Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).

domingo, 4 de agosto de 2019

El alma castellana

Por César Real

(El Castellano, diario de la mañana (Salamanca), 27 de agosto de 1906, p. 1)


Idólatra de su culto la he buscado en el campo, donde vivo y en la próxima ciudad, en el corazón mismo de Castilla la Vieja, en la capital del hidalgo reino castellano.

¿Dónde está?

Quizá se mece esfumada en los ensueños de progreso de la gente culta que viaja, lee, escribe y hablo en los círculos, periódicos y academias de la población; acaso anima y conforta a los industriales y obreros que luchan denodadamente por llegar a un límite de perfeccionamiento, en la transformación de los productos del país y de otras regiones donde queden vencidas las dificultades y riesgos de la competencia ruinosa que ahora sostienen; probable es que flote agitada sobre los mares de enceradasmieses por  el dorado abanico de espigas que nació, vivió y cae en el surco al golpe tajante de la hoz; ¡quién sabe si yace adormecida con el robusto "hachero" que
sestea a la sobra tibia y perfumada del pino secular que se yergue altivo, como si desariara los rayos abrasadores de un sol a quien aguanta igual resignada gallardía que a la nieve invernal!

No sé si alguien lo ha dicho ya: pero a mí se me ocurre que el pino es algo así como nuestro árbol de Guernica; con la diferencia de que los vizcaínos cultivan y protegen el venerado emblema de sus libertades y fueros, y los castellanos duermen o dormimos a la sombra, cada vez más débil, de nuestro símbolo, viven aun, porque la sobriedad les permite sostenerse en campos semiestériles y su fortaleza resistir los embates de la atmósfera enemiga que le
rodea, y su longevidad ir acumulando ejecutorias de nobleza que no sirvieron ni le valen más que para lucirse con el humo de la vanidad que aparentemente anula los achaques de una senectud decrépita.

Indudablemente Castilla duerme y sueña.

No despertará seguramente por las excitaciones de los hambrientos de la legión famélica, porque esta se satisface con muy poco. Sin duda se ha logrado en gran parte en nuestra región reducir el estómago al mínimo de capacidad. Tamposo ha de volver a la realidad por vías del buen cálculo de la gente ilusrada porque las debilidades, físicas y ostentorias de su intelecto, son insuperable obstáculo.

Pero aun conservan los castellanos -principalmente los campesinos- una fibra muy sensible a las impresiones que por el medio de ella se les comunica; el corazón tan sincero, tan blando y generoso, como el de los niños.

Y no hay nadie que llegue al corazón de las muchedumbres más fácil y eficazmente que los poetas.

Galán quizá no hubiera llegado a ser el mejor de los poetas castellanos; pero sí ha sido el mejor castellano de nuestros poetas.

Nadie ha contribuido tanto como él a levantar el espíritu regional.

Pero eso tiene tan fervientes admiradores de su obra entre los regionalistas castellanos.

Su labor ha dejado raíces muy hondas. Fundó una escuela: la de la poesía castellana.

Ya tiene discípulos que proseguirán su acaso intuitivo, patriótico empeño.

Dentro de muy poca ha de imprimirse un hermoso libro de versos, del que es autor don César de Medina Bocos, y en el cual figurará en primer término la siguiente hermosísima composición:

EL CANTO DE LA ALONDRA

(Con motivo de la muerte de Gabriel y Galán)

En la tarde serena,
En medio del vivir pobre y sencillo,
Al descansar de rústica faena
¡Qué dulcemente suena
El alegre cantar del pajarillo!...

Mas el campo en que vierto mis sudores
Es árido y desierto,
Ni tiene bellas campesinas flores,
Ni música de pájaros cantores
Turba la calma del paisaje yerto.
De su aridez mi espíritu cansado
¡Con qué placer tan hondo
Recogiera en su fondo
El melodioso canto regalado
Con que una tarde a consolarme vino
"Una alondra del páramo vecino"
Yo escuché en su canción el rugido grato
Del agua cristalina del regato
Que los chopos refleja,
Y ese dulce lamento
Que produce, movida por el viento,
"La copa verde de la encina vieja."
El murmullo sonoro
Del mar de espigas de oro,
Mecido blandamente por la brisa,
La voz vaga, indecisa,
Del campo al despertar en la alborada,
De la rústica gaita tonada,
El mujir del terneno en la pradera,
El ruido de la era
Y la canción honrada
Del gañán al cantar la sementera...
Todos, todos los ruidos
Que me son tan queridos
Sonaron en su música divina:
¡Que nutría sus cantos seductores
Con todos los acentos y rumores
Que forman la sonata peregrina
Del campo, donde tengo mis amores!

¡Breve fue mi alegría!
La alondra que raudales de armonía
Vertió de mi vivir para consuelo
Dejó mi campo al declinar el día;
Yo, con la vista, la seguí en su vuelo...

¡Ya la he perdido en el azul del cielo!
Pero su canto ¡le oigo todavía!

Mi querido amigo Medina Bocos es también político -diputado provincial- y labrador.

Había yo venido a Valladolid retorciendo en mi mente una frase inspiradísima, salvadora. "Es preciso oponer a la solidaridad catalana".

Pero, ¿cómo va crearse la solidaridad castellana, quién la va a dar impulso?, me preguntaba ya, y estaba decidido a preguntárselo aquí, en la capital de la región, a políticos industriales, labradores, obreros, hombres de ciencia...

Y una mañana, en la Acera de San Francisco, encontré a Medina; íbale a interrogar, como labrador y político, acerca de este movimiento regional y se anticipó recitándome parte de los versos de su futuro libro.

Ya sé, dije para mí, mientras le escuchaba, quien ha de despertar al robusto "hachero" que sestea a la sombra tibia y perfumada del pino secular... para cultivarle y defenderle.

Valladolid y agosto 1906

domingo, 21 de julio de 2019

Tierra Castellana

(Lábaro, diario independiente (Salamanca), 1 de abril de 1905, p. 1)

Con este título verá pronto la luz pública en Valladolid una revista semanal, consecuencia del resurgir de Castilla, iniciado en Valladolid y confirmado en Salamanca con la Federación periodística castellana.

Mejor que nosotros pudiéramos hacerlo, explica los propósitos de aquélla la siguiente circular:

"La obligada y conveniente confesión de propósitos al empezar la publicación de una revista, es deber para nosotros muy difícil de cumplir, porque el programa es sencillísimo: fundar un centro que sea punto de convergencia de los intelectuales de Castilla, y en el que, a nosotros, nos corresponda solamente el papel de mandatarios, de servidores de los que en Castilla discurren y escriben y trabajan para gloria y utilidad de la región.

Tierra Castellana no va a ser una publicación de Valladolid, el púlpito predicadores. Queremos que sea la hoja a que acudan cuantos escriben de toda clase de conocimientos, para que, volandera por el mundo, lleve todos los límites la hermosa y potente manifestación de la mentalidad de Castilla.

Para nosotros la mecánica de ajustar trabajos en la revista, según el gusto de los lectores y los intereses de la vida regional: es decir, para nosotros lo fácilmente hacedero y sin valor. Para los robustos entendimientos castellanos el discurrir sobre todo lo que pueda ser la palpitación del alma de Castilla, una oleada de viento de la llanura, glóbulos desangre para el cuerpo de la región.

Por eso estamos seguros del éxito feliz de Tierra Castellana y del cariñoso acogimiento que Castilla le ha de prestar.

A estas páginas han de venir, enlazados, los hombres maduros que descuellan por saber y los ricos de promesas en la brillante juventud; los monumentos y las joyas artísticas, folios del magnífico libro de la grandeza castellana, los paisajes severos del terruño que tonaliza, fulgurado al sol; la actualidad industriosa o mercantil, científica o literaria que dicen del valer de los regionales; la información agrícola que abre horizontes al progreso o al cálculo de los que del campo viven...

A las columnas de Tierra Castellana vendrán, en fin, el alto pensar, el hondo sentir y el fuerte querer de la raza que puebla la llanura, las estribaciones de dos cordilleras y las orillas de su mar de Cantabria.

Nada que a Castilla importe escapará al estudio de las plumas castellanas, y aquí, cuando los años pasen,habrán de venir los trabajadores con patriotismo a ver cuánta era la potencia intelectual de los castellanos de hoy, cómo se promovía lo que a la región interesaba, y cómo sabíase huir de los recovecos de la política, respetando todas las opiniones, porque si ésta teóricamente es el arte de la gobernación, tal andan sueltas las bastardías y desaprensiones que resulta azote de los pueblos, discordia que todo lo esteriliza.

Luchadores por Castilla los ínfimos, los que estaremos en Valladolid al pie de Tierra Castellana, luchadores por Castilla, los grandes, los que han de avalorar sus páginas; luchadores todos, y todos con voluntad firmísima y amores hondos del alma para la tierra madre, nuestra revista de Castilla será buena, será honrada, como le cumple ser, y ha de lucir su nombre, sin sonrojos, allí donde más enérgica palpite el alma española.

Pronto verá la luz el primer número de Tierra Castellana, y si el acaso no por las dificultades que surgen en los comienzos de estas obras, los sucesivos han de probar cumplidamente que Tierra Castellana viene a la vida con ánimo seguro de no ceder a nadie en la lucha brava y tenaz por cuanto sea manifestación o barrunto de la vida regional".

Los precios de suscripción serán:

Trimestre, pesetas 2; semestre, 4; año, 7; número suelto, 20 céntimos.

Nota.- Hasta nuevo aviso pueden hacerse las suscripciones, previo pago en las Administraciones todos los periódicos de Castilla.

sábado, 20 de julio de 2019

Solidaridad castellana

Palencia y Burgos 

Por Gregorio Fernández Díez

(Diario de Burgos, 12 de octubre de 1929, p. 1)
 
La ciudad hermana, Palencia de Castilla, así con este apelativo, ha recibido cordialmente al Orfeón Burgalés y a los expedicionarios que le acompañaban; ha sido aplaudido y han sido obsequiados con largueza y con efusión fraternal, los excursionistas; pero, es ocasión para que nuestra embajada no sea un acto de mera reciprocidad a la visita de los palentinos y de su Coral, sino que es preciso que mutuamente inauguren un periodo de relaciones que jamás en lo sucesivo se interrumpa.
 
Si hoy son los Orfeones los que se corresponden, mañana y pasado y al otro deben ser los Ateneos y los clubs deportivos, y los claustros de los Institutos y Normales, los que organicen recíprocas y continuas visitas, pues que, aun cuando la distancia es corta, el trato, las relaciones no eran frecuentes, no eran continuas, y es preciso que lo sean, porque de la solidaridad castellana, de la solidaridad de nuestras provincias, pueden derivarse no pocos beneficios esencialmente espirituales, para Castilla, la gran calumniada.
 
La disociación castellana es grande; cada provincia parece un compartimento estanco, y eso tiene que terminar; debe concluir, de la única manera viable, tratándose, juntándose para exaltar y defender todo lo que les sea común. Y lo común a las provincias castellanas es Castilla, es su historia, su raza, su lengua, sus costumbres, sus intereses, tantas peculiaridades, en fin, que, no siendo patrimonio de ninguna, corresponden a la colectividad.
 
Sí, Castilla tiene también sus peculiaridades tan dignas, tan ejemplares, tan nuestras, que debemos exaltarlas y defenderlas. Están un poco soterradas, y ello implica el deber de sacarlas a flote, limpiarlas y exhibirlas. Ahora, por ejemplo, el Orfeón ha demostrado, como lo han hecho antes las corales de las ciudades hermanas, Zamora y Valladolid, que existe una gran variedad de tonadas y cantares castellanos; que existe, en fin, una música castellana, como ha dicho con su autoridad el maestro Benedito.
 
Queremos significar, digámoslo con claridad, que es preciso hacer un poco de regionalismo, planta que no es del todo espontánea en ninguna parte, sino que se debe cultivar con esmero. Con ello iríamos ganando mucho, por lo menos ganaríamos el respeto ajeno, hoy harto debilitado, por nuestra propia culpa, por nuestro provincialismo absurdo.
 
Apena, apena ese provincialismo, en el que no puede haber la menor espiritualidad porque nada evoca. Aquí hemos andado estos días atrás, por ejemplo, defendiendo el burgalesismo de Pedro de Mendoza, de Juan de Salazar, de Juan de Ayolas, fundador de la Asunción. Y todo, porque no hemos sabido crear un Instituto de Estudios Castellanos, según yo proponía en mi obra "El Valor de Castilla". Si lo tuviéramos, esos estudios, esas investigaciones históricas, nos hubieran consentido, esto es, hubieran consentido a Castilla un más lucido papel en la Exposición Iberamericana de Sevilla, en la que Castilla, verdadera descubridora de América por inspiración de Isabel la Católica, representa, lamentable es confesarlo, triste papel.

Mas el pueblo castellano, ciertamente inconstante, impulsivo, pasa pronto de los entusiasmos a la indiferencia y, por ello, yo, temiendo que la aproximación palentino-burgalesa sea meramente externa, considero que se impone un pacto del que puede surgir, no para ambas ciudades, sino para ambas provincias, algo práctico y tangible.

Los ferrocarriles Aranda-Palencia y Burgos-Sahagún por Carrión, tan interesantes, tan necesarios para ambas provincias, pueden ser, deben ser una de las finalidades que mancomunadamente deben solicitar hasta verlas convertidas en realidad.

Nada hay que acerque más a los pueblos que los intereses materiales: creemos intereses y crearemos afectos. Estos ferrocarriles harán más por las relaciones palentino-burgalesas que todos los discursos, que todos los cambios de telegramas entre las autoridades por entusiastas y sinceros que sean, que sí que lo son. La amistad, la fraternidad, requiere algo más que mutuos agasajos. Motivos tienen Palencia y Burgos, para laborar juntas en lo material y en lo espiritual por su prosperidad y enaltecimiento de Castilla.

martes, 28 de mayo de 2019

Las diputaciones cerealistas

(El Liberal arriacense (Guadalajara), 4 de setiembre de 1915, p. 1)

Si la idea de la federación de las provincias cerealistas se lleva a afecto, es indudable que esa nueva Mancomunidad ha de traducirse en un principio de resurgimiento regional, de incalculables y beneficiosos resultados. La actuación directa de las provincias cerealistas, representa las por un organismo central fuerte y prestigioso, puede contribuir de manera eficacísima a la dignificación del agricultor castellano, a su mejoramiento moral, intelectual y material y como consecuencia lógica, al progreso de Castilla, región que tal vez por ser la cuna de la nacionalidad española, es la menos atendida y la peor tratada.

Celebremos, como amantes de la región, la iniciativa del dignísimo presidente de la Diputación de Salamanca, D. Nicolás del Toro, y desde luego, nuestro modesto concurso está a la disposición de los cerealistas para realizar esta labor de enaltecimiento y vigorización de la región castellana.

El Valor de Castilla

Por Ángel Dotor y Municio

(Argamasilla de Alba, 1898-1986) 

(El Consultor bibliográfico, p. 360)

Gratísimo para nosotros, entusiastas, más por identificación espiritual que por origen, de la región cuna de la nacionalidad y de la raza, todo cuanto tienda a la exaltación de Castilla. Y más que a la exaltación lírica y abstracta —pues de nadie que la conozca son ignorados sus relevantes valores—, al divulgador análisis de la misma. Por eso tenemos que señalar con aplauso la aparición de toda obra en que se explane, ya sea con los bellos ropajes literarios o, sencillamente, con el sólo propósito de la vulgarización, el significado y el papel relevantes que siempre he de ostentar en el arte y en concierto articular español la tierra central de la península.

martes, 21 de mayo de 2019

El Estatuto castellano

Por ELE

(Heraldo de Zamora, 22 de mayo de 1936, p. 1)


Se va haciendo ambiente regionalista en las provincias castellano-leonesas, espoleadas por la iniciativa de don Mauricio García Isidro.

Castilla, "la de las pardas onduladas cuestas", la cuna de las libertades que tuvieron en epílogo en Villalar, viene resultando la víctima de las demás regiones.

Y al amparo de la Constitución, lo que ha logrado Cataluña y van a pedir los vascos y Galicia y Aragón y Valencia, Castilla puede obtenerlo.

El artículo 11 de la Carta Magna de la República española, dice que si una o varias provincias limítrofes, con características históricas, culturales y económicas comunes, acordarán organizarse en región autónoma para formar un núcleo político-administrativo, dentro del Estado español, presentarán su Estatuto con arreglo a lo establecido en el artículo 12, pudiendo recabar para sí, en su
totalidad o parcialmente la defensa sanitaria en cuanto afecte a intereses extrarregionales, la policía de fronteras, inmigración, emigración y extranjería y fiscalización de la producción y el comercio de armas, sin perjuicio en el segundo caso de que puedan recabar todas, o parte de las restantes, por el mismo procedimiento establecido en el Código fundamental.

La iniciativa del señor García Isidro ha tenido la virtud de despertar la conciencia de Castilla, que estaba amodorrada. Precisamente, coincidió con la asamblea de Caspe y el surgimiento de los anhelos regionalistas de los vascos y de los gallegos. Los primeros, desaparecida la aspiración de un Estatuto vaticanista de los nacionalistas han sumado en favor de su causa a los elementos de izquierda.

Todas las regiones van siguiendo el ejemplo de Cataluña. El Estatuto es un privilegio y la Constitución reconoce la igualdad de todos los españoles ante la ley.

Sin embargo mucho nos tememos que aquí no cuaje la idea. Somos demasiado individualistas y extremadamente apegados al terruño.

Ya verán ustedes como se repetirá el cuento de la lechera. Gastaremos mucha pólvora en salvas y al final echaremos todo a rodar por la elección de la capitalidad o por otra futesa por el estilo.

De todas suertes, convienen iniciar el movimeinto regionalista castellano-leonés. Y ya se sabe que el movimiento se demuestra andando. Queremos decir que no basta con lanzar una idea. Hay que arrojar la semilla en el surco. Preparando el terreno lo está. Falta la propaganda activa. ¿No sería el propio señor García Isidro el más indicado para encauzarla?

Colaboradores eficaces, han de sobrarle. Entre ellos nosotros.

Madrid, 20-5-1936

martes, 5 de marzo de 2019

Deuda en pie

(Tempestad (Segovia), 24 de abril de 1890, p. 1) 

En esta fiesta, a la cual concurrieron respetables personalidades de Valladolid y Zamora y la ilustrada prensa de ambas capitales, pronunció el Sr. Alcalde de Villalar D. Fermín Vidal Rodríguez un discurso apologético de los comuneros:

"Si hay actos en la vida de los pueblos -decía el digno Sr. Alcalde, con tono velado con la emoción-, que dejan imperecedero recuerdo, seguramente uno de ellos será, para esta mi querida Villa, la construcción del modesto obelisco que tenemos la dicha de solemnizar hoy; el cual monumento, aunque pequeño y humilde como nuestros escasos recursos, no será por eso meses exacto símbolo conmemorativo de la gloriosa epopeya, cuyo teatro fueron los campos y Plaza de Villalar el 23 y 24 de abril del año 1521.

Hoy hace 368 años que derramaron su sangre y dieron su vida por la libertad patria, los valientes castellanos D. Juan Bravo, D. Juan de Padilla y D. Francisco Maldonado. ¿Y sabéis por qué delito les condenaron? ¡Ah, señores! Pues precisamente porque pedían y querían lo mismo que ahora piden y quieren también los diputados de Castilla, cuando clamen por la baja de tributos, por la equidad en el reparto de las contribuciones, que todos pechen por igual"
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