Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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sábado, 17 de febrero de 2018

El León de ayer, el de hoy y el de mañana

Por Caballero Mier


(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 22, 14 de julio de 1924, p. 20)

De nuestro corresponsal Sr. Caballero Mier.


Existe un general desconocimiento de lo que son y lo que representan muchas ciudades españolas, si estas dencansan sobre la amplia y parda meseta castellano-leonesa. 

Para el artista, para el poeta, que viven fuera del mundo, de la burda realidad, estas ciudades con sus egregias catedrales, sus vetustos muros, sus suntuosos monasterios, su imponderable tesoro artístico, son como una vasta sepultura donde duerme todo lo grande; ün inmenso museo donde la generación presente puede admirar las reliquias de un pasado de gloria y de esplendor. Y este concepto, trascendiendo a la masa general, hace que se crea que estas viejas ciudades son simples reminiscencias del pasudo,.ciudades muertas como no ha mucho decía un consagrado escritor, refiriéndose precisamente a nuestra capital. 


Si nos remontásemos en alas de la Historia a contemplar el León de hace varias centurias, veríamos en él una de las más poderosas capitales, señora de uno de los reinos más gloriosos, pero hemos de ceñirnos a lo presente, que es lo positivo. De la famosa Séptima Legio Augusta, de los Romanos, apenas queda recuerdo, así como tampoco de los más cercanos tiempos de sus famosos reyes; únicamente unas cuantas reliquillas, cantando aquel pasado... 


Hoy, León puede ufanarse de su modernidad, del desarrollo de su industria, de la inmensa riqueza que las entrañas dé su suelo atesora, de la teracidad de sus vegas, de sus vastas extensiones plantadas de viñedo, de su incomparable situación geográfica, de su no igualada posición estratégica, que, en determinado e infausto momento, sería forzosamente un insustituible centro militar. 

León ha sabido como muy pocas de sus hermanas confraternizar el respeto y la veneración que merecen las reliquias de su pasado, con las imperiosas necesidades de su presente; como las mujeres inteligentes y coquetas, sabe ser moderna sin dejar de ser antigua.

Junto al severo monasterio milenario, el suntuoso edificio moderno de cemento armado y vistosa fachada; la sombra de su gentil catedral, cruzada por el elegante auto de paseo o la potente camioneta; el majestuoso silencio de los claustros monacales, turbado por el trepidar de la máquina industrial, férreos latidos de un corazón que vivirá tiempos de prosperidad ya felizmente iniciados.

miércoles, 24 de enero de 2018

Glosas de Castilla: caciquismo y centralismo

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 23, 20 de julio de 1924)

El agudo y sutil periodista, D. José Ortega y Gasset, ha disertado últimamente desde las columnas de El Sol sobre problema tan trascendental como lo es actualmente, en este período de transición, la creación del Pariamento y su modo de funcionar. 

Ha fracasado -viene a decirnos— y urge reformarlo, pues su fracaso no obedece a que sea un organo inadecuado de gobierno, sino porque vivía en un ambiente de plebeyez, de mezquindaz, de ruralismo. 

Egoísmo y frivolidad que tenían sus raíces en la caciquería aldeana. 

Con razón, Silverio Lanza —el gran escritor olvidado— atribuía todos los grandes males de la vida nacional a la labor devastadora de la plaga caciquil, incluso la falta de un arte español vigoroso, espléndido y fuertemente original. 

Municipios, provincias y regiones sufrian el yugo del cacique, quien desde su cubil disponía a su antojo de los intereses enclavados en su comarca. 

Municipios, provincias y regiones no desenvolvían libremente sus energías, pues una centralización carcomida por ese ruralismo ahogaba sus más cordiales anhelos. 

¿Pero ha sido Castilla región amparadora y proPulsadora de este ceatralismo absorbente y caciquil? 



¿Pero no ha sido Castilla la región que más ha sufrido por esa política de intereses de nuestros gobiernos, la más desatendida y olvidada? 

En que se llegue a reconocer un carácter especifico a las regiones que las diferencie y personitique aunque no las separe, ni las enfrente se halla interesada vivamente la región castellana. Para vivir en plena armonía es preciso que todos nos conozcamos y respetemos. A una nación le hace falta la vitalidad de sus regiones. No importa que cada una trate de acentuar su carácter peculiar, racial, si tiene como denominador común el interés genérico de la raza, de la nación. 

Y un Parlamento creado por esas regiones autónomas tendría la independencia y alteza de miras necesarias para un buen gobernar

domingo, 7 de enero de 2018

La Manсomunidad Castellana

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 31, 14 septiembre 1924)




En más de una ocasión, y en este mismo sitio, se ha hablado en Castilla gráfica de la Mancomunidad castellana. Esta forma de organización regional cuenta con ardorosos defensores, pero también se muestran contrarios a ella ciertos sectores de la opinión pública. Acaso temen estos últimos el fracaso de una modalidad de gobierno regional, que requiere especial preparación y uso moderado para no incurrir en cantonalismos perniciosos. 

Esta pugna de opiniones no es sino el reflejo de aquella otra colisión de principios que, en la vida política de los pueblos, está planteándose constantemente. Mientras unos piensan que el fraccionamiento de las pequeñas nacionalidades, en núcleos raciales o étnico, puede ser una garantía de paz y de venturas, creen otros que únicamente la creación de Estados poderosos-grandes agrupaciones mantenidas en estrecha unión por la fuerza de una firme organización política ha de contribuir a la felicidad y la tranquilidad de las gentes.


Entre estos dos modos de pensar solo hay una contradicción aparente. Ambos son perfectamente compatibles en la esfera del Derecho, y para lograr esa compatibilidad únicamente es necesario buscar una forma de pacto entre los pequeños núcleos, a fin de que, sin lesionar los intereses de las minorías, se verifique la fusión de éstas en una superior unidad política. En una palabra, trocar la espada de Napoleón por un Código de mutuo amor.                                 

En еste sentido, y no en otro alguno, quisiéramos nosotros que se orientase la organización en Mancomunidades de las regiones españolas. Pactos basados en el odio o, por lo menos, en el recelo, nunca pueden ser fecundos.


Las provincias, al mancomunarse, han de tener en cuenta que para la inmensa labor común, todo cuanto signifique predominio de egoísmos y exaltaciones de amor propio, será contraproducente.                      
Castilla debe demostrar que no en vano supo vivir en tiempos pasados una vida intensa, no sólo en el orden político, sino en el económico y social. Una región como Castilla, que tuvo una organización gremial poderosa y admirable, y que supo oponer el avance de los imperialismos desbocados los pechos de sus comuneros; una región de tan altos vuelos políticos no puede sentirse acobardada ante el poblema de una nueva organización regional.      
                                                         
Ignoramos todavía el alcance que ha de darse a esta nueva forma de regir las provincias y las regiones, que el Directorio militar se propone implantar. Lo único que sabemos de cierto es que el Directorio aplaza por ahora ia implantación del nuevo régimen. Aspira tal vez a recoger una mayor suma de opiniones. 

Castilla gráfica quiere aprovechar este paréntesis para ofrecer a sus lectores las opiniones de los hombres más representativos de Castilla acerca de este problema de la Mancomunidad. Personalidades relevantes de la región serán invitadas a exponer con toda sinceridad sus puntos de vista en cuestión de tanta trascendencia. Y asi, modestamenle, nuestra revista contribuirá a aportar opiniones que, por lo valiosas, convendrá que todos tengamos en cuenta.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Leyendas de la montaña de Castilla: La anjanuca blanca

Por Manuel Llano

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 29, 31 de agosto de 1924) 


A mi querido amigo el insigne novelista Ricardo León, enamorado ferviente de las cosas de la Montaña. 

"Eso sí que no, ¡recontras! Antes dejo espellejame vivu que pasar por las cueva de ias Anjanas esta noche tan oscura y vintiscosa... ¡Eso sí que no! Sinducu no pasa de anocheciu por la cueva de las Anjanas onque lo mande la mesma bula."                              


Era el filo de la media noche: una de esas noches del invierno montañés, "vintiscosa" y oscura como boca de lobo. A través de las montañas de nevadas cumbres, venía un viento que cortaba el rostro. 

Sinduco temblaba de miedo y de frío bajo los ruínes "melanes" que cubrían sus carnes. En sus ojucos negros se pintaba el temor de su espíritu. 

Cada árbol de los que bordeaban el angosto sendero, antojábansele al pobre cabrero "anjanas" gigantescas, que movían sus brazos enormes y amenazadores. 

Aquella tarde había tornado Sinduco a Quivierga, con media docena de cabras menos en su rebaño, y "tía Nela la bisoja" propietaria de aquella parte de recilla, que habia quedado en el monte temiendo que "daque lobón muertu de jambre o algún zorru indinu "encontrase regalado manjar en sus cabras" tresnas", había hecho al pobre Sinduco volver a la cuesta y "mirar toas las canalonas, torcas y cuevas" hasta dar con el paradero de las cabras extraviadas, entre las cuales se encontraba el "chivu viciosón" del rebaño. 

Sinduco, que me confiaba sus más íntimos secretillos, no hacia cosa alguna sin consultarla conmigo, y hétele en el "estragal" de la casa de mi güela, contándome indignado su cuita.  

"Asegúrete yo, Nelucu el míu, que esa viejona enroñecía ha de pagármelas toas juntas, ¡recolle! No ha de pasar muchu tiempu sin que la porra de Sindo la esboje daque cabra o la espeñe por un castru abaju, sin miajuca de pena... ¡Brujona y esmirriá de los demoños! Ahora güelve al monte, ya anochecíu y lluviendo, jechu una sopa y sin probar bocau... y rivienta, Sindo, que naide jará pucheros ni guitonás si te espeaza algún animalón... ¡Jioju con la tiona de los demongros!.. ¡Si juera tan amiga de jacer el bien como lo es del anisau!..". 
    
El resultado de aquella visita de Sindo, fué que cerrando los oídos a las prohibiciones de la "probe mi güela" que tenía el "nietu más traviesu pecaju y tasugón de tou el indinu mundu, apegan a la ricilla como si viniera de casta de pastores", púseme una "pelliza", cogí la ahijá, calcé los "escarpines" y las albarcas pintas, y camino del monte, a la vera de Sindo, cantando siguidillas para espacir el miedo: 

"A la primer siguidilla" no la pude dar alientu, que al espenzar a cantar llevóme la voz el vientu". 

Y para no cansar al lector con inútiles divagaciones, diréle que, después de algunas horas de peregrinación por aquellas cuestas resbalaízas, dimos tricha atrás y hétenos sin encontrar los picaros animalejos en las proximidades de la temida cueva de las Anjanas. Sinduco, que se dio cuenta de lo próximos que estábamos de la peña La Mena, dijome las palabras con que comienzan estas cuartillas, añadiendo acto seguido:  


"Vamos a metenos en el invernal de tiu Mesio jasta que pare de llover... Si quieres ver al probe Sinducu acaldau de un pitirriu en meta del camberón, no tienes más que jacer que pásale cercuca de la cueva y de alli al campusantu; digótelo de tou corazón. Vamonora esi invernal y jaremos lumbre У contaréte por qué no quiero pasar por esa cuevona endemoniá.

"Un güen día del inviernu diz que vinieron a Quivierga unos morones mu grandes, con unas anjanas mu majas, que eran las sus mujeres y las sus hijas. Vinian de Asturias, onde diz que los metieron una güena tullía... Ese sucediu pasó jaz muchos años, cuando la probe Quivierga era un puebluciu chicucu como Llendemozó y Fresnea. 


El casu jué que los morones y las sus anjanas escundiéronse en la cuevona de la peña La Mena, con toas sus riquezas, que diz que eran bien lucías. 

Los domingos y fiestas de guardar, cuando los vicinos iban a la misa, bajaban las anjanas y robaban las muy ladronicias las boronas qne las mujetes dejaban cuciendo en el lar; pero un día, una viejuca mu aguda discurrió dejar en el lar un ladrillu tapau con la ciniza y las brasas, y asi lo jicieron toas las mujeres. Las probes anjanas se alampaban las manos pero no soltaban el ladrillu, criendo que eran tortas. 

Las anjanucas diz que eran mu guapas, vestías de blancu, con unos pindientes grandones y reondos, de oru, y unas gargantillas relumbrantes. Ahora son unas viejucas enrreguñás que se apaecen de noche y se juntan a llorar en la brañuca de la peña. Van en ringlera con la cabeza agacha, llorando como unas desconsolás. 

Yo vilas una noche dende el coterucu del Verderu, y crií que me daba un relochiu... ¡Dios qué miedu! Al mesmu tiempu que las apaecias jacían la guitoná, el carabu que tíen el nial en la peña, daba unos quejios como un cristianu, que se le acababa el resuellu. 

A la anjana que yo mas miedu tengo, es a la anjanuca blanca... Diz que había en Quivierga un ovejeru mu guapu que una tarduca de truenos y relampaguíos asullose sin miedu a los morones en la entrá de la cueva. El tal pastor dicen los viejos que era el güelu del güelu del güelu de tia Tonina... ¡Cuántos años jará eso, recolle!.. Pos jue la cosa que salí" una anjana y alcontrose con el ovejeru y parlaron, y de aquello parla vino el enamoramientu; y toas las noches pelaban 1^ pava arrimaucos al acelal de la peña, dijéndose las querencias y las pitemitucas de los nuviazgos... Una noche mu oscura salieron unos morones y espeñaron a los enamoraos, que se estrellaron en las garnas de la canalona; y dende entonces toas las noches se apaez la anjanuca blanca blanca, dando unos gritíos con tou el griju.

Anjana, anjanueca, maja y guapuca; no jagas mal a la probe mozuca.

Toas las mozas cuando van a un coloñu de leña al monte los Maeros, dicen esi dichu. Los mozus tiene que quitase la boina y dicir por lo bajucu:

Anjana floría, es más güena que el pan de cada día.

Y cátate que el que no diz estas cosas es alampau por un mal que lu llaman el anjaneru, que no se quita jasta que se pasen tres noches seguías en el acebal de la peña y dijendo sin parar:

Peldá, peldá, anjanuca, ten piedá.

Y al mesmu tiempu que se diz esi rezu hay que tener los ojos cerraos pa no ver la salía de las anjanas viejas.

Y por no alcontrame con la anjanuca blanca, no paso de anochecíu por la peña de La Mena, mas que se pierdan toaslas cabras y chivos de Quivierga".

Sinducu cesó su parlar. Tumbados a la pampanarrota en la peña de hierba del pajar, dormidos el resto de la noche. Azotaba la vintisca y desgajábanse las cañas de las encinas y los cagigales...

Por el senderuco de la praería venía una moza madrugadora cantando:

A mí me gusta el labradorucu que se vaiga arar y a la media noche me venga a rondar con la pandereta, con el almirez, con las castañuelas que retumben bien... 

domingo, 24 de diciembre de 2017

Turismo en Castilla

Por  A. de Torres


(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), 12 de octubre de 1924)


Con ser tan grandioso, variado y sin rival, nuestro tesoro artístico, portentoso museo de bellezas arquitectónicas, admirables joyas y de históricos monumentos, posee Castilla, además, muy amplios horizontes para el desarrollo fecundo del turismo... 


Nos referimos a sus bellezas naturales. 
 


Los amantes de la Naturaleza tienen muchos lugares donde podrán extasiarse ante la grandeza y sublimidad que encierran montañas, valles, bosques y ríos. Paisajes de variados contrastes, de bellezas sorprendentes, de admirables tonalidades. 
 


Determinar estos lugares, darlos a conocer, a nosotros mismos (es necesario consignarlo así, pues desgraciadamente, aún para muchos de los que viven a su lado son desconocidos) y a los de fuera, es tarea primordial, interesantísima, que no deben olvidar las juntas ya creadas y que se funden para el desarrollo del turismo, pues difundir estas bellezas naturales, en bien dispuestas propagandas, encauzar las excursiones, facilitar medios, crearlos (algunos carecen de ellos en la actualidad; otros son difíciles y penosos) para visitar estos deliciosos lugares, donde la Naturaleza prodigó sus grandiosas bellezas, que sorprenden y cautivan, será gbrir nuevas rutas al turismo, mostrando al propio tiempo, a los de fuera y a los propios, las grandiosidades que encierra el suelo patrio. 
 

Difundir estas bellezas, darlas a conocer, es además un sagrado deber de los pueblos que las atesoran y todos deben contribuir, con su esfuerzo, con sus iniciativas, con sus propios medios, a propagarlas, mostrándolas con legítimo orgullo a la admiración de todos... 

Y son muchos, muchos los lugares que atesora Castilla, en sus diferentes provincias, dignos todos de ser conocidos y visitados. 


Grata e imborrable es la impresión, que a todos producen las maravillas que encierran nuestras ciudades, catedrales, monumentos, castillos, etc. Unida las manifestaciones del arte las sublimidades de la Naturaleza, y estas sensaciones serán aún mayores para el excursionista... 



Aumentemos nuestras "guias" con estos nuevos datos; propaguemos nuestras bellezas naturales, que tan importantes factores son merecedores de ello...



No seamos parcos en el elogio. Ocupamos y poseemos un tesoro y una situación incomparable. Conviene no lo olvidemos, al laborar por nuestro turismo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Fuente de riqueza

Por A. de Torres

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 33, 28 de setiembre de 1924)

El magnífico, valioso y sin rival tesoro de formnidable riqueza artística, que posee Castilla, más conocido y admirado por extraños que por propios, es digno, y la «hora es llegada», de que todos dirijan sus miradas a este venero inagotable, verdadera fuente de riqueza, y estudien con la debida atención los medios, procurando organizar y encauzar el mayor desarrollo del turismo, para que se alcancen sus beneficios sin grandes sacrificios esfuerzos. 


Voluntad: esta es la única condición necesaria para lograr el éxito. Voluntad firme, decidida, aplicada con tenacidad para crear las organizaciones necesarias que, compenetradas de su patriótica y benéfica labor, la realicen con fe, amor y entusiasen beneficio de todos.


Diputaciones, Ayuntamientos, Cámaras, Comercio, Industria, Agricultores, Prensa, todos los organismos vitales, en sus varias manifestaciones, deben aportar sus iniciativas, sumando sus valores para conseguir prácticamente la realización de esta obra tan beneficiosa como necesaria. 


Confíen en sí mismos para ella; no esperen ni recurran, según la costumbre malsana, en la ayuda del Estado, que harto pesan sobre él atenciones y molestias cargas; interesen, sí, protección y facilidades para seguir el camino y no se desanimen por los obstáculos lógicos y naturales en toda obra que se empieza; no desmayen ante el cansancio de la jornada que hay que seguir... El triunfo es seguro. 



Solicítese en cambio, la eficaz cooperación de compañías ferroviarias, de la industria hotelera, de los poderosos, de la prensa, y en esos factores particulares y privados, reunidos, brotarán medios sobrados para conseguir la realización efectiva y práctica de esta obra tan útil y necesaria como beneficiosa en general Es una verdad amarga. En el extranjero se nos conoce, porque ellos nos descubren. Su turismo cunde y progresa porque ellos lo fomentan; nosotros, en cambio, salvo raras excepciones, poco o nada haremos para mostrar, no a los de fuera, a los de casa, el grandioso tesoro artístico que poseemos, de ¡insuperables bellezas, que debiera por sí sólo" ser timbre preclaro para nuesíro orgullo.


Y cuando estos extranjeros que vienen de lejanas tierras a contemplarlos, atraídos por esa propaganda difundida por ellos mismos, que les indica lo mucho y valioso que encierra nuestra patria; cuando los vemos admirados, absortos, ante las maravillas de arte de nuestros monumentos arquitectónicos, casi nos sorprendemos de ello y muchas veces ni aún sabemos satisfacer su curiosidad... 


¡Desconocemos esas admirables obras, que perduran en nuestras ciudades y que nos legaron los antepasados! 


Necesitamos esos centros de turismo; necesitamos esa propaganda que nos guíe y nos haga conocer el tesoro que encierran nuestras históricas ciudades castellanas. 

Realizar esta obra, es laborar por Casfilla, y los que a ella cooperen merecerán la satisfacción del deber cumplido y el aplauso de todos sus conciudadanos-.

jueves, 21 de diciembre de 2017

La Mancomunidad de Castilla

Por Ugidos

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 29, 31 de agosto de 1924)

En el número pasado de "Castilla Gráfica" el culto articulista "Dalmau", habla de "La Mancomunidad de Castilla"; y al hacerlo, dirige su mirada a Santander como ciudad importadora y exportadora de Castilla con relación al mercado extranjero. El representante de "Castilla Gráfica" en Santander no puede menos de agradecer vivamente al articulista las frases de elogio que prodiga a la capital de la Montaña. Ciertamente Santander progresa y a pasos agigantados. Castilla entera puede poner los ojos confiadamente en ella como en una halagüeña promesa. Porque Santander, a pesar de su cosmopolitismo, no deja de sentir en su espíritu el aleteo de Castilla. Santander será siempre castellana. Lo es ya por ética y lo será siempre por instinto. Santander está situada, como muy bien dice el articulista aludido, entre dos puertos de gran tráfico marítimo que, a la largo, restan valoración y energías. Pero Saniander cuenta siempre con la flexión espiritual de Castilla; y ella cree que, en igualdad de condiciones en sus tarifas, etc., será siempre la preferida. La Montaña estará en todo momento al lado de Castilla —omia para cuanto signifique progreso y emancipación. Por eso "La Mancomunidad Castellana" formada por la Nueva y Vieja Castilla y León, tendrá en Santander decididos propagadores y defensores. 

¡Vayamos a ella! Empecemos. Formemos opinión con nuestras plumas y lleguemos al corazón de los castellanos para que todos presten su cooperación a la gran obra de reivindicación y de progreso, Santander está dispuesta a ello; y si el resto de las ciudades castellanas contribuyen, ella se verá muy honrada con el concurso común, porque será al fin la más concluyente y palmaria prueba de adhesión y simpatía. ¡Castellanos! ¡Vayamos hacía la Mancomunidad de Castilla! Pero vayamos con tacto. Hagamos de ella solamente un medio para la afirmación étnica. No la convirtamos en arma política, que esta suele llevar a los pueblos a la desunión y a la ruina. 


N. de la R. 
Agradecemos en el alma esas palabras de ferviente castellanismo que V. Sr. Ugidos, en representación ahora, no de Castilla Gráfica, sino del pueblo de Santander, nos dedica con la exaltación propia de hijos amadísimos de la amadísima Castilla. Nunca dudó esta revista que simboliza y recoge todos los anhelos de la región por tantas cualidades gloriosa, del castellanismo de la montaña santanderina. Y en todo momento, y ya en otra ocasión fue dicho, para ayudar al florecimiento y esplendor de la bella ciudad de Santander, toda la Castilla llana se halla solicita como lo haría por cualquier otra hermana de la llanura. Del mismo modo Santander presta a la meseta su esfuerzo desde la montaña. Hoy más que nunca todas las provincias de Castilla se hallan prietamente unidas. Celebrémoslo y aprovechémoslo para lograr el mayor florecimiento. Pero como V. dice, hay que laborar con tacto, con cautela. Una Mancomunidad para realizar nuestros deseos, muestras justas aspiraciones, una mancomunidad que abarcando las dos Castillas y aun algunas provincias cuyos intereses económicos y espirituales son comunes y afines a los nuestros tuviera como único lema: el amor a Castilla y por ende, el afán inquebrantable de trabajar sin descanso, hasta dotarla del magnifico esplendor a que tiene derecho.

sábado, 13 de mayo de 2017

El capital y el problema castellano

Por Dalmau

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), 19 marzo 1925, p. 1)

La riqueza es creada en España principalmente por Andalucía y Castilla, y luego por Aragón y otros.

Sin embargo, no es ese el orden de bienestar en nuestra patria, y eso se debe a que no basta crear riqueza, producir, sino retener el capital, y eso lo hace el comercio y la industria.

Por eso todo pueblo comerciante o industrial a la larga llega a ser más rico que el productor o creador de riqueza, y éste llega con el tiempo si no se transforma en comerciante o industrial principalmente, a ser dependiente de aquéllos.

Castilla tiene aún la libertad de acción porque es a la vez productor, comerciante y algo industrial y es demasiado crédula en la bondad de prestar su dinero para que otros hagan comercio con él o creen industrias o mejoren su situación a costas suyas.

Aún es tiempo de reaccionar y de utilizar los enormes recursos económicos que tiene Castilla.

¿Qué hacer? Veámoslo.

El estado suele hacer frecuentes empréstitos cuyo producto se destina generalmente a gastos fuera de Castilla.

Esta da diez, y de esa suma el Estado coloca dos en Castilla solamente. En cambio otras regiones, como Cataluña, que da sempre muy poco, recibe mucho. Hay, pues, que olvidar la costumbre de prestar dinero al Estado que paga poco interés y crea competidores. Ese dinero estará mejor empleado apoderándose de las sociedades que en Castilla trabajan con capital y dirección no castellanos y para expansionar a las industrias, comercio, navegación y demás empresas castellanas.

Es frecuente que empresas situadas en otras partes no castellanas emitan obligaciones en Castilla; ello ocurre con la M.Z.A., la Transatlántica y otras empresas. Tampoco se les debe prestar porque estas utilizan el dinero ese en beneficios fuera de Castilla.

El M.Z.A., p. ej., tiene estaciones muy hermosas y desproporcionadas con el tráfico en Tarragona, Barcelona, etc., pero no tiene lo necesario en Castilla. Es decir, que el dinero que les presta se utiliza mucho para llenar necesidades superfluas fuera de Castilla mientras en ésta falta lo necesario.

Debe finalmente el castellano crear productos que faltan en Castilla, y cuyo consumo en ella es de alguna importancia.

De esta manera muy pronto habría superabundancia de capital en la región y esa obligaría a crear nuevas empresas o expandir a las ya existentes.

Restar dinero al Estado tiene para Castilla inconvenientes que otra vez trataré.