Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).
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sábado, 20 de julio de 2019

Solidaridad castellana

Palencia y Burgos 

Por Gregorio Fernández Díez

(Diario de Burgos, 12 de octubre de 1929, p. 1)
 
La ciudad hermana, Palencia de Castilla, así con este apelativo, ha recibido cordialmente al Orfeón Burgalés y a los expedicionarios que le acompañaban; ha sido aplaudido y han sido obsequiados con largueza y con efusión fraternal, los excursionistas; pero, es ocasión para que nuestra embajada no sea un acto de mera reciprocidad a la visita de los palentinos y de su Coral, sino que es preciso que mutuamente inauguren un periodo de relaciones que jamás en lo sucesivo se interrumpa.
 
Si hoy son los Orfeones los que se corresponden, mañana y pasado y al otro deben ser los Ateneos y los clubs deportivos, y los claustros de los Institutos y Normales, los que organicen recíprocas y continuas visitas, pues que, aun cuando la distancia es corta, el trato, las relaciones no eran frecuentes, no eran continuas, y es preciso que lo sean, porque de la solidaridad castellana, de la solidaridad de nuestras provincias, pueden derivarse no pocos beneficios esencialmente espirituales, para Castilla, la gran calumniada.
 
La disociación castellana es grande; cada provincia parece un compartimento estanco, y eso tiene que terminar; debe concluir, de la única manera viable, tratándose, juntándose para exaltar y defender todo lo que les sea común. Y lo común a las provincias castellanas es Castilla, es su historia, su raza, su lengua, sus costumbres, sus intereses, tantas peculiaridades, en fin, que, no siendo patrimonio de ninguna, corresponden a la colectividad.
 
Sí, Castilla tiene también sus peculiaridades tan dignas, tan ejemplares, tan nuestras, que debemos exaltarlas y defenderlas. Están un poco soterradas, y ello implica el deber de sacarlas a flote, limpiarlas y exhibirlas. Ahora, por ejemplo, el Orfeón ha demostrado, como lo han hecho antes las corales de las ciudades hermanas, Zamora y Valladolid, que existe una gran variedad de tonadas y cantares castellanos; que existe, en fin, una música castellana, como ha dicho con su autoridad el maestro Benedito.
 
Queremos significar, digámoslo con claridad, que es preciso hacer un poco de regionalismo, planta que no es del todo espontánea en ninguna parte, sino que se debe cultivar con esmero. Con ello iríamos ganando mucho, por lo menos ganaríamos el respeto ajeno, hoy harto debilitado, por nuestra propia culpa, por nuestro provincialismo absurdo.
 
Apena, apena ese provincialismo, en el que no puede haber la menor espiritualidad porque nada evoca. Aquí hemos andado estos días atrás, por ejemplo, defendiendo el burgalesismo de Pedro de Mendoza, de Juan de Salazar, de Juan de Ayolas, fundador de la Asunción. Y todo, porque no hemos sabido crear un Instituto de Estudios Castellanos, según yo proponía en mi obra "El Valor de Castilla". Si lo tuviéramos, esos estudios, esas investigaciones históricas, nos hubieran consentido, esto es, hubieran consentido a Castilla un más lucido papel en la Exposición Iberamericana de Sevilla, en la que Castilla, verdadera descubridora de América por inspiración de Isabel la Católica, representa, lamentable es confesarlo, triste papel.

Mas el pueblo castellano, ciertamente inconstante, impulsivo, pasa pronto de los entusiasmos a la indiferencia y, por ello, yo, temiendo que la aproximación palentino-burgalesa sea meramente externa, considero que se impone un pacto del que puede surgir, no para ambas ciudades, sino para ambas provincias, algo práctico y tangible.

Los ferrocarriles Aranda-Palencia y Burgos-Sahagún por Carrión, tan interesantes, tan necesarios para ambas provincias, pueden ser, deben ser una de las finalidades que mancomunadamente deben solicitar hasta verlas convertidas en realidad.

Nada hay que acerque más a los pueblos que los intereses materiales: creemos intereses y crearemos afectos. Estos ferrocarriles harán más por las relaciones palentino-burgalesas que todos los discursos, que todos los cambios de telegramas entre las autoridades por entusiastas y sinceros que sean, que sí que lo son. La amistad, la fraternidad, requiere algo más que mutuos agasajos. Motivos tienen Palencia y Burgos, para laborar juntas en lo material y en lo espiritual por su prosperidad y enaltecimiento de Castilla.

jueves, 3 de mayo de 2018

Ateneo Popular, una conferencia

(Diario de Burgos, 23 de marzo de 1931, p. 2)


Conforme teníamos anunciado, se celebró ayer en el Teatro Principal la conferencia de don Gregorio Fernández Díez, que versó sobre el interesantetema "Castilla ante la libertad y la libertad de Castilla".


Desde antes de la hora señalada, las localidades del Teatro estaban totalmente ocupadas, viéndose a muchas personas que, por no encontrar asiento, materialmente se amontonaban en los palcos.

Vimos en la sala a contadas señoras, siendo también de notar que la mayor parte de los concurrentes, eran jóvenes.

Presidió el acto el culto e infatigable secretario del Ateneo Popular, don Luis Sáiz Barrón, encargado también de presentar al 
conferenciante.

Nos habló de la personalidad del señor Fernández Díez, desdoblándola afinadamente en dos aspectos: el de meditación serena, reposada
y reflexiva que le hace aparecer como hombre de problemas concretos y el de luchador incansable en la defensa de Castilla.

Agradece en nombre del Ateneo, la colaboración de Fernández Díez y termina diciendo que con la disertación del conferenciante se 
inaugura un curso de conferencias que por diversas causas no ha podido celebrarse antes.

Las breves y atinadas frases del señor Sáiz Barrón, fueron largamente ovacionadas.

Empieza el señor Fernández Díez lamentando la indiferencia política y cultural que se siente en Castilla, afirmando que en estas
horas solemnes no hay más remedio que hacer política.

Lee su conferencia que se divide en las siguientes partes: "La libertad de Castilla", "La tradición liberal de Castilla", "El deber de Castilla en estos momentos históricos", y "Castilla y su libertad colectiva".

En cuanto al primer punto, dice que la Libertad de todos los ciudadanos, restringe la Libertad individual que debe ser tolerante y respetuosa.

Recuerda los tiempos en que se daban vivas a las cadenas, diciendo que aquella democracia no era Libertad.

Fustiga las dictaduras y sus procedimientos añadiendo que las masas no se indisciplinan por el capricho sino cuando las leyes no obligan por igual a todos.

Refiriéndose a éstas y su cumplimiento, cree que solamente es legal aquello que sale del Parlamento cuando éste es un fiel reflejo de la 
voluntad nacional.

Hace un recorrido histórico remontándose a los tiempos de Luis XVI, sacando la consecuencia de que nunca los Reyes tuvieron mucha prisa 
reunir las Cortes.

Cita la toma de La Bastilla, comparándola con las cárceles de hoy que están llenas de personas que no han cometido otro delito que 
soñar con una nueva estructuración para España.

Habla luego de "La tradición liberal de Castilla", mostrándonos, durante toda la Edad Media, como inspiradora de las leyes democráticas que dictaba a todos los pueblos de Europa.

Menciona a los jueces de Castilla, Laín Calvo y Nuño Rasura, que administraban justicia separando cuidadosamente lo civil de lo militar, recordando después que, la Monarquía en aquellos tiempos era electiva, deduciendo que puede considerarse a Castilla, en sus comienzos, como una verdadera República.

Lee unos párrafos de Joaquín Costa ensalzando al Cid Campeador y se ocupa de las primitivas Cortes de León, en donde se hace concurrir
el elemento popular, y en las Cortes de Castilla luego, que tenían facultad para firmar la paz, en las contiendas.

Afirma que los pueblos no son patrimonio de los Reyes y se extiende en consideraciones para mostrarnos la Castilla de entonces y la 
soñada por los Comuneros que contrasta con la de hoy -dice- puesto que consiente se lleven a sus hombres a Marruecos; que permite
estén sin liquidar las responsabilidades; que autoriza las maniobras de los ministros de Hacienda al sacar de España millones de oro 
y ve impasible cómo se dedican lápidas a los que nos avasallan mientras olvida a los héroes de la rota de Villalar. (Gran ovación).

Entra en el tercer punto de su conferencia, presentándonos a Castilla como dominadora de sí misma, invitando a todos a reconstruirla política y económicamente, para lo cual es imprescindible olvidar y desechar para siempre a los antiguos pasados, liberal o conservador, que venían a ser la misma cosa.

Compara a Castilla con Prusia, pero dice que, mientras en Prusia tienen una voluntad gigantesca, lo gigantesco en nosotros es la 
indiferencia.

Habla por último de "Castilla y su Libertad colectiva", censurando con dureza a Cambó, con frases de Maura y Ortega y Gasset.

Recuerda el viaje del Rey y Berenguer a Cataluña, preparado por ésta para pedir su autonomía y la actual reunión en Barcelonade de las Diputaciones de España para confeccionar un nuevo Estatuto provincial.

Debemos buscar -continúa- una constitución unitaria o federal pero huir de la que tenga un carácter mixto.

Se refiere de nuevo a los tiempos modernos y termina diciendo que donde no hay Libertad hay opresión y donde hay opresión
no hay justicia.

El señor Fernández Díez fue muy aplaudido.