Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).

jueves, 14 de junio de 2018

Volveremos

Por Miguel Giménez Igualada


(Iniesta (Cuenca), 1888-México, 1973)


(Solidaridad obrera, órgano del movimiento libertario español en Francia (París), nº 217, 23 de abril de 1949, p. 1)


Mensaje de optimismo y de fervor, tejido con recuerdos y esperanzas, dirigido a un castellano que, aventado por el ciclón que los odios desataron, habita en cualquier rincón del mundo, viviendo en belleza y amor.

Hermano: al acordarme hoy de ti, el recuerdo ha traído a mi memoria, como oleada de aromas, la visión de aquellos magníficos días de devoción y de fe, en que juntos, recorríamos Castilla sembrando en los corazones bravura, amor y coraje. ¡Qué días hermano! ¿los recuerdas? ¡Qué días de fervor, de 
ensoñaciones, de arrojo, de abnegación, de noble desinterés, de inquietudes, de dolor, de alegría y de tormentos mezclados, ya que las horas eran pocas para gastar emociones de delirio, exaltaciones de santos, arrebatos de pasión, calmas de serenidad estoica!

¡Cuántas veces, en el fondo de dolor de las prisiones francesas, he pensado en aquellos días tormentosos y magníficos, trágicos y radiantes de esperanza!¡Cuántas horas, en la quietud del encierro, he pensado que paseaba contigo por los llanos de la Mancha, llevando a los corazones de los honrados labriegos el consuelo de una palabra amorosa y la esperanza de un luminoso de concordia y alegría!

Tú sabes mejor que nadie, mi hermano, cómo quiero a los hijos de los campos de Castilla, qué venturas y alegrías he deseado a los que siempre sufrieron, qué lágrimas he derramado por ellos
y qué incansables trabajos volvería a realizar para que fueran felices los labriegos, mis hermanos. Tú conoces, como nadie, mis amores a la tierra y a los hombres de la tierra: los pastores, los gañanes; los que tienen su reloj colgado en las estrellas y su espejo en la linfa, siempre clara y siempre virgen, de los ríos; los que crean con sus manos hacendosas los huertos y los vergeles; los que acarician la tierra con más suaves caricias que a la madre; los que huelen los aromas de la siembra y peinan las frondosas cabelleras de los trigos con la unción con que cogen en sus manos, para olerlas y besarlas, las trenzas de sus mujeres; los que revuelven la entraña de la tierra con casta y sana lujuria y la riegan y fecundan con su sudor y su sangre.

¡Cómo quiero a los hombres de las tierras de Castilla: los labriegos, los jornaleros de las tierras labrantías, que cantan en majuelos y bancales para que el viento, su amigo, lleve el cantar a su amada; los que en las largas besanas, tras la yunta, y apoyados en la esteva, reciben las bofetadas del frío que curte, cuando no mata, y las calmas sofocantes de los soles que achicharran y calcinan, sin que una queja se escape de sus labios ni un suspiro de sus pechos, ni un asomo de cansancio de sus cuerpos, fundidos con el barro rojipardo de la estepa, amasados con dolor y tallados, como madera de encima, con el hacha!¡Cómo quiero a los hombres de las tierras castellanas: mis hermanos! 



Y no los quiero porque sean castellanos, sino que quiero a Castilla por los hombres recios, firmes y nudosos que, como troncos de encinos milenarios que brotaron en su entraña, desafían inclemencias y huracanes por los que, altivos en su soberbia hidalguía, no se inclinan ante reyes ni caudillos; por los que, primeros en honradez y en nobleza, no ceden el puesto a nadie en dignidad ni en hombría.

¡Tierra de hombres es Castilla; nuestra tierra, castellano!



Volveremos. Necesitamos volver a Castilla: ¡nos esperan hermanos castellanos! Volveremos a castilla para seguir los caminos del ideal de nuestro abuelo Quijano; volveremos a Castilla para contemplar a los hermanos campesinos, en sosiego y en sus casas, con sus madres, sus esposas y sus hijos; volveremos a Castilla para reír, aunque sangre el corazón por tantos duelos; volveremos a Castilla para cauterizar los odios para que sean inocuos e infecundos; volveremos a Castilla a sembrar en las abiertas besanas en sus tierras labrantías -siembra eterna- nuevas simientes de libertad; volveremos a Castilla a que retumbe en sus montes y llanuras un nuevo grito de redención y fe. Ten confianza en ti mismo: volveremos a Castilla a sembrar y cosechar nuevamente humanidades, siendo lo que siempre fuimos: misioneros del valor y del amor.



Mientras volvemos, hermano, Castilla -raíz y fruto de hombría- debe estar donde nosotros estemos. Así honramos en nosotros a la estirpe; y así la estirpe es honrada por nosotros. 

martes, 12 de junio de 2018

La crisis agrícola: la impotencia de Castilla


Por Gregorio Fernández Díez


(El Adelanto de Salamanca, 21 de mayo de 1930, p. 1)

Confesaré que mi castellanidad se exalta de día en día, aunque presumo que algo semejante ocurrirá a todos los buenos castellanos en presencia de los hechos, si observan y cuentan las rigideces o los agravios que los Poderes públicos ensayan y cometen con Castilla; con esta bien amada tierra nuestra; aborrecida, odiada por tantos, por sus grandes pecados: sabed, amables lectores, según se dice, que ejerce una "hegemonía tiránica", que lo "absorbe todo" y, en fin, porque "unitarista", "desasimila" todo lo vario y peculiar de otras regiones...

¿Se puede tolerar ya tanta monserga, tan falsedad y tanta injusticia?

¿Se puede escuchar, con calma, tales afirmaciones? ¿Qué hegemonía es esa que trae a Castilla empobrecimiento? ¿Dónde está ese espíritu absorbente cuando los hechos proclaman que no le quedan fuerzas ni para defenderse? ¿Qué cuento es ese del asimilismo castellano que por tolerancia y 
fraternidad no ha intentado siquiera y a consecuencia de lo cual ve, precisamente, alzarse hoy contra las insolentes y artificiosas diferenciaciones... económicas?

Pues, lector, la hegemonía de Castilla, por lo visto, consiste en que tolera que se hiera de muerte la vida de sus capitales de provincia, restándoles academias y otros medios, cuando por razón de tutela nacional el Estado debería de proceder a la inversa, con las pequeñas ciudades interiores.

La hegemonía de Castilla debe estribar en que, todavía capitales de provincia castellanas, como Soria y Cuenca, carezcan de guarnición.

A Castilla hay que considerarla, absorbente, sin duda, porque con humildad tolera que el Patrimonio de Turismo derrame sus prodigalidades sin acordarse del Monasterio de San Millán de la Cogolla, de Numacia, de Zamora, de la Ruta de Don Quijote, abocando, en cambio, millones en obsequio de privilegiadas ciudades y regiones.

Castilla debe ser absorbente, sin duda, porque impávida contempla cómo se ha convertido un centenar de millones del Estado, de la nación toda, sobre certámenes y sobre ciudades; una de las cuales ya está voceando su agradecimiento, aunque diferencial, de dudoso españolismo.

Un centenar de millones que, por lo visto, han agotado las arcas del Tesoro, que no puede ahora socorrer a los trigueros castellanos, a los ganaderos castellanos, a los resineros castellanos.

Castilla habrá de convenir en que "en verdad", es absorbente. En el presupuesto extraordinario de la Dictadura, se incluyeron seiscientos millones para obras en los puertos periféricos y, no obstante, de periferia han salido voces "generosas" que solicitan que no se concluyan los ferrocarriles que han
de atravesar la paramera castellana. Se odia tanto a Castilla, que ni siquiera comprenden que sus puertos necesitan el tráficos que puedan abocar esoso ferrocarriles.

Pues en la periferia se han denostado los ferrocarriles castellanos de referencia.

Por otra parte, el Gobierno mismo, el actual, que no ha mermado un ápice ese gasto cuantioso y absurdo de treinta y tantos millones invertidos en la burocracia de los Comités Paritarios, no quiere atender a Castilla. No esperamos, no, que se incaute el trigo, teniendo su mano a la primera fuente de la riqueza nacional, a la agricultura.

Mas no es extraña tan singular conducta. El Jefe del Gobierno manifestaba, poco hace, a cierto exdiputado republicano catalán, que cierta región merecía trato especial. Aquella afirmación
no puede hacerse; ese juicio, si para la región aludida es una lisonja, constituye un agravio para el resto de España. Y lo peor no es que se diga, sino que en la práctica podamos comprobar que 
las regiones no merecen todas por igual idéntico trato por parte de los Gobiernos.

Ha querido castilla exteriorizar su sentir, sus pesares y expresar públicamente la crisis en que su agricultura se ve sumida, y once provincias, con tres millones de habitantes, han tenido que sufrir una bofetada de la nueva Dictadura que hace buena a la que se marchó.

Castilla, la imperativa Castilla, la desasimiladora Castilla, es la que tolera que los aranceles se confeccionen para sostener cuatro industrias eternamente torpes; es la que tolera que los mineros, y los navieros, y los textiules y los harineros del literal usufructúen el dulce auxilio de las primas con dinero del agro español.

Claro, que cierto personaje, en su libro "Por la concordia", que no es precisamente una invitación a la misma, nos ha dicho ya que obedece a que, si bien en España "no hay" unidad idiomática, ni racial, ni cultural... "existe", en cambio, unidad económica unidad aduanera y otraS unidades semejantes. Sea como quiera, el centralismo, asegurémoslo, no es unitarista. La unidad de procedimientos y la de medir a todos por idéntico rasero, es un unitarismo que Castilla, por desgracia, desconoce. Por ello,
sin duda, el Gobierno que deja vocear a otros, que atiende a otras regiones, ha amordazado a Castilla y la ha desatendido. Más no siendo nuestros Ayuntamientos y Diputaciones provinciales la encarnación genuina del pueblo castellano, no esperemos aquella gallarda actitud de que alguien hablara en la Asamblea celebrada el mes pasado en Palencia, que sería realmente la digna protesta. Esperemos, eso sí, la ruina de la agricultura castellana.

¡Hegemónica, absorbente y desasimiladora castilla: entre los envites de los Gobiernos y los golpes de fraternidad periférica, concluirás, pobre de ti, en colonia... Marruecos peninsular!

jueves, 31 de mayo de 2018

Montañeses por una asamblea castellana en Santander


(La Montaña, revista semanal de la colonia montañesa (La Habana), 31 de octubre de 1934, p. 9)

En Valladolid se ha celebrado una reunión, en la que han estado representados los organismos económicos de Palencia, Burgos y dicha ciudad, y en ella se levantó bandera abogando por Santander como puertonatural de Castilla.

En el acto, estuvo representada la Cámara de Comercio de Santander, por su Presidente, señor Saro.

El señor Saro, hombre de grandes arrestos, de sólido y merecido prestigio y gran entusiasta de la prosperidad del puerto santanderino, está dispuesto a que sea una realidad efectiva y práctica, lo de "Santander puerto de Castilla", y su propuesta, se acordó en la reunión de Valladolid, que este invierno se celebre en nuestra capital, una asamblea castellana, para señalar y acordar las líneas generales de esta labor tan interesante, y beneficiosa para la unidad de los castellanos en sus justas aspiraciones.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Impresión

por Elisa Bernis


(El Adelanto, diario político de Salamanca, 8 de junio de 1930, p. 12)

Sobre lo más bello y bajo lo más puro: sobre Castilla y bajo el cielo azul. Arte de color de oro y oro que enriquece en emoción: Salamanca.

La luz es siempre nueva. Nace cada día y su juventud brillante contrasta con el arte viejo de las piedras. Resbala sobre el gótico, se enrosca en el barroco y sua átomos más pequeños se introducen entre los adornos del plateresco. Se hace cuadrada al entrar en la Plaza y su color se vuelve más rosa en el Patio de las Escuelas.

Luz. Salamanca se deja acariciar positivamente y en sus piedras eternas lucen el arte y la historia.

Arte e historia. Paciente y latente.

Arte patente, desde que a lo lejos se definieron tres torres y una cúpula. La ciudad tiró entonces del auto y le atrajo hacia ella, haciéndole resbalar sobre la recta de la carretera.

Historia latente en ese arte arte. Ley del oro. El oro es arte y es historia.

Salamanca tiene un alma. Yo la he sentido.

El alma de Salamanca tiene un alma. Yo la he sentido.

El alma de Salamanca es Castilla, es el cielo, es el arte, es la historia y es la luz.

Y es un alma grande y bella, que la llena todo proyectándose desde los edificios sobre las calles y las plazas.

Yo quiero a Castilla. Pienso en ella, no encuentro nada mejor. Y Salamanca es Salamanca, además de ser Castilla.

Está hoy el día tan claro, que un poco del espíritu suyo llega directamente hasta mí.

Madrid-junio de 1930.

domingo, 27 de mayo de 2018

Regreso de los representates de Madrid en el PFC

(La Correspondencia de España, 17 de junio de 1869, p. 3)



Esta mañana regresaron a Madrid los comisionados republicanos que han asistido al pacto federal de Valladolid, señores Merino, Tallet, Luprain [sic], Altolaguirre (D.J.N.) y otros, y salieron a recibirles gran número de republicanos con banderas en se ostentaban los lemas de viva la república federal, abajo las quintas, abajo los consumos. De este modo, y en perfecto orden, cruzaron varias calles principales de Madrid.


sábado, 26 de mayo de 2018

Ante el plan nacional de Obras Hidráulicas


Por Joaquín López Robles


(León, 1882-1964)

(El Diario Palentino, 12 de abril de 1934, p. 2)

El domingo se celebrará en León la tercera Asamblea en favor de los pretéritos derechos de la Cuenca del Duero.

Prosigue la campaña de revindicación de Castilla por sus derechos en el Plan Nacional de Obras Públicas.

A la Asamblea de Aranda, a la que como dimos oportunamente cuanta a nuestros lectores, acudieron representaciones en persona de tres provincias y en espíritu del resto de provincias castellanas, sigue ésta de León, convocada bajo los auspicios de la Excelentísima Diputación de la ciudad hermana.

Conforta más que los resultados que puedan señalarse como colofón a este esfuerzo de determinación de nueestra personalidad, la realidad fruto de esta campaña: lo que en Aranda se llamó espíritu de concordia, y más que de concordia de unificación de sentimientos.

Era en Castilla necesaria la vivificación de un regionalismo, pero no de un regionalismo romántico secuela de la tradición, sino un regionalismo perenne, positivo, fundamentado en los nexos económicos.

Tenía razón nuestro culto amigo señor Gusano, cuando afirmaba en aquella memorable Asamblea, que la nueva historia de Castilla se debe escribir a base de las posibilidades económicas de la comunidad de la gran familia castellana.

Esta Asamblea de León, es un jalón nuevo de esto que pudiéramos llamar nuestra "reconquista". Ya dijo Keysserling, que los pueblos se regeneran de dos formas: o resucitando su pasado para mejorarlo, lo que se llama ser víctima de la autosugestión del pasado, o despreciando el pasado, mejor dejándolo al margen de los acontecimientos, para superar sus inquietudes y reintegrarse a la realidad de las necesidades económicas.

La presidencia de la Diputación leonesa ha cursado a todas las provincias castellanas una circular, por la que invitaa todas las fuerzas económicas y autoridades de la región, a la magna Asamblea que se celebrará a las once de la mañana en el salón de actos de aquella Corporación, y la que dice textualmente:

"Persuadida la Diputación de la importancia y trascendencia que ha de tener el Plan general de Obras hidráulicas, y atenta a su vez a la especial significación del Decreto que concede una amplia autonomía para el desenvolvimiento a la Confederación del Ebro, y consecuente con su misión principal, defensora de los intereses provinciales y regionales, ha acordado, en sesión del 6 de los corrientes, celebrar una Asamblea, la que tendrá lugar en el Palacio Provincial a las once de la mañana el día 15 próximo.

El objetivo de la misma, es adoptar los acuerdos, a fin de que no sea preterida la Mancomunidad del Duero, y fijar al mismo tiempo la posición de la provincia de León, esencialmente hidráulica e interesada ante tan magno problema.

El Presidente accidental, Joaquín López Robles".

viernes, 25 de mayo de 2018

Villalar-83, hacia el resurgimiento castellano

(Hoja Oficial del lunes (Madrid), 18 de abril de 1983, p. 5)


Por Juan Ramiro G. Pinilla (Por el Concejo Comunero de Madrid)



os días 23y 24 de abril, nuevamente celebramos la conmemoración de la derrota de las comunidades castellanas por los imperiales al servicio de Carlos V de Alemania y I de España. En Villalar de los Comuneros (Valladolid) acabaron las libertades ejercidas desde el siglo IX, con limitaciones, según reinados y lugares de influencia de los señoríos, pero con una definida actitud democrática en los concejos, en las comunidades, en las behetrías y en las hermandades.

Han pasado varios años desde las multitudinarias manifestaciones de los años 1976, 1977, etcétera, y llegamos a 1983 con varios hechos consumados:

a) División y fraccionamiento político-administrativo de Castilla.

b) Mínima conciencia de identidad y sentimiento de pertenencia a un mismo pueblo.

c) Nulo o escaso poder político en las autonomías actuales, tanto en los órganos de poder como en
la estructura social (Castilla-León, Madrid, Castilla-La Mancha, Cantabria, Rioja), por sí, en relación 
con el Gobierno de la nación y comparados con otras autonomías.

d) Inexistencia de plataformas o acuerdos unitarios entre los distintos partidos de cada autonomía. Inexistencia de relaciones entre gestores paralelos de cada autonomía.

e) Estrategias autonómicas para y por directrices partidistas centrales de Madrid o por condicionamientos de la periferia.

f) Olvido absoluto de los problemas de los emigrantes castellanos y nuela ayuda a sus iniciativas culturales y sociales.

g) Aparición de partidos y grupos de tipo caciquil en Castilla-León, para quienes el ámbito autonómico es lo de menos, y lo que importa siempre son los intereses de grandes ganaderos o agricultores, poniendo en cuestión, si es necesario, los mismos argumentos democráticos de la derecha.

h) La necesidad de una autocrítica al proceso de transición democrática que exigió la desmembración castellana.

Ante estos hechos podemos afirmar con verdad que existe un pueblo castellano, como dicen los poetas del concejo, pero no existe CASTILLA.

Por eso surgen los nuevos comuneros de Madrid y por eso hacen un llamamiento al diálogo a todo el pueblo castellano y a todos los grupos que luchan con afanes de castellanidad. Promover sentimiento de común identidad, confluir en un común territorio y sellar un pacto integrador hasta el momento en que se constituyan las primeras Cortes de la Castilla autónoma es nuestra y vuestra labor conjunta.

El Concejo Comunero de Madrid valora Villalar-83 como momento de un nuevo renacer hacia la UNIDAD DE CASTILLA, en la seguridad de que el poder castellano necesario, si es, lo será por la confluencia de e integración de la mayoría de las fuerzas culturales y después políticas en encuentros y acciones comunes, pues el actual instante autonómico de Castilla no profundiza la democracia, sino que la debilita y, sobre todo, profundiza la decadencia de Castilla, que no ha cesado de caer desde Villalar de 1521.