Castilla, un resurgimiento material necesario

Por un castellanismo contra la Agenda 2030

"Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo" (T. A. Edison).

domingo, 2 de octubre de 2016

La Paradoja de Castilla

(La Vanguardia, 30 de enero de 1926, p. 17)

Por Gregorio Fernández Díez

Yo no sé por qué, pero el caso es que Castilla ha sido, es y acaso continuará siendo, fuente copiosa de comentarios, tema inagotable de discusión. Lo que menos sería, sin embargo, la discusión, si esta fuera serena, o el comentario si fuese imparcial y verídico, pero por desgracia, tratándose de Castilla, es raro que no le repita el desgastado tema de su aridez y su llanura.

Quien enfoque los problemas y las cosas de Castilla desde un punto de vista, solamente objetivo, quienes juzguen a Castilla por el mero impresionismo a virtud de las influencias de una literatura chabacana y parcialista, es harto probable que se equivoquen al formular sus juicios sobre lo que Castilla es, o lo que puede ser todavía.

Pero si el impresionismo acompaña el prejuicio y por tanto el desconocimiento de lo que se ha de juzgar, entonces, no es probable, es ya seguro, indefectible la equivocación, el error, la incomprensión con que se referirá lo visto y se explicará lo que los ojos de la cara, pero no del conocimiento, han observado.

Es ya hora de ir rectificando el prejuicio que sobre Castilla pesa, inmotivadamente, Castilla no es un vergel, ni una selva virgen, ni una planicie, ni un pueblo febril, pero tampoco es una estepa, ni carece de masas forestales, ni de comarcas accidentadas y montañosas, ni, desde luego, es un pueblo definitivamente muerto... aunque sea un pueblo que se detuvo en el camino de su historia, que ha descansado para recuperar las perdidas fuerzas, pero que ha reemprendido de nuevo la marcha hacia nuevos horizontes.

Castilla es demasiado amplia. Desde el Bierzo a la serranía de Cuenca, desde la frontera portuguesa al Ebro, desde Despeñaperros al Cantábrico en Santander, es Castilla. En estos ciento setenta y siete mil kilómetros, ni que decir tiene cuán variados paisajes ofrece y cuán diversos productos encierra. Castilla es paradójica; es tierra de contrastes y por serlo en pocos aspectos puede formularse sobre la misma juicios concretos sin incurrir en el error.

Castilla no es una llanura, porque en Castilla hay otras comarcas que la Mancha o la Tierra de Campos. Una tercera parte de su territorio es accidentada, y otra es montañosa. Sierra Morena se apoya en Castilla, la corrdillera Cantábrica también, los montes de Toledo y los de León en ella se levantan; la Serranía de Cuenca, está en Castilla; la Cordillera Ibérica, la del Guadarrama y Gredos abruptas cruzan y se yerguen en Castilla.

Aunque cuenta en ella terrenos áridos, no es menos cierto que cuenta con feraces vegas sobre las cuencas del Tajo, del Duero, del Guadiana, del Eresma, del Tormes, del Ebro, del Jarama y del Pisuerga.

Como país de paradoja, Castilla, en la que se contemplan grandes paisajes despoblados de vegetación arbórea, es, sin embargo, el país que posee las más amplias y valiosas zonas forestales de nuestra nación y tan es así que casi exclusivamente en Castilla están las fábricas que la Refinería Española posee. Bien es verdad que el ferrocarril no cruza todavía los grandes pinares de Cuenca, de Soria, de Salas de los Infantes, sin duda porque se han trazado por los lugares más fáciles y más áridos, como si hubiera habido deliberado propósito de que se desconozca la valencia exacta del paisaje y hasta de su producción, tan variada por cierto.

Porque el caso es que Castilla es algo más que un país de pan y vino y rebaños. Yo sé que hay en ella ocho azucareros y que están en construcción otros dos. Yo sé cuanto incremento toman de año en año las plantaciones de frutales sobre las cuencas del Tajo y del Duero, y que los más apartados lugarejos de la alta sierra Cebollera en Soria han desterrado el candil y se alumbran con electricidad. No hay otra región en España donde queden menos aldeas sin el alumbrado eléctrico, aunque el lector lo ponga en duda.

La metamorfosis industrial que se está operando en ella es tan cierta y tan real, que solo los vueltos de espaldas a la investigación ignoran. Yo invito a los escépticos que  comprueben como cada año disminuye el arribo a Barcelona de vagones de trigo y aumenta el de los vagones de harina, cuya transformación queda en provecho de su economía regional, mientras, Zamora y Medina del Campo, Burgos y Palencia levantan sus fábricas de saquerío de yute, sin que Cataluña ni Valencia coloquen allí un saco.

Las ferias de ganados se activan. Las fábricas de cementos aumentan, los automóviles se multiplican y circulan con profusión por las carreteras castellanas de las más apartadas comarcas y centenares de líneas regulares de autobuses la surcan y trasponen inclusive el Moncayo de Soria a Tarazona, el alto Gredos, desde Ávila a Arenas de San Pedro, desde Zamora a Puebla de Sanabria, desde Burgos a Santander, recorriendo ciento cincuenta y cinco kilómetros.

No podemos sustraernos al deber de proclamar en alta voz que quien atienda al paisaje únicamente juzgará de Castilla como quien juzgue de los hombres por su faz. Una corteza áspera esconde con frecuencia una madera muy fina.

El Rhur famoso, una de las comarcas más ricas del mundo, es una de las más feas del planeta de desertizada y calva como está de arbolado. Las mesetas andinas, las pampas argentinas, las llanuras de Hungría o de Servia, los terrenos inmensos y pantanosos de Polonia, las tierras interiores de los Estados Unidos, la rocosa Calabria, Argelia, Túnez, Siria o Mesopotamia, los londas franceses, Mongolia y Corra y Australia, con sus aspecto de planeta deshabitado, tienen bastante que envidiar a Castilla, sin contar que en España mismo desde la estepa de Urgel a los Monegros con los cascajales pobrísimos, desde las Bárdenas a Puebla de Híjar, desde la estepa Granadina hasta las arenosas y desmanteladas playas donde desemboca el Guadalquivir, no tiene por qué echar nada en cara a la estepa Manchega, donde siquiera se ven viñedos y trigales.

Entre el poetismo que hay en Castilla y el que se cree que hay media enorme diferencia. Pero nadie quiere tomarse la molestia de comprarlo. Otro tanto ocurre con sus riquezas naturales.

Así, para algunos, las únicas fuentes de riqueza de Castilla, las únicas reservas, son la agricultura, la ganadería y la repoblación forestal. ¡Qué grande error!

Así se escribe la historia. Nadie para mientes en que después de Asturias es castilla la región de España de mayor importancia cabonífera. León y Palencia, sin contar Puertollano, produzcan (en aquellas comarcas hay algo más que garbanzos) producen actualmente más carbón, descontada Asturias, que todas las demás regiones carboníferas de España juntas, lo cual no obsta para que por no enfocar el problema y el panorama de Castilla en conjunto, se siga creyendo no solo que aquello está semimuerto, sino que no es posible que Castilla vuelva a incorporarse... 

(...)

(continuará)

    

        

viernes, 30 de septiembre de 2016

La personalidad regional

(La Voz de Castilla, 27 de mayo de 1917, p. 4)

Por Juan de Castilla


Es imprescindible para el regionalismo la afirmación de la personalidad regional y para otros, castellanos viejos, el relieve de la región nuestra es lo que nos distingue y caracteriza de otros credos y agrupaciones políticas. Otra razón práctica en apoyo, si destrozan al centralismo con todos sus vejámenes ¿con qué vamos
a substituirlo?

No tratamos, lector, de demostrarla de imponerla a tu corazón, a tus sentimientos; nuestra amada Castilla vive en tus afectos como una cosa natural y lógica; venimos a ponerte cuatro ideas para que medites sobre ellas, nada más.

El organismo región es una cosa natural, no producida por la figura literaria, ni por aberraciones sensibleras; así lo hallarás escrito en doctos autores políticos, singularmente los católicos, a los que se suman muchos otros que no lo son, como Pi y Margall, con su libro "Las nacionalidades". Región constituida por costumbres, historia,
lengua, derechos, literatura, organismos políticos especiales y propios, cuyo ensayo de crítica es preciso hacer para orientarnos.

La región es un organismo intermedio, generado por los municipios y comarcas y generador con otras hermanas de la nación o patria. El problema está en distinguir la región de sus componentes y de su compuesto, o sea, municipios y nación; esto en primer lugar, y, después, distinguir entre sí las regiones, como en una familia el padre distingue entre cada uno de sus hijos; 
esto último es más difícil para nosotros de lo que a primera vista parece, como verás más adelante.

Fíjate, lector, cómo otros regionalismos, no tan sanos ni puros como el nuestro, buscan con avidez condiciones regionales para la suya respectiva; historia, lengua y literatura, derecho, problemas sociales y económicos, geografía, todo lo ponen a contribución para afirmar la personalidad de su región, reduciéndose su actividad 
política y social a reivindicar -exclusivamente las más de las veces- todas esas condiciones, con el fin de afirmar la personalidad de que tratamos. Item más, las regiones que hoy fueron naciones ayer y de aquella existencia independiente les quedó esta personalidad regional.

El caso de Castilla es bien diferente. Aparentemente no puede reivindicar nada porque su historia, gloriosísima como ninguna, está continuada en la total de España; su lengua es oficial, su derecho es el denominado común, supletorio de los demás regionales, con tendencias centralistas a imponerse a los demás; su literatura recibe el nombre de española, a la que quiere entroncarse el modernismo americano; sus problemas sociales y económicos parecen los generales de España; su geografía, no muy definida, porque no se entiende por Castilla la cuenca del Duero, sino las del Tajo, Guadiana y partes de las del Ebro y Cantábrica; la Mancha, Extremadura, la Rioja, la Montaña santanderina, son tenidas por Castilla.

Si atiendes a estas apariencias, la personalidad de Castilla es 
difusa, borrosa, incapaz de dar origen a ningún sólido regionalismo. Yo creo que a estos factores aparentes hemos atendido hasta hoy, y por esa causa, el regionalismo castellano no ha surgido ni se ha sentido fuertemente como en otras regiones.

Examinemos esas apariencias. Se dice que la Historia de España, después de hecha la unión de las dos coronas -Castilla y Aragón- es la continuación de la de Castilla. Pruebas aparentes pueden pueden presentarse a millares, desde la numeración de nuestro Reyes de España, que se suman a los de Castilla, hasta el Consejo de Castilla un órgano político español.

El nexo de la cuestión está en estos derrotados los comuneros de Villalar, ¿qué lbertades y autonomía tuvo Castilla a partir de ese hecho? Partiendo de ese hecho, la historia de nuestra región, ¿no es la historia de un centralismo cada vez más absorbente y menos respetuoso para con las libertades regionales? Quitado poco a poco a Castilla lo suyo propio ¿qué queda de nuestra genuina historia? Si se sigue el argumento podría, a sensu contrario, proclamársele Condestable al conde de Romanones.

Lengua. Es oficial el castellano; mas ¿es castellano el que empleasn muchos de nuestros extrajerizantes literatos? ¿ES castellano de nuestra región, esa jerga achulada de los barrios bajos madrileños?

Literatura. La literatura castellana se toma en concepto de literatura española. Cuando se dice: nuestros primitivos como Gonzalo de Berceo, o nuestros clásicos como Cervantes, nuestros místicos como Santa Teresa, o nuestros líricos como Fray Luis de León, se les toma en el concepto amplio de españoles. La misma literatura contemporánea ¿qué es más que literatura española? Y, no obstante, al mejor poeta lírico castellano, a Gabriel y Galán, se le toma como poeta regional, porque con su obra nos enseña el verdadero camino literario; la inspiración en el pueblo y el fin popular a que su poesía se dirige, a cantar a Castilla con los ricos matices de su inspiración.

Derecho. Otro tal. Se insinúa que el de casdtilla trata de imponerse a las demás regiones, y lo primero que ha de averiguarse es si el derecho que el poder central ha clasificado de castellano como tal. La primera observación que se ocurre es que destrozado el gobierno genuino de Castilla, el poder central que le sustituyó fue el que dictó el derecho, y no siempre tuvo en la cuenta nuestra manera de ser, no ya en el derecho administrativo que es consecuencia de la construcción de los poderes, y por eso otros regionalismos tratan de reivindicarse; aun el mismo derecho civil no siempre es expresión fiel de nuestras costumbres, pues el mismo Código que nos rige está copiado literalmente del napoleónico en más de 200 artículos. La multitud de fueros municipales, e fuero Real, las Partidas y tantos cuerpos legales como nuestro adelanto jurídico dio a luz le probarán la vitalidad de nuestra raza.

Problemas sociales y económicos. Parece que Castilla en este punto no difiere del resto de España, cuando no es así. Nuestro magno problema es el agrario, sin predominio de minifundios como en Galicia, ni de latifundios como en Andalucía. Es problema de intensificación de la vida rural, que se arrastra languidamente en los diminutos pueblecillos que constituyen nuestra región; problemas que también resuelven los Sindicatos agrícolas católicos, difundidos por castellanos viejos como Chaves, Monedero y P. Nevares.

Si de mística hablas, no cites al coloso Victoria; no necesitas acudir a él; ahí está el folk-lore, la canciones populares que recogió el insigne Olmeda.

La dificultad máxima que ha de vencerse para afirmar la personalidad de Castilla la vieja, es tal vez el exceso de esa misma personalidad, la cantidad, calidad y extensión de ella, que le sobra, no ya como región, sino como nación.

Este hecho es el que no han podido todos los hechos destruir, ni todos los centralismos borrar; pero es lamentable que ese mismo centralismo quiera presentar como castellano cosas que no lo son, y que pretenda imponerlas, pues a la postre, e otras regiones, no se distingue entre centralismo y Castilla, que son dos cosas, no solo diferentes, sino opuestas.

Existe una vida regional en Castilla; pero una vida cuyos latidos no se perciben apenas, una vida o recogida aun, no seleccionada, no separada de la común vida de todos los pueblos españoles... que no por desdeñado es menos cierto.

Para orear esta vida, para sacarla a luz, depurarla, está el regionalismo. Desde el momento que en el poder central, no solo no se quiere, sino que se detesta esta vida propia y por eso se acorta, Castilla debe tener a gala demostrar lo contrario y ningún tutor mejor que el regionalismo.


      







miércoles, 15 de junio de 2016

Acción castellanista: nuestra autonomía regional


(Heraldo de Zamora, 1 de octubre de 1932, p. 1)
Por Gregorio Fernández Díez


Es una lástima, pero también una realidad. La aprobación del Estatuto de Cataluña no ha producido la menor efusión. Ese hecho, fuera de Cataluña y descontando, desde luego ciertos antiprotocolarios actos en San Sebastián celebrados, algunos de los cuales casi recuerda la firma de tristes tratados de paz, no ha producido ni frío ni calor en ninguna parte.

La nota dominante ha sido ausencia de comentarios en la prensa. Así, el pretendido magno hecho histórico, cimiento de la nueva España, se ha consagrado, en medio de tan glacial indiferencia, que categóricamente puede afirmarse, visto el síntoma, que España, o cuando menos Castilla, no habiéndose conmovido ahora, no habría de conmoverse, por nada pasara lo que pasase, ni aunque fuera una catástrofe.

Si un día cualquiera, pues, Cataluña quiere ir más allá, ha de poder hacerlo tranquilamente. Y ello por una razón: porque en Europa hay otro pueblo tan comprensivo y tan cercano como Suecia y aun superior al país escandinavo por su conducta, que es Castilla, esta antigua y gloriosa "exnación" que tendrá que volver a ser la "nación castellana".

He dicho superior a Suecia, porque ésta, siquiera, le dijo a Noruega: tu libertad política requiere mi libertad aduanera, Castilla no ha dicho nada; pero lo habrá pensado.

Mas, por si no fuera así, los castellanistas tenemos el deber de orientarla, indicándole el camino a seguir. Ese camino es el que
puede conducirla rectamente a restaurar "nuestra" economía, a industrializar nuestra tierra y al propio tiempo a tratar de gobernar nuestra casa, nuestra región, nuestros hombres.

Castilla no gobernaba a nadie; no ejercía hegemonía alguna sobre nadie. Es más, ni siquiera se gobernaba a sí misma. Pues ahora nuestra interés y conveniencia están en que se nos otorgue la autonomía, "nuestra autonomía". Aquí, en la meseta Norte, hay una región con características propias en todos los órdenes; región histórica y geográfica; la gran cuenca del Duero que tiene derechos que yo estimulo.


No; no ha habido efusión con motivo de la concesión del Estatuto de Cataluña, porque no podría haberla. Y no podría haberla porque el Gobierno y las Cortes han resuelto un pleito en forma tan parcial que constituye una verdadera vejación para Aragón y Castilla. A la aspiración de Cataluña en cuanto significaba una autonomía, plena libertad de acción político-administrativa, nadie se oponía. Así se proclamó sinceramente en la Asamblea Palencia. Más allí transcendía el temor de que la nueva estructura política de España consistiere y acabara en otorgar a Cataluña un régimen de excepción y en ampliar a las Vascongadas el que ya está gozando. Y, ciertamente, la consagración de tal desafuero impulsa la repugnancia que nuestro país siente hoy contra quienes pasivamente han consentido la instauración de un régimen autonómico que eleva a unas regiones a la categoría de señoras y rebaja a otras a la servidumbre. 

Esto me recuerda que en los Estados Unidos del Norte de América la organización política divide al país en Estados con su asamblea y Gobierno propio y "territorios" de esos Estados regidos despóticamente por gobernadores dependientes del Poder federal. Aquí, los Estados, por lo que se ve, van a ser Cataluña y Vasconia y los "territorios", Castilla, Aragón, Extremadura y demás pueblos meseteños. Recordemos que en los Estados Unidos los territorios son países donde han sido acorralados los "indios". Añadimos ya que el centralismo de Madrid, regido por los políticos de la periferia está visto que van a intentar someter a las regiones de las mesetas a trato de territorios, como si sus gentes "fuesen indios". 

Para que tal no suceda, ha de ser preciso , castellanos, que recabemos "nuestra" autonomía. De otra suerte, preparaos a ser gobernados por otros hombres, por unos políticos que no sienten ni aman a Castilla, y por unos gobernadores que procederán de Galicia, de Cataluña o de Vasconia. 

Ya en la actualidad aquellas regiones tienen, en cambio, gobernadores gallegos, catalanes y vascos. Si ese trato excepcional es o no una afrenta para Castilla, el lector lo dirá.

A Castilla se la lleva a un régimen de colonato por los políticos arribistas de Madrid, en servicio de las economías de los pueblos "fuertes". Y si no basta, se irá al despedazamiento y reparto de Castilla que, por lo visto, es la Polonia peninsular.

Para que tal no suceda, es necesario que el pueblo castellano, contra los políticos nefastos, se apreste a defender su derecho de autodeterminación, solicitando su autonomía. Todavía es hora oportuna. Así como así, por estos días anda estimulando don Indalecio Prieto a Vasconia para que aproveche el momento. Los vientos han cambiado. El señor Prieto, en 1918, arremetía furioso contra el nacionalismo catalán y vasco y se encaraba violento con Aranzadi y Cambó.

Todavía es hora de que Castilla solicite un trato de igualdad. Los Estatutos de Vasconia y Galicia serán tangible y acaso el de Valencia, que también se agita.

Castilla no debe quedar rezagada. Levante su voz y proclame que quiere vivir, pobre o rica, su vida; que quiere mandar en su casa, porque también tiene personalidad. Una personalidad que había querido borrar, fundiendo su alma en la de las demás regiones. Pero ante su estéril sacrificio, debe volver a su solar y reclamar con dignidad todos sus derechos.

Castilla, rectora de pueblos, ha demostrado tener gran capacidad política. En cuanto la ejercite de nuevo, volverá a ser ejemplo luminoso. Todavía en el debate constitucional nos recordaba su capacidad política don Fernando de los Ríos y asentía el señor Sánchez Albornoz, aunque éste como diputado ni aquel como ministro hayan defendido la generalización de las autonomías.

Si España se ha de desmoronar, ello ha de suceder pida o deje de pedir Castilla su autonomía. Y aun estoy por decir que hay más probabilidades de que otros pueblos vayan a la secesión si Castilla no la logra, porque si no la obtiene, el desequilibrio económico hoy existente entre Cataluña y Vasconia y otras regiones se ha de acentuar. Después de todo, este distinto grado de riqueza, esa superioridad burguesa ha sido la causa de que se plantearan estos problemas. 

Yo espero que al reconcentrarse Castilla en sí misma, en orden a su desarrollo económico diera un salto. Riquezas naturales que explotar tiene muchas. Y vida propia también la tiene. Será más intensa o menos; pero desde luego, la gama de sus actividades es más variada de lo que se ha supuesto. Esto no lo saben muchos de nuestros inmerecidos parlamentarios ni la colección de detentadores de la intelectualidad castellana.

Porque tiene Castilla elementos suficientes para vivir su vida y capacidad política para regirse (aunque los derrotistas lo nieguen y los traidores traten de impedirlo); nuestra región, hoy avasallada, tiene el derecho y el deber de presentar su Estatuto y solicitar la autonomía que le devuelva "su libertad".

sábado, 14 de mayo de 2016

¿Por qué no, Castilla?

(El Diario Palentino, 9 de noviembre de 1917, p. 1)
Sin firma  

Las formas políticas españolas, canalizadas hasta el día por derroteros centralistas y absorbentes, parecen desligarse de este atadero madrileño, receptáculo de todo el movimiento público, desde la artificiosa fragmentación del suelo patrio en provincias.

ha sido Cataluña la matriz donde ha germinado el grito regionalista. Desde ella, rodando por España, va prendiendo en distintas demarcaciones, unidas por hermandad de idioma, de tradición y de intereses. La impulsión tomada por el regionalismo en la política nacional, es harto evidente.
Gracias a la potencia de las fuerzas, Barcelona puede hablar de tú al progreso extranjero.

¿Por qué no intentar, pues, su iniciación en Castilla? ¿Acaso las provincias componentes del bloque castellano, no tienen una comunidad de origen y un porvenir solidario, capaz de soldar sus aspiraciones y sus anhelos? Pues que surja un creador que pronuncie las palabras bíblicas: ¡Hágase el milagro!

La ocasión es propicia. Que algún ilustre político enarbole la bandera castellana yy edifique el futuro edificio regionalista de Castilla. ¿Comprendéis toda la importancia de la idea? Provincias de intereses eminentemente agrarios ligados por una progenie común y con un ideal de solidarios motivos hace falta solo un hombre capaz de definir un programa para que la siembra brote en el campo abonado donde la semilla tirada por un verbo que encarne el pensamiento, tenga la esperanza de una generosa floración. ¿Acaso no existe quien pueda representar la rebeldía castellana a continuar siendo la reata histórica de un régimen de postraciones y de desamparos inconcebibles?

Que surja un grito llamando a cabildo castellano, que el grito vaya rodando por aldeas, alquerías y pueblos, prendiendo en el alma decaída de los labriegos, y una institución, cualquiera, que recoja el anhelo, le dé forma, y con él obligar a quienes deban a hacerlo a constituir el formidable bloque regionalista de Castilla.

Pensemos la fuerza incontrastable que se derivaría de esta homogeneidad regional, encargada de incorporar a un programa político la esperanza de todo el terruño castellano. Y siendo carne de todo el pensamiento de esta demarcación histórica bastará un edificador asuma la responsabilidad de montar el engranaje donde la madre Castilla defina su porvenir y sus anhelos. 

lunes, 9 de mayo de 2016

El regionalismo castellano: preliminares

(El Salmantino, periódico semanal, 14 de marzo de 1908, p. 1)
Por A. Rubio 

A medida que el progreso de las naciones va ensanchando su esfera de acción, el mundo se transforma, las costumbres de los pueblos se cambian, y en esta evolución constante, la humanidad, sujeta al proceso del tiempo y de la historia, se aniquila y tiende a su desaparición, porque es finible, como todo lo material, y caduco.

Sin embargo, los hombres aspiran a la perfección, las repúblicas a la gloria, los pueblos y las razas al dominio independiente y tiránico..., revelándose en este pugilato gigantesco una ambición desmedida y un egoísmo absurdo a pesar de hallarse encerrados en los límites naturales de su misma constitución orgánica e impotentes para salir del centro de vida donde el destino providencial los colocara. Pues si a veces las pasiones los desbordan, rompiendo el cauce de la corriente... bien presto vuelven a su primitivo estado, como el río su álveo después de la crecida.

Todo tiene sus límites en el mundo, y dentro de esos límites es donde puede crecer y desarrollarse, aspirando a su perfección con nobleza y valentía.

Por eso Dios al crear la sociedad humana, de suyo cosmopolita, estableció diferencias esenciales entre los diversos pueblos y las diversas razas...

La religión, el lenguaje, las tradiciones, el carácter y la misma idiosincrasia fisiológica son los signos distintivos de las diferentes ramas del árbol genealógico mundial.

Tal es la causa eficiente de la división de la gran familia humana en pueblos, en estados, en repúblicas y regiones, que viven independientes su propia vida, según elementos disponibles de cada uno.

Así ha venido sucediendo en el transcurso de los tiempos, pero he aquí que el régimen político del gubernamentalismo autocrático, que fue la base del agrupamiento de esos pueblos y regiones en Estados constitutivos de todas o casi todas las nacionalidades actuales, ha suscitado hoy el problema administrativo de interés general, porque este comunismo económico, lejos de fomentar el progreso de las regiones, es una rémora, al menos en España, para el desarrollo de las energías naturales y para el progreso de las iniciativas.

Y es que la sociedad marcha a pasos agigantados a la conquista del Bellocino de oro, y quiere sacudir la tutela directa y opresora del Estado, considerándose ya mayor de edad y aspirando a la independencia y autonomía administrativas, único medio de reorganización y de regeneración económica del país.

El porqué de estos pujos de descentralización y radicalismo social es fácil comprenderlo, y a más de otras causas fundamentales estriba en el axioma sociológico de la agremiación profesional por clases... y ésta, que pudiéramos llamar agremiación regional, con los mismos elementos de vida, con los mismos principios y los mismos fines, constituye el desideratum, la aspiración constante de todos o casi todos los organismos modernos.

Mas para no salirnos de nuestro propósito, ni divagar demasiado alrededor de principios que la lógica de los hechos nos impone, tendamos una mirada por nuestra patria, y el grito solidario de Cataluña y los fueros y franquicias vasco-navarros, y los conatos de solidaridad gallega, y el clamor pedigüeño de Andalucía y Extremadura, nos convencerán de la existencia de un ataque fulminante de regionalismo sano, que no debe jamás con las irritantes teorías del execrable separatismo que un hato de miserables vesánicos sustentan.

El régimen económico regional tiende únicamente a dar intensidad, alientos y energías de vida propia a los pueblos, sujetos hoy a leyes igualitarias, que en la práctica suelen surtir a menudo efectos contraproducentes, por la diversa manera de ser y vivir de las regiones, víctimas del cacicazgo político, verdadera plaga asoladora del campo social.

Muchas otras son las causas que por razones de progreso y de cultura pudiéramos aducir a nuestro propósito... Pero "como es más largo el tiempo que la fortuna" las iremos anotando a continuación, y de propósito dejamos para el capítulo o capítulos siguientes el estudio de nuestro vivir y sentir regional, al que queremos dedicar todos nuestros entusiasmos, en pro de los intereses morales y materiales del solar castellano, cuna de la nación íbera y nervio de la gloriosa historia patria.

martes, 8 de diciembre de 2015

La autonomía castellana

(La Libertad, 19 de junio de 1936, p. 9)

La Asociación de Escritores Regionalistas Castellanos, compuesta por
personas que aman su tierra cuna, que sienten los problemas de Castilla, que reverencian su historia, que estudian e investigan su folklore y aspiran a que mantenga su personalidad regional y sueñan y desean con ardor su mejor porvenir, considera su deber indeclinable que todos los castellanos sientan tales aspectos regionales, llegándose hasta la consecución de un Estatuto para Castilla, con las máximas garantías, en el momento de la saturación de todos y cada uno de los aspectos, que puedan conseguirse con la unión de los nativos de las dos Castillas y León.

A este respecto, el núcleo de personas que forma nuestra Asociación no puede sentirse sino fundamentalmente castellanista, e invita a todas las entidades culturales y económicas de Castilla, a los Municipios y a las Diputaciones de todas sus provincias y a todos sus diputados a Cortes para que sumen su esfuerzo fraternal e intelectual con el fin de llevar al efecto los estudios y las propagandas de los valores castellanos, y de ese modo preparar el pensamiento y la voluntad en pro de la autonomía castellana en los órdenes económicos, administrativos, sociales y culturales que a la misma se refieran.

La Asociación de Escritores Regionalistas Castellanos saluda a todas las organizaciones similares de las demás regiones españolas, y hace votos porque cada una de éstas, al igual que lo desea para Castilla, alcence su autonomía.

Madrid, 15 de Junio de 1936.- La Junta Directiva

Las adhesiones, al domicilio de la Asociación, calle de Don Felipe, núm. 10, tercero, Madrid, y a nombre de D. Manuel de la Parra y de la Cruz, vicepresidente de la entidad.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Castilla a secas

(Carta al director de El Norte de Castilla, 21 de abril de 1982)
Por Javier Sánchez

Señor director de «El Norte de Castilla».

Muy señor mío: Ante la proximidad del 23 de abril, y la concentración del pueblo castellano en Villalar de los Comuneros, desearla me publicasen estas líneas que versan sobre el carácter auténtico que debiera adquirir tan histórica y memorable fecha para los castellanos.

Se ha podido ir constatando la falta de contenido castellanista en las convocatorias de Villalar en cada año, la concentración se ha ido degradando y ha ido confundiendo a los que no acudían, y a pasos agigantados aquello se ha ido convirtiendo en una feria de partidos políticos, parlamentarios y extraparlamentarios, ajenos a las necesidades materiales y morales de Castilla y su pueblo.

Con la imposición institucional de las concepciones economicistas, caciquiles y provincianas acerca de las autonomías, que mueven determinados grupos y personas, la nacionalidad histórica castellana acaba despedazada como una res muerta en varios entes diferentes, que dan como resultado la «región castellano-leonesa» (con decir Cuenca del Duero se acaba antes), Castilla-La Mancha (atroz nombre artístico inventado por UCD para desfigurar la denominación de la región histórica de Castilla la Nueva), Cantabria, La Rioja, Segovia y Madrid: esto por ahora, si no sale algún ente más.

Así la Castilla que siempre conoció el pueblo castellano, deja de existir y las últimas muestras de castellanía van desapareciendo de una manera prodigiosa por obra y gracia de los partidos tan interesados en desmantelar la nación castellana en pseudoautonomías fácilmente controlables por ellos. Castilla, simplemente, no existe. Me pregunto cuál de las cinco o seis instituciones conllevan el castellanismo, su cultura y su lengua, en el nuevo concierto de España.

Castilla, por ser una realidad milenaria, cuya lengua, obra y cultura tienen una proyección mundial, necesita precisamente un foco original, y evidentemente unas mismas instituciones políticas, y no varias que difuminan la personalidad de Castilla, y de su pueblo específico. ¿Existen dos autonomías para el catalanismo? ¿O dos gobiernos para la españolidad? No sé si ha habido tanto confusionismo provocado como en el tema de la autonomía de Castilla.
Y de forma oficial se anuncia por un Consejo General, y con la aprobación de los partidos que intentan relevar a UCD en el centralismo, que el 23 de abril y las concentraciones en Villalar son exclusivas de unas provincias bañadas por el Duero, y que sectores economicistas de Valladolid y Salamanca llamaban Castilla-León.

Obviamente, ni Castilla ni las Comunidades tienen como límites a ninguna región geográfica, sin personalidad propia histórica ni política, ni cultural, ni nada, como la Cuenca del Duero. La lengua, cultura, temperamento, psicología, historia de estas provincias son los de Castilla, a secas. No es posible hablar de una lengua «castellano-leonesa», ni se puede considerar verídica la existencia de una literatura y cultura «castellano-leonesa». Es Castilla la que aporta las características étnicas y las señas de identidad nacionales y populares a todas estas provincias bañadas por el Duero.

Evidentemente, el 23 de abril no es el día de la Cuenca del Duero o «región castellano-leonesa». El espíritu comunero no se puede restringir a uno de los cachos en que está dividida Castilla, y el ámbito de Castilla no gira en torno al Duero como algunos dicen.
El 23 de abril es el Día Nacional de Castilla, y a Villalar puede y debe acudir cualquier ciudadano castellano, porque es la fiesta de todo el pueblo castellano sin exclusiones ni marginación alguna. Aunque no lo quieran ni las «instituciones democráticas» ni el PSOE, PCE o AP, que apoyan de manera irrevocable el desmantelamiento y extinción de Castilla.