Por Ángel Dotor
(Argamasilla de Alba, 1898-1986)
(Don Quijote y el Cid (viajes por Castilla)(1928), p. 7-14)
He aquí la región española célebre entre las célebres: la augusta Castilla. Todo un solemne estremecimiento nos invade al pronunciar su sagrado nombre, que suena, eufónico, como ancestral invocación: ¡Castilla! Sobre un prócer suelo han acaecido, en el decurso del tiempo, los hechos esenciales de la civilización y del espelendor de toda una raza. En su Historia, esculpida con los monumentos máximos de las Letras que producir pueden los ingenios soberanos, figuran las acciones heroicas, los sacrificios sublimes, las nobles realizaciones de patriotismo y de supremo ideal, dignos de ser diputados como la más prístina ejecutoria de nobleza de un pueblo.
¡Castilla! Desde la disposición que a su suelo dióle Natura, contextura que ya descubre la reciedumbre espiritual de los que en ella habitaron, hasta el carácter heroico de sus moradores, que se hecha de ver en ellos, apenas venidos a la vida de la civilización como núcleo de nuestra nacionalidad; lo mismo contemplando su larga cruzada contra el invasor, diferente a él en modalidades tantas y tan diversas, que inquiriendo el secreto de su suelo y de sus hombres en los valiosos tesoros de Arte que en su seno crearon; todo en Castilla es simbólico de fe y religiosidad, de patriotismo y civilización, de franca devoción a la hidalguía y la belleza. Escuchar o pronunciar el nombre de Castilla debe ser para nosotros como oír Reconquista, Renacimiento, Descubrimientos, porque Castilla dio la vida al Romancero y al Quijote, más allá de lo cual no hay nada.
Al continuar Castilla siendo la genuina tierra de la epopeya, seguimos creyendo grande a esta parte de nuestro suelo nacional. Antes era el noble guerrero, el esforzado paladín, el capitán valiente, quien reconquistaba lauros para la región inmortal, con las hazañas de su brazo prócer; hoy el héroe castellano es otro: el labriego humilde, digno de todos nuestros cantos, que luchando denodadamente -aunque no contra el invasor ni en aras de la religión, sino por el pan, por el denario con que subvenir a la subsistencia, para la que desde tiempo bíblico se le impuso el trabajo, el más noble de los deberes- también da vida y carácter a Castilla. Ved, pues, que la región inmortal guarda todo el encanto majestuoso y toda la arrobadora poesía de lo pretérito, hoy como ayer. Pensemos en la incalculable riqueza de su ubérrimo suelo -que no pasan a creer los de la periferia peninsular, por lo mismo que no la conocen-, y en la insuperable historia de sus gentes, en el recuerdo incomparable de su tradición y en el venturoso porvenir que le auguramos. Ello hará que destaquemos nuestras testas, que nuestra boca musite frases místicas de amor y entone estrofas dulces dulces y entusiásticas con que ponderar lo que sentimos por Castilla. ¡Castilla! ¡Bendita tú eres, que fuiste codiciada, en ininterrumpida serie de inavasiones, por fenicios, griegos, cartagineses, romanos, godos y árabes; que diste al mundo un Cervantes, un Lope y un Quevedo -magnífica trinidad del genio-; que sostuviste durante durante ocho siglos pelea inaudita en defensa de tu integridad y, con ella, de los principios de la moral y la cultura; que conservas en tu nombre el del idioma que creaste, el más armonioso y bello que articulan los hombres, pasmo y envidia de extraños, orgullo de la raza y vanagloria del saber! Tu destino se ve brillante, tu gran obra en la tierra fue ya gigantesca, y como realizaste esa inmensa labor, te toca recibir, en un próximo mañana -el día en que reine absolutamente en toda la tierra el amor y la fraternidad humanas como imperativos de conducta, con abandono de todo atávico reflejo de material interés, escollo hasta hoy de la paz y la armonía universales-, la devoción de todos los pueblos y todos los hombres.
¡Salve, Castilla, la de los extensos campos áureos de ondulantes mieses; la de los dilatados horizontes de ensueño; la del suelo ya seco, ya fragoso; la de las paramías interminables, hoy llenas de viñedos inmensos, que en ella constituyen ideal simbolización! Bien se necesita la inspección genial del consagrado para poder dar forma, en hermoso canto, a la admiración que todo pecho siente por tu historia, por tu riqueza, por tu paisaje. De tenerla, nuestro elogio sería lo dulce que marca tu hermoso campo, Castilla; lo político de tu sol, fulgurante sobre el cobalto del azur; lo legendario de tus hombres de ayer y de hoy, héroes siempre redivivos; lo entusiasta y consolador de sus glorias, tus monumentos y tu destino en la tierra. ¡Oh, Castilla! Por eso diremos, parafraseando al insigne poeta español con quien la rima alcanzó su mayor elevación, cuando reclamaba el poder divino para sus versos:
"Sí a mí, Señor, bajara tu espíritu inmortal
cantara y no tuvieran mis cánticos igual"
Tanto desde el Cantábrico a la antigua Bética, como desde las fronteras lusitanas hasta las tierras aragonesas y levantinas, en cuyos límites -más políticos que naturales- se extiende el área de su suelo, no hay un rincón que no marque alguna cualidad preciada de esa tierra augusta o algún hecho notable de los varones que la habitaron. Y sus triunfos y sus glorias encarnan los de todo el país, y la raza entera que el que el núcleo de Castilla comenzaron a formarse para ir acrecentándose prodigiosamente, cual providencial designio, venciendo siempre a la mágica sombra de la espada del Cid y de la péñola de Cervantes.
Hay que poderar en Castilla la excelsidad de sus tierras del Norte, allá por donde el padre Duero, azul y tranquilo, discurrir deja el incalculable caudal de su preciada linfa, en la dilatada faja de su llana cuenca, que llega a Portugal. La gran riqueza de la tierra de Campos, y el resto de las provincias de Palencia, Valladolid, Segovia y Burgos, copiosos en granos de todas clases, que atraviesa, en parte, y fecundiza la gran cinta del Canal de Castilla. La hermosura de los valles salmantinos y los oteros zamoranos que insuperablemente cantara el conspicuo bardo de El Ama. La majestuosidad de las cordilleras que la atraviesan, cual armazón óseo del gigante mitológico realizador de designios providenciales: Gredos, elevado y forestal; Moncayo, pintoresco, y la serranía ibérica, tan poblada de coníferas.
Y no hay que olvidar tender la vista por la parte meridional del suelo castellano, con esa región nunca bastante comprendida de la Mancha, que conserva en su esencia el secreto de la espiritualidad, con haber sido el campo recorrido por la hidalga figura del más ilustre de los caballeros andantes, que marcó con su historia el triunfo del Ideal abstracto. La Mancha, con su Guadiana y su Tajo, posee incalculables tesoros de energía, que harán abolir algún día el tópico de su proverbial aridez, ya que su suelo tiene poder latente como el que más para producir abundantes trigales, y que hoy vése festonado en trechos inmensos por las cepas de la lobulada hoja que proporcionan una rápida e incalculable riqueza productiva con su almibarado fruto.
Igual que la región norteña de Castilla la Vieja, y la meridional o Mancha, la Alcarria, de los declives suaves y la riqueza de sus solícitos insectos cuya producción de néctar es émula de la que criaba Himeto. Y también la selva de Cuenca, inmensa un día, atravesada por el manso Júcar, con sus millones de seculares pinos que hoy amenguan considerablemente, merced al sentido utilitario de la época. En todos los rincones de Castilla se encuentran siempre motivos de evocación pretérita y de simpatía actual.
¡Qué no decir de las ciudades castellanas! Toledo, la monumental, la [sic] Museo de Arte y pinacoteca de la Belleza; la de la catedral ornada de filigranas y tesoros; la de tantos y tantos monumentos; la primitiva gran capital de la Monarquía, allá por cuando, dado buen paso en la Reconquista, se echaban las bases de nuestro futuro poderío; la ciudad que con Garcilaso nos daba el oro del verso para la idea, y con sus espadas el acero de la defensa para la patria. Segovia, la ciudad castellana por antonomasia, la que con Toledo comparte el tirso del Arte español; la antigua capital española, en cuyo recinto acaecieron tantos y tantos hechos famosos; la urbe que guarda inmenso tesoro de monumentos de todos los estilos y épocas, singularmente románicos. Ávila la inmortal cuna de la mística Santa Teresa, doctora de la Iglesia, cuyo saber y amor no son de todos bien comprendidos. Valladolid, antigua capital de los Austrias, que en los tiempos modernos ha dado a la patria, entre otros tribuidos, el de sus dos hijos ilustres, Zorrilla y Núñez de Arce, gerifaltes de la Lírica. Y Burgos y Salamanca, que son por igual castellanas, aquélla con su catedral, que no halla rival en el mundo, dadas las filigranas de sus torres y las delicadezas de su ornamentación; Burgos, que guarda en su recinto las cenizas del Cid y, con ellas, la esencia insuperable del Romancero, y Salamanca, la sabia, la Atenas española, cuna y albergue por mucho tiempo de toda nuestra cultura, recinto de varias glorias que fueron honra nuestra, y cátedra durante tantos años para hombres nacionales y extranjeros, que lo mismo se congregaban ayer para oír la voz de uno de nuestros grandes místicos y poetas, fray Luis de León, que siguieron después a la sombra tradicional de la célebre Universidad. Ciudad Real, la ilustre capital manchega fundada por el rey Sabio, y Cuenca, la cuna de San Julián. Y cerrando esta lista, un tanto incompleto, Madrid, la gran capital de la nación que cuanta con tesoros artísticos incomparables y que hoy va figurando en todo a la altura de las mayores del mundo.
Y así como las grandes ciudades y poblaciones en que, por la razón que siguió la sociedad en su evolución secular, se congrega nuestra riqueza y nuestra cultura, guardando su patrimonio de castellanismo, los pueblos, los modestos lugares perdidas en la soledad de la llanura o en la aspereza de la sierra, cuentan también con motivos de agradable recuerdo y celebrada evocación. ¿Cuántos fueron o son estos lugares famosos? Innumerables. Uno, la Numancia de ayer, que dio al mundo el insuperable ejemplo de lo que puede y significa el heroísmo, y otro, la Argamasilla
de Alba de hoy, siempre evocadora de que su existencia marcó el leit motiv creador del Quijote. Uno es Belmonte, en donde nació el glorioso autor de La perfecta casada, y otro es Granátula, donde vino a la vida Espartero, ejemplo de lo que puede alcanzar, desde el más humilde origen, el trabajo, la voluntad y el espíritu superador, de consumo personificados. Y así, en interminable nómina que no prolongamos, encontraremos lugares célebres por los hijos ilustres que dieron, o por los hechos famosos que en ellos se realizaron, por las reliquias que encierran del pasado, o por el significado sublime que su existencia guarda en el Ideario, siempre vivo, de la Patria y de la Raza.
Y la Castilla de hoy es la de siempre. Precisamente hay que ver en el estado de atraso y abandono, en la falta de una aspiración de conciencia colectiva en que por mucho tiempo se ha encontrado sumida, la continuación invariable de su recio espíritu, el poder de su suelo y el individualismo de sus hombres. Ninguna otra región perduraría, pese a todo lo manifestado, como Castilla. El castellano, denodado y valeroso, da la nota de insuperable realismo a la región donde vive y a la cual simboliza. Siempre orgulloso de su abolengo, que sabe es inmarcesible, contento con su destino, satisfecho de su labor. Precisa proclamar, pues, que Castilla continuará siendo grande mientras sus hijos la amen, la admiren, la reverencien. Y el día en que a esta región sublime se la haga entrar definitivamente por los cauces de la cultura elevada y de la inmaculada espitualidad, llegará o ser la reina, la maestra, el Alma máter de la gran obra humana de redención y nobleza que inauguró otrora, y que por motivos tantos debe continuar.
Castilla, un resurgimiento material necesario
Por un castellanismo contra la Agenda 2030
"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
lunes, 31 de julio de 2017
sábado, 29 de julio de 2017
Un libro de Julián Torresano
Por Ángel Dotor
(Argamasilla de Alba, 1898-1986)
(Adelanto: diario político de Salamanca, año 48, número 14871, 13 de octubre de 1932)
La bibliografía de espíritu e intención genuinamente castellanistas enriquécese hoy con la interesante monografía titulada “Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino”, por el gran escritor Julián Torresano, que acaba de salir de las prensas de "El Adelantado de Segovia". El articulista se complace en señalar su aparición, subrayando, aunque concisamente, el significado y mérito de tal obrita, cosa para él inexcusable dado lo dilecto del tema y su simpatía devota hacia el autor.
El tópico referente al desconocimiento que se tiene del sentido vital del alma española, del proceso histórico de la misma y obligadas directrices en el decurso del tiempo, manifestándose patente, en nuestro sentir,suscitado por la lectura de libros como el del señor Torresano. Subsiste, desgraciadamente, esa supina ignorancia acerca de lo que es y representa el pueblecito provinciano, sustrato del alma de la raza, y subsiste no sólo en el aspecto concretamente histórico, monumental o artístico, de costumbrismo, etc., sino en el otro, no menos amplio y representativo, que podríamos llamar concretamente sociológico,
de evocación de formas de la vida pretérita, perfectamente encajadas en resultantes del Derecho. En España se ha llegado, efectivamente, a olvidar tanto en este orden, que para los pocos que hoy muestran sincera curiosidad adentrándose en el estudio integral del pasado, el acontecimiento de la realidad del mismo constituye verdadera revelación. Esto en cuanto respecta al país y la raza en general, pues polarizando el leimotivo a Castilla, núcleo y solera de los mismos, nuestra apreciación resulta más concluyente toda vía.
La tan decantada renovación que opérase en el mundo, renovación a la que no se sustrae España, a juzgar por los radicales cambios en su organización colectiva, tiende, según proclaman tantos los cerebros dirigentes como sus ilusionados turiferarios, a elevar el nivel de cultura de la masa, haciéndola entrar en una era de indudable progreso mediante el desarrollo de las teorías democráticas. La sensación que ofrece el actual alborozo con que un sector tan considerable del pueblo español emprenda la que se tiene por nueva era reconstructiva, esta de no haberse tenido hasta ahora el concepto de verdaderas instituciones, y eso prueba paulatinamente ese desconocimiento de lo que fue y es en parte todavía Castilla, cuya vida pretérita -con sus Comunidades, con sus otras organizaciones comarcales, con su ejemplaridad de costumbres, etc.- constituyó un modelo de esa armonía de clases, de esas libertades tan ansiadas, las cuales allí subsisten en parte y cuya pujante supervivencia debería alumbrarse nuevamente, fomentándolas, con la convicción de que no resultarían anacrónicas, adunadas a los avances discursivos de la época.
Pero nos vamos apartando del comentario concreto “Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino”, monografía admirable tanto por su modo original como su autor sintetiza dentro de su reducido marco verbal cuando el pintoresco pueblo castellano evoca de su pasado y ofrece en su presente digno de ser narrado, como por su amenidad e interés en el orden puramente literario.
Julián de Torresano, destacado escritor que con tan meritísimas campañas sostiene en el libro y en la prensa el gonfalón del renacimiento castellano, propugnado porque se reconozca el valor insuperable de la región genitora como verdadera "alma mater" de la raza, ha conseguido en pocos años destacar su personalidad demostrando poseer valioso temperamento que le hace figurar hoy como uno de los más esforzados y meritísimos paladines del Castellanismo. Su manera, su estilo peculiares rebosan preparación y honradez profesional, pues no hay ninguno de sus escritos en el que no se manifieste haber precedido a la redacción del mismo un hondo y reposado análisis del tema, por virtud del cual los juicios y las apreciaciones que proclama con firmeza rotunda resultan tan certeros. Concretamente, en las cuestiones regionales es una de las contadas figuras que hoy día destacan, empero su juventud, en la cruzada exaltadora del sueño genitor de la nacionalidad y del verbo hispánicos, tan necesitado de comprensión amorosa hacia su significado y destino.
Hasta aquí, Torresano nos ha venido ofreciendo trabajos de varia índole, que se acreditan unos como cronista ameno, otros cual crítico jugoso y los más como sociólogo docto. No es de extrañar, pues, que en uno nuevo, como este que nos ocupa, haya sabido aliar tan admirablemente esos diversos aspectos y cualidades. "Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino" no ofrece, con efecto, todas las sugestiones que caben exigir en la exposición del asunto. La reconstrucción del pasado brillante del vetusto lugar se ha trazado, si bien siguiendo riguroso método cronológico, sólo por momentos a la luz de testimonios fidedignos, ofreciendo, en otros constitutivos de verdaderas lagunas históricas, aquel resultado posible de lograr únicamente a quien se halla compenetrado con el ambiente, posee gran cultura y se consagra tanto a considerar el valor del documento y la tradición como a apoyarse en reposadas deducciones. Dada la oscuridad de los orígenes fundacionales, y aun de grandes periodos remotos del pueblo segoviano de referencia, otrora Corte de Castilla por algunos años, un historiador erudito como Torresano ha de sentar apreciaciones originales, basadas en esa serena y entusiasta labor depuradora de que hemos hecho mención. Concretamente cabría citar varias muy interesantes, que contradicen juicios vertidos por sesudos varones de fama generalmente basada en el convencionalismo, tan corriente en España, apreciaciones como son las relativas al verdadero hombre de Cantespino; al verdadero emplazamiento de la célebre ciudad romana de "Clunia"; a famosas contiendas seculares libradas en su campo, etc., etc., en todas las cuales resplandece la gran limpidez hermenéutica peculiar de este escritor.
Un gran tributo patriótico, cultural y castellanista, en suma, es el que representa el nuevo libro de Julián de Torresano, verdadero modelo de esa bibliografía de vulgarización histórico-descriptivaque tanto se debiera intensificar, como fundamento no ya sólo de la necesaria corriente turística a infinidad de lugares poseedores de valioso patrimonio ancestral, sino del prístino concepto del patriotismo, o sea del amor al propio solar, que nunca tendrá realización efectiva sin basarse en el amplio, en el verdadero conocimiento del mismo.
Igual que la región norteña de Castilla la Vieja y la meridional o Mancha, la Alcarria, de los declives suaves y la riqueza de los solícitos insectos cuya producción de néctar es émula de la que la que criaba Himeto. Y también la selva de Cuenca, inmensa un día, atravesada por el manso Júcar, con sus millones de seculares pinos.
(Argamasilla de Alba, 1898-1986)
(Adelanto: diario político de Salamanca, año 48, número 14871, 13 de octubre de 1932)
La bibliografía de espíritu e intención genuinamente castellanistas enriquécese hoy con la interesante monografía titulada “Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino”, por el gran escritor Julián Torresano, que acaba de salir de las prensas de "El Adelantado de Segovia". El articulista se complace en señalar su aparición, subrayando, aunque concisamente, el significado y mérito de tal obrita, cosa para él inexcusable dado lo dilecto del tema y su simpatía devota hacia el autor.
El tópico referente al desconocimiento que se tiene del sentido vital del alma española, del proceso histórico de la misma y obligadas directrices en el decurso del tiempo, manifestándose patente, en nuestro sentir,suscitado por la lectura de libros como el del señor Torresano. Subsiste, desgraciadamente, esa supina ignorancia acerca de lo que es y representa el pueblecito provinciano, sustrato del alma de la raza, y subsiste no sólo en el aspecto concretamente histórico, monumental o artístico, de costumbrismo, etc., sino en el otro, no menos amplio y representativo, que podríamos llamar concretamente sociológico,
de evocación de formas de la vida pretérita, perfectamente encajadas en resultantes del Derecho. En España se ha llegado, efectivamente, a olvidar tanto en este orden, que para los pocos que hoy muestran sincera curiosidad adentrándose en el estudio integral del pasado, el acontecimiento de la realidad del mismo constituye verdadera revelación. Esto en cuanto respecta al país y la raza en general, pues polarizando el leimotivo a Castilla, núcleo y solera de los mismos, nuestra apreciación resulta más concluyente toda vía.
La tan decantada renovación que opérase en el mundo, renovación a la que no se sustrae España, a juzgar por los radicales cambios en su organización colectiva, tiende, según proclaman tantos los cerebros dirigentes como sus ilusionados turiferarios, a elevar el nivel de cultura de la masa, haciéndola entrar en una era de indudable progreso mediante el desarrollo de las teorías democráticas. La sensación que ofrece el actual alborozo con que un sector tan considerable del pueblo español emprenda la que se tiene por nueva era reconstructiva, esta de no haberse tenido hasta ahora el concepto de verdaderas instituciones, y eso prueba paulatinamente ese desconocimiento de lo que fue y es en parte todavía Castilla, cuya vida pretérita -con sus Comunidades, con sus otras organizaciones comarcales, con su ejemplaridad de costumbres, etc.- constituyó un modelo de esa armonía de clases, de esas libertades tan ansiadas, las cuales allí subsisten en parte y cuya pujante supervivencia debería alumbrarse nuevamente, fomentándolas, con la convicción de que no resultarían anacrónicas, adunadas a los avances discursivos de la época.
Pero nos vamos apartando del comentario concreto “Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino”, monografía admirable tanto por su modo original como su autor sintetiza dentro de su reducido marco verbal cuando el pintoresco pueblo castellano evoca de su pasado y ofrece en su presente digno de ser narrado, como por su amenidad e interés en el orden puramente literario.
Julián de Torresano, destacado escritor que con tan meritísimas campañas sostiene en el libro y en la prensa el gonfalón del renacimiento castellano, propugnado porque se reconozca el valor insuperable de la región genitora como verdadera "alma mater" de la raza, ha conseguido en pocos años destacar su personalidad demostrando poseer valioso temperamento que le hace figurar hoy como uno de los más esforzados y meritísimos paladines del Castellanismo. Su manera, su estilo peculiares rebosan preparación y honradez profesional, pues no hay ninguno de sus escritos en el que no se manifieste haber precedido a la redacción del mismo un hondo y reposado análisis del tema, por virtud del cual los juicios y las apreciaciones que proclama con firmeza rotunda resultan tan certeros. Concretamente, en las cuestiones regionales es una de las contadas figuras que hoy día destacan, empero su juventud, en la cruzada exaltadora del sueño genitor de la nacionalidad y del verbo hispánicos, tan necesitado de comprensión amorosa hacia su significado y destino.
Hasta aquí, Torresano nos ha venido ofreciendo trabajos de varia índole, que se acreditan unos como cronista ameno, otros cual crítico jugoso y los más como sociólogo docto. No es de extrañar, pues, que en uno nuevo, como este que nos ocupa, haya sabido aliar tan admirablemente esos diversos aspectos y cualidades. "Apuntes para la Historia de Fresno de Cantespino" no ofrece, con efecto, todas las sugestiones que caben exigir en la exposición del asunto. La reconstrucción del pasado brillante del vetusto lugar se ha trazado, si bien siguiendo riguroso método cronológico, sólo por momentos a la luz de testimonios fidedignos, ofreciendo, en otros constitutivos de verdaderas lagunas históricas, aquel resultado posible de lograr únicamente a quien se halla compenetrado con el ambiente, posee gran cultura y se consagra tanto a considerar el valor del documento y la tradición como a apoyarse en reposadas deducciones. Dada la oscuridad de los orígenes fundacionales, y aun de grandes periodos remotos del pueblo segoviano de referencia, otrora Corte de Castilla por algunos años, un historiador erudito como Torresano ha de sentar apreciaciones originales, basadas en esa serena y entusiasta labor depuradora de que hemos hecho mención. Concretamente cabría citar varias muy interesantes, que contradicen juicios vertidos por sesudos varones de fama generalmente basada en el convencionalismo, tan corriente en España, apreciaciones como son las relativas al verdadero hombre de Cantespino; al verdadero emplazamiento de la célebre ciudad romana de "Clunia"; a famosas contiendas seculares libradas en su campo, etc., etc., en todas las cuales resplandece la gran limpidez hermenéutica peculiar de este escritor.
Un gran tributo patriótico, cultural y castellanista, en suma, es el que representa el nuevo libro de Julián de Torresano, verdadero modelo de esa bibliografía de vulgarización histórico-descriptivaque tanto se debiera intensificar, como fundamento no ya sólo de la necesaria corriente turística a infinidad de lugares poseedores de valioso patrimonio ancestral, sino del prístino concepto del patriotismo, o sea del amor al propio solar, que nunca tendrá realización efectiva sin basarse en el amplio, en el verdadero conocimiento del mismo.
Igual que la región norteña de Castilla la Vieja y la meridional o Mancha, la Alcarria, de los declives suaves y la riqueza de los solícitos insectos cuya producción de néctar es émula de la que la que criaba Himeto. Y también la selva de Cuenca, inmensa un día, atravesada por el manso Júcar, con sus millones de seculares pinos.
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viernes, 23 de junio de 2017
Relaciones de las culturas castellana y catalana
Por José Antonio Maravall Casesnoves
(Valencia, 1911-Madrid, 1986)
(Intervención en Relaciones de las culturas castellana y castellana: encuentros intelectuales, Sitges, 20-22 diciembre 1981, p. 34-39)
(Valencia, 1911-Madrid, 1986)
(Intervención en Relaciones de las culturas castellana y castellana: encuentros intelectuales, Sitges, 20-22 diciembre 1981, p. 34-39)
Muchas gracias señor Presidente por concederme la palabra. Realmente, después de las dos espléndidas intervenciones del señor Trias y antes de la del señor Barral, ha venido a resultar que me he quedado casi sin contenido sobre el que iba a decir, pero, con todo, añadiré unas cuantas cosas más aunque sean un tanto molestas. En primer lugar, yo creo que no debemos alterar el orden del programa, y puesto que para esta tarde se nos deja la parte histórica, y, además, con la intervención como moderador el Padre Batllori, que es, en fin, un historiador bien universal, y es un historiador universal que (a pesar de todos los pesimismos que a veces se lanzan) ha hecho resonar en el mundo de la cultura catalana, pienso que debemos reservar para esta tarde la meteria histórica. Entonces, volviendo, pues, de todas formas, y puesto que más que historia es tema de una actualidad, yo contestaría a lo que un eminente sociólogo, el señor Sotelo [Ignacio Sotelo], ha dicho, en términos que más que sociológicos han sido, en cambio, históricos, que no estoy tan de acuerdo con las palabras. Le admiro mucho como sociólogo, como historiador me siento un tanto discrepante, sin dejar de admirarle también por la brillantez con que ha expuesto sus tesis.
Yo observo en la intervención del señor Sotelo diría que dos cuestiones fundamentales: él ha dicho "frustración catalana", "fracaso castellano". Y me pregunto: ¿frustración catalana? Creo que hay que comparar la continuidad del pueblo catalán con los destinos de otros pueblos similares, desde el momento en que se constituyen como tales, es decir, pueblos como Baviera, Borgoña, Venecia, etc., pensemos que ha sido el porvenir para ellos, el futuro a partir de aquellos brillantísimos siglos XIV y XV de Borgoña. Por ejemplo, pensemos en lo que ha sido el resultado actual de Venecia. ¿Qué significa hoy en el mundo ser un escritor bávaro, borgoñón, véneto, galés o provenzal? ¿En qué departamentos universitarios se estudian específicamente? En este caso, yo creo que es infinitamente superior lo que ha conservado de potencia, de actualidad, de capacidad creadora, etc. Cataluña que cualquiera de tantas otras áreas europeas que tuvieron en cierto modo un destino más o menos parecido en los siglos determinados.
Por otra parte, ¿fracaso de Castilla? Si se dice que el fracaso hispánico de los Austrias es el de una fórmula castellana, pienso que todo historiador y todo sociólogo o politicólogo que escuche una afirmación en tales términos ha de estar, desde luego yo lo estoy, completamente en desacuerdo con esto. Yo estimo que la única y exclusiva fórmula castellana no tiene nada, y creo que el más triste caso que pudo suceder a Castilla fue que cayera sobre ella la fórmula austríaca del Estado, del complejo extrañamente estatal de la Casa de los Austrias; llego a creer que la que más perdió, la que en peores condiciones se vio, sería Castilla: por lo tanto, no creo que se pueda decir fracaso de la fórmula castellana de Estado, puesto que aunque hubiera personalidades en mayor número, estadísticamente, castellanas -sin dejar, por eso, de haberlas flamencas e italianas, o del Franco Condado, etc.- no se podría hablar propiamente, para nada, de Estado castellano. Respecto a mencionar aquí el Estado francés, ningún historiador sigue atribuyendo al francés los caracteres históricos que se le atribuían. Pero, además, quizá en una reunión como ésta, pues es mejor no recordarlo, porque claro está que los procedimientos del Estado francés no ya de unidad, sino de uniformidad -a partir de la Revolución- no son precisamente los que venimos aquí a postular, supongo yo, puesto que el resultado sería que esto no se podría haber producido.
Volviendo, pues, al planteamiento inicial de la sesión, yo diría que, efectivamente, aquí se nos abre una interesante perspectiva para en adelante, un planteamiento de la relaciones (ni siquiera se les lama conflictivos enfrentamientos).
Yo creo que no debemos ser tampoco demasiado pesimistas en el sentido de que una relación así tenga aspectos conflictivos, y que se produzcan, digamos, enfrentamientos, como entre todas las relaciones de dualidad de culturas, en cualquier plano, se producen. Recuerdo sobre esto el libro de Snow sobre las dos culturas; se producen situaciones problemáticas entre científicos y literarios, se producen entre técnicos y científicos, entre los diferentes estados sociales y profesionales, se producen entre los que escriben en una lengua o escriben en otra, en una religión y en otra religión, o la ausencia de religión, es decir, siempre la dualidad engendra una cierta dosis de conflicto que hay que conllevar -y conllevar (me atrevo a emplear la denostada palabra) no quiere decir soportar de mala gana, sino reconocer y esforzarse en superar, pero con el ánimo liberal de saber que no hay que prentender (porque vitalmente sería inalcanzable) suprimirla. Lo que sí quisiera recalcar es que la hablar de las dos culturas, sin perjucio de la enorme y de la decisiva importancia como puede enfocar nunca solamente.
Yo observo en la intervención del señor Sotelo diría que dos cuestiones fundamentales: él ha dicho "frustración catalana", "fracaso castellano". Y me pregunto: ¿frustración catalana? Creo que hay que comparar la continuidad del pueblo catalán con los destinos de otros pueblos similares, desde el momento en que se constituyen como tales, es decir, pueblos como Baviera, Borgoña, Venecia, etc., pensemos que ha sido el porvenir para ellos, el futuro a partir de aquellos brillantísimos siglos XIV y XV de Borgoña. Por ejemplo, pensemos en lo que ha sido el resultado actual de Venecia. ¿Qué significa hoy en el mundo ser un escritor bávaro, borgoñón, véneto, galés o provenzal? ¿En qué departamentos universitarios se estudian específicamente? En este caso, yo creo que es infinitamente superior lo que ha conservado de potencia, de actualidad, de capacidad creadora, etc. Cataluña que cualquiera de tantas otras áreas europeas que tuvieron en cierto modo un destino más o menos parecido en los siglos determinados.
Por otra parte, ¿fracaso de Castilla? Si se dice que el fracaso hispánico de los Austrias es el de una fórmula castellana, pienso que todo historiador y todo sociólogo o politicólogo que escuche una afirmación en tales términos ha de estar, desde luego yo lo estoy, completamente en desacuerdo con esto. Yo estimo que la única y exclusiva fórmula castellana no tiene nada, y creo que el más triste caso que pudo suceder a Castilla fue que cayera sobre ella la fórmula austríaca del Estado, del complejo extrañamente estatal de la Casa de los Austrias; llego a creer que la que más perdió, la que en peores condiciones se vio, sería Castilla: por lo tanto, no creo que se pueda decir fracaso de la fórmula castellana de Estado, puesto que aunque hubiera personalidades en mayor número, estadísticamente, castellanas -sin dejar, por eso, de haberlas flamencas e italianas, o del Franco Condado, etc.- no se podría hablar propiamente, para nada, de Estado castellano. Respecto a mencionar aquí el Estado francés, ningún historiador sigue atribuyendo al francés los caracteres históricos que se le atribuían. Pero, además, quizá en una reunión como ésta, pues es mejor no recordarlo, porque claro está que los procedimientos del Estado francés no ya de unidad, sino de uniformidad -a partir de la Revolución- no son precisamente los que venimos aquí a postular, supongo yo, puesto que el resultado sería que esto no se podría haber producido.
Volviendo, pues, al planteamiento inicial de la sesión, yo diría que, efectivamente, aquí se nos abre una interesante perspectiva para en adelante, un planteamiento de la relaciones (ni siquiera se les lama conflictivos enfrentamientos).
Yo creo que no debemos ser tampoco demasiado pesimistas en el sentido de que una relación así tenga aspectos conflictivos, y que se produzcan, digamos, enfrentamientos, como entre todas las relaciones de dualidad de culturas, en cualquier plano, se producen. Recuerdo sobre esto el libro de Snow sobre las dos culturas; se producen situaciones problemáticas entre científicos y literarios, se producen entre técnicos y científicos, entre los diferentes estados sociales y profesionales, se producen entre los que escriben en una lengua o escriben en otra, en una religión y en otra religión, o la ausencia de religión, es decir, siempre la dualidad engendra una cierta dosis de conflicto que hay que conllevar -y conllevar (me atrevo a emplear la denostada palabra) no quiere decir soportar de mala gana, sino reconocer y esforzarse en superar, pero con el ánimo liberal de saber que no hay que prentender (porque vitalmente sería inalcanzable) suprimirla. Lo que sí quisiera recalcar es que la hablar de las dos culturas, sin perjucio de la enorme y de la decisiva importancia como puede enfocar nunca solamente.
viernes, 16 de junio de 2017
Cola de león
Por Daniel Gallejones Prieto, Ex-Consejero de la Comunidad Autónoma de Cantabria
(Diario Montañes, 17 de diciembre de 2000)
Es posible que yo concite los anónimos, lo cierto es que los recibo con frecuencia y observo que todos son similares, tanto, que sus zafios insultos casi siempre coinciden. Cuando llegan a mis manos, van directamente a la papelera.
Con el recibido días pasados haré una excepción, le voy a contestar. Antes debo informar que quien lo escribe utilizó un trozo de papel de propaganda rasgado y sucio. Del contenido no opino, lo dejo para el lector.
Dice así: «Gallejones: No te pongas más en ridículo, bastante lo has hecho ya. La integración de Cantabria en Castilla es ya imposible. No sigas haciendo más el payaso. Además estás provocando a los cántabros que no se quedan callados. ¿No quieres ahora a Cantabria porque ya no estás en el Gobierno regional? ¿Antes sí y ahora no?.»
Quien recurre al anónimo siempre es el cobarde. Nacido así, nada podemos hacer para aliviarle el mal. En cuanto a lo que dice, incluyendo los insultos, le contestaré con una frase de Voltaire: «Detesto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».
Defender una opinión no es caer en el ridículo. En un sistema democrático se trata de un derecho que no se puede negar a ningún ciudadano. Los partidarios de la autonomía uniprovincial, al negar este derecho, se dejan llevar por ideas nacionalistas que siempre tienen un fondo racista y antidemocrático.
En el segundo punto se muestra tajante al decir: «La integración de Cantabria en Castilla es ya imposible». Esta afirmación es falsa, dándose la circunstancia de que la hacen casi todos cuantos defienden la autonomía uniprovincial, lo que induce a sospechar que se trata de una consigna. La unión con Castilla carece de impedimentos legales, si bien es cierto que una vez suprimido el artículo 58 del Estatuto, los trámites se han dificultado.
En el tercer punto manifiesta: «No sigas más haciendo el payaso». El consejo es inoportuno. Demuestra que está convencido de poseer la verdad absoluta, en lo que coincide con demócratas tan acreditados como Lenin, Stalin, Hitler, Fidel Castro. En cuanto al punto cuarto, escribe una frase desagradablemente amenazadora. Disentir de lo que usted y algunos otros piensan ¿Es una provocación? Afirmaba George Orwell que «libertad significa el derecho a decir a la gente lo que no quiere oír».
Cuantos ante la autonomía uniprovincial piensan como el anónimo comunicante, deben conocer las razones que me mueven a colaborar en el proyecto de unirnos con Castilla y León. Sepan que siempre fui partidario de las autonomías y cuando se habló de convertir a la provincia de Santander en autonomía uniprovincial, me sentí ilusionado.
Mis recelos se iniciaron al conocer la forma en que se planeaba. Ciertamente se respetó la Ley, pero olvidaron la democracia.
Yo deseo, no por interés personal, pues dada la edad que tengo las ambiciones se han agostado, la unión con Castilla. Mi tesón en continuar trabajando en este proyecto tiene por finalidad librar a las jóvenes generaciones de cántabros, entre los cuales figuran mis nietos, de verse obligados a servir de camareros a los vascos u obligados a coger la mochila y emigrar de su tierra.
Hoy, desafortunadamente, podemos afirmar que la autonomía de Cantabria ha fracasado, como lo demuestra el hecho de que Santander provincia, ocupaba el número seis por su renta per cápita. Actualmente estamos en el número veinticuatro, con tendencia al retroceso.
También debo decir que las autonomías me han decepcionado debido al pésimo planteamiento de las mismas. Hay autonomías de primera: País Vasco y Cataluña; de segunda: Andalucía, Galicia; de tercera: las dos Castillas, Asturias; de cuarta: Cantabria.
Estas diferencias dan ocasión a profundos desequilibrios económicos y sociales y a romperse la solidaridad entre las regiones. Los catalanes desean más poder y dinero. Los vascos, que ya lograron el máximo poder y el dinero, reclaman la independencia. Estos privilegios son pagados por las autonomías más pobres.
En Cantabria algunos sectores han echado las campanas a vuelo cuando el ministro de Fomento prometió dar un puñado de calderilla a nuestra autonomía. Afirmó que se invertirán 176.309 millones de pesetas en siete años que se distribuyen así: 78.030 en carreteras de alta capacidad; 69.680 en ferrocarriles (23.180 destinado al FEVE); 2.104 al aeropuerto; 26.585 al puerto. ¿Y el ministro de Fomento pretende hacernos creer que con 46.500 millones de pesetas se puede construir un ferrocarril de alta velocidad desde Aguilar de Campoo a Santander? En Asturias para salvar el puerto de Pajares se proyecta un túnel de 25 km. y un nuevo tendido de línea férrea adecuada para soportar trenes de alta velocidad. El tiempo Madrid-Oviedo será de 3 horas y el de Madrid-Santander, 3 horas y 20 minutos teniendo en cuenta que la distancia de Madrid-Oviedo es superior en más de 50 km. que desde Santander.
El trayecto Bilbao-Madrid se realizará en 2 horas y 10 minutos, es decir, 1 hora y 10 minutos menos que desde Santander. Estos datos indican que a Asturias y Vizcaya se las dotará de tren de alta velocidad, mientras que a Cantabria desde Palencia se viajará a 100 km. por hora.
En cuanto a los accesos por autovía a la Meseta, el proyecto no deja de ser otra mala chapuza. Actualmente la distancia por carretera con Burgos es de 145 km., con la proyectada autovía estaremos a 210 km. La autovía Santander-Palencia, que absorbe el tráfico de Galicia, León, Zamora, en Aguilar de Campoo recibirá el flujo de la autovía Burgos-Aguilar de Campoo. No es preciso ser técnico en circulación para poder afirmar que el trayecto Aguilar-Santander quedará congestionado desde el mismo día de la inauguración.
Cantabria precisa dos autovías, la proyectada Santander-Palencia y la segunda Santander-Burgos. Ambas obras debe exigirse que se inicien inmediatamente. Toda la cornisa del Cantábrico tiene este problema resuelto desde hace más de 15 años. Son muchos años marginados que han retrasado la industrialización en la Montaña y no puede admitirse que esta situación se prolongue.
Un diputado de Cantabria, lleno de euforia, decía días pasados en la prensa que «valoro positivamente el presupuesto, que aumenta un 42 %» y afirmaba que la autovía a la Meseta estaría finalizada en el año 2005. Deseo que esté en lo cierto, mas no se puede evitar, analizando los presupuestos y la actividad que dan al proyecto, pensar en que si está en servicio en el año 2008 podemos darnos por muy satisfechos.
Observamos que quienes gobiernan Cantabria han asumido el hecho de que seamos siempre postergados y cuando les ofrecen un caramelo envenenado como este, se sienten felices. Y la razón de este estado de ánimo de nuestros gobernantes está en la impotencia, en conocer que en Madrid les oyen, pero no les escuchan. Carecemos de fuerza, y de no reaccionar a tiempo, Cantabria se convertirá en zona de recreo de los vascos y los descendientes de los indomables cántabros quedarán convertidos en sus humildes servidores.
Por todo cuanto se ha dicho deseamos la unión con Castilla y León, lo que nos proporcionará fuerza para obtener lo que en derecho nos corresponde del Gobierno central. Esta unión no significa que vayamos a perder nuestra identidad, historia, costumbres, tradiciones y forma de entender la vida.
Nos duele el conformismo de las autoridades autonómicas de Cantabria que muestran diariamente con esas desmedidas loas a los ministros del Gobierno central, cuando nos ofrecen unas inversiones que debieron materializar hace veinte años. Lo prometido por el ministro de Fomento ahora viene a incrementar la injusticia mantenida con esta región durante tantos años.
Nuestras autoridades no se movilizan, no protestan contra tanto abandono, es la resignación de la impotencia nacida del fracaso de esta autonomía… Estas son las razones de desear unir a Cantabria con Castilla y León. Preferimos ser cola de león a cabeza de ratón.
(Diario Montañes, 17 de diciembre de 2000)
Es posible que yo concite los anónimos, lo cierto es que los recibo con frecuencia y observo que todos son similares, tanto, que sus zafios insultos casi siempre coinciden. Cuando llegan a mis manos, van directamente a la papelera.
Con el recibido días pasados haré una excepción, le voy a contestar. Antes debo informar que quien lo escribe utilizó un trozo de papel de propaganda rasgado y sucio. Del contenido no opino, lo dejo para el lector.
Dice así: «Gallejones: No te pongas más en ridículo, bastante lo has hecho ya. La integración de Cantabria en Castilla es ya imposible. No sigas haciendo más el payaso. Además estás provocando a los cántabros que no se quedan callados. ¿No quieres ahora a Cantabria porque ya no estás en el Gobierno regional? ¿Antes sí y ahora no?.»
Quien recurre al anónimo siempre es el cobarde. Nacido así, nada podemos hacer para aliviarle el mal. En cuanto a lo que dice, incluyendo los insultos, le contestaré con una frase de Voltaire: «Detesto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».
Defender una opinión no es caer en el ridículo. En un sistema democrático se trata de un derecho que no se puede negar a ningún ciudadano. Los partidarios de la autonomía uniprovincial, al negar este derecho, se dejan llevar por ideas nacionalistas que siempre tienen un fondo racista y antidemocrático.
En el segundo punto se muestra tajante al decir: «La integración de Cantabria en Castilla es ya imposible». Esta afirmación es falsa, dándose la circunstancia de que la hacen casi todos cuantos defienden la autonomía uniprovincial, lo que induce a sospechar que se trata de una consigna. La unión con Castilla carece de impedimentos legales, si bien es cierto que una vez suprimido el artículo 58 del Estatuto, los trámites se han dificultado.
En el tercer punto manifiesta: «No sigas más haciendo el payaso». El consejo es inoportuno. Demuestra que está convencido de poseer la verdad absoluta, en lo que coincide con demócratas tan acreditados como Lenin, Stalin, Hitler, Fidel Castro. En cuanto al punto cuarto, escribe una frase desagradablemente amenazadora. Disentir de lo que usted y algunos otros piensan ¿Es una provocación? Afirmaba George Orwell que «libertad significa el derecho a decir a la gente lo que no quiere oír».
Cuantos ante la autonomía uniprovincial piensan como el anónimo comunicante, deben conocer las razones que me mueven a colaborar en el proyecto de unirnos con Castilla y León. Sepan que siempre fui partidario de las autonomías y cuando se habló de convertir a la provincia de Santander en autonomía uniprovincial, me sentí ilusionado.
Mis recelos se iniciaron al conocer la forma en que se planeaba. Ciertamente se respetó la Ley, pero olvidaron la democracia.
Yo deseo, no por interés personal, pues dada la edad que tengo las ambiciones se han agostado, la unión con Castilla. Mi tesón en continuar trabajando en este proyecto tiene por finalidad librar a las jóvenes generaciones de cántabros, entre los cuales figuran mis nietos, de verse obligados a servir de camareros a los vascos u obligados a coger la mochila y emigrar de su tierra.
Hoy, desafortunadamente, podemos afirmar que la autonomía de Cantabria ha fracasado, como lo demuestra el hecho de que Santander provincia, ocupaba el número seis por su renta per cápita. Actualmente estamos en el número veinticuatro, con tendencia al retroceso.
También debo decir que las autonomías me han decepcionado debido al pésimo planteamiento de las mismas. Hay autonomías de primera: País Vasco y Cataluña; de segunda: Andalucía, Galicia; de tercera: las dos Castillas, Asturias; de cuarta: Cantabria.
Estas diferencias dan ocasión a profundos desequilibrios económicos y sociales y a romperse la solidaridad entre las regiones. Los catalanes desean más poder y dinero. Los vascos, que ya lograron el máximo poder y el dinero, reclaman la independencia. Estos privilegios son pagados por las autonomías más pobres.
En Cantabria algunos sectores han echado las campanas a vuelo cuando el ministro de Fomento prometió dar un puñado de calderilla a nuestra autonomía. Afirmó que se invertirán 176.309 millones de pesetas en siete años que se distribuyen así: 78.030 en carreteras de alta capacidad; 69.680 en ferrocarriles (23.180 destinado al FEVE); 2.104 al aeropuerto; 26.585 al puerto. ¿Y el ministro de Fomento pretende hacernos creer que con 46.500 millones de pesetas se puede construir un ferrocarril de alta velocidad desde Aguilar de Campoo a Santander? En Asturias para salvar el puerto de Pajares se proyecta un túnel de 25 km. y un nuevo tendido de línea férrea adecuada para soportar trenes de alta velocidad. El tiempo Madrid-Oviedo será de 3 horas y el de Madrid-Santander, 3 horas y 20 minutos teniendo en cuenta que la distancia de Madrid-Oviedo es superior en más de 50 km. que desde Santander.
El trayecto Bilbao-Madrid se realizará en 2 horas y 10 minutos, es decir, 1 hora y 10 minutos menos que desde Santander. Estos datos indican que a Asturias y Vizcaya se las dotará de tren de alta velocidad, mientras que a Cantabria desde Palencia se viajará a 100 km. por hora.
En cuanto a los accesos por autovía a la Meseta, el proyecto no deja de ser otra mala chapuza. Actualmente la distancia por carretera con Burgos es de 145 km., con la proyectada autovía estaremos a 210 km. La autovía Santander-Palencia, que absorbe el tráfico de Galicia, León, Zamora, en Aguilar de Campoo recibirá el flujo de la autovía Burgos-Aguilar de Campoo. No es preciso ser técnico en circulación para poder afirmar que el trayecto Aguilar-Santander quedará congestionado desde el mismo día de la inauguración.
Cantabria precisa dos autovías, la proyectada Santander-Palencia y la segunda Santander-Burgos. Ambas obras debe exigirse que se inicien inmediatamente. Toda la cornisa del Cantábrico tiene este problema resuelto desde hace más de 15 años. Son muchos años marginados que han retrasado la industrialización en la Montaña y no puede admitirse que esta situación se prolongue.
Un diputado de Cantabria, lleno de euforia, decía días pasados en la prensa que «valoro positivamente el presupuesto, que aumenta un 42 %» y afirmaba que la autovía a la Meseta estaría finalizada en el año 2005. Deseo que esté en lo cierto, mas no se puede evitar, analizando los presupuestos y la actividad que dan al proyecto, pensar en que si está en servicio en el año 2008 podemos darnos por muy satisfechos.
Observamos que quienes gobiernan Cantabria han asumido el hecho de que seamos siempre postergados y cuando les ofrecen un caramelo envenenado como este, se sienten felices. Y la razón de este estado de ánimo de nuestros gobernantes está en la impotencia, en conocer que en Madrid les oyen, pero no les escuchan. Carecemos de fuerza, y de no reaccionar a tiempo, Cantabria se convertirá en zona de recreo de los vascos y los descendientes de los indomables cántabros quedarán convertidos en sus humildes servidores.
Por todo cuanto se ha dicho deseamos la unión con Castilla y León, lo que nos proporcionará fuerza para obtener lo que en derecho nos corresponde del Gobierno central. Esta unión no significa que vayamos a perder nuestra identidad, historia, costumbres, tradiciones y forma de entender la vida.
Nos duele el conformismo de las autoridades autonómicas de Cantabria que muestran diariamente con esas desmedidas loas a los ministros del Gobierno central, cuando nos ofrecen unas inversiones que debieron materializar hace veinte años. Lo prometido por el ministro de Fomento ahora viene a incrementar la injusticia mantenida con esta región durante tantos años.
Nuestras autoridades no se movilizan, no protestan contra tanto abandono, es la resignación de la impotencia nacida del fracaso de esta autonomía… Estas son las razones de desear unir a Cantabria con Castilla y León. Preferimos ser cola de león a cabeza de ratón.
sábado, 13 de mayo de 2017
El capital y el problema castellano
Por Dalmau
(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), 19 marzo 1925, p. 1)
La riqueza es creada en España principalmente por Andalucía y Castilla, y luego por Aragón y otros.
Sin embargo, no es ese el orden de bienestar en nuestra patria, y eso se debe a que no basta crear riqueza, producir, sino retener el capital, y eso lo hace el comercio y la industria.
Por eso todo pueblo comerciante o industrial a la larga llega a ser más rico que el productor o creador de riqueza, y éste llega con el tiempo si no se transforma en comerciante o industrial principalmente, a ser dependiente de aquéllos.
Castilla tiene aún la libertad de acción porque es a la vez productor, comerciante y algo industrial y es demasiado crédula en la bondad de prestar su dinero para que otros hagan comercio con él o creen industrias o mejoren su situación a costas suyas.
Aún es tiempo de reaccionar y de utilizar los enormes recursos económicos que tiene Castilla.
¿Qué hacer? Veámoslo.
El estado suele hacer frecuentes empréstitos cuyo producto se destina generalmente a gastos fuera de Castilla.
Esta da diez, y de esa suma el Estado coloca dos en Castilla solamente. En cambio otras regiones, como Cataluña, que da sempre muy poco, recibe mucho. Hay, pues, que olvidar la costumbre de prestar dinero al Estado que paga poco interés y crea competidores. Ese dinero estará mejor empleado apoderándose de las sociedades que en Castilla trabajan con capital y dirección no castellanos y para expansionar a las industrias, comercio, navegación y demás empresas castellanas.
Es frecuente que empresas situadas en otras partes no castellanas emitan obligaciones en Castilla; ello ocurre con la M.Z.A., la Transatlántica y otras empresas. Tampoco se les debe prestar porque estas utilizan el dinero ese en beneficios fuera de Castilla.
El M.Z.A., p. ej., tiene estaciones muy hermosas y desproporcionadas con el tráfico en Tarragona, Barcelona, etc., pero no tiene lo necesario en Castilla. Es decir, que el dinero que les presta se utiliza mucho para llenar necesidades superfluas fuera de Castilla mientras en ésta falta lo necesario.
Debe finalmente el castellano crear productos que faltan en Castilla, y cuyo consumo en ella es de alguna importancia.
De esta manera muy pronto habría superabundancia de capital en la región y esa obligaría a crear nuevas empresas o expandir a las ya existentes.
Restar dinero al Estado tiene para Castilla inconvenientes que otra vez trataré.
Sin embargo, no es ese el orden de bienestar en nuestra patria, y eso se debe a que no basta crear riqueza, producir, sino retener el capital, y eso lo hace el comercio y la industria.
Por eso todo pueblo comerciante o industrial a la larga llega a ser más rico que el productor o creador de riqueza, y éste llega con el tiempo si no se transforma en comerciante o industrial principalmente, a ser dependiente de aquéllos.
Castilla tiene aún la libertad de acción porque es a la vez productor, comerciante y algo industrial y es demasiado crédula en la bondad de prestar su dinero para que otros hagan comercio con él o creen industrias o mejoren su situación a costas suyas.
Aún es tiempo de reaccionar y de utilizar los enormes recursos económicos que tiene Castilla.
¿Qué hacer? Veámoslo.
El estado suele hacer frecuentes empréstitos cuyo producto se destina generalmente a gastos fuera de Castilla.
Esta da diez, y de esa suma el Estado coloca dos en Castilla solamente. En cambio otras regiones, como Cataluña, que da sempre muy poco, recibe mucho. Hay, pues, que olvidar la costumbre de prestar dinero al Estado que paga poco interés y crea competidores. Ese dinero estará mejor empleado apoderándose de las sociedades que en Castilla trabajan con capital y dirección no castellanos y para expansionar a las industrias, comercio, navegación y demás empresas castellanas.
Es frecuente que empresas situadas en otras partes no castellanas emitan obligaciones en Castilla; ello ocurre con la M.Z.A., la Transatlántica y otras empresas. Tampoco se les debe prestar porque estas utilizan el dinero ese en beneficios fuera de Castilla.
El M.Z.A., p. ej., tiene estaciones muy hermosas y desproporcionadas con el tráfico en Tarragona, Barcelona, etc., pero no tiene lo necesario en Castilla. Es decir, que el dinero que les presta se utiliza mucho para llenar necesidades superfluas fuera de Castilla mientras en ésta falta lo necesario.
Debe finalmente el castellano crear productos que faltan en Castilla, y cuyo consumo en ella es de alguna importancia.
De esta manera muy pronto habría superabundancia de capital en la región y esa obligaría a crear nuevas empresas o expandir a las ya existentes.
Restar dinero al Estado tiene para Castilla inconvenientes que otra vez trataré.
sábado, 4 de marzo de 2017
Para el Estatuto Castellano
(1936)
Mi gracias a todos por tan generosa y hospitalaria acogida como han dispensado a mi escrito del 15 de mayo último, publicado en los periódicos "Correo" y "Heraldo de Zamora" del 20 y 22 respectivamente y mi sincero agradecimiento a don Julio de la Higuera, por su artículo publicado el "La Tarde" del 23, por la preferencia en que quiere colocarme.
Nada pretendo para mí, señor Higuera; si algo ganare, que será poca cosa, porque poca cosa soy, lo cedería gustoso a quien lo desee; nunca disputaré en este campo. Mis aspiraciones son, únicamente, las de lograr el disfrute de la satisfacción del deber cumplido, entre el bienestar del goce de todos los bienes a que tiene derecho a usufructuar nuestra amada patria.
Mucho se escribe y mucho se habla ya del Estatuto Castellano:; el ambiente cada vez es más cálido, inspirando halagadoras esperanzas de optimismo; por ese camino el Estatuto será pronto una realidad y convertidos en hechos todos nuestros deseos y todas nuestras aspiraciones.
Siempre hay que resolver dificultades en toda empresa y apartar tropezones. Hasta ahora no he visto más que alguna expresión antiestatutaria y un pequeño tropiezo.
A los antiestaturistas les recordamos:
El colosal imperio de los zares en Rusia, se derrumbó en dos horas; cosa que no hubiera ocurrido, si aquel imperio hubiera estado constituido por muchos estados autónomos federados, porque su despotismo y corrupción no hubieran llegado a donde llegaron. Por idénticas causas se destruyeron en Roma su gran república y su gigantesco imperio. Y no por distintos motivos fuimos perdiendo trágicamente los extensísimos dominios que, a España, dejaron los Reyes Católicos, cuya monarquía terminó en el reinado de Alfonso XIII, aquella buena tarde de abril de 1931, con aquel famoso ultimátum a todos aquellos poderes. "Si antes de ponerse el sol, no nos entregáis el poder, saldremos a la calle a recoger lo que el pueblo ha pedido". Aquella misma tarde se implantó la República en España.
¡Si, señores antifascistas!: tenemos que ser republicanos; y, para defender la República, el arma que más garantía nos ofrece, es la de ser regionalista. Además, en el fondo de este escrito, veremos lo inútil y perjudicial que para España y de una manera especial para Castilla, ha sido el poder estatal. España única, sí; pero regionalista-autónoma y autonómicos sus municipios.
Vamos al tropiezo:
En "Heraldo de Zamora" del 26 de mayo, aparece un artículo que firma V. Velasco, titulado "Acerca del Estatuto Castellano-Leonés".
No se ve, que el articulista se proponga otra cosa, más que echar agua fría a este fuego sagrado que arde ya en el corazón de Castilla en pro de su Estatuto. Compendiado refereido artículo, se reduce a lo siguiente:
Que ignora si Castilla ganaría o perdería con su autonomía; que en último término Castilla debía ser la última que lo pidiera; que antes había que conocer si Castilla tiene o no elementos propios para vivir; que primero hay que decidir por la extensión que debe comprender la región Castellano-Leonesa; que si ya, con alegatos picapleitos lugareños, haya quien reclame para sí la capitalidad de la región; que si la capitalidad debe ser para la región y no la región para la capitalidad; y que no ve la urgencia para pedir este Estatuto.
¡Oh, carísimo amigo Velasco!¡Qué pena nos produce verte pensar así!
Castilla tiene un tesoro de incalculable valor y es inagotable. Este tesoro, el estado unitario, apenas sí se ha ocupado de su explotación; y cuando se ocupa, lo hace muy lenta y perezosamente; forma que perjudica más que beneficia. Cuando desplegando las mayores actividades, en su explotación, sería no solo el porvenir de Castilla sino también el de toda España. Este tesoro es el río Duero con todos sus afluentes, que, pantanizadas suficientemente sus aguas y canalizados los terrenos que estas aguas pudieran regar, resultaría que Castilla la Vieja y León, no tendrían que envidiar nada a ninguna parte del mundo en producción agrícola, forestal y ganadera. Y después de regar toda esa gran zona quedarían aguas para producir energía eléctrica para satisfacer todas las necesidades industriales que España pudiera precisar.
En minas, cuenta la región Castellano-Leonesa con los filones más importantes de España en hierros y carbones, también los tiene de los demás metales, contando con abundantísimas canteras de yeso, piedras calizas, margas para cementos además de la diversidad y abundancia de silíceas, cuarzos, granitos y pizarras como también mármoles. En aguas minero-medicinales, nada tiene que desear.
Castilla constituida en estado autónomo, no tomaría menos interés en desarrollar estas fuentes de riqueza, luego nunca perdería por ser autónoma. En sus manos estaría desarrollar aquellas hasta el máximo de su producción.
Con este emporio de riqueza (hasta hoy abandonado), por la posición geográfica de Castilla y sus tradiciones, ésta no debe ser la última, debió ser la primera en reclamar su autonomía, para ejemplo de las demás regiones.
¿Qué más elementos necesitaría el señor Velasco, para concederle vida propia a Castilla, cuando, a simple vista, se ve que podría
tenerlos para suministrar todas las necesidades de España?
Si no fuera porque tenemos que respetar el nombre de Castilla, que es el título sagrado de nuestra lengua y la evocación de nuestras tradiciones, ningún nombre más apropiado para esta región que el de "El Duero y su cuenca".
Como la cuenca del Duero es indivisible, mientras el aprovechamiento de sus aguas no esté perfectamente distribuido y reglamentado, forzosamente, la región Castellana, tiene que ser constituida por todas las provincias comprendidas en la cuenca, que son: Soria,Logroño, Burgos, Santander, León, Palencia, Valladolid, Zamora, Salamanca, Ávila y Segovia.
Mi gracias a todos por tan generosa y hospitalaria acogida como han dispensado a mi escrito del 15 de mayo último, publicado en los periódicos "Correo" y "Heraldo de Zamora" del 20 y 22 respectivamente y mi sincero agradecimiento a don Julio de la Higuera, por su artículo publicado el "La Tarde" del 23, por la preferencia en que quiere colocarme.
Nada pretendo para mí, señor Higuera; si algo ganare, que será poca cosa, porque poca cosa soy, lo cedería gustoso a quien lo desee; nunca disputaré en este campo. Mis aspiraciones son, únicamente, las de lograr el disfrute de la satisfacción del deber cumplido, entre el bienestar del goce de todos los bienes a que tiene derecho a usufructuar nuestra amada patria.
Mucho se escribe y mucho se habla ya del Estatuto Castellano:; el ambiente cada vez es más cálido, inspirando halagadoras esperanzas de optimismo; por ese camino el Estatuto será pronto una realidad y convertidos en hechos todos nuestros deseos y todas nuestras aspiraciones.
Siempre hay que resolver dificultades en toda empresa y apartar tropezones. Hasta ahora no he visto más que alguna expresión antiestatutaria y un pequeño tropiezo.
A los antiestaturistas les recordamos:
El colosal imperio de los zares en Rusia, se derrumbó en dos horas; cosa que no hubiera ocurrido, si aquel imperio hubiera estado constituido por muchos estados autónomos federados, porque su despotismo y corrupción no hubieran llegado a donde llegaron. Por idénticas causas se destruyeron en Roma su gran república y su gigantesco imperio. Y no por distintos motivos fuimos perdiendo trágicamente los extensísimos dominios que, a España, dejaron los Reyes Católicos, cuya monarquía terminó en el reinado de Alfonso XIII, aquella buena tarde de abril de 1931, con aquel famoso ultimátum a todos aquellos poderes. "Si antes de ponerse el sol, no nos entregáis el poder, saldremos a la calle a recoger lo que el pueblo ha pedido". Aquella misma tarde se implantó la República en España.
¡Si, señores antifascistas!: tenemos que ser republicanos; y, para defender la República, el arma que más garantía nos ofrece, es la de ser regionalista. Además, en el fondo de este escrito, veremos lo inútil y perjudicial que para España y de una manera especial para Castilla, ha sido el poder estatal. España única, sí; pero regionalista-autónoma y autonómicos sus municipios.
Vamos al tropiezo:
En "Heraldo de Zamora" del 26 de mayo, aparece un artículo que firma V. Velasco, titulado "Acerca del Estatuto Castellano-Leonés".
No se ve, que el articulista se proponga otra cosa, más que echar agua fría a este fuego sagrado que arde ya en el corazón de Castilla en pro de su Estatuto. Compendiado refereido artículo, se reduce a lo siguiente:
Que ignora si Castilla ganaría o perdería con su autonomía; que en último término Castilla debía ser la última que lo pidiera; que antes había que conocer si Castilla tiene o no elementos propios para vivir; que primero hay que decidir por la extensión que debe comprender la región Castellano-Leonesa; que si ya, con alegatos picapleitos lugareños, haya quien reclame para sí la capitalidad de la región; que si la capitalidad debe ser para la región y no la región para la capitalidad; y que no ve la urgencia para pedir este Estatuto.
¡Oh, carísimo amigo Velasco!¡Qué pena nos produce verte pensar así!
Castilla tiene un tesoro de incalculable valor y es inagotable. Este tesoro, el estado unitario, apenas sí se ha ocupado de su explotación; y cuando se ocupa, lo hace muy lenta y perezosamente; forma que perjudica más que beneficia. Cuando desplegando las mayores actividades, en su explotación, sería no solo el porvenir de Castilla sino también el de toda España. Este tesoro es el río Duero con todos sus afluentes, que, pantanizadas suficientemente sus aguas y canalizados los terrenos que estas aguas pudieran regar, resultaría que Castilla la Vieja y León, no tendrían que envidiar nada a ninguna parte del mundo en producción agrícola, forestal y ganadera. Y después de regar toda esa gran zona quedarían aguas para producir energía eléctrica para satisfacer todas las necesidades industriales que España pudiera precisar.
En minas, cuenta la región Castellano-Leonesa con los filones más importantes de España en hierros y carbones, también los tiene de los demás metales, contando con abundantísimas canteras de yeso, piedras calizas, margas para cementos además de la diversidad y abundancia de silíceas, cuarzos, granitos y pizarras como también mármoles. En aguas minero-medicinales, nada tiene que desear.
Castilla constituida en estado autónomo, no tomaría menos interés en desarrollar estas fuentes de riqueza, luego nunca perdería por ser autónoma. En sus manos estaría desarrollar aquellas hasta el máximo de su producción.
Con este emporio de riqueza (hasta hoy abandonado), por la posición geográfica de Castilla y sus tradiciones, ésta no debe ser la última, debió ser la primera en reclamar su autonomía, para ejemplo de las demás regiones.
¿Qué más elementos necesitaría el señor Velasco, para concederle vida propia a Castilla, cuando, a simple vista, se ve que podría
tenerlos para suministrar todas las necesidades de España?
Si no fuera porque tenemos que respetar el nombre de Castilla, que es el título sagrado de nuestra lengua y la evocación de nuestras tradiciones, ningún nombre más apropiado para esta región que el de "El Duero y su cuenca".
Como la cuenca del Duero es indivisible, mientras el aprovechamiento de sus aguas no esté perfectamente distribuido y reglamentado, forzosamente, la región Castellana, tiene que ser constituida por todas las provincias comprendidas en la cuenca, que son: Soria,Logroño, Burgos, Santander, León, Palencia, Valladolid, Zamora, Salamanca, Ávila y Segovia.
sábado, 24 de diciembre de 2016
El movimiento regional castellano
(1932)
Yo quiero quiero ver en este movimiento -porque es una visión rayada por zig-zags de optimismos y valentías- una vibración enérgica de la ancha meseta contra los egoísmos nacionalistas catalán y vasco. Yo no niego facultades administrativas a las regiones competentes, porque soy autonomista; pero negaré y combato la avaricia y el ansia de las regiones que sin haber llegado a una competencia plena, pretenden no un pacto con el Estado, pues esto significaría osadía o error, ambas cosas fáciles de domeñar o corregir, sino una simulación de acatamiento envolviendo un bajo y ruin contenido rebelde.
Castilla, ante ese falso muestrario de suficiencias que son los Estatutos, y en las que nos quieren hacer creer con un empeño de imposición, se resuelve herida y, con el austero orgullo de sus hidalgos, muestra sus caudales consumidos por tanta dádiva, sacrificados más de una vez por exigencias del país vasco y de la ciudad de los condes, núcleo de la célula catalana. Pero estos caudales no están agotados como para darlos por fenecidos; están mermados, sí; pero aun suman lo capaz para rehacer el valor perdido. Y para recuperar este valor se ha fundado el Instituto Económico Castellano. Su presidente, un hombre de rancio castellanismo, nos dice:
-Nosotros, como reza la circular que hemos repartido, pretendemos fomentar el trabajo en Castilla, promoviendo y secundando, objetivamente, todas las iniciativas que puedan incrementar los bienes materiales de nuestra región; intervenir cerca del Gobierno y dependencias oficiales en pro de cuantas gestiones interesen a la vida económica de las provincias castellanas, y organizar un archivo estadístico y arancelario para divulgar sus
estudios, y poner su documentación al servicio de los distintos elementos asociados.
-¿Y el proyecto de hacer de Santander el puerto de Castilla?
-Es un proyecto decidida, imperativa, categóricamente aprobado -nos contesta remachando las palabras-. Y tan es así que sin ese puerto fortificado por una zona industrial castellana nuestros propósitos se anquilosarían, pues todos ellos son radios de él, que lo hemos adoptado como centro, como objetivo de nuestros estudios.
-¿Probabilidades de éxito?
-Todas.
-¿Sólo esto?
-Por ahora solo esto. ¿Le parece poca la afirmación?
-Volvemos a Santander -le digo invitándole a rasgar velos.
-No; por ahora nada más. En este momento, no juzgo discretas unas declaraciones amplias; tenga en cuenta que solo hemos celebrado dos reuniones, porque es mi propósito -y mis propósitos no los quebranto-, hacerlas desde la tribuna. La tribuna será Santander y el título de mi conferencia, "Ideal castellano".
Cariñosamente me tiende la mano y me dice:
-¡Por Castilla!
Y yo, recogiendo el apretón de manos, le contesté:
-¡Por Castilla!
Yo quiero quiero ver en este movimiento -porque es una visión rayada por zig-zags de optimismos y valentías- una vibración enérgica de la ancha meseta contra los egoísmos nacionalistas catalán y vasco. Yo no niego facultades administrativas a las regiones competentes, porque soy autonomista; pero negaré y combato la avaricia y el ansia de las regiones que sin haber llegado a una competencia plena, pretenden no un pacto con el Estado, pues esto significaría osadía o error, ambas cosas fáciles de domeñar o corregir, sino una simulación de acatamiento envolviendo un bajo y ruin contenido rebelde.
Castilla, ante ese falso muestrario de suficiencias que son los Estatutos, y en las que nos quieren hacer creer con un empeño de imposición, se resuelve herida y, con el austero orgullo de sus hidalgos, muestra sus caudales consumidos por tanta dádiva, sacrificados más de una vez por exigencias del país vasco y de la ciudad de los condes, núcleo de la célula catalana. Pero estos caudales no están agotados como para darlos por fenecidos; están mermados, sí; pero aun suman lo capaz para rehacer el valor perdido. Y para recuperar este valor se ha fundado el Instituto Económico Castellano. Su presidente, un hombre de rancio castellanismo, nos dice:
-Nosotros, como reza la circular que hemos repartido, pretendemos fomentar el trabajo en Castilla, promoviendo y secundando, objetivamente, todas las iniciativas que puedan incrementar los bienes materiales de nuestra región; intervenir cerca del Gobierno y dependencias oficiales en pro de cuantas gestiones interesen a la vida económica de las provincias castellanas, y organizar un archivo estadístico y arancelario para divulgar sus
estudios, y poner su documentación al servicio de los distintos elementos asociados.
-¿Y el proyecto de hacer de Santander el puerto de Castilla?
-Es un proyecto decidida, imperativa, categóricamente aprobado -nos contesta remachando las palabras-. Y tan es así que sin ese puerto fortificado por una zona industrial castellana nuestros propósitos se anquilosarían, pues todos ellos son radios de él, que lo hemos adoptado como centro, como objetivo de nuestros estudios.
-¿Probabilidades de éxito?
-Todas.
-¿Sólo esto?
-Por ahora solo esto. ¿Le parece poca la afirmación?
-Volvemos a Santander -le digo invitándole a rasgar velos.
-No; por ahora nada más. En este momento, no juzgo discretas unas declaraciones amplias; tenga en cuenta que solo hemos celebrado dos reuniones, porque es mi propósito -y mis propósitos no los quebranto-, hacerlas desde la tribuna. La tribuna será Santander y el título de mi conferencia, "Ideal castellano".
Cariñosamente me tiende la mano y me dice:
-¡Por Castilla!
Y yo, recogiendo el apretón de manos, le contesté:
-¡Por Castilla!
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