Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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martes, 6 de junio de 2023

Automoviles y ferrocarriles

(El Financiero, nº 1193, 8 de febrero de 1924, p. 236-237)

Por Gregorio Fernández Díez

Las estadísticas de las compañías de ferrocarriles en España acusan desde el año 1915 a fin de 1921 un aumento de tráfico que en mercancías viene a representar un 100 por 100 de aumento y un 80 por 100, aproximadamente, en los viajeros.

Sin embargo, tales estadísticas no reflejan el verdadero aumento de tráfico que en dichos nueve años se ha operado en España. ara conocer el verdadero tráfico habría que tener presente el que verifican las empresas de transporte en automóvil, que han tomado en nuestro país un incremento tan extraordinario como insospechado. No podemos concretar datos porque nada ha cuidado de relacionar en una guía esas líneas de transportes ni de registrar las toneladas transportadas ni los viajeros conducidos. El Estado, que es a quien podría interesar esta cuestión, no conoce más detalles que los que la estadística del impuesto de transportes, que se publica siempre con varios años de retraso, y que constituye, además, una farsa por lo inexacta.


Pero aun sin concretar cifras, nadie podrá negar cifras que es enorme el desarrollo adquirido  por lo trnsportes en automóvil en estos últimos años, ya se trate de mercancías, ya se trate  de viajeros.


El aumento de las matrículas de automóviles ha sidoo general en todas las provincias de España, incluso en las más modestas. Probablemente, en nuestro país, entre autos, camionetas, camiones circulan anualmente de 45 a 50000 vehículos, y prescindiendo de los taxis y de los camiones que en las ciudades se dedican al transporte de viajeros y de mercancías dentro de cada localidad, no es xagerado calcular en unos 8000 el número de vehículos que sirven las peequeñas o grandes líneas de transortes por carretera.
 

En Cataluña, singularmente, es cosa corriente que de cada estación que no esté situada junto al pueblo partan servicios de tartanas para la conducción de tartanas para la conduccion de viajeros de las estaciones de los pueblos, y viceversa. Pues bien, estas tartanas van siendo sustituidas rápidamente por automóviles.


En el resto de España ocurre lo mismo, y aun puede decirse que el salto ha sido más notable. Antes era cosa corriente en las tierras del interior del país, fuerran de Andalucía o de Aragón, de Castilla o de Extremadura, ver llegar los viajeros a la estaciones férreas montados sobre caallerías o bien en carros. Hoy todo ha cambiado. De las estaciones que no están situadas junto a los pueblos o que sirven de apeadero para varios a la vez, parten infinidad de pequeñas líneas de autonóviles que unen los pueblos entre sí. A las ferias y mercados que se celebran en las cabezas de partido acudían las gentes en caballería o carro; pero hoy, afortunadamente, el automóvil va tomando cata de naturaleza en  todas las comarcas del país.
 

Recorriendo actualmente España, se observa que el automóvil es conocido edn los lugares más apartados de las grandes lineas férreas. 

Lo mismo da que las carreteras sean en tierras salmantinas que de Almería, en el Pirineo aragonés o en la ribera del Tajo, que en las llanuras castellanas de Campos y de la Mancha; por todas circulan hoy con profusión los automóviles. 

Pero aparte de este infinito número de pequeñas líneas, que son como prolongación de los ferrocarriles, existen hoy en España centnares de líneas fijas y regulares por su servicio e itinerario, con recorridos medios de 70 kilómetros y aun más. Hace dos años se inauguró un servicio regular y fijo para el traansporte de viajeros y mercancías entre Santander y Burgos (ignoramos si subsiste). Esta línea recorría nada menos que 155 kilómetros, tenidnddo aue salvar la cordillera cantábrica.
 

Casi todas las grandes coordilleras nacionales son traspuestas por líneas de automoviles. De Soria a Tarazona, cruzando el Moncayo, existe línea de automóviles, y también el alt de Gredos lo traspone la línea regular que une Ávila con Arenas de San Pedro en la vertiente extremeña. 

Repetimos, pues, que son infinitas lqas líneas de automóviles en nuestro país y muchas son las que, tanto por las distancias recorridas como por recorrer comarcas en las que no circulan ferrocarriles, deberían estar ya indicadas en los propios mapa y guía de ferrocarriles, porque siquiera, contemplando entonces dicho mapa, no produuciría la tristeza de ánimo que hoy produce ccontemplar grandes espacios del territorio nacional  sin una línea, sin sospechar, por parte de muchos, que por allí circulan líneas de automóviles. 

Las líneas que atraviesan las comarcas en las que no existe ferrocarril constituyen un poderoso auxiliar del mismo, pero al lado de esas líneas existen muchísimas otras que hacen recorridos paralelos a las vías férreas, y éstas constituyen, por el conrario, un peligroso competidor de los caminos de hierro. 

De Lorca a Murca (podrámos citar un sinnúmeros de casos) una línea de automóviles hace igual recorrido que el ferrocarril. La ventaja que para el viajero representan estas líneas de automóviles es enorme, porque toman y dejan a los viajeros a las puertas de los respectivos domicilios en sus diferentes pueblos. 

Por lo que a viajeros se refiere, la competencia que estas líneas de automóviles representan frente al ferrocarril es sencillamente enorme, hasta el extremo de que les originan un positivo perjuicio, que el Estado debería procurar evitar. De Burgos a Madrid, por Aranda de Duero, aumenta cada día el número de viajeros que utlizan los autos, no solamente por economía, si que también porque el recorrido se hace en varias horas menos.

Por lo que a mercancías se refiere, la competencia que las empresas de transportes en automóviles hacen a los ferrocarriles es algunas coomarcas de mucha consideración, por las mismas razones expuestas antes en el caso de los viajeros. De Tarrasa o Sabadell a Barcelona, por ejemplo, el tonelaje transportado en camiones por carretera es muchas veces superior al entregado al ferrocarril. Y es que el camión toma las mercancías a la puerta de las fábricas y las deja en los propios almacenes de Barcelona. Este sistema ha adquirido extraordinario desarrollo. De fábrica a estación y de estación a allmacén es ya de por sí tan elevado el gasto de transporte, carga y desde los ferrocarriles carga, como el que origina el verificar el transporte directamente, que además resulta más rápido. 

De Aranjuez a Madrid, el tráfico de verduras se hace directamente de huerta a mercado utilizando autocamiones.

Los transportes de viajeros y mercancías en automóviles constituyen, de un lado, un verdadero auxiliar de los feerrocarriles, que el Estado mismo ha venido a favorecer subvencionando las l´neas que transportan correspondencia; pero como en muchos casos compiten ventajosamente con las compañías férreas y éstas han de reveratir al Estado, estimamos que lo menos que puede hacerse en justicia en pro de las compañías en pro de las compañías férreas, que tanto representan en la economía nacional, es que el Fisco trate de conocer con exactitud el tráfico verdad quue explotan aquellas empresas, tanto para aquilatarles lo que han de satisfacer por el impuesto sobre transportes, como para señalarles una mayor carga tributaria, porque la verdad es que hoy no pagan ni siquiera los deterioros que originan en las carreteras.

domingo, 2 de abril de 2023

Los riegos de Castilla

(El Financiero, nº 1202, 11 de abril de 1924, p. 604-605)

El año 1915 se inauguraron por cuenta del Estado las obras que todo el mundo conoce con el nombre de Riegos del Alto Aragón. Tales obras, sino estaban mal informados constituiran una vez terminadas el sistema de riego más vasto de Europa, pues han de convertir en regadio nada menos que 300000 hectareas de terrenos de secano de la estepa aragonesa, la más extensa de España después de la castellanamanchega. Estos riegos transformarán una extensa comarca de la provincia de Zaragoza y otra mucho mayor de la de Huesca, y darán vida y riqueza a cerca de un centenar de pueblos sedientos de agua y deseosos de trabajo.

Nosotros, que sentimos por Aragón los mayores respetos y aún verdadera simpatia, deseariamos ver ya terminadas esas grandes obras, que son por su naturaleza que las que patentizan que la unidad nacional es algo indisoluble y necesaria cuando se trata de acometer ciertas empresas, porque, digámoslo con toda claridad, Aragón no tiene por si sola capacidad económica para acometer esas obras, presupuestadas en cerca de 200 millones de pesetas. Mas con beneficiar tan solo a una región, nosotros conceptuamos tal empresa como necesaria, como urgente y como nacional.

Pero el caso es que hay también otras comarcas, otras regiones que necesitan asímismo la transformación de sus secanos en regadio, y entre ellas, especialmente, se encuentra Castilla, la buena, la austera, la cenicienta, la preterida de los governantes, la olvidada por la indiferencia y la abulia de sus propios hijos.

En la meseta castellanoleonesa existe una extensa comarca, cuyo núcleo central es conocido con el nombre de Tierra de Campos. Esa comarca y las colindantes, aunque bastante menos áridas y menos esteparias que las del Alto Aragón, están esperando muchos años hace el regadío, que ha de transformar sus secanos en una de las comarcas agrícolas mas ricas del país.Bastaría para ello convertir en regadío el Canal de Castilla.

Dicho canal venía utilizándose para navegación y para servir de motor a algunos batanes y fábricas harineras, pero desde que se construyó el ferrocarril de Venta de Baños a Alar y Santander, paralelo al canal, fue disminuyendo en el mismo el tráfico, hasta quedar reducido a su más mínima expresión.

La transformación en obra de riego de ese antiguo y famoso canal, que con el ramal de Campos tiene una extensión de 207 Km, hace muchos años que se proyectó. Mas Castilla no ha tenido la constancia que Aragón para interesar de los poderes públicos la satisfacción de sus justas demandas. Castilla, tan resignada siempre, no ha levantado aquellos clamores ni aquellas protestas, que constituyen a la vez el acicate o el temor de los gobernantes, y como no ha realizado la pública campaña necesaria para dar el problema de sus riegos el carácter de pleito nacional, la consecuencia es que cuatro quintas partes del país ignoren en qué consiste el sistema de riegos de Castilla y desconozca incluso sus aspiraciones.

Sucintamente vamos nosotros a explicar estos puntos. El sistema de riegos a que nos referimos comprende no solo el canal de Castilla propiamente dicho, si que también los nuevos canales denominados de Alfonso XIII, del Pisuerga, en Villalaco, al Carrión, en Villarramiel de Campos, y el del Arlanza, desde Palenzuela a Villaciudad y también un grupo de pantanos de alimentación de los canales en el Alto Carrión, a saber: 

La Hoz, con capacidad de 20 millones de metros cúbicos, y Otero, con capacidad de 9 millones de metros cúbicos; y en el Alto Pisuerga, los de Recozones, con capacidad de 15 millones de metros cúbicos; Entrepeñas, con capacidad de 8 millones, y Peñacaballera, con capacidad de 4.600.000, o sea en total 56 millones de metros cúbicos, siendo las longitudes y zonas regables de cada canal de los siguientes:

Canal de Castilla, 270 kilómetros y 55000 hectáreas; Canal de Alfonso XIII, 40 kilómetros y 8000 hectáreas; Canal de Arlanza, 20 kilómetros y 4000 hectáreas. Total, 267 kilómetros y 67000 hectáreas.

Es decir, que desués de los Riegos del Alto Aragón, la mayor empresa de riegos proyectada en España son los que dominaremos en lo sucesivo Riegos de Castilla. Algunos de los pantanos antes citados estan en período de construcción; pero,a decir verdad, Dios sabe cuándo se terminarán, porque para ello sería necesario o que viniese un decidido ministro protector de tales obras, o que las comarcas exterioricen sus protestas con la mayor agudeza para que la nación sepa que esos riegos, por su extensión y por su importancia, han der considerados como empresa nacional, o porque ocupe el poder un gobierno que pare atención en los grandes problemas económicos nacionales y quiera hacer a Castilla, or una vez al menos, la justicia de concederle lo que necesita y lo que merece.

Claro es que no son tales obras de riego las únicas que Castilla desea e interesa, pero son las que constituyen un sistema. El pantano de la Cuerda del Pozo, en Soria, y la ampliación de la zona regable del Canal del Duero, son también algo, no sólo necesario,sino indispensable.Este canal, con sus 52 Km de longitud, tiene una zona regable que afecta a 8000 hectáreas, de las que ya se riegan en la actualidad unas 2000 hectáreas aproximadamente. En otro artículo estudiaremos todos los canales o pantanos en construcción o en proyecto que interesan a Castilla.

Creemos inútil encomiar la importancia y la trascendencia de los riegos a los que venimos refiriendonos. Quien quiera que sea comprenderá qué transformación tan honda habría de producirse en aquellas comarcas al convertirlas hoy ricas tierras de secano en campos de regadío, no solo por el aumento del valor y de la producción, si que también porque entonces el cultivo cerealista podría sustituirse por el de las hortalizas y fructicultura, y en parte por el de la remolacha, que llevaria aparejada la implantación de fábricas azucareras, en esas comarcas castellanas, acaso un poco obsesionadas respecto del cultivo triguero.

Las riberas del Duero y las del Pisuerga son tierras propicias y aparentes ara el cultivo de la remolacha. En Osma existe una fábrica azucarera, otra en Valladolid, y fue cerrada la azucarera palentina en Villarramiel. Castilla, pues, no tiene en estos aspectos más que seguir el amino que Aragón ha seguido, interesando a la opinión en favor de sus riegos y solicitar al Gobierno que se emprendan las obras necesarias como medio para contener la emigración o la despoblación de su territorio y formular la petición ahora en alta voz pra que al confeccionarse el próximo resupuesto se incluyan en el mismo los oportunos créditos, a fin de que se prosiga la construcción de los pantanos que han de alimentar los canales.

La obra es, a nuestro juicio, de las de carácter de Estado, yiene el deber de acometerla resueltamente, siquiera no sea más que para reparar el abandono en que tiene a Castilla.


 

     

 

 

sábado, 17 de febrero de 2018

El León de ayer, el de hoy y el de mañana

Por Caballero Mier


(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 22, 14 de julio de 1924, p. 20)

De nuestro corresponsal Sr. Caballero Mier.


Existe un general desconocimiento de lo que son y lo que representan muchas ciudades españolas, si estas dencansan sobre la amplia y parda meseta castellano-leonesa. 

Para el artista, para el poeta, que viven fuera del mundo, de la burda realidad, estas ciudades con sus egregias catedrales, sus vetustos muros, sus suntuosos monasterios, su imponderable tesoro artístico, son como una vasta sepultura donde duerme todo lo grande; ün inmenso museo donde la generación presente puede admirar las reliquias de un pasado de gloria y de esplendor. Y este concepto, trascendiendo a la masa general, hace que se crea que estas viejas ciudades son simples reminiscencias del pasudo,.ciudades muertas como no ha mucho decía un consagrado escritor, refiriéndose precisamente a nuestra capital. 


Si nos remontásemos en alas de la Historia a contemplar el León de hace varias centurias, veríamos en él una de las más poderosas capitales, señora de uno de los reinos más gloriosos, pero hemos de ceñirnos a lo presente, que es lo positivo. De la famosa Séptima Legio Augusta, de los Romanos, apenas queda recuerdo, así como tampoco de los más cercanos tiempos de sus famosos reyes; únicamente unas cuantas reliquillas, cantando aquel pasado... 


Hoy, León puede ufanarse de su modernidad, del desarrollo de su industria, de la inmensa riqueza que las entrañas dé su suelo atesora, de la teracidad de sus vegas, de sus vastas extensiones plantadas de viñedo, de su incomparable situación geográfica, de su no igualada posición estratégica, que, en determinado e infausto momento, sería forzosamente un insustituible centro militar. 

León ha sabido como muy pocas de sus hermanas confraternizar el respeto y la veneración que merecen las reliquias de su pasado, con las imperiosas necesidades de su presente; como las mujeres inteligentes y coquetas, sabe ser moderna sin dejar de ser antigua.

Junto al severo monasterio milenario, el suntuoso edificio moderno de cemento armado y vistosa fachada; la sombra de su gentil catedral, cruzada por el elegante auto de paseo o la potente camioneta; el majestuoso silencio de los claustros monacales, turbado por el trepidar de la máquina industrial, férreos latidos de un corazón que vivirá tiempos de prosperidad ya felizmente iniciados.

miércoles, 24 de enero de 2018

Glosas de Castilla: caciquismo y centralismo

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 23, 20 de julio de 1924)

El agudo y sutil periodista, D. José Ortega y Gasset, ha disertado últimamente desde las columnas de El Sol sobre problema tan trascendental como lo es actualmente, en este período de transición, la creación del Pariamento y su modo de funcionar. 

Ha fracasado -viene a decirnos— y urge reformarlo, pues su fracaso no obedece a que sea un organo inadecuado de gobierno, sino porque vivía en un ambiente de plebeyez, de mezquindaz, de ruralismo. 

Egoísmo y frivolidad que tenían sus raíces en la caciquería aldeana. 

Con razón, Silverio Lanza —el gran escritor olvidado— atribuía todos los grandes males de la vida nacional a la labor devastadora de la plaga caciquil, incluso la falta de un arte español vigoroso, espléndido y fuertemente original. 

Municipios, provincias y regiones sufrian el yugo del cacique, quien desde su cubil disponía a su antojo de los intereses enclavados en su comarca. 

Municipios, provincias y regiones no desenvolvían libremente sus energías, pues una centralización carcomida por ese ruralismo ahogaba sus más cordiales anhelos. 

¿Pero ha sido Castilla región amparadora y proPulsadora de este ceatralismo absorbente y caciquil? 



¿Pero no ha sido Castilla la región que más ha sufrido por esa política de intereses de nuestros gobiernos, la más desatendida y olvidada? 

En que se llegue a reconocer un carácter especifico a las regiones que las diferencie y personitique aunque no las separe, ni las enfrente se halla interesada vivamente la región castellana. Para vivir en plena armonía es preciso que todos nos conozcamos y respetemos. A una nación le hace falta la vitalidad de sus regiones. No importa que cada una trate de acentuar su carácter peculiar, racial, si tiene como denominador común el interés genérico de la raza, de la nación. 

Y un Parlamento creado por esas regiones autónomas tendría la independencia y alteza de miras necesarias para un buen gobernar

domingo, 7 de enero de 2018

La Manсomunidad Castellana

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 31, 14 septiembre 1924)




En más de una ocasión, y en este mismo sitio, se ha hablado en Castilla gráfica de la Mancomunidad castellana. Esta forma de organización regional cuenta con ardorosos defensores, pero también se muestran contrarios a ella ciertos sectores de la opinión pública. Acaso temen estos últimos el fracaso de una modalidad de gobierno regional, que requiere especial preparación y uso moderado para no incurrir en cantonalismos perniciosos. 

Esta pugna de opiniones no es sino el reflejo de aquella otra colisión de principios que, en la vida política de los pueblos, está planteándose constantemente. Mientras unos piensan que el fraccionamiento de las pequeñas nacionalidades, en núcleos raciales o étnico, puede ser una garantía de paz y de venturas, creen otros que únicamente la creación de Estados poderosos-grandes agrupaciones mantenidas en estrecha unión por la fuerza de una firme organización política ha de contribuir a la felicidad y la tranquilidad de las gentes.


Entre estos dos modos de pensar solo hay una contradicción aparente. Ambos son perfectamente compatibles en la esfera del Derecho, y para lograr esa compatibilidad únicamente es necesario buscar una forma de pacto entre los pequeños núcleos, a fin de que, sin lesionar los intereses de las minorías, se verifique la fusión de éstas en una superior unidad política. En una palabra, trocar la espada de Napoleón por un Código de mutuo amor.                                 

En еste sentido, y no en otro alguno, quisiéramos nosotros que se orientase la organización en Mancomunidades de las regiones españolas. Pactos basados en el odio o, por lo menos, en el recelo, nunca pueden ser fecundos.


Las provincias, al mancomunarse, han de tener en cuenta que para la inmensa labor común, todo cuanto signifique predominio de egoísmos y exaltaciones de amor propio, será contraproducente.                      
Castilla debe demostrar que no en vano supo vivir en tiempos pasados una vida intensa, no sólo en el orden político, sino en el económico y social. Una región como Castilla, que tuvo una organización gremial poderosa y admirable, y que supo oponer el avance de los imperialismos desbocados los pechos de sus comuneros; una región de tan altos vuelos políticos no puede sentirse acobardada ante el poblema de una nueva organización regional.      
                                                         
Ignoramos todavía el alcance que ha de darse a esta nueva forma de regir las provincias y las regiones, que el Directorio militar se propone implantar. Lo único que sabemos de cierto es que el Directorio aplaza por ahora ia implantación del nuevo régimen. Aspira tal vez a recoger una mayor suma de opiniones. 

Castilla gráfica quiere aprovechar este paréntesis para ofrecer a sus lectores las opiniones de los hombres más representativos de Castilla acerca de este problema de la Mancomunidad. Personalidades relevantes de la región serán invitadas a exponer con toda sinceridad sus puntos de vista en cuestión de tanta trascendencia. Y asi, modestamenle, nuestra revista contribuirá a aportar opiniones que, por lo valiosas, convendrá que todos tengamos en cuenta.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Leyendas de la montaña de Castilla: La anjanuca blanca

Por Manuel Llano

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 29, 31 de agosto de 1924) 


A mi querido amigo el insigne novelista Ricardo León, enamorado ferviente de las cosas de la Montaña

"Eso sí que no, ¡recontras! Antes dejo espellejame vivu que pasar por las cueva de ias Anjanas esta noche tan oscura y vintiscosa... ¡Eso sí que no! Sinducu no pasa de anocheciu por la cueva de las Anjanas onque lo mande la mesma bula."                              


Era el filo de la media noche: una de esas noches del invierno montañés, "vintiscosa" y oscura como boca de lobo. A través de las montañas de nevadas cumbres, venía un viento que cortaba el rostro. 

Sinduco temblaba de miedo y de frío bajo los ruínes "melanes" que cubrían sus carnes. En sus ojucos negros se pintaba el temor de su espíritu. 

Cada árbol de los que bordeaban el angosto sendero, antojábansele al pobre cabrero "anjanas" gigantescas, que movían sus brazos enormes y amenazadores. 

Aquella tarde había tornado Sinduco a Quivierga, con media docena de cabras menos en su rebaño, y "tía Nela la bisoja" propietaria de aquella parte de recilla, que habia quedado en el monte temiendo que "daque lobón muertu de jambre o algún zorru indinu "encontrase regalado manjar en sus cabras" tresnas", había hecho al pobre Sinduco volver a la cuesta y "mirar toas las canalonas, torcas y cuevas" hasta dar con el paradero de las cabras extraviadas, entre las cuales se encontraba el "chivu viciosón" del rebaño. 

Sinduco, que me confiaba sus más íntimos secretillos, no hacia cosa alguna sin consultarla conmigo, y hétele en el "estragal" de la casa de mi güela, contándome indignado su cuita.  

"Asegúrete yo, Nelucu el míu, que esa viejona enroñecía ha de pagármelas toas juntas, ¡recolle! No ha de pasar muchu tiempu sin que la porra de Sindo la esboje daque cabra o la espeñe por un castru abaju, sin miajuca de pena... ¡Brujona y esmirriá de los demoños! Ahora güelve al monte, ya anochecíu y lluviendo, jechu una sopa y sin probar bocau... y rivienta, Sindo, que naide jará pucheros ni guitonás si te espeaza algún animalón... ¡Jioju con la tiona de los demongros!.. ¡Si juera tan amiga de jacer el bien como lo es del anisau!.."
    
El resultado de aquella visita de Sindo, fué que cerrando los oídos a las prohibiciones de la "probe mi güela" que tenía el "nietu más traviesu pecaju y tasugón de tou el indinu mundu, apegan a la ricilla como si viniera de casta de pastores", púseme una "pelliza", cogí la ahijá, calcé los "escarpines" y las albarcas pintas, y camino del monte, a la vera de Sindo, cantando siguidillas para espacir el miedo: 

"A la primer siguidilla" no la pude dar alientu, que al espenzar a cantar llevóme la voz el vientu"

Y para no cansar al lector con inútiles divagaciones, diréle que, después de algunas horas de peregrinación por aquellas cuestas resbalaízas, dimos tricha atrás y hétenos sin encontrar los picaros animalejos en las proximidades de la temida cueva de las Anjanas. Sinduco, que se dio cuenta de lo próximos que estábamos de la peña La Mena, dijome las palabras con que comienzan estas cuartillas, añadiendo acto seguido:  


"Vamos a metenos en el invernal de tiu Mesio jasta que pare de llover... Si quieres ver al probe Sinducu acaldau de un pitirriu en meta del camberón, no tienes más que jacer que pásale cercuca de la cueva y de alli al campusantu; digótelo de tou corazón. Vamonora esi invernal y jaremos lumbre У contaréte por qué no quiero pasar por esa cuevona endemoniá.

"Un güen día del inviernu diz que vinieron a Quivierga unos morones mu grandes, con unas anjanas mu majas, que eran las sus mujeres y las sus hijas. Vinian de Asturias, onde diz que los metieron una güena tullía... Ese sucediu pasó jaz muchos años, cuando la probe Quivierga era un puebluciu chicucu como Llendemozó y Fresnea. 


El casu jué que los morones y las sus anjanas escundiéronse en la cuevona de la peña La Mena, con toas sus riquezas, que diz que eran bien lucías. 

Los domingos y fiestas de guardar, cuando los vicinos iban a la misa, bajaban las anjanas y robaban las muy ladronicias las boronas qne las mujetes dejaban cuciendo en el lar; pero un día, una viejuca mu aguda discurrió dejar en el lar un ladrillu tapau con la ciniza y las brasas, y asi lo jicieron toas las mujeres. Las probes anjanas se alampaban las manos pero no soltaban el ladrillu, criendo que eran tortas. 

Las anjanucas diz que eran mu guapas, vestías de blancu, con unos pindientes grandones y reondos, de oru, y unas gargantillas relumbrantes. Ahora son unas viejucas enrreguñás que se apaecen de noche y se juntan a llorar en la brañuca de la peña. Van en ringlera con la cabeza agacha, llorando como unas desconsolás. 

Yo vilas una noche dende el coterucu del Verderu, y crií que me daba un relochiu... ¡Dios qué miedu! Al mesmu tiempu que las apaecias jacían la guitoná, el carabu que tíen el nial en la peña, daba unos quejios como un cristianu, que se le acababa el resuellu. 

A la anjana que yo mas miedu tengo, es a la anjanuca blanca... Diz que había en Quivierga un ovejeru mu guapu que una tarduca de truenos y relampaguíos asullose sin miedu a los morones en la entrá de la cueva. El tal pastor dicen los viejos que era el güelu del güelu del güelu de tia Tonina... ¡Cuántos años jará eso, recolle!.. Pos jue la cosa que salí" una anjana y alcontrose con el ovejeru y parlaron, y de aquello parla vino el enamoramientu; y toas las noches pelaban 1^ pava arrimaucos al acelal de la peña, dijéndose las querencias y las pitemitucas de los nuviazgos... Una noche mu oscura salieron unos morones y espeñaron a los enamoraos, que se estrellaron en las garnas de la canalona; y dende entonces toas las noches se apaez la anjanuca blanca blanca, dando unos gritíos con tou el griju.

Anjana, anjanueca, maja y guapuca; no jagas mal a la probe mozuca.

Toas las mozas cuando van a un coloñu de leña al monte los Maeros, dicen esi dichu. Los mozus tiene que quitase la boina y dicir por lo bajucu:

Anjana floría, es más güena que el pan de cada día.

Y cátate que el que no diz estas cosas es alampau por un mal que lu llaman el anjaneru, que no se quita jasta que se pasen tres noches seguías en el acebal de la peña y dijendo sin parar:

Peldá, peldá, anjanuca, ten piedá.

Y al mesmu tiempu que se diz esi rezu hay que tener los ojos cerraos pa no ver la salía de las anjanas viejas.

Y por no alcontrame con la anjanuca blanca, no paso de anochecíu por la peña de La Mena, mas que se pierdan toaslas cabras y chivos de Quivierga".

Sinducu cesó su parlar. Tumbados a la pampanarrota en la peña de hierba del pajar, dormidos el resto de la noche. Azotaba la vintisca y desgajábanse las cañas de las encinas y los cagigales...

Por el senderuco de la praería venía una moza madrugadora cantando:

A mí me gusta el labradorucu que se vaiga arar y a la media noche me venga a rondar con la pandereta, con el almirez, con las castañuelas que retumben bien... 

domingo, 24 de diciembre de 2017

Turismo en Castilla

Por  A. de Torres


(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), 12 de octubre de 1924)


Con ser tan grandioso, variado y sin rival, nuestro tesoro artístico, portentoso museo de bellezas arquitectónicas, admirables joyas y de históricos monumentos, posee Castilla, además, muy amplios horizontes para el desarrollo fecundo del turismo... 


Nos referimos a sus bellezas naturales. 
 


Los amantes de la Naturaleza tienen muchos lugares donde podrán extasiarse ante la grandeza y sublimidad que encierran montañas, valles, bosques y ríos. Paisajes de variados contrastes, de bellezas sorprendentes, de admirables tonalidades. 
 


Determinar estos lugares, darlos a conocer, a nosotros mismos (es necesario consignarlo así, pues desgraciadamente, aún para muchos de los que viven a su lado son desconocidos) y a los de fuera, es tarea primordial, interesantísima, que no deben olvidar las juntas ya creadas y que se funden para el desarrollo del turismo, pues difundir estas bellezas naturales, en bien dispuestas propagandas, encauzar las excursiones, facilitar medios, crearlos (algunos carecen de ellos en la actualidad; otros son difíciles y penosos) para visitar estos deliciosos lugares, donde la Naturaleza prodigó sus grandiosas bellezas, que sorprenden y cautivan, será gbrir nuevas rutas al turismo, mostrando al propio tiempo, a los de fuera y a los propios, las grandiosidades que encierra el suelo patrio. 
 

Difundir estas bellezas, darlas a conocer, es además un sagrado deber de los pueblos que las atesoran y todos deben contribuir, con su esfuerzo, con sus iniciativas, con sus propios medios, a propagarlas, mostrándolas con legítimo orgullo a la admiración de todos... 

Y son muchos, muchos los lugares que atesora Castilla, en sus diferentes provincias, dignos todos de ser conocidos y visitados. 


Grata e imborrable es la impresión, que a todos producen las maravillas que encierran nuestras ciudades, catedrales, monumentos, castillos, etc. Unida las manifestaciones del arte las sublimidades de la Naturaleza, y estas sensaciones serán aún mayores para el excursionista... 



Aumentemos nuestras "guias" con estos nuevos datos; propaguemos nuestras bellezas naturales, que tan importantes factores son merecedores de ello...



No seamos parcos en el elogio. Ocupamos y poseemos un tesoro y una situación incomparable. Conviene no lo olvidemos, al laborar por nuestro turismo.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Fuente de riqueza

Por A. de Torres

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 33, 28 de setiembre de 1924)

El magnífico, valioso y sin rival tesoro de formnidable riqueza artística, que posee Castilla, más conocido y admirado por extraños que por propios, es digno, y la «hora es llegada», de que todos dirijan sus miradas a este venero inagotable, verdadera fuente de riqueza, y estudien con la debida atención los medios, procurando organizar y encauzar el mayor desarrollo del turismo, para que se alcancen sus beneficios sin grandes sacrificios esfuerzos. 


Voluntad: esta es la única condición necesaria para lograr el éxito. Voluntad firme, decidida, aplicada con tenacidad para crear las organizaciones necesarias que, compenetradas de su patriótica y benéfica labor, la realicen con fe, amor y entusiasen beneficio de todos.


Diputaciones, Ayuntamientos, Cámaras, Comercio, Industria, Agricultores, Prensa, todos los organismos vitales, en sus varias manifestaciones, deben aportar sus iniciativas, sumando sus valores para conseguir prácticamente la realización de esta obra tan beneficiosa como necesaria. 


Confíen en sí mismos para ella; no esperen ni recurran, según la costumbre malsana, en la ayuda del Estado, que harto pesan sobre él atenciones y molestias cargas; interesen, sí, protección y facilidades para seguir el camino y no se desanimen por los obstáculos lógicos y naturales en toda obra que se empieza; no desmayen ante el cansancio de la jornada que hay que seguir... El triunfo es seguro. 



Solicítese en cambio, la eficaz cooperación de compañías ferroviarias, de la industria hotelera, de los poderosos, de la prensa, y en esos factores particulares y privados, reunidos, brotarán medios sobrados para conseguir la realización efectiva y práctica de esta obra tan útil y necesaria como beneficiosa en general Es una verdad amarga. En el extranjero se nos conoce, porque ellos nos descubren. Su turismo cunde y progresa porque ellos lo fomentan; nosotros, en cambio, salvo raras excepciones, poco o nada haremos para mostrar, no a los de fuera, a los de casa, el grandioso tesoro artístico que poseemos, de ¡insuperables bellezas, que debiera por sí sólo" ser timbre preclaro para nuesíro orgullo.


Y cuando estos extranjeros que vienen de lejanas tierras a contemplarlos, atraídos por esa propaganda difundida por ellos mismos, que les indica lo mucho y valioso que encierra nuestra patria; cuando los vemos admirados, absortos, ante las maravillas de arte de nuestros monumentos arquitectónicos, casi nos sorprendemos de ello y muchas veces ni aún sabemos satisfacer su curiosidad... 


¡Desconocemos esas admirables obras, que perduran en nuestras ciudades y que nos legaron los antepasados! 


Necesitamos esos centros de turismo; necesitamos esa propaganda que nos guíe y nos haga conocer el tesoro que encierran nuestras históricas ciudades castellanas. 

Realizar esta obra, es laborar por Casfilla, y los que a ella cooperen merecerán la satisfacción del deber cumplido y el aplauso de todos sus conciudadanos-.

jueves, 21 de diciembre de 2017

La Mancomunidad de Castilla

Por Ugidos

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), nº 29, 31 de agosto de 1924)

En el número pasado de "Castilla Gráfica" el culto articulista "Dalmau", habla de "La Mancomunidad de Castilla"; y al hacerlo, dirige su mirada a Santander como ciudad importadora y exportadora de Castilla con relación al mercado extranjero. El representante de "Castilla Gráfica" en Santander no puede menos de agradecer vivamente al articulista las frases de elogio que prodiga a la capital de la Montaña. Ciertamente Santander progresa y a pasos agigantados. Castilla entera puede poner los ojos confiadamente en ella como en una halagüeña promesa. Porque Santander, a pesar de su cosmopolitismo, no deja de sentir en su espíritu el aleteo de Castilla. Santander será siempre castellana. Lo es ya por ética y lo será siempre por instinto. Santander está situada, como muy bien dice el articulista aludido, entre dos puertos de gran tráfico marítimo que, a la largo, restan valoración y energías. Pero Saniander cuenta siempre con la flexión espiritual de Castilla; y ella cree que, en igualdad de condiciones en sus tarifas, etc., será siempre la preferida. La Montaña estará en todo momento al lado de Castilla —omia para cuanto signifique progreso y emancipación. Por eso "La Mancomunidad Castellana" formada por la Nueva y Vieja Castilla y León, tendrá en Santander decididos propagadores y defensores. 

¡Vayamos a ella! Empecemos. Formemos opinión con nuestras plumas y lleguemos al corazón de los castellanos para que todos presten su cooperación a la gran obra de reivindicación y de progreso, Santander está dispuesta a ello; y si el resto de las ciudades castellanas contribuyen, ella se verá muy honrada con el concurso común, porque será al fin la más concluyente y palmaria prueba de adhesión y simpatía. ¡Castellanos! ¡Vayamos hacía la Mancomunidad de Castilla! Pero vayamos con tacto. Hagamos de ella solamente un medio para la afirmación étnica. No la convirtamos en arma política, que esta suele llevar a los pueblos a la desunión y a la ruina. 


N. de la R. 
Agradecemos en el alma esas palabras de ferviente castellanismo que V. Sr. Ugidos, en representación ahora, no de Castilla Gráfica, sino del pueblo de Santander, nos dedica con la exaltación propia de hijos amadísimos de la amadísima Castilla. Nunca dudó esta revista que simboliza y recoge todos los anhelos de la región por tantas cualidades gloriosa, del castellanismo de la montaña santanderina. Y en todo momento, y ya en otra ocasión fue dicho, para ayudar al florecimiento y esplendor de la bella ciudad de Santander, toda la Castilla llana se halla solicita como lo haría por cualquier otra hermana de la llanura. Del mismo modo Santander presta a la meseta su esfuerzo desde la montaña. Hoy más que nunca todas las provincias de Castilla se hallan prietamente unidas. Celebrémoslo y aprovechémoslo para lograr el mayor florecimiento. Pero como V. dice, hay que laborar con tacto, con cautela. Una Mancomunidad para realizar nuestros deseos, muestras justas aspiraciones, una mancomunidad que abarcando las dos Castillas y aun algunas provincias cuyos intereses económicos y espirituales son comunes y afines a los nuestros tuviera como único lema: el amor a Castilla y por ende, el afán inquebrantable de trabajar sin descanso, hasta dotarla del magnifico esplendor a que tiene derecho.