Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).

viernes, 23 de junio de 2017

Relaciones de las culturas castellana y catalana

Por José Antonio Maravall Casesnoves

(Valencia, 1911-Madrid, 1986)

(Intervención en Relaciones de las culturas castellana y castellana: encuentros intelectuales, Sitges, 20-22 diciembre 1981, p. 34-39)



Muchas gracias señor Presidente por concederme la palabra. Realmente, después de las dos espléndidas intervenciones del señor Trias y antes de la del señor Barral, ha venido a resultar que me he quedado casi sin contenido sobre el que iba a decir, pero, con todo, añadiré unas cuantas cosas más aunque sean un tanto molestas. En primer lugar, yo creo que no debemos alterar el orden del programa, y puesto que para esta tarde se nos deja la parte histórica, y, además, con la intervención como moderador el Padre Batllori, que es, en fin, un historiador bien universal, y es un historiador universal que (a pesar de todos los pesimismos que a veces se lanzan) ha hecho resonar en el mundo de la cultura catalana, pienso que debemos reservar para esta tarde la meteria histórica. Entonces, volviendo, pues, de todas formas, y puesto que más que historia es tema de una actualidad, yo contestaría a lo que un eminente sociólogo, el señor Sotelo [Ignacio Sotelo], ha dicho, en términos que más que sociológicos han sido, en cambio, históricos, que no estoy tan de acuerdo con las palabras. Le admiro mucho como sociólogo, como historiador me siento un tanto discrepante, sin dejar de admirarle también por la brillantez con que ha expuesto sus tesis.

Yo observo en la intervención del señor Sotelo diría que dos cuestiones fundamentales: él ha dicho "frustración catalana", "fracaso castellano". Y me pregunto: ¿frustración catalana? Creo que hay que comparar la continuidad del pueblo catalán con los destinos de otros pueblos similares, desde el momento en que se constituyen como tales, es decir, pueblos como Baviera, Borgoña, Venecia, etc., pensemos que ha sido el porvenir para ellos, el futuro a partir de aquellos brillantísimos siglos XIV y XV de Borgoña. Por ejemplo, pensemos en lo que ha sido el resultado actual de Venecia. ¿Qué significa hoy en el mundo ser un escritor bávaro, borgoñón, véneto, galés o provenzal? ¿En qué departamentos universitarios se estudian específicamente? En este caso, yo creo que es infinitamente superior lo que ha conservado de potencia, de actualidad, de capacidad creadora, etc. Cataluña que cualquiera de tantas otras áreas europeas que tuvieron en cierto modo un destino más o menos parecido en los siglos determinados.


Por otra parte, ¿fracaso de Castilla? Si se dice que el fracaso hispánico de los Austrias es el de una fórmula castellana, pienso que todo historiador y todo sociólogo o politicólogo que escuche una afirmación en tales términos ha de estar, desde luego yo lo estoy, completamente en desacuerdo con esto. Yo estimo que la única y exclusiva fórmula castellana no tiene nada, y creo que el más triste caso que pudo suceder a Castilla fue que cayera sobre ella la fórmula austríaca del Estado, del complejo extrañamente estatal de la Casa de los Austrias; llego a creer que la que más perdió, la que en peores condiciones se vio, sería Castilla: por lo tanto, no creo que se pueda decir fracaso de la fórmula castellana de Estado, puesto que aunque hubiera personalidades en mayor número, estadísticamente, castellanas -sin dejar, por eso, de haberlas flamencas e italianas, o del Franco Condado, etc.- no se podría hablar propiamente, para nada, de Estado castellano. Respecto a mencionar aquí el Estado francés, ningún historiador sigue atribuyendo al francés los caracteres históricos que se le atribuían. Pero, además, quizá en una reunión como ésta, pues es mejor no recordarlo, porque claro está que los procedimientos del Estado francés no ya de unidad, sino de uniformidad -a partir de la Revolución- no son precisamente los que venimos aquí a postular, supongo yo, puesto que el resultado sería que esto no se podría haber producido.

Volviendo, pues, al planteamiento inicial de la sesión, yo diría que, efectivamente, aquí se nos abre una interesante perspectiva para en adelante, un planteamiento de la relaciones (ni siquiera se les lama conflictivos enfrentamientos).

Yo creo que no debemos ser tampoco demasiado pesimistas en el sentido de que una relación así tenga aspectos conflictivos, y que se produzcan, digamos, enfrentamientos, como entre todas las relaciones de dualidad de culturas, en cualquier plano, se producen. Recuerdo sobre esto el libro de Snow sobre las dos culturas; se producen situaciones problemáticas entre científicos y literarios, se producen entre técnicos y científicos, entre los diferentes estados sociales y profesionales, se producen entre los que escriben en una lengua o escriben en otra, en una religión y en otra religión, o la ausencia de religión, es decir, siempre la dualidad engendra una cierta dosis de conflicto que hay que conllevar -y conllevar (me atrevo a emplear la denostada palabra) no quiere decir soportar de mala gana, sino reconocer y esforzarse en superar, pero con el ánimo liberal de saber que no hay que prentender (porque vitalmente sería inalcanzable) suprimirla. Lo que sí quisiera recalcar es que la hablar de las dos culturas, sin perjucio de la enorme y de la decisiva importancia como puede enfocar nunca solamente.

viernes, 16 de junio de 2017

Cola de león

Por Daniel Gallejones Prieto, Ex-Consejero de la Comunidad Autónoma de Cantabria

(Diario Montañes
, 17 de diciembre de 2000)

Es posible que yo concite los anónimos, lo cierto es que los recibo con frecuencia y observo que todos son similares, tanto, que sus zafios insultos casi siempre coinciden. Cuando llegan a mis manos, van directamente a la papelera. 


Con el recibido días pasados haré una excepción, le voy a contestar. Antes debo informar que quien lo escribe utilizó un trozo de papel de propaganda rasgado y sucio. Del contenido no opino, lo dejo para el lector.

Dice así: «Gallejones: No te pongas más en ridículo, bastante lo has hecho ya. La integración de Cantabria en Castilla es ya imposible. No sigas haciendo más el payaso. Además estás provocando a los cántabros que no se quedan callados. ¿No quieres ahora a Cantabria porque ya no estás en el Gobierno regional? ¿Antes sí y ahora no?.»

Quien recurre al anónimo siempre es el cobarde. Nacido así, nada podemos hacer para aliviarle el mal. En cuanto a lo que dice, incluyendo los insultos, le contestaré con una frase de Voltaire: «Detesto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».

Defender una opinión no es caer en el ridículo. En un sistema democrático se trata de un derecho que no se puede negar a ningún ciudadano. Los partidarios de la autonomía uniprovincial, al negar este derecho, se dejan llevar por ideas nacionalistas que siempre tienen un fondo racista y antidemocrático.

En el segundo punto se muestra tajante al decir: «La integración de Cantabria en Castilla es ya imposible». Esta afirmación es falsa, dándose la circunstancia de que la hacen casi todos cuantos defienden la autonomía uniprovincial, lo que induce a sospechar que se trata de una consigna. La unión con Castilla carece de impedimentos legales, si bien es cierto que una vez suprimido el artículo 58 del Estatuto, los trámites se han dificultado.

En el tercer punto manifiesta: «No sigas más haciendo el payaso». El consejo es inoportuno. Demuestra que está convencido de poseer la verdad absoluta, en lo que coincide con demócratas tan acreditados como Lenin, Stalin, Hitler, Fidel Castro. En cuanto al punto cuarto, escribe una frase desagradablemente amenazadora. Disentir de lo que usted y algunos otros piensan ¿Es una provocación? Afirmaba George Orwell que «libertad significa el derecho a decir a la gente lo que no quiere oír».

Cuantos ante la autonomía uniprovincial piensan como el anónimo comunicante, deben conocer las razones que me mueven a colaborar en el proyecto de unirnos con Castilla y León. Sepan que siempre fui partidario de las autonomías y cuando se habló de convertir a la provincia de Santander en autonomía uniprovincial, me sentí ilusionado.

Mis recelos se iniciaron al conocer la forma en que se planeaba. Ciertamente se respetó la Ley, pero olvidaron la democracia.

Yo deseo, no por interés personal, pues dada la edad que tengo las ambiciones se han agostado, la unión con Castilla. Mi tesón en continuar trabajando en este proyecto tiene por finalidad librar a las jóvenes generaciones de cántabros, entre los cuales figuran mis nietos, de verse obligados a servir de camareros a los vascos u obligados a coger la mochila y emigrar de su tierra.

Hoy, desafortunadamente, podemos afirmar que la autonomía de Cantabria ha fracasado, como lo demuestra el hecho de que Santander provincia, ocupaba el número seis por su renta per cápita. Actualmente estamos en el número veinticuatro, con tendencia al retroceso.

También debo decir que las autonomías me han decepcionado debido al pésimo planteamiento de las mismas. Hay autonomías de primera: País Vasco y Cataluña; de segunda: Andalucía, Galicia; de tercera: las dos Castillas, Asturias; de cuarta: Cantabria.


Estas diferencias dan ocasión a profundos desequilibrios económicos y sociales y a romperse la solidaridad entre las regiones. Los catalanes desean más poder y dinero. Los vascos, que ya lograron el máximo poder y el dinero, reclaman la independencia. Estos privilegios son pagados por las autonomías más pobres.

En Cantabria algunos sectores han echado las campanas a vuelo cuando el ministro de Fomento prometió dar un puñado de calderilla a nuestra autonomía. Afirmó que se invertirán 176.309 millones de pesetas en siete años que se distribuyen así: 78.030 en carreteras de alta capacidad; 69.680 en ferrocarriles (23.180 destinado al FEVE); 2.104 al aeropuerto; 26.585 al puerto. ¿Y el ministro de Fomento pretende hacernos creer que con 46.500 millones de pesetas se puede construir un ferrocarril de alta velocidad desde Aguilar de Campoo a Santander? En Asturias para salvar el puerto de Pajares se proyecta un túnel de 25 km. y un nuevo tendido de línea férrea adecuada para soportar trenes de alta velocidad. El tiempo Madrid-Oviedo será de 3 horas y el de Madrid-Santander, 3 horas y 20 minutos teniendo en cuenta que la distancia de Madrid-Oviedo es superior en más de 50 km. que desde Santander.

El trayecto Bilbao-Madrid se realizará en 2 horas y 10 minutos, es decir, 1 hora y 10 minutos menos que desde Santander. Estos datos indican que a Asturias y Vizcaya se las dotará de tren de alta velocidad, mientras que a Cantabria desde Palencia se viajará a 100 km. por hora.

En cuanto a los accesos por autovía a la Meseta, el proyecto no deja de ser otra mala chapuza. Actualmente la distancia por carretera con Burgos es de 145 km., con la proyectada autovía estaremos a 210 km. La autovía Santander-Palencia, que absorbe el tráfico de Galicia, León, Zamora, en Aguilar de Campoo recibirá el flujo de la autovía Burgos-Aguilar de Campoo. No es preciso ser técnico en circulación para poder afirmar que el trayecto Aguilar-Santander quedará congestionado desde el mismo día de la inauguración.


Cantabria precisa dos autovías, la proyectada Santander-Palencia y la segunda Santander-Burgos. Ambas obras debe exigirse que se inicien inmediatamente. Toda la cornisa del Cantábrico tiene este problema resuelto desde hace más de 15 años. Son muchos años marginados que han retrasado la industrialización en la Montaña y no puede admitirse que esta situación se prolongue.

Un diputado de Cantabria, lleno de euforia, decía días pasados en la prensa que «valoro positivamente el presupuesto, que aumenta un 42 %» y afirmaba que la autovía a la Meseta estaría finalizada en el año 2005. Deseo que esté en lo cierto, mas no se puede evitar, analizando los presupuestos y la actividad que dan al proyecto, pensar en que si está en servicio en el año 2008 podemos darnos por muy satisfechos.

Observamos que quienes gobiernan Cantabria han asumido el hecho de que seamos siempre postergados y cuando les ofrecen un caramelo envenenado como este, se sienten felices. Y la razón de este estado de ánimo de nuestros gobernantes está en la impotencia, en conocer que en Madrid les oyen, pero no les escuchan. Carecemos de fuerza, y de no reaccionar a tiempo, Cantabria se convertirá en zona de recreo de los vascos y los descendientes de los indomables cántabros quedarán convertidos en sus humildes servidores.

Por todo cuanto se ha dicho deseamos la unión con Castilla y León, lo que nos proporcionará fuerza para obtener lo que en derecho nos corresponde del Gobierno central. Esta unión no significa que vayamos a perder nuestra identidad, historia, costumbres, tradiciones y forma de entender la vida.

Nos duele el conformismo de las autoridades autonómicas de Cantabria que muestran diariamente con esas desmedidas loas a los ministros del Gobierno central, cuando nos ofrecen unas inversiones que debieron materializar hace veinte años. Lo prometido por el ministro de Fomento ahora viene a incrementar la injusticia mantenida con esta región durante tantos años.

Nuestras autoridades no se movilizan, no protestan contra tanto abandono, es la resignación de la impotencia nacida del fracaso de esta autonomía… Estas son las razones de desear unir a Cantabria con Castilla y León. Preferimos ser cola de león a cabeza de ratón.

sábado, 13 de mayo de 2017

El capital y el problema castellano

Por Dalmau

(Castilla gráfica, revista semanal (Madrid), 19 marzo 1925, p. 1)

La riqueza es creada en España principalmente por Andalucía y Castilla, y luego por Aragón y otros.

Sin embargo, no es ese el orden de bienestar en nuestra patria, y eso se debe a que no basta crear riqueza, producir, sino retener el capital, y eso lo hace el comercio y la industria.

Por eso todo pueblo comerciante o industrial a la larga llega a ser más rico que el productor o creador de riqueza, y éste llega con el tiempo si no se transforma en comerciante o industrial principalmente, a ser dependiente de aquéllos.

Castilla tiene aún la libertad de acción porque es a la vez productor, comerciante y algo industrial y es demasiado crédula en la bondad de prestar su dinero para que otros hagan comercio con él o creen industrias o mejoren su situación a costas suyas.

Aún es tiempo de reaccionar y de utilizar los enormes recursos económicos que tiene Castilla.

¿Qué hacer? Veámoslo.

El estado suele hacer frecuentes empréstitos cuyo producto se destina generalmente a gastos fuera de Castilla.

Esta da diez, y de esa suma el Estado coloca dos en Castilla solamente. En cambio otras regiones, como Cataluña, que da sempre muy poco, recibe mucho. Hay, pues, que olvidar la costumbre de prestar dinero al Estado que paga poco interés y crea competidores. Ese dinero estará mejor empleado apoderándose de las sociedades que en Castilla trabajan con capital y dirección no castellanos y para expansionar a las industrias, comercio, navegación y demás empresas castellanas.

Es frecuente que empresas situadas en otras partes no castellanas emitan obligaciones en Castilla; ello ocurre con la M.Z.A., la Transatlántica y otras empresas. Tampoco se les debe prestar porque estas utilizan el dinero ese en beneficios fuera de Castilla.

El M.Z.A., p. ej., tiene estaciones muy hermosas y desproporcionadas con el tráfico en Tarragona, Barcelona, etc., pero no tiene lo necesario en Castilla. Es decir, que el dinero que les presta se utiliza mucho para llenar necesidades superfluas fuera de Castilla mientras en ésta falta lo necesario.

Debe finalmente el castellano crear productos que faltan en Castilla, y cuyo consumo en ella es de alguna importancia.

De esta manera muy pronto habría superabundancia de capital en la región y esa obligaría a crear nuevas empresas o expandir a las ya existentes.

Restar dinero al Estado tiene para Castilla inconvenientes que otra vez trataré.

sábado, 4 de marzo de 2017

Para el Estatuto Castellano

(1936)

Mi gracias a todos por tan generosa y hospitalaria acogida como han dispensado a mi escrito del 15 de mayo último, publicado en los periódicos "Correo" y "Heraldo de Zamora" del 20 y 22 respectivamente y mi sincero agradecimiento a don Julio de la Higuera, por su artículo publicado el "La Tarde" del 23, por la preferencia en que quiere colocarme.

Nada pretendo para mí, señor Higuera; si algo ganare, que será poca cosa, porque poca cosa soy, lo cedería gustoso a quien lo desee; nunca disputaré en este campo. Mis aspiraciones son, únicamente, las de lograr el disfrute de la satisfacción del deber cumplido, entre el bienestar del goce de todos los bienes a que tiene derecho a usufructuar nuestra amada patria.

Mucho se escribe y mucho se habla ya del Estatuto Castellano:; el ambiente cada vez es más cálido, inspirando halagadoras esperanzas de optimismo; por ese camino el Estatuto será pronto una realidad y convertidos en hechos todos nuestros deseos y todas nuestras aspiraciones.

Siempre hay que resolver dificultades en toda empresa y apartar tropezones. Hasta ahora no he visto más que alguna expresión antiestatutaria y un pequeño tropiezo.

A los antiestaturistas les recordamos:

El colosal imperio de los zares en Rusia, se derrumbó en dos horas; cosa que no hubiera ocurrido, si aquel imperio hubiera estado constituido por muchos estados autónomos federados, porque su despotismo y corrupción no hubieran llegado a donde llegaron. Por idénticas causas se destruyeron en Roma su gran república y su gigantesco imperio. Y no por distintos motivos fuimos perdiendo trágicamente los extensísimos dominios que, a España, dejaron los Reyes Católicos, cuya monarquía terminó en el reinado de Alfonso XIII, aquella buena tarde de abril de 1931, con aquel famoso ultimátum a todos aquellos poderes. "Si antes de ponerse el sol, no nos entregáis el poder, saldremos a la calle a recoger lo que el pueblo ha pedido". Aquella misma tarde se implantó la República en España.

¡Si, señores antifascistas!: tenemos que ser republicanos; y, para defender la República, el arma que más garantía nos ofrece, es la de ser regionalista. Además, en el fondo de este escrito, veremos lo inútil y perjudicial que para España y de una manera especial para Castilla, ha sido el poder estatal. España única, sí; pero regionalista-autónoma y autonómicos sus municipios.

Vamos al tropiezo:

En "Heraldo de Zamora" del 26 de mayo, aparece un artículo que firma V. Velasco, titulado "Acerca del Estatuto Castellano-Leonés".

No se ve, que el articulista se proponga otra cosa, más que echar agua fría a este fuego sagrado que arde ya en el corazón de Castilla en pro de su Estatuto. Compendiado refereido artículo, se reduce a lo siguiente:

Que ignora si Castilla ganaría o perdería con su autonomía; que en último término Castilla debía ser la última que lo pidiera; que antes había que conocer si Castilla tiene o no elementos propios para vivir; que primero hay que decidir por la extensión que debe comprender la región Castellano-Leonesa; que si ya, con alegatos picapleitos lugareños, haya quien reclame para sí la capitalidad de la región; que si la capitalidad debe ser para la región y no la región para la capitalidad; y que no ve la urgencia para pedir este Estatuto.

¡Oh, carísimo amigo Velasco!¡Qué pena nos produce verte pensar así!

Castilla tiene un tesoro de incalculable valor y es inagotable. Este tesoro, el estado unitario, apenas sí se ha ocupado de su explotación; y cuando se ocupa, lo hace muy lenta y perezosamente; forma que perjudica más que beneficia. Cuando desplegando las mayores actividades, en su explotación, sería no solo el porvenir de Castilla sino también el de toda España. Este tesoro es el río Duero con todos sus afluentes, que, pantanizadas suficientemente sus aguas y canalizados los terrenos que estas aguas pudieran regar, resultaría que Castilla la Vieja y León, no tendrían que envidiar nada a ninguna parte del mundo en producción agrícola, forestal y ganadera. Y después de regar toda esa gran zona quedarían aguas para producir energía eléctrica para satisfacer todas las necesidades industriales que España pudiera precisar.

En minas, cuenta la región Castellano-Leonesa con los filones más importantes de España en hierros y carbones, también los tiene de los demás metales, contando con abundantísimas canteras de yeso, piedras calizas, margas para cementos además de la diversidad y abundancia de silíceas, cuarzos, granitos y pizarras como también mármoles. En aguas minero-medicinales, nada tiene que desear.

Castilla constituida en estado autónomo, no tomaría menos interés en desarrollar estas fuentes de riqueza, luego nunca perdería por ser autónoma. En sus manos estaría desarrollar aquellas hasta el máximo de su producción.

Con este emporio de riqueza (hasta hoy abandonado), por la posición geográfica de Castilla y sus tradiciones, ésta no debe ser la última, debió ser la primera en reclamar su autonomía, para ejemplo de las demás regiones.

¿Qué más elementos necesitaría el señor Velasco, para concederle vida propia a Castilla, cuando, a simple vista, se ve que podría
tenerlos para suministrar todas las necesidades de España?

Si no fuera porque tenemos que respetar el nombre de Castilla, que es el título sagrado de nuestra lengua y la evocación de nuestras tradiciones, ningún nombre más apropiado para esta región que el de "El Duero y su cuenca".

Como la cuenca del Duero es indivisible, mientras el aprovechamiento de sus aguas no esté perfectamente distribuido y reglamentado, forzosamente, la región Castellana, tiene que ser constituida por todas las provincias comprendidas en la cuenca,  que son: Soria,Logroño, Burgos, Santander, León, Palencia, Valladolid, Zamora, Salamanca, Ávila y Segovia.

sábado, 24 de diciembre de 2016

El movimiento regional castellano

(1932)

Yo quiero quiero ver en este movimiento -porque es una visión rayada por zig-zags de optimismos y valentías- una vibración enérgica de la ancha meseta contra los egoísmos nacionalistas catalán y vasco. Yo no niego facultades administrativas a las regiones competentes, porque soy autonomista; pero negaré y combato la avaricia y el ansia de las regiones que sin haber llegado a una competencia plena, pretenden no un pacto con el Estado, pues esto significaría osadía o error, ambas cosas fáciles de domeñar o corregir, sino una simulación de acatamiento envolviendo un bajo y ruin contenido rebelde.

Castilla, ante ese falso muestrario de suficiencias que son los Estatutos, y en las que nos quieren hacer creer con un empeño de imposición, se resuelve herida y, con el austero orgullo de sus hidalgos, muestra sus caudales consumidos por tanta dádiva, sacrificados más de una vez por exigencias del país vasco y de la ciudad de los condes, núcleo de la célula catalana. Pero estos caudales no están agotados como para darlos por fenecidos; están mermados, sí; pero aun suman lo capaz para rehacer el valor perdido. Y para recuperar este valor se ha fundado el Instituto Económico Castellano. Su presidente, un hombre de rancio castellanismo, nos dice:

-Nosotros, como reza la circular que hemos repartido, pretendemos fomentar el trabajo en Castilla, promoviendo y secundando, objetivamente, todas las iniciativas que puedan incrementar los bienes materiales de nuestra región; intervenir cerca del Gobierno y dependencias oficiales en pro de cuantas gestiones interesen a la vida económica de las provincias castellanas, y organizar un archivo estadístico y arancelario para divulgar sus
estudios, y poner su documentación al servicio de los distintos elementos asociados.

-¿Y el proyecto de hacer de Santander el puerto de Castilla?

-Es un proyecto decidida, imperativa, categóricamente aprobado -nos contesta remachando las palabras-. Y tan es así que sin ese puerto fortificado por una zona industrial castellana nuestros propósitos se anquilosarían, pues todos ellos son radios de él, que lo hemos adoptado como centro, como objetivo de nuestros estudios.

-¿Probabilidades de éxito?

-Todas.

-¿Sólo esto?

-Por ahora solo esto. ¿Le parece poca la afirmación?

-Volvemos a Santander -le digo invitándole a rasgar velos.

-No; por ahora nada más. En este momento, no juzgo discretas unas declaraciones amplias; tenga en cuenta que solo hemos celebrado dos reuniones, porque es mi propósito -y mis propósitos no los quebranto-, hacerlas desde la tribuna. La tribuna será Santander y el título de mi conferencia, "Ideal castellano".

Cariñosamente me tiende la mano y me dice:

-¡Por Castilla!

Y yo, recogiendo el apretón de manos, le contesté:

-¡Por Castilla!






miércoles, 21 de diciembre de 2016

La unidad cultural

(Nueva Alcarria, 16 de diciembre de 2016) 

Por Juan Pablo Mañueco

¡11 del 12, 11 del 12, 11 del 12! Es fecha cultural en que el 11 de diciembre de 1230, por el Tratado de Benavente, las dos Castillas (desde el Cantábrico a Sierra Morena) decidieron pacíficamente unirse para siempre con el reino de León a través de Fernando III el Santo.

Se alumbraba y gestaba así un asombro cultural mundial que iba a fructificar en la Universidad de Salamanca y en esta obra cultural igualmente magna de Fernando III y Alfonso X el Sabio (este último ya desde el centro político y cultural del Reino: Toledo).

¡Enhorabuena a los integrantesde una de las tres o cuatro lenguas y culturas realmente imprescindibles en el planeta Tierra, la compuesta por la lengua de Castilla que comenzó a gestarse un 11 del 12. El Arcipreste de Hita, el marqués de Santillana, Garcilaso de la Vega, el Lazarillo de Tormes, Fray Luis de León, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Pedro Calderón, José Zorrilla, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Miguel Delibes, Antonio Buero Vallejo... os contemplan!
¡Enhorabuena, Castillas y León! ¡Enhorabuena, cultura castellana! ¡Enhorabuena castellanos! ¡Estamos orgullosos de serlo! ¡Y de que nuestra cultura vaya a perdurar y a asombrar al mundo por siempre!

¡Unidos estamos culturalmente y unidos estaremos culturalmente para siempre por encima de coyunturales y artificiales fronteras políticas, que mañana pueden y deben variar! ¡Viva nuestra unidad cultural!

domingo, 18 de diciembre de 2016

El Regionalismo castellano

(Diario Palentino, mayo de 1917)

Por Francisco Rivas Moreno (Miguelturra, 1851-Ciudad Real, 1935)

Para los hijos de Castilla la idea de la Patria está colocada en el altar de sus más puras adoraciones, y el mayor placer es ofrendarla todo linaje de sentimientos nobles y de acciones generosas, anhelosos de ver a la madre común disfrutar de grandes prosperidades. No tiene, por tanto, el regionalismo castellano ni el más remoto parentesco con el que en malhora propaga Cambó por algunas provincias.

El regionalismo a que aludía el ilustre general Aguilera en un discurso del Hotel Ritz es el que,por nada ni nadie, se presta a debilitar ni romper las disciplinas de la unidad nacional.

Importa mucho al interés público acabar con los equívocos en todo cuanto hace relación con las campañas regionalistas, pues los catalanes que han tremolado esta bandera empezaron las propagandas con palabras tan poco explícitas que dejaban la duda de si abogarían por la descentralización o el principio federativo; pero las intenciones han ido quedando al descubierto a medida que se han creído más fuertes, y Cambó habló en Bilbao con tal desenfado del nacionalismo, que ya no hay que leer entre líneas en los discursos de este propagandista para saber que ni Mella, ni Maura, ni ningún buen español pueden comulgar con sus ideas.

La Vizcaya, en Galicia y en otras regiones de la Península que tienen dialecto propio, los regionalistas catalanes intentan buscar prosélitos, tocando algunas fibras del sentimentalismo, a las que saben ellos que no deja de responder la irreflexión.

El hecho de que los catalanes y vizcaínos enseñen a sus hijos el dialecto en que sus antecesores expresaron los cariños de familia y los amores a la Patria nada tiene que ver con la idea nefasta de querer romper los vínculos de una nacionalidad gloriosa formada por los siglos a costa de innumerables sacrificios.

Para los castellanos, el problema del regionalismo no representa otra cosa que la obra del progreso nacional por medio de la división del trabajo.

Cada región tiene intereses particulares que, fomentados por los que en ella viven con unidad de esfuerzos y aspiraciones que permite el interés común, dará por resultado una mayor cultura y un estado económico más próspero.

La hacienda nacional no es, en realidad, otra cosa que la suma de las regionales, y, por tanto, a mayor prosperidad de ellas corresponderá un mayor florecimiento de la primera.

No tienen los catalanes, ciertamente, la exclusiva en lo que atañe a la protesta enérgica y sincera contra los males del centralismo administrativo; pero el remedio de éstos no se acude tratando de amputar al cuerpo nacional todos los miembros para provocar la muerte, sino aplicando aquellas normas de conducta que el estudio y la experiencia recomiendan como de eficacia bastante para llevar a la normalidad el país.

Hay que agregar, a una descentralización bien meditada, otros particulares, que, si bien no tienen alcance tan extraordinario como esta primera reforma, que pudiéramos calificar de espina dorsal del regionalismo, son complemento obligado de este programa.

Aludo al hecho de que los hijos de cada región sean los primeros en la labor de engrandecimiento de la patria chica, tanto porque, estando llamados a recoger los provechos, sobre ellos pesa la obligación de un concurso entusiasta y decidido, cuando porque, educados en los apremios económicos de la región y en sus necesidades morales y materiales, es natural que a ellos les sea más llano el camino a recorrer que a los extraños al sentir y vivir de comarcas a las que no estuvieron nunca ligados por vínculos de ninguna clase.

Se desenvuelve nuestra vida en una serie de círculos concéntricos; tenemos en la familia los más fuertes afectos; siguen a éstos los del pueblo donde nacimos; después, la provincia; más tarde la región, y, por último, la nación.

Ha tenido la Mancha hijos ilustres a quienes en la historia se dedican algunas páginas escritas con pluma de oro; y, a pesar de esto, no hay en aquella región, para mí tan querida, un monumento que los recuerde a la posteridad, sucediendo esto precisamente en una época en que se ve levantar estatuas a medianías, ayunas por completo de todos aquellos méritos que legitiman estas distinciones sociales.

Siendo Presidente de la Diputación de Ciudad Real propuse a la Corporación, y ésta aceptó por unanimidad, que se levantaran dos estatuas: una a Espartero y otra a Monescillo.

Cuando estos dos grandes hombres llegaron a las más altas jerarquías, de la gobernación del país primero, y del estado eclesiástico el segundo, vivían extraños por completo a la patria chica, porque ésta poco o nada les había ayudado para subir la escala de las altas distinciones. Todo, absolutamente todo, lo debían al esfuerzo individual como ahora sucede al general Aguilera. Muchas personas han creído que Espartero era riojano.

Los tiempos han variado, afortunadamente, y yo me enteré con singular satisfacción de los agasajos y distinciones que hace meses dieron ocasión para exteriorizar los entusiasmos y el cariño con que la patria chica premiaba los relevantes méritos de dos pintores tan eximios como Carlos Vázquez y Ángel Andrade.

Los catalanes, que tanto abusaron del Arancel en daño de las demás regiones, quisieran, para otros efectos, rodear a aquellas provincias con una muralla parecida a la de China persiguiendo un aislamiento que los hechos evidenciarían bien pronto que les era dañoso.

En Castilla no es el egoísmo escudo que pueda amparar las conveniencias de la región.

Las normas del regionalismo de buena ley, consisten en no escatimar esfuerzos ni sacrificios con objeto de que las de que las actividades de la región al más próspero desarrollo.

Con minas de carbón y lanas superiores, tanto en Puertollano como en los pueblos limítrofes, debía existir una industria fabril en condiciones de sostener la competencia con las similares de toda España y del extranjero.

El algodón vuelve a cultivarse en Andalucía con buen resultado, y si esta inicitiva arraiga, la industria manchega dispondría, con gastos de arrastre muy livianos, de una primera materia de capital interés.


El cáñamo puede producirse en esa región en cantidad bastante para dar vida a industrias que ya florecen en comarcas de menos elementos.

En cuanto a las personas opino que no debemos negar a los de casa las ayudas a que tienen derecho con sus merecimientos y por los vínculos de la sangre; pero en modo alguno suscribiría el esclusivismo de los catalanistas, porque la vida de relación de regiones impone a este respecto, el intercambio.