiere delatar y combatir bastante. Ciertas comarcas actualmente ricas dicen: "No queremos ser gobernadas y mandadas por Castilla" ¿Pero es cierto que Castilla manda, en el sentido feo de la expresión? ¿Manda como Inglaterra a Irlanda, como Austria a los países yugo-eslavos, como Rusia mandaba a numerosas regiones? Nadie puede afirmar esto, porque Madrid, la política española y el Gobierno español están abiertos a todos los españoles, y por que Castilla cuenta menos que nadie políticamente. En cambio, Castilla manda por la tradición, por la literatura, por el idioma, por el arte; Castilla es el nexo y el cauce de la substancia española. ¿Se quiere ir contra Castilla para quitarle que sea el nexo, el cauce y la razón expresiva de España...?
Si queremos la pervivencia de una nación peninsular, debemos trabajar porque Castilla su cualidad de cabeza de España. El dilema no admite evasivas: o es Castilla la Cabeza; o no existe España. La conveniencia de que no exista España creo que solo a las mentes cerdudas de ciertos sectarismos puede placer.
Está construida España sobre la base de Castilla. La Historia, la cultura, el ser de España han tomado irremediablemente el tono castellano. Castilla, por su uniformidad, por su situación geográfica (en alto y en el centro), está hecha para dominar y para unificar. En tal sentido, es un caso tal vez único en Europa, de manera que Castilla no ha dominado España por virtud de una oportunidad dinástica ni por la lacería de una raza arbitraria y absorbente (como Inglaterra sobre las islas, Prusia sobre Alemania, Austria y la misma Francia del Norte): Castilla ha sido naturalmente, geográficamente, providencialmente, cabeza de España. Desprestigiar y raer a Castilla es igual que raer los cimientos de la casa que habitamos."
Está bien, de acuerdo. Son acentos los del señor Salaverría, que no deben tener tan solo vibración en el periódico, hay que consecuenciarlos en la práctica.
Y a este efecto, recordamos que el día 8 de febrero próximo pasado, ya publicamos el manifiesto que La Unión Castellana nos remitió, firmado por la Junta de Organización, del que se enterían nuestros habituales lectores.
A pie de nuestro manifiesto decíamos lo que juzgamos hoy oportuno reproducir con tanto o más motivo, cuanto que no hemos obtenido contestación alguna de aquella Junta e ignoramos si sigue viviendo o que convencida de esterilidad, haya dejado de existir.
Nuestra opinión en el asunto, la manifestamos así:
"Ojalá que todo lo que expone esa Junta Organizadora de La Unión Castellana no resulte un intento más, que en tal caso habría que sumar a los muchos realizados distintas veces en pro de Castilla la Vieja.
Si la unión de todos los castellanos, al fin fuera un hecho, mejor estaríamos de lo que lo estamos.
Vengan pues los hechos y así seríamos -aunque de los más pequeños- no de los menos resueltos a la defensa de los generales intereses de Castilla.
Esperamos a ver en lo que esto para, y si se han de juramentar todos los castellanos, que se sumen al pensamiento para consecuenciarlo firmemente."
Castilla, un resurgimiento material necesario
Por un castellanismo contra la Agenda 2030
"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
domingo, 11 de diciembre de 2016
Aproximación al hecho nacional castellano
(La Prensa Alcarreña, 12 de febrero de 1983, p. 14)
Recientemente se ha publicado el libro titulado "Aproximación al hecho nacional castellano", que incluye textos de Claudio Sánchez-Albornoz, Julio Senador, Luis López Álvarez, Gerardo Diego, León Felipe y Jorge Guillén, introducidos por Juan Pablo Mañueco, dentro de la colección de libros castellanos titulada "Temas del pueblo y del país castellano", que editorial Riodelaire viene publicando. Contiene el presente libro una reflexión en torno a las características del hecho nacional castellano, así como la exposición del ámbito primigenio de Castilla, explicativo del marco físico al que la colección se dirige. La segunda parte del prólogo analiza aspectos de la reciente interpretación literaria y paisajística de Castilla, por la importancia que ésta adquiere en la valoración que de lo castellano se tiene en este momento. El núcleo central del libro ofrece una muestra de la producción de algunos autores castellanos sobre la temática que nos ocupa, seguida de un breve homenaje a cuatro de los más relevantes poetas de Castilla en este siglo, y a dos intelectuales cuyos juicios acerca del problema castellano no han sido todavía atendidos como se debiera.
martes, 6 de diciembre de 2016
Castellanismo
(Gente joven: semanario literario ilustrado (Salamanca), 8 de abril de 1905, p. 3)
Por Fernando Íscar
No estoy en el secreto. Ignoro los misteriosos acuerdos que se fraguaron en la reunión de periodistas castellanos.
Pero por transcendentales que sean y por mucha fuerza que tenga la prensa, sobre todo estando federada, no creo que "se haga Castilla" en pequeños conciliábulos.
Hay que empezar por convencerse bien y predicar a los demás lo que vamos a hacer.
Porque la palabra y la idea de regionalismo tiene o puede tener para cada persona un aspecto, y por regla general, cuando
miramos una cosa bajo el aspecto que se destaca más a nuestro entender, quedan oscurecidos los restantes y hasta queda
oculta la relación que debe unirlos.
El Porvenir, sensato periódico vallisoletano, publicó un artículo sentido y hermoso, pero deja entrever que este regionalismo sano de Castilla coincide, por lo menos en el nacer, con el regionalismo disfrazado, con el egoísmo antipatriótico de los
catalanes.
No hay que hablar de "grandioso despertar" cuando despierten unos cuantos que quizás nunca durmieron. Castilla no somos nosotros,
los que de una u otra hinchamos y discutimos la idea. Los periódicos son un voto, porque representan el sentir de muchas gentes, pero el periódico da la opinión refleja y es menester antes de cimentar este hermoso sueño, saber directamente lo que piensa Castilla.
Suena muy bien y levanta explosiones de entusiasmo la sonora frase de "hacer Castilla", pero hasta ahora no sabemos cómo hemos
de hacerla ni para qué hemos de hacerla.
Porque hablar de "unidad de pensamiento", de "comunidad de intereses", de "identidad de aspiraciones", es... hablar; mientras no sepamos dónde están nuestras nuestras aspiraciones, nuestros intereses y nuestros pensamientos.
Y podrá haber comunidad en aquello que signifique un bien o un mal que se extienda a toda Castilla, pero esos bienes y esos
males son los menos. Los pueblos creo que no progresan y no se hunden por igual; lo que es en los hombres la lucha por el progreso.
Y este aspecto, a primera vista insignificante, es muy digno de tomarse en cuenta antes de lanzarnos ciegamente satisfechos en esta hermosa aventura de "hacer Castilla".
Estas consideraciones de sentido común que nos hacemos diariamente antes de meternos en una empresa baladí y aislada, midiendo de antemano el lado bueno y el lado malo,que todo tiene en este mundo, debemos hacerlas con mayor motivo en esto que por la historia y la extensión de la comarca interesada, tendrá como todo, claridades, penumbras y tinieblas.
El castellanismo que se haga con programas y que se pregone a trompetazos, será sincero si antes está arraigado en todos los pechos castellanos.
Y creo yo que si este amor y ese deseo de engrandecer nuestro solar está sembrado en los pechos castellanos, sin programas y sin ruidosos heraldos "haremos Castilla".
Por Fernando Íscar
No estoy en el secreto. Ignoro los misteriosos acuerdos que se fraguaron en la reunión de periodistas castellanos.
Pero por transcendentales que sean y por mucha fuerza que tenga la prensa, sobre todo estando federada, no creo que "se haga Castilla" en pequeños conciliábulos.
Hay que empezar por convencerse bien y predicar a los demás lo que vamos a hacer.
Porque la palabra y la idea de regionalismo tiene o puede tener para cada persona un aspecto, y por regla general, cuando
miramos una cosa bajo el aspecto que se destaca más a nuestro entender, quedan oscurecidos los restantes y hasta queda
oculta la relación que debe unirlos.
El Porvenir, sensato periódico vallisoletano, publicó un artículo sentido y hermoso, pero deja entrever que este regionalismo sano de Castilla coincide, por lo menos en el nacer, con el regionalismo disfrazado, con el egoísmo antipatriótico de los
catalanes.
No hay que hablar de "grandioso despertar" cuando despierten unos cuantos que quizás nunca durmieron. Castilla no somos nosotros,
los que de una u otra hinchamos y discutimos la idea. Los periódicos son un voto, porque representan el sentir de muchas gentes, pero el periódico da la opinión refleja y es menester antes de cimentar este hermoso sueño, saber directamente lo que piensa Castilla.
Suena muy bien y levanta explosiones de entusiasmo la sonora frase de "hacer Castilla", pero hasta ahora no sabemos cómo hemos
de hacerla ni para qué hemos de hacerla.
Porque hablar de "unidad de pensamiento", de "comunidad de intereses", de "identidad de aspiraciones", es... hablar; mientras no sepamos dónde están nuestras nuestras aspiraciones, nuestros intereses y nuestros pensamientos.
Y podrá haber comunidad en aquello que signifique un bien o un mal que se extienda a toda Castilla, pero esos bienes y esos
males son los menos. Los pueblos creo que no progresan y no se hunden por igual; lo que es en los hombres la lucha por el progreso.
Y este aspecto, a primera vista insignificante, es muy digno de tomarse en cuenta antes de lanzarnos ciegamente satisfechos en esta hermosa aventura de "hacer Castilla".
Estas consideraciones de sentido común que nos hacemos diariamente antes de meternos en una empresa baladí y aislada, midiendo de antemano el lado bueno y el lado malo,que todo tiene en este mundo, debemos hacerlas con mayor motivo en esto que por la historia y la extensión de la comarca interesada, tendrá como todo, claridades, penumbras y tinieblas.
El castellanismo que se haga con programas y que se pregone a trompetazos, será sincero si antes está arraigado en todos los pechos castellanos.
Y creo yo que si este amor y ese deseo de engrandecer nuestro solar está sembrado en los pechos castellanos, sin programas y sin ruidosos heraldos "haremos Castilla".
Regionalismo castellano
(La voz de Castilla: diario independiente de la mañana, 13 de febrero de 1916, p. 2)
Por L. de Pablo Ibáñez
Quizás porque los castellanos nos seguimos creyendo centro y fundamento de España, es por lo que somos los últimos en querer arraigar, constituir la idea del cuerpo del "Regionalismo castellano". Cierto que esta oposición al excesivo poder centralizador que ahora queremos levantar, es un poco tardía, aunque no a destiempo en cuando el régimen feudalista de la edad media fuimos los más rehacios, y, a mi juicio, el regionalismo, no es sino un feudalismo social de región, donde el dueño y el señor es un sentimiento, un amor propio, una idea muy arraigada y querida de la patria chica, que ponemos sin obstáculo, con cariño, por encima de todo sentir, al servicio de nuestro pueblo, de nuestra Castilla.
Para nosotros este regionalismo será sin mácula de pecado, de ese pecado de sepatración, o al menos de desinterés, para la patria España a quien tanto queremos; será sencillamente un desarrollo progresivo de cariño y de fuerza racional al engrandecimiento de los nuestr; la tierra y el hombre, el pueblo de Castilla. Gráficamente, España sería un círculo grande, Castilla uno muy pequeño pero concéntrico, ese centro, el regionalismo nuestro y, claro, al irradiar nuestro trabajo, lo haremos sin duda alguna, pero con todo ahínco con más vigor, con más entusiasmo, a lo más próximo, a lo que más cerca nos toca.
La idea del "Regionalismo castellano" no corta la acción política de ninguna idea; en ella caben todas; esas distintas formas del régimen caben dentro del círculo grande, la nuestra se restringe a la circunferencia pequeña; por eso, todos los burgaleses y castellanos que de tal se precien, pueden ser regionalistas, pueden adherirse al servicio a la tierra, trabajando por su engrandecimiento y bienestar dentro del Regionalismo.
Por L. de Pablo Ibáñez
Quizás porque los castellanos nos seguimos creyendo centro y fundamento de España, es por lo que somos los últimos en querer arraigar, constituir la idea del cuerpo del "Regionalismo castellano". Cierto que esta oposición al excesivo poder centralizador que ahora queremos levantar, es un poco tardía, aunque no a destiempo en cuando el régimen feudalista de la edad media fuimos los más rehacios, y, a mi juicio, el regionalismo, no es sino un feudalismo social de región, donde el dueño y el señor es un sentimiento, un amor propio, una idea muy arraigada y querida de la patria chica, que ponemos sin obstáculo, con cariño, por encima de todo sentir, al servicio de nuestro pueblo, de nuestra Castilla.
Para nosotros este regionalismo será sin mácula de pecado, de ese pecado de sepatración, o al menos de desinterés, para la patria España a quien tanto queremos; será sencillamente un desarrollo progresivo de cariño y de fuerza racional al engrandecimiento de los nuestr; la tierra y el hombre, el pueblo de Castilla. Gráficamente, España sería un círculo grande, Castilla uno muy pequeño pero concéntrico, ese centro, el regionalismo nuestro y, claro, al irradiar nuestro trabajo, lo haremos sin duda alguna, pero con todo ahínco con más vigor, con más entusiasmo, a lo más próximo, a lo que más cerca nos toca.
La idea del "Regionalismo castellano" no corta la acción política de ninguna idea; en ella caben todas; esas distintas formas del régimen caben dentro del círculo grande, la nuestra se restringe a la circunferencia pequeña; por eso, todos los burgaleses y castellanos que de tal se precien, pueden ser regionalistas, pueden adherirse al servicio a la tierra, trabajando por su engrandecimiento y bienestar dentro del Regionalismo.
¡También Castilla!
(La Tierra de Segovia: diario independiente, 11 de junio de 1919, p. 1)
Por Juan Monje
Ya se realizó la farsa. El tinglado de las polichinelas dejó caer su telón y allá quedó como único recuerdo de su paso un vaho de pestilencia.
En tanto que los muñecos se movían, yo soñaba, y, en en el sueño, mi imaginación me llevó en loca carrera a contemplar como en un panorama la Castilla de las Comunidades.
Veía admirablemente a aquéllos segovianos, ínclitos varones, aprestarse a defender con tenacidad y valor sin igual sus fueros, de antiguo reconocidos; pretestaban contra el intrusismo, que hollaba sus sagrados derechos.
Contemplaba, admirándolo el tesón de Juan Bravo y sus insignes compañeros que, hasta para morir, tuvieron un gesto hidalgo y caballeroso, y ante tal espectáculo mi alma se ensanchaba al grifo de ¡Castilla y libertad!
Pero desperté, y entonces la amargura me hizo sonrojar. Ya no había hidalgos ni caballeros amantes y defensores de sus libertades; no había ni aún pecheros que siguiensen al caudillo. Únicamente una turba desordenada y loca corría en pos de los intereses despreciables y mezquinos. Como indignos mercachifles iban sin valor y abrumados por el peso de su conciencia.
Traicionaron su fe y se convirtieron en apóstatas ante el fugaz resplandor de un falso ídolo. Que a tales extremos llega el hombre cuando intereses falsos le guían.
Puede la farsa continuar; pero tengan cuidado los farsantes; aten bien los hilos de su trama no sea que el tinglado arda y con el tinglado los polichinelas.
Por Juan Monje
Ya se realizó la farsa. El tinglado de las polichinelas dejó caer su telón y allá quedó como único recuerdo de su paso un vaho de pestilencia.
En tanto que los muñecos se movían, yo soñaba, y, en en el sueño, mi imaginación me llevó en loca carrera a contemplar como en un panorama la Castilla de las Comunidades.
Veía admirablemente a aquéllos segovianos, ínclitos varones, aprestarse a defender con tenacidad y valor sin igual sus fueros, de antiguo reconocidos; pretestaban contra el intrusismo, que hollaba sus sagrados derechos.
Contemplaba, admirándolo el tesón de Juan Bravo y sus insignes compañeros que, hasta para morir, tuvieron un gesto hidalgo y caballeroso, y ante tal espectáculo mi alma se ensanchaba al grifo de ¡Castilla y libertad!
Pero desperté, y entonces la amargura me hizo sonrojar. Ya no había hidalgos ni caballeros amantes y defensores de sus libertades; no había ni aún pecheros que siguiensen al caudillo. Únicamente una turba desordenada y loca corría en pos de los intereses despreciables y mezquinos. Como indignos mercachifles iban sin valor y abrumados por el peso de su conciencia.
Traicionaron su fe y se convirtieron en apóstatas ante el fugaz resplandor de un falso ídolo. Que a tales extremos llega el hombre cuando intereses falsos le guían.
Puede la farsa continuar; pero tengan cuidado los farsantes; aten bien los hilos de su trama no sea que el tinglado arda y con el tinglado los polichinelas.
lunes, 5 de diciembre de 2016
La Tuberculosis en Castilla
(Revista médica salmantina, nº 10, octubre 1908)
Muchas de las cosas que apuntaré en este trabajo se refieren se refieren a regiones que no son Castilla únicamente; otras
constituyen modos de ser del pueblo castellano que tiene su psicología normal y patológica propias. En Castilla, más que en otra parte quizás, repercuten usos y costumbres, vicios y rutinas exóticos. No investigo ahora si estas corrientes de endosmosis
moral responden a otras inversas exosmóticas; consigno hechos y procuro buscar sus entresijos y raigambre. Y a juzgar por lo que
veo en el teatro de mi observación, estoy dispuesto a afirmar que existe un análisis intelectual y moral, a través de la cual llegan a Castilla, al corazón de Castilla, más lo aparente de las virtudes y lo real y efectivo de las enfermedades y viciosde la civilización moderna, que sus beneficios y ventajas. Podría repetirse con Bravo Murillo: que allí seguimos "viviendo a la antigua y pagando a la moderna... Lo que ocurre con la tuberculosis como plaga social en la región patria a que aludo, me parece probar lo asentado.
La tuberculosis no es una enfermedad indígena de los campos de Castilla, sino esencialmente ciudadana. Ha ido a los campos por emigración de los misinguines de las capitales más o menos populosas. En el campo de Castilla, repito, no brota espontáneamente: necesita bisabuelos sifilíticos, abuelos escrofulosos o padres dartrosos, pues yo la reconozco una tan alta prosapia. Y entre los que tienen toda o parte de esa parentela, se descubre quién se llevó tal recuerdo... ¿cómo diré? somático, de la ciudad. En los que no tienen esos ancestros,
apenas si hay tuberculosis. A menos que llevasen del mercado de Madrid, quiero decir, de una capital,alguna vaca lechera con bacilos deKoch.
La tuberculosis es una enfermedad social. Lo aparente es el microbio; solo lo aparente. Su etimología verdadera es el pan a 35 céntimos, la carne a dos pesetas, los huevos y la leche y el pescado inasequibles, el hacinamiento fácil, las aguas potables sembradas de gérmenes, el drenaje de las urbes infecto e infestante, los baños materia de lujo, las tabernas sinecuras de comercio, el fraude y la mistificación de los alimentos sin castigo nacional ni remordimiento de condición.
La tuberculosis es el tributo de las "doradas medianías" de posición social o de posición orgánica. Abate a los pobres empleados que "tienen, que vivir en el centro, que tienen que vestir con decencia, que están obligados a alternar con los jefes y compañeros.
Abate lo mismo al obrero que por estar junto al taller o la fábrica se mete en zaquizamies indecentes, buhardillas o zahurdas, y es cliente seguro de la cantina del domador, por no decir dominador, patrón o arbitrista.
Abate, por fin, al infeliz caza-premios o conquista-becas de las Universidades que ayuda a sus padres llevándoles para casa en las vacaciones un diploma y un germen de tisis familiar.
Muchas de las cosas que apuntaré en este trabajo se refieren se refieren a regiones que no son Castilla únicamente; otras
constituyen modos de ser del pueblo castellano que tiene su psicología normal y patológica propias. En Castilla, más que en otra parte quizás, repercuten usos y costumbres, vicios y rutinas exóticos. No investigo ahora si estas corrientes de endosmosis
moral responden a otras inversas exosmóticas; consigno hechos y procuro buscar sus entresijos y raigambre. Y a juzgar por lo que
veo en el teatro de mi observación, estoy dispuesto a afirmar que existe un análisis intelectual y moral, a través de la cual llegan a Castilla, al corazón de Castilla, más lo aparente de las virtudes y lo real y efectivo de las enfermedades y viciosde la civilización moderna, que sus beneficios y ventajas. Podría repetirse con Bravo Murillo: que allí seguimos "viviendo a la antigua y pagando a la moderna... Lo que ocurre con la tuberculosis como plaga social en la región patria a que aludo, me parece probar lo asentado.
La tuberculosis no es una enfermedad indígena de los campos de Castilla, sino esencialmente ciudadana. Ha ido a los campos por emigración de los misinguines de las capitales más o menos populosas. En el campo de Castilla, repito, no brota espontáneamente: necesita bisabuelos sifilíticos, abuelos escrofulosos o padres dartrosos, pues yo la reconozco una tan alta prosapia. Y entre los que tienen toda o parte de esa parentela, se descubre quién se llevó tal recuerdo... ¿cómo diré? somático, de la ciudad. En los que no tienen esos ancestros,
apenas si hay tuberculosis. A menos que llevasen del mercado de Madrid, quiero decir, de una capital,alguna vaca lechera con bacilos deKoch.
La tuberculosis es una enfermedad social. Lo aparente es el microbio; solo lo aparente. Su etimología verdadera es el pan a 35 céntimos, la carne a dos pesetas, los huevos y la leche y el pescado inasequibles, el hacinamiento fácil, las aguas potables sembradas de gérmenes, el drenaje de las urbes infecto e infestante, los baños materia de lujo, las tabernas sinecuras de comercio, el fraude y la mistificación de los alimentos sin castigo nacional ni remordimiento de condición.
La tuberculosis es el tributo de las "doradas medianías" de posición social o de posición orgánica. Abate a los pobres empleados que "tienen, que vivir en el centro, que tienen que vestir con decencia, que están obligados a alternar con los jefes y compañeros.
Abate lo mismo al obrero que por estar junto al taller o la fábrica se mete en zaquizamies indecentes, buhardillas o zahurdas, y es cliente seguro de la cantina del domador, por no decir dominador, patrón o arbitrista.
Abate, por fin, al infeliz caza-premios o conquista-becas de las Universidades que ayuda a sus padres llevándoles para casa en las vacaciones un diploma y un germen de tisis familiar.
jueves, 1 de diciembre de 2016
Aspectos castellanos: el gran acto de Palencia
(Heraldo de Zamora, 28 de abril de 1930, p. 3)
Por Gregorio Fernández Díez
Las sucintas informaciones publicadas por la prensa castellana relativas a la Asamblea agraria celebrada en Palencia de Castilla, como ahora se le llama, nos parecen en verdad demasiado
escuetas atendida la importancia del gran acto al que vamos a dedicar un comentario.
En primer término, respecto del acto hay que hacer una afirmación y es que tuvo una doble significación, agrarista y al propio tiempo castellanista, agrarista, porque a la defensa de los
intereses agrícolas iba rectamente encaminado fundamentalmente pero también castellanista por la tendencia en el mejor sentido de la palabra puesto que logró reunir la plena representación de todas
y cada una de las provincias leoneso-castellanas en abreviación más efusiva: de Castilla, de la histórica Castilla.
Fueron a Palencia representaciones de los sindicatos agrícolas de "once" provincias asistidas del concurso de sus entidades agrarias, de sus ayuntamientos, de sus diputaciones, de las fuerzas vivas, en suma, de las mismas, han de lograr, no lo dudemos, cuando se propongan si se proponen con entereza, si la solidaridad es entre ellas efectiva, como no cabe ninguna duda que lo es.
Hoy el problema primordial de Castilla que es eminentemente agrícola pero también en su conjunto industrial acaso más de los que se cree, es el de su crisis agrícola y en particular el de su
crisis triguera, aunque no sea el único y por no ser el único no estaría de más que se plantearan solidariamente otras cuya solución afecta a la prosperidad o a la ruina de Castilla. Todo problema que afectase a "tres" de sus provincias cuando menos, deberíamos acostumbrarnos a plantear la vitícola sino que en todas las provincias interesadas el concurso de "toda" Castilla: ese es el camino del triunfo.
La gran cuestión del momento es la de la crisis triguera que afecta a casi todas las provincias castellanas aunque en distinto grado de intensidad. El lector ya lo sabe: hay exceso de trigo y por ello no solo se ha envilecido el precio sino que los mercados por falta de demandas se hallan encalmados y todo a consecuencia de haber consentido el Gobierno de la Dictadura grandes e innecesarias importaciones.
Pero el problema cada vez más agudizo lleva ya medio año sin que el antiguo ni el novísimo régimen, el anterior ni el actual ministro de Economía nos den, esto es, den a Castilla, no la solución, sino la ayuda, el auxilio necesario para que la solución apuntada antes de ahora sea tangible para la agricultura castellana.
En Palencia se ha hablado recio, enérgicamente, en una forma poco
corriente en Castilla que no vocea, que no es estridente, que medita siempre sus actos que no crea problemas artificiosos, pero que cuando toma actitudes y resoluciones no retrocede; en Palencia se ha dicho en alta voz que si es preciso dimitirán todos los ayuntamientos y diputaciones de Castilla y estamos seguros de que lo cumplirán si no se busca remedio a la crítica situación agraria de Castilla.
El problema triguero fue tema esencial de la discusión en la Asamblea, pero recayeron también conclusiones afectas al problema vinícola a instancias de Logroño, otras afectas a la ganadería e industrias lácteas por indicación de Santander y finalmente otras en solicitud de que se derogue el infamante Consorcio Resinero a instancias de Segovia.
La unanimidad fue absoluta, pero estará detrás de más que lo
concerniente a esos "tres últimos aspectos" no se descuide,
tanto para no romper la solidaridad de las once provincias, el "bloque castellano", como porque casi toda es ganadera y León en sus montañas tiene idéntico problema que Santander; porque no es solo la castellana Rioja la que tiene que resolver el problema -provincias de la Cuenca del Duero, la vid tiene su importancia y el problema estaba planteado por Salamanca y finalmente porque el Consorcio Resinero afecta no solo a Segovia, sino a Soria, a Burgos, a Ávila, en fin, puede decirse que es una cuestión exclusiva casi de Castilla.
Al principio hemos dicho que el acto había tenido significación
castellanista y lo corroboramos. En Palencia se han puesto en contacto once provincias castellanas, once provincias "hermanas", que hacía ya bastantes años que no se reunían y abrazaban sin duda porque sólo lo hacen en momentos de peligro refugiándose cada una después en su propio hogar.
Fue en diciembre de 1918 cuando se reunieron en Burgos y en enero de 1919 en Segovia esas mismas once provincias representadas por sus diputaciones y sus represntantes en Cortes para firmar solemnemente que no consentirán que se mermase un ápice la soberanía nacional otorgando autonomías integrales a ninguna región y como excepción menos. Castilla presentó entonces su Estatuto. Castilla cuando se muestra unida siempre vence. Por eso cuando pocas semanas atrás el jefe del Gobierno manifestaba a cierto político a cierto político republicano catalán que determina región era evidente que necesitaba trato especial, nos pareció que no "no era tan evidente", que la apreciación era una ligereza, y que Castilla gubernamental por principios de patriotismo, no consentirá nunca que se gobierne sin ella ni contra ella.
Por eso el acto de solidaridad castellana de Palencia, así desde el punto de vista agrario, económico, como político ha sido trascendente y lo ha sido porque a la vez que una voz reclamando atención y justicia también se dijo que en las próximas elecciones no podrán ser candidatos aquellos políticos que no
se solidaricen con la actitud de Castilla.
Por Gregorio Fernández Díez
Las sucintas informaciones publicadas por la prensa castellana relativas a la Asamblea agraria celebrada en Palencia de Castilla, como ahora se le llama, nos parecen en verdad demasiado
escuetas atendida la importancia del gran acto al que vamos a dedicar un comentario.
En primer término, respecto del acto hay que hacer una afirmación y es que tuvo una doble significación, agrarista y al propio tiempo castellanista, agrarista, porque a la defensa de los
intereses agrícolas iba rectamente encaminado fundamentalmente pero también castellanista por la tendencia en el mejor sentido de la palabra puesto que logró reunir la plena representación de todas
y cada una de las provincias leoneso-castellanas en abreviación más efusiva: de Castilla, de la histórica Castilla.
Fueron a Palencia representaciones de los sindicatos agrícolas de "once" provincias asistidas del concurso de sus entidades agrarias, de sus ayuntamientos, de sus diputaciones, de las fuerzas vivas, en suma, de las mismas, han de lograr, no lo dudemos, cuando se propongan si se proponen con entereza, si la solidaridad es entre ellas efectiva, como no cabe ninguna duda que lo es.
Hoy el problema primordial de Castilla que es eminentemente agrícola pero también en su conjunto industrial acaso más de los que se cree, es el de su crisis agrícola y en particular el de su
crisis triguera, aunque no sea el único y por no ser el único no estaría de más que se plantearan solidariamente otras cuya solución afecta a la prosperidad o a la ruina de Castilla. Todo problema que afectase a "tres" de sus provincias cuando menos, deberíamos acostumbrarnos a plantear la vitícola sino que en todas las provincias interesadas el concurso de "toda" Castilla: ese es el camino del triunfo.
La gran cuestión del momento es la de la crisis triguera que afecta a casi todas las provincias castellanas aunque en distinto grado de intensidad. El lector ya lo sabe: hay exceso de trigo y por ello no solo se ha envilecido el precio sino que los mercados por falta de demandas se hallan encalmados y todo a consecuencia de haber consentido el Gobierno de la Dictadura grandes e innecesarias importaciones.
Pero el problema cada vez más agudizo lleva ya medio año sin que el antiguo ni el novísimo régimen, el anterior ni el actual ministro de Economía nos den, esto es, den a Castilla, no la solución, sino la ayuda, el auxilio necesario para que la solución apuntada antes de ahora sea tangible para la agricultura castellana.
En Palencia se ha hablado recio, enérgicamente, en una forma poco
corriente en Castilla que no vocea, que no es estridente, que medita siempre sus actos que no crea problemas artificiosos, pero que cuando toma actitudes y resoluciones no retrocede; en Palencia se ha dicho en alta voz que si es preciso dimitirán todos los ayuntamientos y diputaciones de Castilla y estamos seguros de que lo cumplirán si no se busca remedio a la crítica situación agraria de Castilla.
El problema triguero fue tema esencial de la discusión en la Asamblea, pero recayeron también conclusiones afectas al problema vinícola a instancias de Logroño, otras afectas a la ganadería e industrias lácteas por indicación de Santander y finalmente otras en solicitud de que se derogue el infamante Consorcio Resinero a instancias de Segovia.
La unanimidad fue absoluta, pero estará detrás de más que lo
concerniente a esos "tres últimos aspectos" no se descuide,
tanto para no romper la solidaridad de las once provincias, el "bloque castellano", como porque casi toda es ganadera y León en sus montañas tiene idéntico problema que Santander; porque no es solo la castellana Rioja la que tiene que resolver el problema -provincias de la Cuenca del Duero, la vid tiene su importancia y el problema estaba planteado por Salamanca y finalmente porque el Consorcio Resinero afecta no solo a Segovia, sino a Soria, a Burgos, a Ávila, en fin, puede decirse que es una cuestión exclusiva casi de Castilla.
Al principio hemos dicho que el acto había tenido significación
castellanista y lo corroboramos. En Palencia se han puesto en contacto once provincias castellanas, once provincias "hermanas", que hacía ya bastantes años que no se reunían y abrazaban sin duda porque sólo lo hacen en momentos de peligro refugiándose cada una después en su propio hogar.
Fue en diciembre de 1918 cuando se reunieron en Burgos y en enero de 1919 en Segovia esas mismas once provincias representadas por sus diputaciones y sus represntantes en Cortes para firmar solemnemente que no consentirán que se mermase un ápice la soberanía nacional otorgando autonomías integrales a ninguna región y como excepción menos. Castilla presentó entonces su Estatuto. Castilla cuando se muestra unida siempre vence. Por eso cuando pocas semanas atrás el jefe del Gobierno manifestaba a cierto político a cierto político republicano catalán que determina región era evidente que necesitaba trato especial, nos pareció que no "no era tan evidente", que la apreciación era una ligereza, y que Castilla gubernamental por principios de patriotismo, no consentirá nunca que se gobierne sin ella ni contra ella.
Por eso el acto de solidaridad castellana de Palencia, así desde el punto de vista agrario, económico, como político ha sido trascendente y lo ha sido porque a la vez que una voz reclamando atención y justicia también se dijo que en las próximas elecciones no podrán ser candidatos aquellos políticos que no
se solidaricen con la actitud de Castilla.
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